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Sellando fisuras
Alessio
Nevada, Estados Unidos
Circuito urbano de Las Vegas
A pesar de que los médicos me han recomendado reposo un par de semanas más, no he podido resistirme a darme el alta médica yo mismo para participar en los próximos circuitos que tendrán lugar en el continente americano.
Apenas queda un mes para que acabe la temporada y cualquier punto que sumemos en las carreras finales será determinante para no acabar en los últimos puestos de la clasificación.
Sobre todo, ahora que se sabe que Leo García no acabará la temporada y se prevé que no vuelva a la Fórmula 1 en los próximos meses.
La verdad es que siento lástima por él, porque veo que no ha terminado de congeniar con el equipo y, en parte, asumo cierta responsabilidad por no haber hecho más para que se sintiera como en casa.
Eso sí, parece que esta semana ya le han dado el alta y le han trasladado en un avión medicalizado hasta su domicilio familiar en Texas.
Me alegro de que, al menos, pueda recuperarse en casa.
Hemos aterrizado en Las Vegas esta misma mañana y, como todavía quedan un par de días para los entrenamientos libres, Asher nos ha arrastrado a Markus y a mí a salir de fiesta, aunque ninguno de los dos está de buen humor.
He tenido la suerte de poder escaparme de la cena oficial a la que varios patrocinadores nos habían invitado.
Las Vegas no es un circuito cualquiera. Es otra fecha marcada en rojo en el calendario por sus altas dosis de glamur y escenas más propias de Hollywood que del mundo terrenal.
Aun así, a mí solo me apetece pasar la noche con Daniela, aunque sea viendo una de esas series frikis que tanto le gustan a ella. Lo que sea, pero juntos.
Desde que nuestra relación salió a la luz, ella se ha mostrado algo distante conmigo.
Tampoco ha ayudado que lleve las últimas semanas con la agenda repleta de entrevistas después de ese «heroico» momento en el Gran Premio de Bélgica, como dicen ellos, que para mí solo ha supuesto ayudar a un compañero.
Antes de ir a buscarla, he pasado por la tienda oficial de M&M's, de incógnito, para encargar un kilo de cacahuetes cubiertos de chocolate con su nombre.
También he comprado un cojín con la forma del divertido muñeco, que sostiene un par de banderas a cuadros con motivo de la celebración del Gran Premio.
Me acerco al único sitio que me falta por ver y donde sé que puedo encontrarla.
La observo de lejos, enfrascada en su proyecto final, con el que ya se están aplicando mejoras en la aerodinámica del monoplaza que parece que usaremos la próxima temporada.
Se le ha ocurrido diseñar un alerón trasero móvil que simula los flaps de un avión y rota ciento ochenta grados con la velocidad del viento. Menuda invención .
—Cerebrito, te he estado buscando por el hotel y me habían dicho que llevas todo el día aquí encerrada —le digo mientras rodeo su cintura con los brazos y le doy un beso en la mejilla—. No es sano trabajar tanto, y te lo digo yo, que mi trabajo es mi hobby también.
—Alessio —da un respingo cuando me ve—. Pensé que no llegarías hasta mañana.
—Al final he podido volar hoy, pero he tenido que acudir a una cena con los patrocinadores y no me han soltado hasta ahora.
—Ya…
Vuelve a fijar los ojos en la pantalla del ordenador y termina de programar una serie de cálculos.
Le dejo unos segundos de espacio para que finalice lo que está haciendo, aunque sé que algo le está carcomiendo por dentro.
La voy conociendo demasiado como para saber que es algo reservada cuando se trata de mostrar sus sentimientos.
—¿Qué pasa, nena? ¿Estás bien?
Cuando por fin se gira hacia mí, puedo ver sus ojos vidriosos y una punzada de arrepentimiento me atraviesa el pecho al pensar lo sola que debe de haberse sentido las últimas semanas.
—He tenido mejores momentos, para qué te voy a mentir —gime entre sollozos.
—Lo sé. Por eso te he traído esto —trato de animarla sacando la bolsa con los chocolates y el cojín.
Sus labios se curvan en una sonrisa, esa en la que juro que me quedaría a vivir para el resto de la eternidad. Sé que unos simples caramelos no bastan para levantarle el ánimo, pero ver el brillo en sus ojos, aunque solo sea por un instante, me inspira a inventar mil y una maneras de hacerla feliz.
—Gracias. Te lo agradezco de verdad —susurra en un hilo de voz .
—Oye, Dani, sé que las últimas semanas han sido bastante duras, pero queda poco para acabar la temporada y espero que después, sin los focos de las cámaras, podamos pasar más tiempo juntos.
La rodeo de nuevo con mis brazos, pero noto cómo todo su cuerpo se tensa. Quiero estar ahí para ella, para consolarla, para que me cuente todos sus demonios internos y poder espantarlos de un plumazo.
—No lo sé. Tengo que volver a Barcelona, pasar los próximos meses en casa con mi familia. A lo mejor… —hace una pausa—. A lo mejor, Lady Paddock tiene razón y en menos de un mes ya no estamos juntos.
Me aparto unos centímetros, sin dar crédito a lo que acaba de decir. Sus palabras me atraviesan como flechas, y siento cómo me flaquean las piernas. Espero que no lo diga en serio, que quizá solo se haya dejado llevar por las opiniones que circulan por ahí sobre ella.
