19
Una figura atravesó el umbral del túnel del terror y Nox la siguió con las manos en los bolsillos, sorteando con indiferencia una soga colgante y una muñeca en una horca; le dio un manotazo apartándola de su camino.
El hedor a madera podrida y a sangre rancia impregnaba el aire.
Luces rojas parpadeaban sobre la piedra húmeda, proyectando sombras deformes que reptaban por las paredes.
La música de fondo eran gritos de terror.
—Es como estar en casa —bromeó.
Pasó por un largo pasillo lleno de hoces que se balanceaban de un lado a otro, cubiertas de sangre de cerdo. Era tan burdo que no comprendía cómo a alguien le podía parecer terrorífico.
—¿Has elegido este sitio por algún motivo en especial? —gruñó Nox, y llegó a una sala llena de telarañas que arrancó molesto.
Ghom sonreía. Su boca era demasiado grande para su cara.
—¿No le parece gracioso, señor? He pensado que la ironía lo divertiría —dijo con esa voz suya que sonaba como un graznido.
Nox contrajo los labios y su expresión se apagó hasta volverse oscura.
—¿Por qué cojones has aparecido?
Ghom le clavó sus ojos afilados y Nox se relajó.
—Porque me pareció que necesitaba mi ayuda. —Llevaba un disfraz de verdugo que le quedaba ridículo.
Nox se frotó la cara.
Querías arrancarle ese disfraz. Has perdido el juicio en cuanto la has visto así vestida.
Joder, se había vestido de ángel por él.
«Y no, no deseaba arrancárselo. Pero en caso de ser así... y es hipotético, se lo habría quitado muy poco a poco, tomándome mi tiempo», pensó.
—Ya sabe que debe tener cuidado, señor.
—Sí, sí, lo tengo claro —se defendió Nox.
Ghom ladeó la cabeza, jugando con la soga que llevaba en la mano.
—El jefe...
Nox le dio una patada a una paca de heno.
—Lo sé... No tienes que recordármelo.
Ghom lo miró con sus ojillos afilados.
—¿Está haciendo pucheros, señor?
—¡No! Pero ¿qué dices?
Nox hizo una mueca y alargó el brazo hacia un lado arrancando una araña gigante de goma de la pared.
—¿Le atrae esa chica?
—No. Lo que pasa es que soy encantador por naturaleza, no hay más. Además... no puedo sentirme atraído por ella si ella no se siente atraída por mí porque eso me haría estar en desventaja y yo siempre juego con ventaja... Entiendes, ¿no?
—Si usted lo dice... —declaró Ghom, poco convencido, mirándolo con pena.
Nox se puso serio y lo miró enfadado.
—Lo que digo, señor, es que no querrá pagar el castigo y las consecuencias si el jefe se entera de que se está distrayendo de lo importante.
Les llegó otra ráfaga de gritos lejanos. Nox estaba cansado de aquella conversación. Aplastó la araña con todas sus fuerzas.
—No me estoy distrayendo. —Se estiró relajando los músculos—. Ahora déjame tranquilo, tengo cosas que hacer.
Un ruido lejano, como de cadenas arrastrándose, recorrió el túnel. Nox desvió brevemente la vista hacia las sombras.
—Y ocúpate de lo que te pedí.
—Sí, señor —contestó Ghom, agachando la cabeza y mirándolo con sus ojos oscuros.
Nox giró sobre sus talones y se marchó por el pasillo iluminado en rojo.
El aire cargado del túnel del terror quedó atrás cuando salió al bullicio de la feria. Los farolillos anaranjados flotaban sobre las cabezas de los asistentes, arrojando un resplandor fantasmal sobre los rostros pintados y las máscaras espeluznantes.
Se pasó la lengua por el aro del labio en un gesto nervioso mientras estudiaba la muchedumbre. Estaba de muy mal humor.
Alguien se acercó por su espalda y lo agarró del brazo.
—¿Dónde te habías metido? Te estás perdiendo toda la diversión —se quejó Ivy, que ya arrastraba un poco las palabras.
Los ojos de Nox bajaron hasta el rostro de la chica, tenía el rímel corrido bajo los párpados y los cuernos de diablesa torcidos. Aspiró y una sonrisa tiró de sus labios.
—¿Has quedado con el angelito en el túnel del terror? —rio Silas.
La sonrisa desapareció de la boca de Nox y su expresión se oscureció.
—¿Qué has dicho?
Silas soltó una risita nerviosa.
—Pensábamos que a lo mejor te habías marchado con Ethel Ashbourne. Va disfrazada de ángel, por eso la he...
Nox dio un paso hacia Silas y le puso una mano en el hombro. Apretó.
—¿Qué pasa, no sabes vivir sin mí ahora, Holloway? —Lo soltó y le dio una palmadita en la espalda—. ¿Me echabas de menos?
—Yo...
Silas levantó la mirada hacia Nox y luego la dirigió hacia Ivy. Había algo siniestro en los ojos azules de la rubia.
—Silas, cállate. ¿Desde cuándo eres tan bocazas? Eres tú el que está siempre pendiente de la rarita. ¿Te has propuesto hacer un proyecto de caridad...? —Las palabras de Ivy se quedaron colgando de su boca al fijarse en la expresión de Nox.
—¡Venga, que va a empezar el espectáculo principal! —los apremió James.
Nox se separó de ellos y se giró. No tenía tiempo para estupideces, debía...
Entre el gentío, algo le llamó la atención: un hombre alto y flaco, vestido con un abrigo largo y grande, un sombrero de ala ancha y una cámara fotográfica al cuello.
Caminaba de forma extraña, colándose con cierta prisa entre los cuerpos que se movían por la calle principal.
Nox entornó los ojos.
El tipo parecía tener prisa por llegar a alguna parte. Ni siquiera se fijó en el espectáculo de fuego que había en una de las plazas, o en cómo quemaban a las brujas de paja. La gente aplaudía mientras los niños se cubrían el rostro y miraban entre las rendijas de sus dedos.
«Qué extraño», pensó.
—Me voy —se despidió Nox a toda prisa.
—¡Espera! ¿Dónde...?
—Halloween es una noche para hacer cosas inconfesables —dijo mirándolos por encima del hombro mientras se alejaba—. El de arriba se tapa los ojos y el de abajo camina entre nosotros. Divertíos un poco —se despidió llevándose la mano a la sien para hacer un saludo.