Fórmula inesperada (Pasión en el Paddock 1) 43
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Tocando fondo

Alessio

Doha, Catar

Circuito Internacional de Losail

Las semanas siguen pasando en el calendario y no consigo saber nada de Daniela. Mi cabeza está en Barcelona y hoy no he podido acabar la carrera por un estúpido fallo de novato que casi me cuesta una descalificación para la última carrera de la temporada.

Cada día, al despertar y al acostarme por la noche, le envío un mensaje recordando cada momento que hemos vivido juntos desde que nos conocimos.

Esta mañana he rememorado los días que pasamos en Ibiza, en el columpio del jardín en casa de mi amigo, con Kaiser echando la siesta a nuestros pies, mientras Daniela y yo nos besábamos.

Daría lo que fuera por volver a transportarnos a ese lugar y vivirlo todo con ella como si fuera la primera vez .

Sin embargo, aquí estoy, en otra cena con los patrocinadores, fingiendo poner buena cara para que acaben de convencerse de que su pasta está bien invertida.

Cada vez odio más estos saraos, no van nada conmigo.

Antes solo pensaba en salir de fiesta, posar para todas las revistas y acabar cada noche con una chica distinta en la cama.

Sin embargo, esta temporada me ha transformado.

Así al menos me lo ha corroborado Giorgio, al que este año he podido conocer mejor, y se siente como tener a mi abuelo cerca.

Me ha asegurado que quiere seguir contando conmigo la siguiente temporada y que convenza a la cabezota de mi novia para que también se quede en Rosa Nera.

Que no solo es la mejor realizando mejoras en el monoplaza, sino planeando la estrategia e, incluso, me hace bien a mí como piloto y persona.

Ahí le he dado la razón. Ella lo ha supuesto todo para mí esta temporada y le he prometido que trataré de convencerla para que vuelva.

Aun así, me da igual que quiera volver a Rosa Nera; como si quiere hacerlo a otra escudería o seguir un tercer camino.

Solo quiero que sea feliz, que tenga sus propias metas y busque la manera de sacar todo ese potencial que lleva dentro.

Y, si decide darnos otra oportunidad, yo estaré a su lado para apoyarla en la decisión que acabe tomando.

Me dirijo al baño a lavarme la cara y despejarme.

Los cataríes no toman alcohol, por las fuertes restricciones de las leyes islámicas.

Eso sí, cuando se trata de un evento privado, los chupitos de tequila corren como la pólvora y se deslizan por mi garganta quemándome todo el cuerpo.

Lo que sea por olvidar que esta noche no quiero estar aquí.

—Hola, amor. Hacía tiempo que no nos veíamos —me saluda una dulce voz femenina, llevándome a un reservado.

—¿Dani? ¿Estás aquí? Dime que eres tú —contesto confundido entre la embriaguez y la oscuridad de las sombras.

—Claro, amor. ¿Quién va a ser, si no ?

—Te he echado de menos, Dani. No sabes la falta que me has hecho.

—Yo también. Son muchos meses sin verte —susurra apenas en un hilo de voz.

—¿Meses? —pregunto desconcertado—. Apenas han pasado tres semanas.

—Ay, sí, claro. ¡Qué tonta soy!

¿A qué ha venido ese comentario? Daniela nunca se equivoca, y menos con una tontería así. Da igual, solo tengo ganas de rodearla con mis brazos y besarla hasta que salga de nuevo el sol.

Se acerca con desesperación a besarme el cuello, en un arrebato demasiado impropio de ella. Cuando su aroma sube por mis fosas nasales, noto algo diferente. El olor a su perfume es intenso, sobrio, amaderado.

—¿Te has cambiado el perfume? Me gustaba más tu olor a sandía.

Daniela gime de asco y se limita a asentir con un sonido en la boca, pero sigue lamiéndome el lóbulo de la oreja.

Con un cierto grado de incomodidad, que atribuyo al alcohol, la rodeo con los brazos y le paso la mano por el cabello.

De repente, siento que algo no va bien. Nada de lo que está pasando está bien.

Tiene el pelo muy fino, en una melena que le llega por los hombros.

Daniela, por el contrario, lo lleva largo, recogido con el boli de su madre o suelto cuando hemos salido juntos en nuestros ratos libres.

—¿Quién coño eres? —grito, dando un respingo.

—Soy yo, amor. —Ahora percibo su voz con más nitidez.

—Tú no eres Daniela —niego, sacudiendo la cabeza y apartándome para salir de nuevo hacia el pasillo.

Cuando un resquicio de luz se cuela a través de la puerta, reconozco su cara.

—Pero ¿qué… ?

—Vamos, amor, no te hagas de rogar.

—Joder, Irina, ¿se puede saber qué coño estás haciendo? ¿Es que te has vuelto loca? —grito de desesperación.

La modelo se cruza de brazos y me mira con cara de fastidio.

—Antes te gustaba que pasáramos tiempo juntos. Pero ahora te has vuelto un aburrido. Igual que esa niñata a la que llamas novia. Bueno, llamabas.

Mi cuerpo se tensa y me cruzo de brazos para fulminarla con la mirada.

—Ni se te ocurra nombrarla. Tienes prohibido decir su nombre o hablar de ella.

—Ni falta que hace —contesta, mirándome con desdén—. Desde que te ataste a ella, la diversión se acabó.

—¿Qué coño te pasa en la cabeza? ¿Por qué no te quedó claro la última vez que estuvimos juntos que no quería saber nada más de ti? ¿Es que tu primo se ha cansado ya de ti?

