Capítulo 14
Ford echó un vistazo al espejo retrovisor mientras se dirigía a casa de Jett, asegurándose de que no lo siguieran.
Llevaba con los nervios de punta desde que se enteró de lo de Natalia y Nicholas la noche anterior, y la investigación de hoy no había mejorado las cosas.
Eran peligrosos y letales. Aunque Anastasia y Natalia habían llegado a Estados Unidos por separado, con dieciocho meses de diferencia, se habían entrenado juntas en Rusia.
El matrimonio de Natalia con Nicholas había sido concertado, pero operaban juntos a la perfección.
Aunque Nicholas era estadounidense, sus padres eran de Moscú.
Cuando se casó con Natalia, ella lo ayudó a atraer mujeres para la red de trata que él dirigía, mientras desviaba dinero de la venta de chicas a sus cuentas en el extranjero.
Era un desastre de la hostia, una operación mucho más extensa de lo que nadie había imaginado. El arresto de Anastasia era solo la punta del iceberg, y Ford sabía que habría problemas antes de que el resto de su imperio criminal se derrumbara.
—Gracias por acercarme, tío —dijo Luke mientras dejaban atrás el complejo de apartamentos de Clara.
—Sí.
—Dejar mi camioneta en casa de Clara los despistará si aparecen esta noche.
—Puede. O puede que no. West tiene a dos de sus informáticos vigilando las cámaras. Si los pillamos husmeando, se lo pasaremos a los federales. Aun así, no me entra en la cabeza que el FBI pasara por alto toda una parte del pasado de Anastasia.
—Estaba infiltrada a fondo —señaló Luke—.
Tanto Natalia como Anastasia estaban muy bien entrenadas.
Sabían operar sin levantar sospechas. Seguro que ahora investigarán muchos de los casos recientes de trata con más detenimiento.
Podrían haber pasado a muchas otras mujeres por la frontera canadiense en nuestras propias narices. Esa mierda me cabrea —murmuró.
—Me preocupa que vuelvan a por Clara. Ahora es personal. Toda su familia tiene una vendetta contra Shadow Security.
—Quien la hace, la paga —bromeó Luke—. Eran buenos, te lo concedo. Pero nosotros somos mejores. He oído que Anastasia ha empezado a venirse abajo.
Ford miró a su compañero un momento antes de volver la vista a la carretera.
—Sí. Ahora que sabemos que Natalia existe, lo están usando en su contra.
—Listo.
—Los federales le han dicho que Natalia también está detenida. Al principio no admitía conocerla, pero ahora suplica que la dejen verla.
—Joder. A mí también me gustaría verla. Tengo una lista de preguntas kilométrica. ¿Quién más está metido en esto? ¿Cuánto tiempo llevan vigilando a Clara? Estuvieron en su aparcamiento varias noches esta semana porque siguen tramando algo. No van a parar.
—Pararán si los detienen.
—Maldita sea la Oficina —dijo Ford—. Si hubieran actuado anoche, podrían haber detenido a los dos.
—Ya sabes cómo funciona el gobierno: a paso de puta tortuga.
—West ha dicho que Nicholas y Natalia todavía no han vuelto a su casa en las afueras de Boston, lo que significa que o siguen merodeando por aquí o ya se han dado a la fuga. En cualquier caso, no me quedaré tranquilo dejando a Clara sola hasta que los detengan.
Ford puso el intermitente y giró a la derecha para tomar la carretera apartada hacia la casa de Jett.
Era más bien una mansión, rodeada de hectáreas de bosque.
Había un lago en la parte de atrás. Un jacuzzi en la terraza.
Mucho césped y vegetación. Ford había comprado su propia y humilde casa hacía un año, y disfrutaba de tener un pequeño jardín y un lugar al que llamar suyo.
—¿Has oído lo que he dicho? —preguntó Luke, sacándolo de sus pensamientos.
—¿El qué? —preguntó Ford.
—Que si necesitas un rato a solas con Clara esta noche. Le digo a Anna que cuide a la niña o algo.
Ford no pudo evitar reírse.
—¿Anna con una niña? Seguro que sería más desastre que yo. Aunque Eloise es una monada.
—Vaya. ¿Quieres tener hijos?
Ford se encogió de hombros.
—Nunca me lo he planteado mucho. O sea, sí, espero encontrar algún día a una mujer con la que sentar la cabeza. Siempre pensé que sería en un futuro lejano, pero quién coño sabe.
—Oye, si el jefe ha podido, tú también. ¿Te habrías imaginado alguna vez ver a Shadow loco por una mujer? —preguntó Luke con una risa, refiriéndose a Jett por su antiguo nombre en clave militar.
—Ni de coña —coincidió Ford.
—Clara es un encanto —dijo Luke.
—¿Y?
—Y se nota que te gusta. No lo niegues —dijo, y su risa grave llenó la cabina de la camioneta—. Creo que te vendría bien. Y no se me escapó cómo le pasaste el brazo por encima la otra noche. Estás muy pillado, colega.
—Ya, bueno, ella quería ir a casa de Jett, ¿no?
—Por eso te he preguntado si necesitas un rato a solas. Está asustada. Ha sido una semana de mierda.
Ford suspiró.
—Ya veremos.
—Tranquilo. Te cubro las espaldas, tío.
