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Sin tregua
Daniela
Bérgamo, Italia
Sede central de la escudería Rosa Nera
Llevo un buen rato preparando la maleta para volar este fin de semana a Bélgica, donde se celebrará el Gran Premio de Spa.
Noto cómo una estúpida sonrisita se me dibuja en la cara al recordar los últimos días que he pasado en el apartamento de Alessio, en Milán.
También por la excursión a los lagos del norte, donde no dejamos de besarnos en cada rincón apartado, procurando no encontrarnos con nadie.
Ha sido como un pequeño oasis en medio de todo el caos. Me alegro de que hayamos podido hablar de todo y de que no haya tabúes entre nosotros. Aunque hay dos palabras mágicas que aún no me he atrevido a confesar.
—Tierra llamando a Daniela —exclama Will, simulando usar un megáfono—. Pequeña Serra, ¿estás ahí? Vuelve del planeta Santoro, los humanos te necesitamos .
Le tiro un cojín de la cama, que apenas esquiva antes de que le aterrice en la cara.
—¡Qué idiota eres! Estaba pensando en la estrategia que utilizaremos este fin de semana. Se prevén lluvias durante las horas del circuito. Para sorpresa de nadie.
—Ya, ya, la estrategia —matiza con una mueca traviesa.
Hago un mohín con la boca, ignorando su comentario, y le pregunto:
—Oye, ¿Camila no venía contigo?
—Sí, pasé por su habitación, pero dice que está liada con no sé qué proyecto. La he visto algo preocupada y le he preguntado si estaba bien. Tenía ganas de contarme algo, pero le ha quitado hierro al asunto, así que no sé.
—Qué misteriosa es esta chica siempre. Seguro que ha conocido a alguien nuevo y estará deseosa de contarnos todos los chismes.
Ambos nos reímos y Lakowe insiste:
—Para misteriosas, vosotras dos. ¿Me vais a contar algún día lo que pasó durante vuestras vacaciones?
Me giro para meter el último peto vaquero en la maleta y cerrar la cremallera. Me limito a contestar:
—Lo que pasa en Ibiza se queda en la isla, amigo.
Compongo una mueca divertida y Will se queda boquiabierto, fingiendo una rabieta infantil.
—No se os puede dejar solas. Sois lo peor.
Si lo sé, me habría ido con vosotras dos.
Tú vuelves enchochada de Santoro y la otra…
enchochada de la vida —se queja, haciendo aspavientos exagerados con las manos—.
No sé qué tomasteis allí, pero quiero un poco de esa mierda para quedarme en la nube de felicidad en la que llevas desde agosto.
—No creo que tú lo pasaras muy mal aquí solito.
Le guiño un ojo para ver si se anima a contarme algo ahora que estamos solos. Yo soy la única que sabe de su relación con Leo y, siempre que amaga con contarme algo, aparece Camila y los dos nos callamos para que no se entere, así que hasta ahora no ha soltado prenda el tío.
Will resopla y se tapa la cara con el cojín.
—Fueron las dos semanas más maravillosas de mi vida, pero ha sido volver a la rutina y hacer como que no nos conociéramos —gruñe, exasperado.
—No debe de ser fácil para él. Ya sabes que su familia es algo tradicional, por todo lo que nos ha contado Cami. Dale tiempo y seguro que entra en razón.
Dejo la maleta en la entrada y me siento en el sofá junto a él.
—No sé, Dani. Quedan solo dos meses para que se acabe la temporada y tengo miedo de que no le vuelvan a renovar. O de que yo me quede sin trabajo. La situación de Rosa Nera es…
Asiento y lo miro con lástima.
—Delicada, lo sé. Estamos en el mismo escenario —me lamento ante una incertidumbre en la que todos nos mantenemos cautos—. Pero piensa que, si el mundo se acabara mañana, ¿no te gustaría pasar las últimas semanas con él?
Titubea una fracción de segundo, enarca una ceja y asiente finalmente.
—Sí, claro que me gustaría.
—Pues es lo mismo. Tienes que aprovechar cada minuto que os está regalando la vida, sin pensar en el futuro ni en el pasado. Solo en vosotros dos, en el momento presente.
Will suelta una carcajada y yo le miro confundida.
—¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?
—No, no. Tienes toda la razón… —aclara—. Es solo que has cambiado mucho desde que te recogí en el aeropuerto de Bérgamo hace… pff, ya ocho meses.
—Cómo pasa el tiempo…
—Y que lo digas. —Nos quedamos unos segundos en silencio, chasquea la boca y continúa—: Aunque tengo que reconocer que me gusta mucho esta Daniela de ahora.
Has ganado confianza y seguridad en ti misma.
