Flare (Wildwater Falls 5) VEINTICINCO #2
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VEINTICINCO #2

—CASCADE 24 está suspendido oficialmente, señor —informé, con una voz que sonaba a metal frío—. Se ha producido un doble desprendimiento de rocas masivo en la cota mil quinientos de Wildwater Gorge . Tenemos seis cadetes desaparecidos. El número de heridos es desconocido.

Harris apoyó ambas manos en mi consola, mirando el mapa 3D.

—¿Los instructores y el resto de los equipos?

—Aislados en el sector superior —respondí, tragando saliva—.

No pueden aproximarse. La cornisa está colapsada y el terreno es extremadamente inestable.

Cada vez que han intentado acercarse al borde para buscar a los desaparecidos, la tierra cede y amenaza con provocar un tercer alud.

No pueden acceder a los heridos. Ni siquiera tienen contacto visual.

—¿Qué tenemos en el aire?

—Nada aún. El Equipo Alfa Uno y el Beta Dos están en alerta máxima en la pista, rotores encendidos.

El Charlie Tres está en prealerta para triaje masivo.

Pero lo peor no es la roca, comandante. Es el clima.

El frente frío ya está sobre ellos. Las condiciones están empeorando por segundos y no tenemos contacto por radio.

Ni largo alcance, ni corto alcance. Nada. Silencio absoluto en la garganta.

Justo en ese momento, las puertas volvieron a abrirse. Caleb, Ian y Noah entraron en la sala, ya enfundados en sus monos de vuelo y con los arneses puestos.

Nuestras miradas se cruzaron. En cuanto vi los ojos de mi hermano mayor, la coraza de jefa de Comunicaciones se agrietó.

Le transmití con una sola mirada todo el terror que me estaba devorando por dentro.

Estaba a punto de desmoronarme. La sola idea de perder a Patrick ahora, justo cuando acababa de recuperarlo, de que muriera aplastado bajo toneladas de roca sin haber hablado, sin haber arreglado las cosas entre nosotros... me tenía al borde del colapso total.

Caleb no lo dudó. Rompió el protocolo de la sala, cruzó el espacio en tres zancadas y me rodeó con los brazos, dándome un abrazo apretado y feroz que me sostuvo en pie.

—Vamos a sacarlo de ahí, Clover —me susurró Caleb al oído, con una promesa inquebrantable—. Cueste lo que cueste. Te lo juro.

Asentí contra su hombro, tragándome las lágrimas a la fuerza, y me separé de él. Tenía un trabajo que hacer. Tenía que salvarle la vida.

—Quiero el parte meteorológico y los mapas topográficos 3D en la pantalla principal —ordenó Ian.

Nadie conocía las montañas de Wildwater Falls mejor que Ian Collins. Conocía cada grieta, cada cañón y cada embudo de viento como la palma de su mano.

Me giré hacia las pantallas y tecleé las órdenes. El relieve de la garganta apareció en los monitores. Caleb, Ian y el comandante Harris se agruparon a mi alrededor para planificar la extracción.

—Entrar por abajo es un suicidio y es demasiado lento —analizó Ian, repasando las cotas—. Tendremos que hacer una inserción vertical. Descenso en rápel desde el helicóptero por encima de la cornisa colapsada. Usaremos poleas de extracción rápida.

Era exactamente el mismo plan que Pat había diseñado al inicio del simulacro.

—Necesitáis una ventana de intervención casi milagrosa, Ian —les advertí, señalando el radar Doppler que parpadeaba en rojo y blanco—. La nieve está cayendo con muchísima fuerza sobre la zona. Los vientos están creando remolinos en el cañón.

—Si el helicóptero entra con este clima, corremos el riesgo de un whiteout —confirmó Caleb, refiriéndose a la pérdida total de visibilidad por la nieve levantada por los rotores—.

Clover, lo primero que necesitamos es localizarlos.

Necesito sus coordenadas exactas y precisas al milímetro.

Es la única forma de que yo pueda estabilizar el aparato a ciegas para que Ian baje con la grúa.

Y Noah necesita saber el número de heridos y la prioridad de evacuación.

—Lo sé —murmuré, con la impotencia quemándome la garganta—. Pero están incomunicados. No tengo señal.

El silencio pesó en la sala durante un segundo agónico.

Y entonces, Cross dio un salto en su silla.

—¡Contacto! —gritó el técnico, apretando los auriculares contra sus orejas—. ¡Tengo un pico de transmisión en la banda de largo alcance! Viene de la garganta.

