VEINTISÉIS #2
Me giré hacia Jordan para decirle que recogiera el material sobrante, pero las palabras se me murieron en la boca. Mi compañero estaba arrodillado en el hielo, con la mirada vacía, temblando con unas sacudidas tan violentas que los dientes le castañeteaban de forma audible.
—¿Jordan? —Molly se acercó a él de inmediato y le agarró la cara con las dos manos. Estaba pálido, casi azulado, y parpadeaba con una lentitud alarmante—. Pat... está confuso. No enfoca.
La alarma se disparó en mi cabeza. Llevábamos horas empapados, expuestos a temperaturas gélidas. Jordan estaba entrando en hipotermia clínica.
Apreté el botón de la radio.
—¡Base, aquí O'Malley! ¡Urgente, cadete con síntomas de hipotermia grave! ¡Necesitamos extracción inmediata!
— ¡Alfa Uno en posición! —rugió Caleb a través del canal, y la barriga del helicóptero apareció sobre nosotros.
El cable bajó a plomo. Ian tenía medio cuerpo asomado fuera del fuselaje, manejando el joystick de la grúa mientras la nieve le golpeaba la cara. Agarré a Jordan por el arnés, lo arrastré hasta la vertical del cable y lo enganché al mosquetón principal con dedos torpes.
—¡Molly, engánchate con él! —le grité, intentando empujarla hacia el cable.
Molly clavó las botas en el suelo y se apartó de un tirón.
—¡Ni hablar! —me gritó en la cara, señalándome—. ¡El arnés de Jordan necesita sujeción completa para que no vuelque!
—¡Eres la sanitaria, tienes que ir con él! —discutí, agarrándola del brazo.
—¡Soy tu compañera y no voy a dejarte solo en esta puta cornisa! —bramó ella, con una lealtad feroz ardiéndole en los ojos.
La miré, superado por su terquedad, pero no había tiempo para pelear. Ian me hizo un gesto frenético desde arriba.
—¡Súbelo! —le grité a Ian, haciendo la señal.
El cable tensó y arrancó a Jordan de la cornisa, llevándoselo hacia la cabina. Molly y yo nos quedamos a solas, agazapados contra la pared de roca, tiritando y escuchando cómo el Alfa Uno se alejaba hacia la cornisa superior para dejar a nuestro compañero a salvo.
Los siguientes minutos fueron una puta eternidad. El frío me estaba quemando la piel. Cada segundo que pasaba, el viento aullaba con más fuerza.
— O'Malley... —La voz de Caleb sonó tensa por la radio, ahogada por las alarmas de proximidad de su propia cabina—.
El aterrizaje en la cornisa superior se está complicando por la nieve acumulada.
El estacionario en la garganta pronto será imposible.
Entro a por vosotros. Preparados para un izado de combate.
La silueta del Alfa Uno reapareció entre la tormenta. Caleb forzó el morro del helicóptero hacia abajo, luchando contra una ráfaga lateral que lo desestabilizó durante un segundo aterrador. El motor aulló, exigiendo potencia máxima, y se clavó sobre nosotros.
El cable bajó por última vez.
—¡Molly, engánchate rápido! —le ordené, agarrando el mosquetón en cuanto estuvo a nuestro alcance.
Se lo enganché al arnés. Y justo en ese instante, la suela de mis botas vibró.
No fue un temblor lejano. Fue una sacudida sísmica bajo la propia cornisa en la que estábamos apoyados.
La montaña soltó un quejido profundo, como si se le partiera el espinazo.
Levanté la cabeza. Una grieta masiva se estaba abriendo en la pared de roca justo por encima de nosotros.
Un tercer desprendimiento. Y esta vez, nos iba a caer encima de lleno.
—¡O’Malley, engánchate! —chilló Molly, con los ojos desorbitados por el terror, tendiéndome la mano.
No lo pensé. No había tiempo para asegurar los anillos. Salté hacia el cable, agarré el mosquetón de mi propio arnés y lo enganché directamente a la anilla principal de Molly en un movimiento ciego y suicida.
—¡Tira! ¡Caleb, sácanos de aquí, tira! —rugí por el micrófono de mi radio.
El motor de la grúa rugió. Ian tiró de nosotros a una velocidad brutal, saltándose cualquier límite de carga segura, en el mismo instante en el que Caleb daba un golpe de timón y forzaba el helicóptero a separarse de la montaña con violencia.
Nuestros pies perdieron el contacto con la piedra.
Colgando en el vacío, balanceándome bajo la panza del Alfa Uno, miré hacia abajo.
Un aluvión cataclísmico de rocas, lodo oscuro y hielo sepultó la cornisa en la que habíamos estado un segundo antes, arrancándola de la pared y precipitándola hacia el fondo de la garganta con un estruendo ensordecedor.
Nos había rozado la puta muerte.
Ian terminó de izarnos. Molly y yo caímos de bruces sobre el suelo metálico de la cabina, jadeando, empapados, cubiertos de polvo y vivos. Ian cerró la puerta de un golpe y me agarró por los hombros, riendo sin aliento.
Sentí cómo el helicóptero se inclinaba bruscamente. Caleb no volvió a la cornisa superior. Había pisado a fondo el acelerador, cogiendo altura y velocidad para salir de ese puto infierno.
Me arrastré hasta el mamparo de comunicación y escuché la última frase que Caleb le lanzó a la base de rescate.
— Base, aquí Alfa Uno. O'Malley asegurado. Saliendo de la garganta y poniendo rumbo directo al Hospital Regional. Tiempo estimado de llegada: cuarenta y un minutos.
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Clover
— Base, aquí Alfa Uno. O'Malley asegurado. Saliendo de la garganta y poniendo rumbo directo al Hospital Regional. Tiempo estimado de llegada: cuarenta y un minutos.
Las palabras de mi hermano a través del altavoz cayeron sobre la sala de control como un manto de alivio.
Estaba vivo. Lo tenían.
El oxígeno volvió a entrar en mis pulmones en una bocanada temblorosa. Con las manos resbaladizas por el sudor frío, pulsé el botón de transmisión por última vez para cerrar el operativo.
—Copiado, Alfa Uno. Buen trabajo. Damos por finalizado el rescate aéreo. Equipos terrestres, mantengan el perímetro en la cornisa superior y procedan a la evacuación segura del resto del personal. Base de rescate Wildwater Falls, fuera.
Solté el botón. Me arranqué los auriculares de la cabeza y los dejé caer sobre el teclado. Ya estaba.
Me dejé caer pesadamente contra el respaldo de mi silla giratoria y hundí el rostro entre las manos.
Una lágrima solitaria, densa y caliente, resbaló por mi mejilla, liberando la presión que llevaba quemándome los párpados y la garganta desde que escuché el código Mundo Real.
Todo el peso del mundo se me escurrió por los hombros en forma de un temblor incontrolable.
Sentí una mano pesada y firme posándose sobre mi hombro.