—¡Ja! Vlad se muere por mis huesos, pero sabe que no soy perra de un solo collar y que me gusta lucir una joya nueva cada día —afirma de manera descarada.

—No tienes remedio, Irina. De verdad que lo tuyo no tiene nombre.

Necesitas constantes atenciones y no te vale solo con tu primo, que encima.

.. —me interrumpo a mí mismo—. ¿En serio ni te ha molestado que se haya hecho pública la relación con un hombre que todo el mundo creía que era de tu familia?

Conociéndote, estoy seguro de que estás encantadísima con que Lady Paddock te haya dado tus quince minutos de fama, aunque sea a costa de sacar un cotilleo repugnante sobre vosotros dos.

Irina se cruza de brazos y dibuja en su cara una sonrisa desafiante .

No me lo puedo creer. Es tan egocéntrica que sería capaz de inventarse un bulo sobre sí misma solo para acaparar la atención durante unos minutos.

Un resquicio de lucidez me viene a la mente y, en este instante, percibo que cualquier rastro de alcohol se ha borrado de mi cuerpo.

Recuerdo la confesión de Camila; la de que alguien le había robado el móvil y el portátil.

Recuerdo también que el clan de los Sokolov tiene, entre su conglomerado de empresas, una potente multinacional tecnológica capaz de hackear el mismísimo sistema de la Casa Blanca o del propio Kremlin.

Por lo que entrar y manipular el disco duro de una chica de veintipocos años resultaría pan comido para ellos.

—¡Fuiste tú! —la acuso, apuntándole con el dedo. No es una pregunta, es una afirmación directa que lanzo como una catapulta.

Irina no dice nada, solo me sigue desafiando con su gesto. Su sonrisa se ensancha todavía más, hasta tensar el rostro, y ya solo puedo ver lo artificial que es. Por fuera y por dentro.

—¿Le robaste el portátil a Camila García y te hiciste pasar por Lady Paddock estos últimos meses? —le grito, desesperado.

—La estúpida de ella no usó ni una barrera de seguridad. Averiguar quién era y tomar control de su perfil fue tan fácil para mis chicos como quitarle un chupete a un niño de dos años.

—¿Cómo te puedes sentir orgullosa de ello? ¿Eres consciente de la que has liado?

—Por fin, alguien se da cuenta. Esta obra maestra tenía que salir a la luz —presume, besándose los nudillos con una altanería desbordada.

—Nunca pensé que caerías tan bajo. Eres sucia, rastrera, mentirosa y una manipuladora de manual. Al igual que tu primo, que casi nos mata a Leo y a mí en Bélgica .

Rechino los dientes con desesperación y veo lo calmada que está, un detalle que me enerva aún más.

—Vlad te odia por haber estado tanto tiempo conmigo. Tenía que hacértelo pagar de alguna manera —revela, como si lo que acabara de decir no fuera una amenaza directa de muerte.

—Pero ¿tú te estás oyendo? Sois una panda de pirados en vuestra familia —espeto, sacando bilis por la boca—. ¿Qué cojones tenían que ver Leo, Will, Asher, Markus o Daniela para que sacaras toda esa mierda de ellos?

Su semblante, hasta ahora relajado, se convierte en un huracán a punto de arrasarlo todo.

—¡Todo! ¡Tenía que ver todo! —grita al fin como una energúmena—.

Yo también estuve con Markus hace tres años y él le quitó la plaza en Morrison a Vlad.

Münster va a ser ahora campeón del mundo y es algo que mi primo no puede soportar —alza las manos al aire—.

En cuanto a los otros pilotos y al mecánico, solo quería incendiar un poco el ambiente para que culparan a Camila García de haber desatado el caos y que hubiera un chivo expiatorio al que echar toda la mierda. Simples víctimas colaterales.

Mil pensamientos pasan por mi mente y ya no puedo parar.

—Estás jodida de aquí arriba —indico, tocándome la cabeza—. Y que hicieras pública mi relación con Daniela era solo para acabar de romperme del todo, ¿no?

Irina chasquea la lengua.

—En realidad, era para que la nerd se asustara y se marchara de vuelta por donde ha venido. He conseguido mi propósito. Ya tengo vía libre para poder volver contigo, amor.

Se acerca para agarrarme de los hombros y yo la aparto con brusquedad. Maldigo por dentro al pensar todo el tiempo que he desperdiciado con una persona como ella y en que, encima, haya conseguido su objetivo de alejarme de Daniela .

—No me lo puedo creer —niego, masajeándome las sienes, cuando recuerdo otra de sus publicaciones—. O sea, que pensabas que aireando tu relación con Vladislav serviría para que nadie te acusase de apropiarte de la cuenta.

Asiente, orgullosa, mientras estira los dedos frente a sí para observar su exagerada manicura.

—En realidad, pensaba que te pondrías celoso de él y encontraría la forma de atraerte a mí —concluye acercándose de nuevo—. Así que, ahora que todas las cartas están sobre la mesa, ¿podemos empezar de nuevo? Dime en qué habitación te alojas y esta noche haré que te olvides de todo.

—Se acabó, Irina. No te lo voy a volver a repetir —exclamo con voz firme, apartando sus manos de mi pecho. Me dispongo a largarme de allí tan pronto como pueda, pero antes de irme le aconsejo—: Tienes que buscar ayuda para tratar eso que te pasa en la jodida cabeza, porque no es puto normal.

Sus súplicas se pierden en el aire, porque yo ya he abandonado el reservado y me dirijo a la salida del restaurante.

Ya no me importan las cenas con los patrocinadores ni que me multen por faltar a actividades del campeonato.

Mis prioridades están claras y, por una vez, voy a tomar las riendas de mi vida.