Ford (Equipo Shadow Ops nº 2) Capítulo 14 #2
81%

Capítulo 14 #2

—Disculpadme —dijo, y se dirigió por el pasillo hacia el baño soltando un suspiro tembloroso.

Cerró la puerta y se tomó más tiempo del necesario para hacer sus necesidades, lavarse las manos y ordenar sus pensamientos.

Por fin, abrió la puerta y salió. Se quedó de piedra al ver a Ford esperando en el pasillo, apoyado en el marco de una puerta.

La barba de varios días le daba un aire aún más masculino de lo habitual, y la intensidad de su mirada casi la hizo tropezar.

—Hola. ¿Podemos hablar? —preguntó en voz baja.

Clara se detuvo a solo unos pasos de él. Una parte de ella quería retroceder, poner más distancia entre los dos. Sentía cada nervio de su cuerpo en llamas, hipersensible a su fuerza y su presencia. Los ojos oscuros de Ford la recorrieron y notó cómo le ardía el cuerpo.

—Sí. ¿Va todo bien?

—No me contestaste antes.

—Lo siento. Estaba fuera con Eloise cuando me llegó tu mensaje. Se lo estaba pasando en grande corriendo por ahí. Siempre hemos vivido en pisos, y fue un gusto que tuviera espacio para jugar en un sitio seguro.

Ford la observaba mientras hablaba, y Clara notó que empezaba a ruborizarse a medida que divagaba.

Ford siempre era demasiado observador. Estaban tan cerca que podía oler su fragancia amaderada.

Era tan grande que una parte de ella quería acercarse a él, empaparse de esa fuerza y ese calor.

Se apartó un mechón de pelo con la mano temblorosa.

Ford siguió el gesto con la mirada. No se había acercado más, pero tampoco se había alejado.

—Jett me ha dicho que habéis estado en la oficina hoy —dijo, intentando centrarse en lo importante. Estaba en peligro. Su atracción por Ford debería ser lo último en lo que pensara.

—Sí. Los chicos y yo seguimos investigando los antecedentes de Nicholas y Natalia. Ojalá el FBI los hubiera detenido anoche y pudiéramos quitarnos a esos dos de encima.

—Bueno, todavía pueden, ¿no? Detenerlos, quiero decir. Creía que solo necesitaban tenerlo todo en orden.

Soltó un suspiro, convencida de que la mirada de Ford se había suavizado.

Se había dado cuenta de que estaba nerviosa.

Clara no sabía si avergonzarse por ello o no.

Ford la calaba demasiado bien. Era halagador e inquietante a partes iguales.

Todavía no sabía qué pensar de su atención.

Que Ford dijera que debería haberla invitado a salir antes de besarla así no significaba que quisiera una relación.

Era un soltero acostumbrado a su vida de soltero.

Podría ser un amante atento, pero querer una novia era harina de otro costal.

—El arresto debería producirse pronto. Entiendo que la Oficina quiera un caso irrefutable, pero me saca de quicio que puedan andar ahí fuera buscándote. Quiero que estés a salvo.

La intensidad de su mirada oscura la sorprendió.

—Ford.

—Me importas. Sé que aún no lo sabemos todo el uno del otro y que anoche no actué como debía, pero que me condenen si permito que te pase algo.

Se le humedecieron los ojos, y Ford dio un paso hacia ella.

—Cuando esto termine, espero que me des una oportunidad. No voy a presionarte ni a meterte prisa, pero demonios. Llevo mucho tiempo solo y sé que a tu lado me siento otro hombre. Quiero descubrir qué es esto que hay entre nosotros.

Las lágrimas se desbordaron, y él se acercó más hasta acorralarla contra la pared. Le acunó el rostro entre las manos y le secó las mejillas con los pulgares mientras sus ojos oscuros la escrutaban con demasiada intensidad.

—Tengo miedo —susurró ella.

—Te dije la otra noche que no te haré daño, cariño —dijo él con voz ronca. Estaba tan cerca que podía ver las arruguitas en las comisuras de sus ojos, la barba incipiente en su mandíbula. Ford era auténtico, visceral, tan intenso que le robaba el aliento.

—No salgo con nadie por pasar el rato —admitió ella—. Tengo una hija y no tengo tiempo ni energía para tonterías.

Tenía las manos apoyadas en el pecho de él, y los dedos se le aferraron a la tela suave de la camisa, como suplicándole que la entendiera.

Otra lágrima le rodó por la mejilla, y él se la secó con delicadeza con el pulgar.

—Yo tampoco ando con tonterías. No busco una aventura de una noche, y ya soy demasiado mayor para esas cosas. Eres demasiado buena para un hombre como yo, pero eso no me impide desearte.

Ella entreabrió los labios, y él inclinó la cabeza. El calor entre ellos era casi insoportable, la fuerza invisible que los atraía imposible de resistir. Ella jadeó, y entonces Ford la besó mientras le deslizaba las manos hasta acunarle la cabeza y le robaba el aliento.

Clara se aferró a él. Igual que la otra noche, el calor le recorrió todo el cuerpo.

El tacto de Ford, su aroma... todo parecía amplificado.

Ella abrió la boca cuando la lengua de él se deslizó dentro, explorando.

Reclamando. Ford gruñó mientras se pegaba aún más a ella, la erección presionándole el vientre.

Ella jadeaba sin aliento, desesperada por estar aún más cerca, cuando de repente sonó una alarma estridente y la casa se quedó a oscuras.