Flor de sangre (Flores malditas 1) 40
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Aquello había pasado hacía unos días y no había averiguado nada más. Miró el papel en blanco, frustrado. ¿Qué cojones le iba a decir a Altairon?

—Señor, ¿está enfermo? Parece enfermo. Tiene un aspecto deplorable.

Ghom, vestido con un frac que le quedaba espantoso, apareció en el salón. Se dobló para poner la cabeza a su altura y mirarlo de cerca.

—Eso es imposible, yo nunca tengo mal aspecto... —gruñó Nox. Se dejó caer sobre la mesa—. La he cagado —confesó contra la madera—. ¿Por qué no puedo actuar con normalidad con ella? Me nubla el juicio.

Ghom carraspeó.

—¿Se está sonrojando, señor?

Nox se irguió y lo fulminó con la mirada.

—No, claro que no. No digas gilipolleces. Que me esté comportando como un adolescente hormonado no me convierte en uno. Soy mayor que ellos, de hecho.

—Solo ha vivido usted veinte años, señor.

—Pero en esos veinte años en la Tierra han transcurrido como... ¿sesenta?

—Sigue habiendo vivido usted solo veinte años —le replicó con lógica aplastante.

Ghom, que era un demonio cambiaformas y su sirviente, sacudió la cabeza, y su pelo, del mismo color que sus plumas de cuervo, se movió lanzando reflejos azulados. Se creía muy listo.

—Lo que sea —contestó Nox.

—¿Quiere que le prepare algo? ¿Un trago, un discurso motivador, unas palmaditas en la espalda? —le ofreció Ghom.

—¿Puedes hacer que el tiempo retroceda?

—Lamentablemente, no todavía. Pero insístame en unos milenios...

Nox dejó escapar un gemido.

Le encantaría deshacer el desastre de la noche anterior. Si no hubiese ido a la fiesta del maldito Silas Holloway...

Te dije que lo matases... Pero piensa en positivo. El angelito cree que no quieres nada con ella. Te dijo que eras un buen amigo.

—¿Quiere contarme lo que le atormenta? —preguntó Ghom, acomodándose en el sillón frente a él. Cruzó las piernas con calma y apoyó una mano en su barbilla—. ¿Ella?

—Déjame en paz —refunfuñó Nox. La hoja de papel que sostenía se desintegró en cenizas.

—¿Pasó algo en la fiesta de ayer?

Nox desvió la mirada. Se aclaró la garganta y cruzó los brazos sobre el pecho tratando de aparentar tranquilidad.

—No...

Ghom se inclinó hacia delante y lo estudió con atención.

—¿Se acostó con ella?

Nox se giró hacia él y lo miró serio.

—No.

—Pero quiso —concluyó.

El silencio que siguió fue una confesión. Nox se levantó de golpe y caminó hacia la cocina con pasos demasiado rápidos. La voz le salió seca, apenas un murmullo para sí mismo:

—Cada maldito segundo.

Aún podía sentir su boca, el temblor de su cuerpo pegado al de él.

Abrió un armario y sacó una bolsa de chocolatinas.

—Fue ella la que empezó. Yo... yo solo... —gimió—. ¿Qué querías que hiciera?

—Mmm, lo pensaré un momento. ¿Rechazarla?

—Lo hice. Le dije que no había significado nada.

—Señor, si me permite. ¿Es usted idiota?

—Sí, por lo que se ve lo soy —contestó resignado—. Pero ¿qué otra cosa podía hacer?

—A los mortales no les gusta que jueguen con sus corazones. Si se comporta así, ella lo odiará.

Nox se frotó un ojo.

Es preferible que te odie a que no piense en ti.

—Gracias por este gran consejo —contestó sarcástico—. No pretendo jugar con ella. Ethel Ashbourne está vetada, fuera de los límites, pero... juro que no pienso con claridad cuando la tengo delante.

—Va a ser su ruina.

Nox rio con amargura.

—Lo importante es que evité que muriese —aseguró.

Se metió una chocolatina en la boca, dejó escapar un suspiro y volvió al salón.

—Al jefe no le va a hacer ninguna gracia que alguien esté intentando matar a la chica.

—Por eso no se lo vamos a contar todavía. —Los ojos de Nox llamearon mientras miraba al otro demonio—. Además, me ha contado algo muy extraño que necesito vigilar.

—¿El qué?

—Es sonámbula y hace unas semanas se despertó en el bosque con sangre. Me preocupa. Tendré que prestar más atención...

—¿Es una excusa para pasar tiempo a su lado?

Pajarraco sabelotodo.

Ghom vio el brillo culpable en los ojos de Nox y supo que había acertado.

—Cuanto más lo niegue, peor será.