VEINTICUATRO #2
— Helicóptero a quince minutos, Equipo Uno —replicó Clover—. Nueva variable clínica. La telemetría simulada del herido número tres indica un shock hipovolémico severo. Empeoramiento crítico. Reevalúen prioridades de izado.
Me giré hacia Molly.
—¡El desaparecido acaba de entrar en shock, Molly! —le grité por encima del viento—. ¡Reevalúa prioridades, lo subimos el primero! ¡Jordan, cambia la camilla nido al rojo!
Trabajábamos como una máquina perfectamente engrasada. Estábamos siendo rápidos, técnicamente impecables y tomando buenas decisiones. Ayudé a Jordan a tensar las correas de la camilla, asegurando el maniquí.
Y entonces, lo sentí.
Un leve temblor bajo las suelas de mis botas. Una vibración sorda y profunda que nació de las entrañas del cañón.
Levanté la cabeza luchando con no quedarme paralizado de miedo.
Un estruendo, como el rugido de cien motores a reacción, reventó sobre nuestras cabezas. La montaña crujió. Al fijarme en el lugar del sonido vi un aluvión masivo de roca, lodo y árboles arrancados de cuajo que se desprendía de la cima, precipitándose hacia el abismo. Hacia nosotros.
—¡A cubierto! —bramé con toda la fuerza de mis pulmones.
Agarré a Molly por el chaleco, empujé a Jordan por los hombros y los estampé a los dos contra la pared del cañón, metiéndonos a la fuerza bajo el ligero voladizo de piedra de la terraza intermedia, cubriéndolos con mi propio cuerpo.
El estruendo fue ensordecedor. Una nube de polvo y esquirlas de roca nos barrió, bloqueando la luz. La vibración de la montaña hacía que pareciera el puñetero fin del mundo.
Con el corazón a doscientas pulsaciones, miré a mi izquierda a través de la tormenta de tierra.
Mi cerebro procesó el desastre en un segundo.
Sabía exactamente dónde estaban los otros cadetes.
Había un equipo trabajando en la pared, a unos cien metros a nuestra izquierda, exactamente en la trayectoria del impacto principal de las rocas.
Y el tercer equipo... Dios mío, el tercer equipo seguía montando anclajes en la cornisa superior, a sesenta metros sobre nosotros.
En el lugar donde la montaña se acababa de desintegrar.
✽✽✽
Clover
La pantalla del radar meteorológico Doppler parpadeó, tiñendo el sector norte del mapa con una mancha roja y violeta que no estaba allí hacía diez minutos.
Me incliné sobre la consola, entrecerrando los ojos hacia el monitor secundario.
—Davis, confírmame esos datos —exigí, con un mal presentimiento instalándose en la boca de mi estómago.
El técnico tecleó a toda velocidad a mi lado.
—Frente frío severo entrando por el norte. Avanza el doble de rápido de lo previsto. Las temperaturas van a caer en picado en los próximos cinco minutos. La lluvia fina se va a convertir en nieve y hielo casi de inmediato.
Apreté los labios. El simulacro estaba diseñado para ponerlos al límite, no para matarlos de hipotermia. Un cambio meteorológico de esa magnitud en una pared de granito resbaladiza cruzaba la línea de seguridad.
—Prepara la señal de interrupción general —le ordené a Cross—. Voy a contactar con el equipo de seguridad de la academia para solicitar la suspensión inmediata del ejercicio CASCADE 24.
Alargué la mano hacia el botón de transmisión, pero antes de que pudiera rozarlo, el canal de emergencias principal se abrió. Un pitido agudo y lleno de estática reventó en mis auriculares.
La voz del instructor jefe sonó a través de la radio. Y no sonaba como alguien que controlaba el simulacro; sonaba como un hombre aterrorizado perdiendo el control.
— MUNDO REAL. MUNDO REAL. MUNDO REAL.
La sangre se me congeló en las venas. El aire abandonó mis pulmones de un solo golpe. El terror amenazó con engullirme porque sabía lo que aquello significaba. Algo había sucedido. Algo grave. Y Patrick estaba en medio de todo.
