Flare (Wildwater Falls 5) VEINTISÉIS
86%

VEINTISÉIS

Patrick

E l trayecto de vuelta a través de la pared de granito fue un auténtico infierno.

Si la ida había sido peligrosa, el regreso, con la adrenalina cayendo en picado y la nieve acumulándose en las grietas, rozó el suicidio.

Resbalé tres veces. Tres veces sentí el vacío tirando de mí, y tres veces el arnés me pegó un tirón brutal que me cortó la respiración, salvándome la vida gracias a los anclajes que había fijado minutos antes.

Tenía los dedos tan congelados y rígidos que apenas sentía el metal de los mosquetones al asegurar los pasos.

Cuando por fin alcancé el saliente y me dejé caer sobre la cornisa junto a mi equipo, mis pulmones ardían como si hubiera tragado fuego.

—¡Están en camino! —jadeé, arrancándome el mosquetón de la línea principal—. La caballería viene hacia aquí.

Molly y Jordan me miraron con una mezcla de pánico y esperanza.

—Los instructores y el equipo de seguridad están ahí arriba —les informé, señalando al techo de niebla y nieve que nos cubría—, pero no pueden llegar hasta nosotros.

El terreno que nos separa es demasiado inestable para que fijen anclajes de descenso.

Así que nos toca aguantar. Nuestro único objetivo ahora es mantener el calor y esperar a los helicópteros.

Quiero a ese chaval preparado para un izado de emergencia inmediato.

El Alfa Uno no va a perder ni un solo segundo cuando llegue.

Nos pusimos a trabajar de inmediato. Molly y yo revisamos las sujeciones del herido grave, asegurando el triángulo de evacuación sobre su arnés.

Jordan, por su parte, se pegó a los otros dos cadetes ilesos, frotándoles la espalda y obligándolos a moverse en el sitio para generar algo de calor corporal.

Pasaron los minutos. El tiempo se volvió una masa densa y congelada. El viento no soplaba con una fuerza huracanada, pero la nieve caía sobre nosotros de forma implacable y silenciosa, cubriendo nuestras chaquetas de una capa blanca.

Molly se frotó la cara, mirando al herido inconsciente con el ceño fruncido.

—Su temperatura central está bajando demasiado rápido, Pat —me susurró, pegada a mi oído para que los demás no la escucharan entrar en pánico—.

Aunque, irónicamente, puede que este puto frío sea lo único que le esté salvando la vida.

Si el politraumatismo le ha causado hemorragias internas graves, la hipotermia ralentizará su metabolismo y preservará la función orgánica un poco más.

Asentí, tragando saliva.

Y entonces, lo escuchamos.

El latido sordo, rítmico y potente de las palas cortando el aire helado. El sonido más hermoso del universo.

Me puse en pie, entrecerrando los ojos contra la nieve. Dos sombras inmensas atravesaron la cortina blanca que cubría la garganta de Wildwater Gorge .

El helicóptero Beta Dos se frenó en el aire, manteniéndose a una distancia prudencial al otro lado del cañón, evaluando los riesgos del entorno y cubriendo la retaguardia.

Pero el Alfa Uno no se detuvo.

La bestia roja y blanca avanzó con una ferocidad y una precisión que solo un piloto como Caleb Donovan podía conseguir.

A pesar de la nieve arremolinándose y golpeando el parabrisas de la cabina, Caleb metió el helicóptero en el estrecho cañón y lo clavó en un vuelo estacionario perfecto, milimétrico, exactamente sobre nuestras cabezas.

Había clavado mis coordenadas sin un solo margen de error.

El whiteout generado por el rotor nos azotó, pero el aparato se mantuvo estable y seguro.

Jamás había sentido tanto alivio en mi vida. Saber que el equipo Alfa estaba ahí era saber que ya estábamos a salvo.

La puerta lateral de la cabina se abrió. Vi el brazo metálico de la grúa extenderse y, segundos después, la figura inconfundible de Ian Collins asomó por el borde.

—¡Preparaos! —les grité a los demás, poniéndome en posición debajo de la vertical del cable—. ¡Ya están aquí!

Ian descendió a plomo. El líder del Equipo Alfa tocó la piedra de nuestra cornisa con la suavidad de un gato, golpeó el mecanismo de suelta rápida y se desenganchó del cable en un solo movimiento fluido.

Se irguió y nos echó un vistazo táctico a todos en menos de dos segundos. Llevaba su radio de largo alcance pegada al pecho.

—Alfa Uno, líder en tierra —comunicó Ian por su radio, sin apartar los ojos de nosotros—. Paquetes localizados. Todos presentes. Iniciamos protocolo de triaje y evacuación en caliente por grúa. A la escucha.

Di un paso al frente. Ian se giró hacia mí. No dijimos nada. No hacía falta. Nos fundimos en un abrazo corto y duro

Ian me dio una palmada fuerte en la nuca y se separó, completamente enfocado en el trabajo. Me tendió un pequeño transmisor conectado a su arnés.

—Frecuencia puenteada con el Alfa Uno —me indicó Ian a gritos por el ruido del rotor—. El helicóptero hará de repetidor con la base y los instructores. Comunícate.

Agarré el micro, encendiendo el canal.

