Ford (Equipo Shadow Ops nº 2) Capítulo 15
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Capítulo 15

Ford se tensó y apretó a Clara contra la pared cuando sonó la alarma en casa de Jett.

El cuerpo menudo de ella quedó pegado al suyo; hacía apenas unos instantes había estado suave y dócil entre sus brazos, pero ahora estaba rígida.

Aterrorizada. Miró a izquierda y derecha, pero no veía nada en la oscuridad.

La alarma en sí no le preocupaba tanto como el hecho de que la electricidad se hubiera cortado de repente.

Si alguien abría la puerta principal o la trasera sin introducir el código para desactivar el sistema, podía activar la alarma sin querer.

¿Pero que se cortara la luz justo al mismo tiempo? Eso sí era un problema.

—Creo que hay alguien en la casa —le susurró al oído—. Eloise estará bien. Jett y Luke están con ella.

Clara temblaba con las manos aferradas a su camisa mientras decía algo sobre Eloise.

Jett gritó desde la otra habitación, pero Ford no logró distinguir las palabras con aquel ruido.

Le acarició la cabeza, aspirando su aroma a vainilla, y se agachó, odiando las lágrimas que volvían a correr por el rostro de ella.

Un momento después, el generador arrancó y Ford parpadeó ante la luz repentina.

Se apartó de Clara, pero la mantuvo contra la pared con un brazo mientras miraba a su alrededor.

En el vestíbulo no había nada fuera de lugar; la puerta principal seguía cerrada.

No percibía a nadie cerca. Aun así, la maldita alarma seguía taladrándole los oídos.

—Vamos —dijo, rodeándola con un brazo mientras con el otro sacaba la Glock de la funda. Clara se relajó un poco cuando pareció darse cuenta de que iba armado. Era igual de letal sin arma, pero puede que ella no lo supiera.

La mantuvo pegada a él mientras avanzaban por el pasillo, con la mirada recorriendo cada rincón.

Se le erizó el vello de la nuca y deseó poder oír lo que pasaba a pesar del ruido.

Alzó la vista, con la extraña sensación de que había algo fuera.

De pronto, el grito de Anna rasgó el aire y echaron a correr hacia la cocina.

—¡Quédate detrás de mí! —gritó Ford, tirando de Clara hacia su espalda.

La brisa fría que entraba por la puerta trasera abierta lo caló hasta los huesos.

—¡Anna, dime qué ha pasado! —gritó Luke. Había desenfundado su arma y sus ojos azules, afilados, rastreaban la habitación en busca de más amenazas.

Jett ya estaba al teléfono, ladrando órdenes para hacerse oír sobre la alarma, mientras Anna lloraba y gesticulaba frenéticamente.

Lena también hablaba por teléfono, dándole la dirección a emergencias con urgencia.

La mirada de Ford se posó en la puerta abierta.

Recorrió la cocina con los ojos y se dio cuenta de quién faltaba.

Nadie había desactivado la alarma todavía, y aquel sonido ensordecedor le daba ganas de destrozarla.

El corazón se le aceleró mientras corría hacia la parte de atrás.

—¡Eloise! —gritó Clara.

Ford echó el brazo hacia atrás para detenerla mientras salía a la terraza.

Clara gritaba, casi histérica. El aire gélido del invierno le mordió la piel, pero apenas lo notó; la adrenalina y la rabia le corrían por las venas.

Frunció el ceño y alzó la vista hacia el cielo oscuro.

El zumbido grave de un helicóptero lo hizo detenerse.

Luke y Anna salieron corriendo a la terraza detrás de ellos. El silencio resultó ensordecedor cuando alguien por fin desactivó el sistema de seguridad.

—¡Se la han llevado! —jadeó Anna—. Estábamos en la cocina decorando galletas y alguien llamó a la puerta de atrás.

No pensé. Jett me había dicho que Gray podría pasarse más tarde.

Me olvidé de la alarma y abrí justo cuando alguien cortó la luz —sollozó—.

Había dos hombres aquí fuera. No pude detenerlos. ¡Dejé que se la llevaran!

Clara se desplomó en la terraza, llorando, y Ford se agachó a su lado.

—¿Oyes eso? —preguntó Luke. Ladeó la cabeza y corrió al borde de la terraza.

—Un helicóptero —confirmó Ford—. Deben de haber sorteado la valla volando por encima. Con la oscuridad, puede que las cámaras no los captaran si bajaron en rápel. Los sensores de la valla habrían disparado las alarmas si la hubieran escalado. ¿Eran dos hombres?

—Jett y yo aún estábamos terminando de cenar —dijo Luke—. Anna los vio. Nos levantamos de golpe cuando sonó la alarma y entonces se apagaron las luces.

—Tenemos que revisar las cámaras —dijo Ford—. ¿Escaparon a pie o volvieron al helicóptero? Hay mucho terreno que cubrir.

—Voy a peinar la zona —dijo Luke—. No sabemos cuántos hombres había. Puede que alguno se haya quedado rezagado. Voy a revisar el perímetro de la casa para asegurarme de que esté despejado.

Agarró su arma y bajó los escalones a la carrera, adentrándose en la noche oscura.

—Recuperaremos a Eloise —dijo Ford, acariciándole la espalda mientras ella temblaba de miedo y de frío—.