—¿Qué pasa con Gray? Pensaba que querría venir y meterse en el ajo esta noche —dijo Ford—. El otro día parecía el de siempre.
—Ni idea. Dijo que tenía algo que hacer. A veces creo que sigue prefiriendo estar solo.
Ford se detuvo ante la verja de la casa de Jett e introdujo el código de entrada.
Todos podían acceder a la propiedad y la casa de Jett si era necesario.
El cielo se estaba oscureciendo, y no había visto otro vehículo en todo el rato que llevaban por la carretera apartada.
Aun así, la inquietud se apoderó de él. Que no tuvieran localizado al objetivo no significaba que a ellos no los estuvieran vigilando.
***
Clara guardó silencio tras la llegada de Ford y Luke, escuchando a Anna y Eloise reír juntas mientras jugaban con las muñecas.
Lena había llegado con la compra para preparar la cena para todos, y Clara se preguntó por un momento si había algo que esa mujer no supiera hacer.
Los hombres habían desaparecido en el despacho de Jett para hablar del caso, lo que la dejó de nuevo inquieta.
Ford apenas le había dado información al llegar, solo que tanto Nicholas como Natalia seguían en libertad.
—¿Estás bien? —preguntó Anna con tono comprensivo. Eloise se había apartado y jugaba tranquilamente con sus Barbies en el suelo, frente a la mesita.
—Sí. Es solo que no entiendo por qué no los han arrestado ya si son tan peligrosos.
Anna se encogió de hombros.
—Buena pregunta. Seguramente están asegurándose de tener todo el papeleo necesario.
No sé muy bien cómo funciona, pero para entrar en su casa necesitan una orden judicial.
Supongo que si hay una larga lista de cargos, primero tienen que dejarlo todo atado.
Yo trabajé en Wall Street. Es diferente, claro, pero en los delitos financieros hacía falta una cantidad enorme de documentación y órdenes antes de poder detener a nadie.
—La tienen grabada en las cámaras de vigilancia destrozando mi coche.
—Lo sé. Apuesto a que están planeando detenerlos a los dos a la vez. Jett solo me contó un poco, pero parece que Nicholas ha pasado desapercibido para ellos. Quieren tenerlo todo bien atado para que el caso sea sólido. Yo diría que en uno o dos días podrás volver a casa y dejar de preocuparte.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —respondió Clara.
Se oyeron voces apagadas en el pasillo, y Clara alzó la vista para ver a los hombres entrar en el amplio salón. Los recorrió brevemente con la mirada y se dio cuenta de que Ford ya la estaba observando. Apartó los ojos enseguida.
—¡Justo a tiempo! —dijo Lena saliendo de la cocina—. La cena está casi lista. ¿Por qué no vais todos a sentaros?
Anna se levantó con una sonrisa.
—¡Genial! Dejad que os enseñe dónde sentaros. La comida huele de maravilla, Lena. Te juro que eres una maga en la cocina. No se lo digas a Jett, pero la única razón por la que me vine a vivir aquí tan rápido fue por tu cocina.
—Anna —murmuró Jett mientras ella se reía. Le tomó la mano cuando se acercó y se la besó. Los hombres ni se inmutaron, claramente acostumbrados a la efusividad de Anna y a las muestras de cariño de Jett hacia ella.
Clara apenas habló durante la cena y dejó que los demás llevaran el peso de la conversación.
Anna se había encargado de sentarla junto a Ford, lo que la ponía aún más nerviosa.
Ford se había cambiado de ropa desde que lo vio por la mañana.
La camisa de manga larga y los vaqueros se ceñían a su cuerpo musculoso, y la barba incipiente le daba un aire aún más rudo de lo habitual.
Él también estaba callado, escuchando a los demás.
Por suerte, Clara había tenido a su hija para distraerse, pero no había podido evitar que todos sus sentidos se pusieran de nuevo en alerta máxima con él tan cerca.
—¿Me pasas el pan? —preguntó Anna.
Clara alargó la mano hacia la cesta al mismo tiempo que Ford y la retiró de golpe cuando sus dedos se rozaron.
Él se tensó; también lo había sentido. Fue casi como si el contacto la hubiera quemado, y el calor que emanaba de su cuerpo la hizo demasiado consciente de cada parte de él.
Ford tragó saliva, pasó la cesta del pan y murmuró algo a Anna.
Clara se removió en su asiento, notando la mirada de Ford clavada en ella.
Su mano musculosa aferraba el tenedor. Incluso en un gesto tan cotidiano, ella percibía su fuerza contenida.
Parecía listo para saltar y enfrentarse al enemigo, para aniquilar cualquier amenaza.
¿Acaso pensaba que corrían peligro allí?
—Eloise, ¿quieres ayudarme con el postre? —preguntó Anna, lo que apartó la atención de Clara del hombre intenso que tenía al lado—. Tengo unas galletas que necesitan glaseado y virutas de colores antes de servirlas.
—¡Oh! ¿Puedo ayudar, mami? —preguntó su hija—. ¿Por favor?
—Claro, cariño —dijo Clara, dándole permiso. Eloise salió corriendo hacia la cocina y oyeron la risa de Anna mientras iba tras ella. Nerviosa, Clara dio un sorbo a su Merlot. Jett le estaba diciendo algo a los hombres, pero la tensión creciente entre ella y Ford la estaba volviendo loca.