—Equipo Uno en posición. Aquí O'Malley.

— ¡O'Malley, joder! —La voz de Caleb atronó en mi oreja, cargada de un alivio bestial, sin soltar los mandos de su aeronave—. ¡Buen trabajo aguantando, cadete!

— ¡Nos alegramos de verte entero, Pat! —secundó Noah desde la cabina superior.

—Yo también me alegro de veros, chicos —respondí, esbozando la primera sonrisa real del día—. Paso a informe.

El canal se abrió a la frecuencia de los instructores, que estaban escuchando desde la cornisa colapsada arriba del todo.

Con precisión, enumeré el parte exacto de la situación, dando los nombres y apellidos de los seis cadetes que estábamos en el saliente, confirmando el estado del herido crítico y la condición de los ilesos.

Cuando terminé el informe, hubo un chasquido de estática. Y entonces, su voz, canalizada y amplificada a través de los sistemas del Alfa Uno, llenó mi auricular.

— Base de rescate a cadete O'Malley. Recibido.

Cerré los ojos un segundo bajo la nieve.

—Me encanta volver a oír tu voz, jefa —le confesé, sin importarme el canal abierto.

— A mí también me encanta, O'Malley —respondió Clover. Su voz sonaba ronca, espesa por la emoción, pero inmensamente aliviada—. Más de lo que imaginas.

Carraspeé, asintiendo, dejando que esa confirmación me diera la fuerza necesaria para el último empujón. Intercambié una mirada con Ian, que ya estaba arrodillado junto a Molly revisando los anclajes del herido.

—Pasamos a operativo, Base —sentencié—. Empezamos la evacuación. Sácanos de aquí.

✽✽✽

Patrick

Junto a Ian y Jordan, iniciamos el rescate técnico con una fluidez que solo da el instinto de supervivencia y las incontables horas de entrenamiento.

Por suerte, el trabajo previo que habíamos hecho bajo mi mando nos ahorró un tiempo vital. Las cuerdas estaban aseguradas y la camilla nido lista para el izado. Ian revisó nuestros anclajes de un vistazo rápido y me dio un apretón en el hombro.

—Habéis hecho un trabajo excelente, O'Malley —me reconoció Ian por encima del ruido de la ventisca—. Manteneros con vida y estabilizar a este paciente en estas condiciones es para estar orgullosos.

Mientras Ian preparaba la línea de extracción, Molly agarró la radio de corto alcance y sintonizó la frecuencia directa con Noah, que esperaba en la cabina del Alfa Uno.

—Noah, aquí Molly. Te paso el parte médico exacto del paquete rojo —informó mi sanitaria, gritando contra el viento pero con una precisión envidiable—.

Politraumatismo, posible TCE. He administrado curas de contención, estabilizado las fracturas de muñeca y tobillo, y le he puesto una vía rápida con suero.

Lo hemos mantenido aislado del suelo para conservar el calor, pero está en riesgo inminente de hipotermia severa.

Prepárate para calentamiento activo en cuanto cruce la puerta.

La voz de Clover volvió a llenar nuestros auriculares, coordinando la emergencia con una sangre fría magistral.

— Alfa Uno, Beta Dos, aquí Base. Escuchadme bien.

Las condiciones meteorológicas para el vuelo estacionario son críticas.

El vuelo hasta el Hospital Regional es de cuarenta minutos.

—Hizo una pausa, marcando el ritmo de la operación—.

Esta es la secuencia: Alfa Uno izará al herido crítico y lo trasladará al punto de control en la cornisa superior, donde el Beta Dos lo está esperando.

Beta Dos volará directo al hospital con el herido.

Alfa Uno, tú te quedarás haciendo estacionarios para evacuar al resto de los cadetes de dos en dos hasta el puesto de control de tierra. ¿Copiado?

— Alfa Uno copiado —respondió Caleb, forzando los motores de la aeronave—. Beta Dos, prepárate para la transferencia.

Era el plan perfecto. Mantener un helicóptero en estacionario dentro de una garganta con whiteout era un suicidio técnico que consumía un combustible y una concentración brutales.

Caleb era el único piloto de todo el estado capaz de mantener el aparato estabilizado en esas condiciones, así que usar el Alfa Uno como ascensor y el Beta Dos como ambulancia era la única opción viable.

Ian enganchó el mosquetón del cable a la camilla.

—¡Arriba! —gritó, haciendo la señal con la mano.

La grúa del Alfa Uno tiró de la camilla, elevando al cadete crítico hacia la cabina.

En cuestión de minutos, Caleb desapareció entre la nieve para dejar al herido en la cornisa superior y regresó, maniobrando con una agresividad controlada.

El viento había empezado a cambiar de dirección, azotando la pared del cañón y amenazando con estrellar las palas contra el granito.

— Base, el viento me está empujando hacia la roca —avisó Caleb por radio—. Cambio vectores de aproximación. Voy a entrar de lado, Ian, tendrás que compensar el péndulo.

El Alfa Uno descendió de nuevo. Esta vez, enganchamos a los otros dos cadetes del Equipo Dos, que seguían en shock, y los enviamos arriba.

Solo quedábamos Molly, Jordan y yo en la cornisa.