Flor de sangre (Flores malditas 1) 38
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Nox se levantó y la siguió hacia el vestíbulo. Ethel se puso su abrigo largo y se calzó las botas de agua que usaba tía Daphne para cuidar el jardín.

El sol de la mañana apenas lograba atravesar la espesa niebla de noviembre. Nox le echó una mirada de reojo a Ethel, como si quisiera asegurarse de que estaba bien.

—Fue por aquí... —murmuró ella, bajando la voz sin saber bien por qué.

Nox asintió. Era imposible ver más allá de dos metros por delante.

Él estiró una mano para frenarla agarrándola del codo. Se podían ver las zarzas y los troncos quemados por el fuego.

—Debe de estar ahí.

Nox caminó delante de ella sin soltarla, aún. Hasta que vieron el cuerpo. Yacía justo en la curva del camino, medio oculto entre los matorrales y los helechos.

Ethel se detuvo en seco y se cubrió la boca con la mano. Aquello no era simplemente un cadáver. Estaba consumido, contraído sobre sí mismo, como si hubiese ardido desde dentro, en vez de desde fuera.

—¡Es igual que el cadáver de la morgue! —jadeó Ethel.

—Hmm —susurró Nox, inclinándose curioso.

Ethel tragó saliva. ¿Eran todos la misma cosa?

—La... la primera vez pensé que podría haber sido yo quien mató al turista. Me desperté esa madrugada en mitad del bosque, a unos cuantos kilómetros de aquí, con el camisón lleno de sangre y no era mía... Pero yo no... yo no pude ser quien mató al otro... Al que murió en Halloween.

Nox frunció el ceño, algo de lo que ella había dicho pareció perturbarle.

—¿Cómo que despertaste en mitad del bosque?

—Camino sonámbula.

El rostro de Nox se contrajo alarmado y su ceño se tiñó de oscuridad.

—¿Viste algo raro? ¿Tienes idea de qué o de quién podría ser esa sangre?

—No, cuando desperté estaba sola. Había soñado con...

Nox dio un paso hacia ella.

—¿Con qué?

Ethel se sorprendió por su insistencia.

—Con que huía de unos cuervos, creo recordar... —Se apartó un poco, intimidada por su cercanía—. Lo que quiero decir es que, yo... Si mi magia lo mató y es igual que los demás...

—A lo mejor es simplemente el estado en el que quedan estos seres cuando los matas —conjeturó él—. Podría ser...

Ethel observó el cuerpo con los brazos cruzados sobre el pecho mientras reflexionaba. Si aquel ser no era del todo humano, eso quería decir que los otros dos tampoco. Por eso la policía no conseguía identificarlos.

—No sé qué o quién mató a los otros dos, pero de alguna forma está relacionado con mi familia. Rondaba la mansión como si esperase encontrarse conmigo, y me llamó bruja y habló de mi apellido y de mi sangre.

Nox se colocó a su lado. Pensativo, se llevó una mano a la barbilla.

—Es decir, que alguien trata de haceros daño o... de inculparos por estas muertes.

Ethel levantó la cabeza hacia él. Parecía tan tranquilo a pesar de la situación... En la morgue había reaccionado igual al observar el cuerpo.

—Pero ¿quién? Hubo... una bruja que trató de matarme en Halloween, en el laberinto de maíz.

Nox alzó las cejas.

—Así que fuiste tú quien lo quemó... Para tener este aspecto angelical, te acercas mucho a lo demoniaco, Ethel —bromeó Nox.

Ella lo miró sorprendida.

—Esto no debería resultarte divertido.

—¿Ah, no? —preguntó, dibujando una sonrisa malévola.

Ethel se estremeció, pero no tuvo nada que ver con el miedo. Se le secó la boca. Nox debería venir con un aviso de peligro : «Puede provocar una atracción adictiva y romperte el corazón».

—Tengo que confesarte algo —continuó Nox, más serio—. Esa noche vi el humo y bajé corriendo hacia el maizal. Te encontré en medio de las cenizas...

—¿Así que no lo soñé? ¿Fuiste tú quien me llevó a la casa del bosque? —Ethel estrechó los ojos. ¿Por qué no se lo había dicho?—. Pensaba que había vuelto a caminar sonámbula...

—No quería que nadie te encontrase allí, te habrías metido en un lío. Pensé que, si me hablabas del asunto, te lo contaría, no quería ponerte presión.

—¿Y viste algo más?

—No, solo estabas tú.

Ethel dejó escapar un suspiro. Luego volvió a estudiar a Nox.

—Deberías estar asustado, extrañado... Eso sería lo normal. Estás demasiado tranquilo.