—Base de Rescate a Instructor Jefe —respondí, con la voz mucho más firme de lo que en realidad me sentía —. Código Mundo Real confirmado. Pasamos a emergencia real. Informe de situación.
— ¡Desprendimiento masivo de roca en la cornisa superior! —gritó el instructor, tosiendo por encima del ruido del viento—. ¡Ha impactado directamente sobre la garganta! Tenemos un equipo alcanzado. Hay varios heridos, gravedad aún por evaluar. ¡Solicito apoyo aéreo de trauma y evacuación inmediata!
Empecé a teclear secuencias de activación a una velocidad sobrehumana, abriendo todos los canales operativos de la base.
—Apoyo aéreo activado, equipos Alfa y Beta en preparación —le confirmé—. Instructor, tienen un frente frío masivo entrando en su cuadrícula ahora mismo, estaba a punto de suspender el ejercicio por la caída térmica. Necesito información precisa. Número de heridos. Posición exacta de los impactos.
— Estamos en la cota superior, intentando...
Un estruendo ensordecedor reventó el altavoz de la radio. Era un crujido tan violento, tan profundo, que hizo vibrar mis equipos y la mesa de madera bajo ellos. El canal se llenó de un rugido ensordecedor, seguido de gritos entrecortados.
Me puse en pie de un salto.
—¡Instructor! ¡Aquí Base, responda! —grité al micrófono.
Pasaron cinco segundos de agonía estática. Diez.
— ¡Segundo desprendimiento! —La voz del instructor volvió histérica y desesperada—. ¡La cornisa entera acaba de colapsar sobre el primer impacto! ¡Base, número de heridos desconocido! ¡Los dos equipos de cadetes que permanecían en la pared han sido sepultados! ¡Seis desaparecidos!
El mundo se me cayó encima.
El suelo desapareció bajo mis pies. Seis desaparecidos en la pared de roca. Uno de esos equipos era el de Patrick. Uno de esos desaparecidos era Patrick.
Me quedé completamente paralizada. Mis ojos vagaban sin ver entre los teclados y el radar Doppler que mostraba esa enorme mancha violeta aproximándose a la garganta de forma implacable, dispuesta a congelar vivos a los supervivientes.
«Esto no está pasando. Esto no puede estar pasando»
—Clover... —La voz asustada de Davis me llamó desde la consola de al lado—. Jefa. ¿Qué hacemos?
Esa pregunta me atravesó, atravesó mi parálisis y me di cuenta de que necesitaba centrarme. Necesitaba dirigir este rescate, porque Pat estaba ahí arriba esperando que yo enviara a alguien a salvarlo. Y no pensaba fallarle.
Alcé la mano y golpeé el botón de alarma general de la base.
La sirena roja empezó a aullar en cada pasillo, en cada hangar y en cada sala de descanso de Wildwater Falls. Activé el canal general de megafonía, asegurándome de que cada piloto, sanitario y bombero me escuchara alto y claro.
—Aquí sala de control. Atención a todas las unidades en activo y en reserva.
Emergencia crítica de rescate en Wildwater Gorge .
El ejercicio CASCADE 24 queda suspendido.
Repito, emergencia real. Doble desprendimiento masivo de roca en la garganta.
Número de heridos desconocido. Número de desaparecidos, seis.
—Tragué saliva, endureciendo mi voz hasta convertirla en acero—.
Todos los desaparecidos son cadetes de la academia.
Equipos Alfa, Beta y Charlie, preparen rotores.
Quiero a todo el mundo en el aire en tres minutos.
Solté el botón. Me apoyé en la mesa con ambas manos, clavando la vista en la pantalla del radar.
Me daba igual el frente frío, me daban igual los protocolos y me daba exactamente igual si tenía que cavar en la roca con mis propias manos. Iba a sacar a Patrick O'Malley de esa puta montaña, o iba a morir en el intento.