Ya no te escondes cuando viene alguien nuevo a presentarse y te has ganado un hueco en el equipo por méritos propios.
Dudo unos instantes, recorriendo todo lo que he vivido durante este año.
—Tal vez. Puede que antes estuviera encerrada en una burbuja y todo esto me ha hecho ver que hay un mundo de posibilidades ahí fuera. Aunque creo que a Benoit le sigo cayendo mal.
—Benoit no se soporta ni a sí mismo, así que no se lo tengas en cuenta…
—Pues tengo que decir que estos últimos meses ha estado algo más simpático conmigo.
Will desvía la mirada y sé que quiere confesar algo.
—Puede que… tu novio tuviera algo que ver —confiesa, tamborileando los dedos sobre su pierna
Abro los ojos sin dar crédito a lo que está diciendo.
—¿Cómo…?
—El día que entró a los vestuarios a echar un rapapolvo a los mecánicos, sabía que Santoro estaba pilladísimo por ti. Por eso me fío de él, porque no cualquiera defiende el honor de alguien por quien siente algo en secreto delante de todo el equipo.
Echo la vista atrás para recordar el momento exacto en el que Benoit y Jones dejaron de portarse como unos auténticos imbéciles conmigo.
Me sorprende descubrir que, por aquel entonces, Alessio ya sentía algo por mí.
Puede que yo también empezara a notarlo, pero preferí ocultarlo, convencida de que no era más que un estúpido capricho adolescente.
Me quedo unos segundos perdida en mis pensamientos, cuando una notificación llega al móvil de Will y este desbloquea la pantalla para ver de qué se trata.
No estoy prestando mucha atención a su reacción, pero un sonido gutural emerge de su boca y capta mi atención, así que desvío la mirada para encontrarme con un gesto de pánico en su cara.
—Will, ¿qué pasa? ¿Estás bien?
Mi amigo no reacciona; se ha quedado congelado mirando la pantalla. Le toco el hombro para que me diga algo y, entonces, alza la cabeza.
—Últimamente, Leo estaba algo obsesionado con que alguien nos seguía y nos hacía fotos —explica, inquieto—.
Yo pensaba que se estaba volviendo un poco paranoico, porque las pocas veces que hemos salido juntos a la calle siempre hemos sido muy cautos.
Pero acaban de enviarme un mensaje que me ha dejado paralizado.
Will me enseña la pantalla, donde veo un mensaje privado de Lady Paddock. El mismo que me llegó a mí hace apenas unos días, pero con un contenido distinto.
Lady Paddock ♥
Lady Paddock ha sido testigo del nacimiento de una bonita relación entre el piloto americano de Rosa Nera y su mecánico. ¿Triunfará el amor o se sumará a un escándalo más de la escudería?
Doy un respingo en cuanto termino de leerlo. No me puedo creer que esta persona esté llegando tan lejos. Esta noticia puede acabar con su carrera, tanto la de Leo como la de Will, y supondrá, además, otro punto más en la lista negra de escándalos del equipo.
—Tengo que… Tengo que hablar con Leo —masculla Will con dificultad mientras recorre de punta a punta la habitación—. No quiero que Camila se entere antes de tiempo.
—¿De qué me tendría que enterar? —pregunta la aludida entrando por la puerta sin llamar.
—¿Cami? ¿Qué haces aquí?
—Chicos, tengo que contaros algo… —confiesa, mordiéndose el labio inferior.
—Ahora no es el momento —le interrumpe Will.
—Pero… ¡es algo importante! —clama nuestra amiga, respirando de manera entrecortada.
—No nos importa con quien te estés acostando ahora, Camila. Ni que haya abierto un club nuevo al que quieres que te acompañemos —le reprocha el mecánico, visiblemente irritado—. Hay cosas más importantes en esta vida.
—Esto lo es… de verdad —suplica, juntando las manos en el pecho.
Me quedo observando la escena como un partido de tenis donde la pelota rebota de lado a lado del campo. Quiero interceder y escucharlos a ambos, pero tres notificaciones idénticas resuenan como un eco en la habitación al mismo tiempo.
Los tres cogemos nuestros respectivos móviles y compruebo en la pantalla que es una nueva publicación de Lady Paddock. Esta vez, de manera pública:
Lady Paddock ♥
El amor está en el aire o, mejor dicho, en el box de Rosa Nera. El piloto Leo García se está integrando tan bien en su nuevo equipo que ha elegido al mecánico Will Lakowe para que le cambie las bujías. Fuera y dentro del garaje.
Un gruñido emerge de lo más hondo de Will.
Camila dibuja en su cara un gesto de terror.
Yo comienzo a temblar de nuevo, sabiendo que esta pesadilla no ha hecho más que empezar.