Ford (Equipo Shadow Ops nº 2) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

Jett se levantó y empezó a caminar por la sala de conferencias, visiblemente inquieto. —Sí. Se ha confirmado que está detenida, pero aun así aparece en las grabaciones de vigilancia de tu complejo de apartamentos.

—¿Podría ser alguien que se le parece? —preguntó Clara.

—Estamos investigando todas las posibilidades —dijo Jett—.

Está tardando más de lo que me gustaría en aclarar esto.

Pero hay más. Ford te enseñó las imágenes de la noche en que te manipularon la rueda.

Pedí a mi equipo informático que hackeara el sistema y consiguiera grabaciones adicionales de la última semana.

Alguien ha estado merodeando por los alrededores del aparcamiento, vigilando tu edificio.

Clara lo miró sorprendida.

—Pero estoy bien. Mi coche está bien.

Jett intercambió una mirada con Ford.

—El equipo y yo hemos estado vigilando —explicó Ford—. Yo me encargué de la primera noche, y Gray y Luke se turnaron las siguientes.

—¿Habéis estado fuera de mi apartamento? —preguntó ella, atónita.

Ford asintió, observando cómo asimilaba la información.

—Empezamos cuando vimos el primer vídeo y nos dimos cuenta de la gravedad del asunto.

—Anastasia es extremadamente peligrosa —continuó Jett—. La han detenido por planear un atentado terrorista. No sabemos quién ha estado allí estas últimas noches, pero lo que está claro es que alguien sabe dónde trabajas y dónde vives. Alguien te está vigilando.

Clara se estremeció, y Ford le posó brevemente la mano en el brazo. Era un pequeño gesto de consuelo, pero aun así ella se inclinó hacia él, dejando escapar un leve suspiro de alivio.

—Vamos a resolver esto, Clara —le aseguró, dándole un breve apretón en el brazo antes de soltarla—. No dejaré que nadie te haga daño.

—Da igual quién estuviera allí exactamente, ya sea Anastasia o alguien que se le parece, esto no es ninguna coincidencia. Te han elegido como objetivo porque trabajas para Shadow Security. Quiero que Ford se quede contigo hasta que atrapemos a esta gente.

—¿Qué? —Clara miró a Jett, sorprendida.

—Vives sola con tu hija. Es culpa mía que te hayan puesto en peligro. Tu otra opción es venir a quedarte temporalmente con Anna y conmigo. Mi casa es segura. Tendríais vuestras propias habitaciones y espacio. Allí estaríais a salvo.

—No —dijo rápidamente—. No quiero dejar mi apartamento. Hace solo seis meses que mudé a Eloise aquí. Es feliz. No quiero volver a desarraigarla, aunque sea algo temporal.

Jett los miró a ambos.

—Entonces Ford puede quedarse a dormir en tu sofá un par de días mientras resolvemos esto.

Voy a poner al FBI al tanto también. Tengo a mi equipo informático revisando los vídeos en busca de otras posibilidades.

Averigüemos quién es y metámoslo entre rejas.

Si la situación empeora mientras tanto, no estarás sola y desprotegida.

—Entendido, jefe —dijo Ford. Miró a Clara, que parecía debatirse entre el miedo y la rabia.

—O sea, que no tengo ni voz ni voto —murmuró ella.

—La oferta de quedarte en mi casa sigue en pie.

Ford la observó morderse el labio, indecisa.

—¿Puedo hablar con Ford un minuto a solas?

—Por supuesto —dijo Jett mientras se levantaba—. De todas formas, tengo que volver a mi despacho para atender una llamada. Decidáis lo que decidáis, avisadme.

La sala quedó en silencio cuando Jett cerró la puerta. Clara clavó en Ford sus ojos asustados.

—¿De verdad crees que es necesario? —preguntó—. ¿Crees que quien sea que aparece en la grabación vendría a mi casa?

—La verdad es que no lo sabemos —dijo Ford—. Si te resulta incómodo que me quede en tu casa, seguro que estarías bien en casa de Jett. Anna es... Anna, pero tienen espacio de sobra para las dos.

—Todo esto es una locura —murmuró. Las lágrimas le escocían en los ojos.

—Lo siento —dijo Ford con voz tranquilizadora. Se moría por acercarse más, pero estaban en una sala de reuniones. Eran compañeros de trabajo. No tenía ningún derecho a tocarla, aunque todo su ser quisiera hacerlo. Ella lo miró con impotencia.

—¿Quién es esa mujer, al fin y al cabo? —preguntó—. Esa tal Anastasia.

—Una espía rusa —dijo Ford—. Estaba en Estados Unidos pasando información a Rusia. Lo que la delató fue planear un atentado en suelo estadounidense. Podría haber pasado desapercibida de no ser por sus planes de atentar en Boston.

—¿Y qué tiene que ver Shadow Security con todo esto?

Ford carraspeó.

—No puedo entrar en detalles. Jett puede ponerte al corriente si lo considera seguro.

Es por tu propia protección, Clara. Cuanto menos sepas, mejor.

Créeme cuando te digo que es extremadamente peligrosa.

Me inquieta que estuviera rondando tu casa.

¿Qué te parece si me quedo a dormir en tu sofá esta noche?

Si te resulta demasiado, puedes quedarte con Jett hasta que averigüemos quién está detrás de todo esto.

—¿Por qué esta noche? —preguntó Clara—. Conseguisteis esas imágenes hace días. ¿No estaba ya en peligro entonces?

Ford asintió.

—Sí, y por eso tuvimos a alguien en el aparcamiento cada noche. Me quedaría más tranquilo si estuviéramos dentro. Siguen vigilándote.

—¿Tan peligrosa es la situación?

—Por desgracia, sí. ¿Quién nos asegura que no intentará entrar en tu apartamento la próxima vez?

Estamos acostumbrados a las represalias por el tipo de misiones que hacemos, pero no me gusta que las consecuencias de esto te afecten a ti.

Es una investigación en curso. Me quedaré contigo hasta que tengamos respuestas definitivas y sepamos que tu hija y tú estaréis a salvo.

Clara se mordió el labio, pensativa, y por un momento Ford creyó que le diría que no fuera.

Respetaría sus deseos si eso era lo que quería.

Al fin y al cabo, ella no había pedido verse envuelta en nada de esto.

Se quedaría fuera, en su todoterreno, velando por su seguridad, pero no entraría si ella le decía que no.

—De acuerdo, hagámoslo —dijo en voz baja.

Ford asintió y le sostuvo la mirada. —Estás a salvo conmigo, Clara. Tanto tú como tu hija.