—Jamás en la vida dejaría que te apartaran de mí, nena —le digo, atrayéndola hacia mí—. Sé que esto está siendo difícil de gestionar y siento no haber estado aquí para ti, pero solo te pido, por favor, que no hagas caso a los comentarios de las redes sociales.
—No es solo eso, Ale —resopla, cruzándose de brazos—.
Es que siento que ya no encajo aquí. Desde que Will está hecho un alma en pena por el accidente de Leo y sin Camila cerca, tengo la sensación de que tú y yo estamos a años luz, viviendo en mundos distintos y separados por un abismo difícil de salvar.
Me llevo la mano a la cabeza y me masajeo la nuca. Tengo ganas de gritarle al mundo que quiero a esta mujer más que a nada en mi vida, que es lo más preciado que he encontrado, que renunciaría a todo lo que tengo con tal de que deje de pensar así .
Me duele ver un infierno reflejado en sus ojos y que no haya extintores suficientes para apagar el incendio que está viviendo por dentro.
—Es normal que te sientas así, pequeña. Pero nada ha cambiado entre nosotros. Es más, quería darte una sorpresa, pero te has adelantado y…
Ella se gira con curiosidad y veo que por fin he atraído su atención.
—¿De qué se trata?
—La próxima carrera es en Texas y le he pedido a Aurora despejar toda mi agenda para que pasemos unos días juntos antes del Gran Premio de COTA —le anuncio, acariciándole el pelo—.
Al principio no le ha hecho mucha gracia, pero cuando le he contado que quería llevar a mi novia a recorrer parte de las carreteras de la antigua ruta 66 y luego llegar a Austin con un clásico Chevrolet Corvette, se ha emocionado tanto que ha dicho que se inventaría la mejor excusa para cancelar todos mis compromisos.
Dice que eres una buena influencia para mí.
Daniela abre los ojos de par en par y, por un momento, sus lágrimas comienzan a evaporarse. Pero la contención no dura mucho cuando le digo:
—Por supuesto, te he puesto a ti de conductora principal. Sabía que te haría mucha ilusión y, si no, me lo ibas a echar en cara toda la vida —bromeo, poniendo los ojos en blanco.
No me dice nada, no pestañea, pero atisbo una pequeña mueca de ilusión dibujarse en sus labios.
De repente me abraza con ímpetu, se aferra a mí como si fuera nuestro último abrazo, como si no quisiera soltarme jamás.
Un gesto que me derrite y me asusta a partes iguales, porque, con todo lo que está sucediendo, perderla sería un dolor que no podría soportar.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo, Ale? —balbucea, ahogada en llanto.
—¿Bueno? Te doy lo mínimo que te mereces, pequeña .
—¿Por qué estás haciendo todo esto por mí? —pregunta con incertidumbre—. Podrías tener a la mujer que quisieras, a cualquier modelo, cantante o actriz internacional. Hay mujeres guapísimas ahí fuera y, sin embargo, te conformas conmigo.
No entiendo su pregunta y me duele que se vea a sí misma con tan poca consideración.
Daniela llegó a mi vida para desafiarme, para ponerme los pies en la tierra, para demostrarme que alguien que ha pasado por una situación tan dura como la de su madre todavía podía darme el cariño y el amor que necesitaba un alma perdida como la mía.
Por eso me duele que diga que me conformo, porque en todo caso sería al revés.
A veces me pregunto cómo alguien como ella decide quedarse a mi lado, soportando mi pasado y mi mochila emocional, con la presión de la prensa y la vida pública sobre nosotros.
No sé si encuentro las palabras adecuadas para decírselo, pero lo intento.
—Cuando te conocí, mi vida estaba vacía.
No tenía a nadie por quien luchar. Me desvivía por y para los coches.
Y cuando tú llegaste, eso cambió. Encontré en ti esa personita que me decía lo que no quería oír, que se desvivía por protegerme de que no me chocara contra un muro.
Y soy consciente de que no solo lo hiciste desde un lado profesional, aunque sé que también eres la mejor en ello.
Vi algo en ti que me hizo sentirme querido y yo quise devolverte una mínima parte de lo que tú has supuesto en mi vida.
»Así que, en cuanto acabemos lo que tengamos que hacer en Las Vegas, cogeremos ese coche tú y yo, y viajaremos durante tres días hasta Austin, donde podrás ver a tu amiga Camila de nuevo.
Daniela estalla en lágrimas, pero esta vez no son de tristeza, sino de emoción.
La abrazo y la estrecho contra mí, besándole el cuello.
Entonces noto un nombre grabado en el bolígrafo que siempre lleva incrustado en el moño del pelo: Roser.
Es el nombre de su madre y quizá lo lleve ahí siempre para sentirla un poco más cerca.
Me siento como un estúpido, me siento un imbécil por haber jugado con ella aquella vez. Le quité el boli para llamar su atención, como si tuviéramos cinco años. No era un simple objeto, era un amuleto con un gran valor sentimental, y le hice sentir terriblemente mal.
No sé cómo he tenido tanta suerte de que haya llegado a mi vida. Siempre pensé que, de alguna manera, la desdicha me perseguía, y algo me dice que con Daniela será igual.
La aprieto de nuevo contra mí, tan fuerte que quiero que nos convirtamos en uno. Instantes, minutos, todo el tiempo que haga falta, antes de que algo o alguien reduzca este momento a un simple recuerdo.