Flare (Wildwater Falls 5) VEINTICINCO #3
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VEINTICINCO #3

No dejé margen para más debates. Preparé un puñado de anclajes químicos, me ajusté los mosquetones y respiré hondo tres veces, visualizando la ruta. Me colgué la pesada radio de largo alcance a la espalda, asegurando las correas a mi pecho para que no me desequilibrara.

Eché una última mirada a mi equipo. Molly me dedicó un asentimiento solemne.

—Buena suerte, Pat.

Me giré y ataqué la pared.

El primer agarre me dejó claro que no iba a ser fácil.

La roca estaba tan resbaladiza que mis botas apenas encontraban fricción.

Tenía que ir anclándome a cada paso, metiendo los seguros en las grietas con los dedos entumecidos por el frío.

Era un proceso agónico, lento y letalmente peligroso.

El viento me azotaba la espalda, intentando arrancarme de la montaña.

Pero en mi mente solo había un objetivo. Avanzar. Llegar a la cornisa. Conseguir cobertura y oír la voz de mi muñeca desde la base. Me aferré a ese pensamiento como a un salvavidas.

Tras veinte minutos que me parecieron tres putas vidas, alcancé el borde de la cornisa.

Lancé un brazo, encontré un agarre sólido y tiré de mi propio peso, saltando al terreno firme. Caí de rodillas, jadeando, con los pulmones ardiendo y los músculos temblando por el esfuerzo extremo. Me permití exactamente cinco segundos para recuperar el aliento y centrarme.

Me quité la radio de la espalda, encendí el interruptor y conecté el micrófono.

Solo había estática.

—Cadete O'Malley a Base de rescate Wildwater —transmití, con la respiración entrecortada, gritando por encima del temporal—. Seis atrapados. Un herido grave, dos leves y tres ilesos. Todos vivos.

Solo viento.

Cambié un milímetro el dial y repetí las coordenadas exactas de nuestra posición en la pared de roca de Wildwater Gorge .

—Cadete O'Malley a Base Wildwater ¿me reciben?

Lo repetí cinco veces, hasta que sentí que la desesperación me agarraba por el cuello.

Y de repente, una voz entrecortada, limpia y familiar rompió la estática al otro lado.

—¡Equipo… aquí Base! ¡Te reci…, O'Malley! ¡Dime que estáis bien!

El impacto de su voz fue tan brutal que sentí un hachazo en el pecho. Me emocioné. Un nudo gigantesco me cerró la garganta y tuve que apretar los ojos con fuerza para contener las lágrimas de alivio.

—Clover... —susurré, pegando el micrófono a mi boca—.

Joder, muñeca. No sabes lo que me alegra escuchar tu voz.

Transmito informe de situación Base: tenemos tres heridos, uno en rojo, shock severo y trauma craneal.

Otro dos leves. Y tres ilesos. Todos atrapados en la cota sesenta, cornisa inferior, pero la pared es inestable. Clover, nos estamos congelando.

— Recibido Equipo Uno —respondió Clover, y pude percibir el temblor en cada sílaba, tenía miedo—. Me alegro de oír tu voz Pat. O'Malley, repite coordenadas exactas para aproximación aérea.

Le di los vectores exactos.

— Copiado. Equipo Alfa Uno y Beta Dos activados y en ruta —me informó con rapidez, recuperando la cadencia táctica—.

Vamos a por vosotros. Escúchame, los equipos de tierra, los instructores y el personal de seguridad están en la cornisa superior.

Han sobrevivido al colapso, pero no pueden acercarse ni comunicarse con vosotros por riesgo de colapso secundario.

No estáis solos, Pat. Todos están ahí arriba. Simplemente no os pueden alcanzar.

—Lo sé. Estamos aguantando.

— Pat, la meteorología se va a complicar aún más —me advirtió, y la urgencia en su voz me puso los vellos de punta—.

Los helicópteros entrarán en estacionario, pero el riesgo de un whiteout por la nieve es extremo.

La coordinación ahí fuera va a ser una puta locura para sacaros a los seis de esa garganta.

—Estamos listos. Tengo a mi equipo controlando al rojo.

—Miré hacia el abismo que me separaba de Molly y Jordan—.

Clover... tengo que volver con ellos. Tengo que cruzar la pared de vuelta y perderemos la señal.

No tendréis comunicaciones con nosotros hasta que el helicóptero esté en vuelo estacionario sobre nuestras cabezas y alcancemos la cobertura de corto alcance.

Hubo un silencio pesado en la línea.

Sabía que media base de Wildwater Falls estaba escuchando las comunicaciones. Sabía que esto era un canal operativo de emergencia y que todo sería grabado.

Me importaba una mierda.

No quería despedirme de ella. Tenía mil cosas que decirle, mil disculpas que pedirle por lo que había pasado en el porche, mil promesas que hacerle para el futuro.

Pero colgado de una pared a punto de congelarme, a punto de cruzar sobre el vacío de nuevo, solo se me ocurrió una cosa que importara de verdad.

—Te quiero, Clover —le dije, con la voz ronca y firme —. Pase lo que pase.

El crujido de la radio llenó mis oídos. Escuché perfectamente cómo ella ahogaba un sollozo al otro lado, rompiéndose durante una fracción de segundo frente a toda la base.

— Yo también te quiero, Pat —respondió mi muñeca, con un hilo de voz —. Pase lo que pase. Aguantad. Ya vamos.