Un crujido de estática inundó los altavoces de la sala de control. Un pitido agudo nos taladró los oídos, seguido de una ráfaga de viento distorsionado. Y en medio de ese caos, una voz jadeante, pero inconfundible, cortó el aire.

— ...Wild... ter... ¿me... ben?...

Casi me desmayo. Me agarré al borde de la mesa, con el corazón bombeando a mil por hora, sintiendo una ola de alivio tan inmensa que me mareó. Era Pat. Estaba vivo.

—¡Aísla la frecuencia, limpia el canal! —le grité a Cross, abriendo mi propio micrófono al instante—. ¡Equipo Uno, aquí Base! ¡Te recibo, O'Malley! ¡Dime que estáis bien!

La estática crujió de nuevo. La señal era débil, sucia, peleando contra la piedra del cañón, pero su voz se abrió paso una vez más. Y lo que dijo me congeló el poco alivio que había conseguido sentir.

— ...Base... tres heridos... uno en rojo, shock severo y trauma craneal... atrapados en la cota sesenta, cornisa inferior... la pared es inestable... Clover, nos estamos congelando.

✽✽✽

Patrick

—La radio está puenteada, Pat —anunció Jordan, con las manos temblorosas y los labios azules—. El transmisor recibe energía, pero aquí abajo no hay cobertura.

Molly se acercó a nosotros, frotándose los brazos con fuerza.

—Las temperaturas están cayendo en picado —informó, con el aliento condensándose en el aire helado—.

Estamos calados hasta los huesos y la lluvia ya se ha convertido en nieve.

Los tres chicos del Equipo Dos han perdido sus mochilas en el alud, no tienen ropa técnica seca.

O'Malley, si no salimos de aquí pronto, vamos a enfrentarnos a una hipotermia masiva.

Cerré los ojos un segundo. Era difícil, por no decir jodidamente imposible, que todo se complicara más. Levanté la vista hacia el abismo gris que se alzaba sobre nuestras cabezas y solté un suspiro de puro agotamiento.

—Afloja un poco, joder —le gruñí a la montaña, con la voz ronca—. Deja de ser tan cabrona con nosotros por una puta vez.

Molly no perdió el tiempo mirando al cielo. Se puso de pie, caminó hacia el borde de la cornisa y empezó a evaluar la pared de granito con la mirada afilada de una escaladora nata.

—Molly, háblame —le pedí, acercándome a ella—. ¿Qué ves?

Levantó una mano enguantada y señaló hacia nuestra derecha.

—Allí. Un saliente a unos treinta metros en horizontal —trazó la línea invisible en el aire—. Está mucho más expuesto que el resto de la pared, despejado de vegetación y sin salientes superiores que bloqueen las ondas. Es casi seguro que allí haya alcance de radio.

Seguí la dirección de su dedo. El saliente era pequeño, afilado y llegar hasta allí implicaba cruzar una travesía lateral sobre un abismo de cien metros, con la roca cubierta de hielo.

—Llegar a ese punto requiere de un escalador experto y muy técnico, Molly —advertí, midiendo el riesgo.

—Puedo hacerlo —aseguró ella al instante, dando un paso hacia el arnés.

—No. —Negué con la cabeza, bloqueándole el paso—. No puedo dejar que lo hagas.

—¡Es nuestra mejor opción, O'Malley! —protestó, enfadada—. Soy la que mejor escala del grupo.

—Eres mucho más que una escaladora increíble —la corté, implacable—. Eres la técnica sanitaria, Molly. Eres la única de nosotros que puede mantener vivo a ese chaval si sufre una hemorragia interna o entra en parada. Eres la única que puede hacerlo. Tu sitio está aquí.

Molly me sostuvo la mirada, apretó los labios y, sabiendo que yo tenía razón, asintió despacio.

—El segundo mejor escalador del equipo eres tú, Pat.

Asentí. Volví a mirar el saliente. Era un riesgo enorme, pero las opciones se nos estaban escurriendo entre los dedos como la nieve derretida. Era eso, o morir congelados.

Me giré hacia el resto del grupo. Los dos cadetes ilesos seguían sentados, aturdidos, temblando incontrolablemente bajo una manta térmica, inútiles a nivel operativo.

—Este es el nuevo plan —anuncié, agarrando la radio de largo alcance—. Voy a cruzar la pared hasta ese saliente para conseguir señal. Jordan, quédate con Molly. Mantened el calor.

—Es un suicidio, Pat —intentó disuadirme Jordan, mirándome con pánico—. La roca es un bloque de hielo y no tienes el equipo adecuado.

—Es nuestra única opción —sentencié.