Te prometo que no descansaré hasta que vuelva a estar en tus brazos.

Registraremos los terrenos, conseguiremos que control de tráfico aéreo nos diga hacia dónde fue el helicóptero y te la traeremos de vuelta. Te juro que la encontraremos.

—Solo es una niña —lloró Clara.

—¿Por qué hay un cuchillo en el suelo de la cocina? —gritó Jett, irrumpiendo en la terraza. Corrió hacia Anna y la estrechó entre sus brazos mientras miraba a su alrededor—. Ese maldito generador de emergencia tardó demasiado en arrancar. Podríamos haberlos detenido.

—Intenté apuñalar a uno de los hombres cuando me agarró —dijo Anna entre lágrimas.

—¿Con un cuchillo de mantequilla?

—¡Era lo que tenía en la mano! ¡Me entró el pánico!

—Tiene sangre —dijo Jett, entornando los ojos mientras intentaba calmarla—. ¿Estás bien?

Ella asintió y él le secó las lágrimas del rostro.

—Aunque solo lo hayas arañado, tenemos su ADN. Por fin una prueba sólida para el FBI, a ver si así se ponen las pilas. ¿Dónde está Luke?

—Revisando el perímetro de la casa —dijo Ford—. Esos tipos ya se habían largado cuando salimos. Tenían un maldito helicóptero para entrar y salir. Registraremos los terrenos, pero dudo que quede nadie. Ya estaba en el aire cuando salí a la terraza.

Jett tenía una expresión asesina.

—Acabo de hablar con West Renken. Los de informática están sacando todas las grabaciones de vigilancia de esta noche.

Lena ha llamado al 911, así que la policía llegará pronto.

Tengo que llamar al FBI. No hay ninguna maldita posibilidad de que esto no esté relacionado con el caso.

Si no los detienen esta noche, iremos a por ellos nosotros mismos.

Ford apretó la mandíbula y asintió. No le cabía la menor duda de que Nicholas y Natalia habían orquestado aquello.

Ir a por ellos sin el visto bueno de los federales no era exactamente legal ni su forma habitual de operar, pero le importaba una mierda.

Habían secuestrado a la hija de Clara. No iba a quedarse de brazos cruzados mientras ella se convertía en una estadística más.

La encontrarían, y después acabaría con el mal que se escondía detrás de la maldita red de trata de personas que dirigía Nicholas, aunque fuera lo último que hiciera en su vida.

Las sirenas sonaban a lo lejos, y Jett le sostuvo la mirada. —Volvamos adentro. Tenemos que llamar a Gray también. Ayudará con la búsqueda. Lena puede encargarse de la policía. Uno de nosotros debería quedarse aquí con las mujeres.

—Voy tras Eloise —dijo Ford mientras ayudaba a Clara a ponerse de pie.

El móvil empezó a vibrar, y ella lo sacó del bolsillo, sorprendida. —Es un número desconocido —dijo con voz temblorosa.

Ford le arrebató el teléfono. —¿Quién es? —masculló.

Se hizo el silencio un instante. —Un empresario dispuesto a negociar —respondió una voz masculina.

Un escalofrío de terror le recorrió la espalda. —Nicholas.

La mirada perspicaz de Jett se clavó en él. Trazó un círculo con el dedo, indicándole a Ford que lo mantuviera al teléfono. Jett ya estaba llamando a informática desde su móvil, seguramente para rastrear el número.

—Así que has oído hablar de mí —dijo con una carcajada seca—.

Vaya espectáculo el de esta noche. Un poco extremo, incluso para mí.

Shadow Security me ha costado mucho dinero este último año.

Sin mi socia, mi negocio solo genera la mitad de lo que ganaba antes.

Aquella pequeña interrupción de hace un año, cuando robasteis mi cargamento, me causó serios quebraderos de cabeza.

—¿Cargamento? —preguntó Ford, incrédulo—. Traficas con seres humanos.

—Corre el rumor de que los niños podrían darme un buen pellizco. Esperaba sacar una cantidad considerable por Clara: esos ojazos azules y esas tetas enormes ponen cachondos a muchos hombres. Aunque algunos prefieren chicas mucho, mucho más jóvenes.

—NO. —La ira estalló en su interior y cerró el puño con tanta fuerza que Clara retrocedió alarmada mientras todo su cuerpo se tensaba.

Ford sentía que iba a explotar, la furia corriéndole por las venas.

Había pasado años en hogares de acogida intentando proteger a otros cuando podía.

Había visto horrores incontables en su vida.

No iba a permitir que le pasara nada a la pequeña de Clara.

—Aunque podría hacer un trato —continuó Nicholas con falsa despreocupación—.

La mujer, más cincuenta millones de dólares, y aceptáis dejar mi operación en paz.

He sobornado a funcionarios del gobierno antes y lo volveré a hacer.

Suelen estar dispuestos a hacer la vista gorda si el precio es el adecuado.

Pero no necesito a unos putos mercenarios pisándome los talones.

Si podéis hacer todo eso y aceptáis retiraros, os devolveré a la niña.

—Jamás aceptaremos eso —dijo Ford con voz acerada.

—Tenéis una hora para decidir. Después de eso, no volveréis a ver a esa niña.