— Normal ... Esa palabra me ofende. ¿Te parezco normal? Además, ya te avisé de que no me asusto con facilidad.

Ethel se aclaró la garganta, queriendo ocultar una carcajada.

—En todo caso —dijo volviendo al tema—, estos... seres no pueden estar relacionados con esa bruja, porque desapareció en Halloween.

Nox frunció el ceño, observando el cuerpo consumido como si esperara que este le diera alguna pista.

—¿Tenéis algún enemigo? ¿Alguien que odie a tu familia? —preguntó.

Ethel se encogió de hombros.

—Si lo tenemos... no lo sé. Todo esto es nuevo para mí. Pero en Ebonwick hay muchas personas a las que no les gustamos, tú mismo lo viste.

Y luego estaban las Trece. Pero no parecía su estilo enviar algo así. Era llamar mucho la atención, justo lo contrario de lo que predicaban. Poner una diana en un aquelarre de brujas era más perjudicial para ellas que otra cosa.

—Aunque... hubo algo en la forma en que esta cosa se movía. Como si no actuara por voluntad propia. Como si estuviera... poseído.

Nox arqueó una ceja.

—¿Hay otras brujas por la zona?

—No, que yo sepa. Y si hicieran algo así, serían castigadas muy seriamente. Más bien, debe de ser al contrario.

—¿Alguien que odie a las brujas?

Ethel asintió. Demasiados candidatos en ese pueblo.

Nox esbozó una sonrisa radiante, casi traviesa. Si el fuego tuviese rostro y expresión, estaba segura de que habría sido algo así.

—¿Quién está liderando las protestas al alcalde y a la policía contra vosotras?

A Ethel se le aceleró el corazón. Nox dio un paso hacia ella, inclinando la cabeza para mirarla fijamente a los ojos.

—¿Quién no para de predicar y convence a sus fieles de ir contra vosotras?

Ethel abrió mucho los ojos.

—El pastor Whitmore. Pero... es un cura, él no puede... ¿Cómo ha creado a esos monstruos?

—Estaba en la morgue el día en que nos colamos y parecía tener motivos.

Ethel asintió, sopesándolo. Nox podía tener razón, aunque no imaginaba a un pastor practicando magia, y más de ese tipo.

—Puedo consultarlo con tía Seraphine.

—No podemos dejarlo aquí —dijo Nox—. Si alguien lo ve, os relacionará con él.

—¿Crees que debería llamar a la policía y decir que lo he encontrado esta mañana?

—No. No tienes coartada, desde que te fuiste de la fiesta estuviste sola.

Ethel entrecerró los ojos.

—¿Por qué sabes tanto de esto?

Nox le sonrió enigmático.

—Te advertí de que no era quien creías que era.

—¿Qué quieres decir?

—Que no soy el chico amable que pensabas a principio de curso —contestó.

¿Habría tenido Nox problemas con la ley antes? En realidad, conocía muy poco de su historia. Y, sin embargo, ella no se veía capaz de apartarse de él. Desde el primer momento Nox Harker había sido un sendero por el que deseaba adentrarse, aunque las señales de advertencia estuviesen ahí.

—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Lo escondemos? —preguntó, buscando sus ojos.

Al girar la cabeza se dio cuenta de lo cerca que estaban sus rostros.

La sonrisa de Nox se quemó en las comisuras de sus labios. Sus ojos descendieron, apenas un segundo, a su boca. Fue un gesto breve pero devastador. A Ethel le falló el aire.

Se pasó la lengua por los labios casi involuntariamente.

La boca de Nox dejó escapar una maldición muda y los músculos de su garganta se tensaron cuando tragó.

Bajó la voz.

—¿Y si lo llevamos a tu casa? —Le apartó un mechón de pelo que le rozaba las pestañas. La yema de su pulgar rozó su pómulo.

Ethel separó los labios para coger aire.

Nox inclinó apenas la cabeza, como si tratara de escuchar lo que ella pensaba.

Ethel dio un paso hacia atrás separándose de Nox. No podía volver a lanzarse sobre él.

—Gracias por ayudarme anoche y ahora con esto. Significa mucho para mí que... estés ahí, que seas mi amigo.

Los ojos de Nox se oscurecieron y tragó saliva. Dejó escapar una respiración profunda.

—¿Amigo?

Ethel levantó la mirada hacia Nox.

—¿No lo somos? —La idea le dolió, después de todo lo que habían compartido pensaba que ya habían alcanzado ese punto.

Nox asintió y su boca se curvó en un gesto amargo.

—Sí, claro. Somos... amigos.

—Podemos llevarlo al laboratorio de Seraphine. Le contaré todo cuando vuelvan, a ver si ella averigua algo más.