VEINTITRÉS #2
Entré en la sala, ocupé mi silla en la consola principal y me puse los auriculares, tecleando los códigos para iniciar los controles de seguridad de la radiofrecuencia.
Mis dedos volaban por el teclado en piloto automático, pero mi mente estaba a kilómetros de allí, completamente centrada en Patrick.
✽✽✽
Patrick
Las luces fluorescentes de la sala de reuniones de la academia parpadeaban con un zumbido monótono. Eran las seis de la mañana en punto. Me dejé caer en la silla de plástico rígido, estiré las piernas y apoyé los codos sobre la mesa.
Molly ocupó el asiento vacío a mi lado. Dejó su mochila en el suelo con un golpe seco y se giró para mirarme.
—No tienes tu mejor cara, O'Malley —comentó por lo bajo, escrutándome—. Parece que te haya pasado por encima un quitanieves.
Me encogí de hombros, forzando una sonrisa que estaba muy lejos de sentir.
—Estoy bien, Molly. Listo para lo que nos tengan preparado.
El crujido de la puerta principal al abrirse cortó cualquier posible réplica. El instructor jefe, un veterano con la cara curtida por mil tormentas, entró en la sala con pasos marciales. El silencio fue absoluto.
—Buenos días, cadetes. Bienvenidos a CASCADE 24.
El instructor se plantó frente a nosotros, apoyando las manos en el atril.
—Este simulacro durará exactamente veinticuatro horas ininterrumpidas.
Se desarrollará en un entorno natural real, bajo condiciones meteorológicas reales, pero con una emergencia controlada y simulada a la que iremos añadiendo variables sobre la marcha.
Esto no es un examen físico; es un reto de rescate, control mental, estrategia y supervivencia.
Los va a preparar para cualquier desastre que tengan que afrontar en sus futuras carreras operativas.
Hizo una pausa, paseando la mirada por la primera fila.
—Lo primero es lo primero. Dejen sus teléfonos móviles apagados encima de la mesa. El equipo de apoyo pasará a recogerlos. Cero comunicaciones externas a partir de este segundo.
Metí la mano en el bolsillo del pantalón táctico y saqué el móvil. Antes de apagarlo, la pantalla se iluminó. Tenía un mensaje nuevo. Era de Clover, recibido hacía escasos tres minutos.
Clover: Buena suerte hoy, Pat.
El pecho se me encogió. Solté el aire que llevaba atrapado en los pulmones desde hacía cuarenta y ocho horas.
Saber que, a pesar de toda la mierda y el desastre del sábado, ella seguía ahí, me aligeró el peso aplastante de la culpa.
Pero esa conversación, la disculpa de rodillas que le debía, tendría que esperar.
Apagué el teléfono y lo dejé boca abajo sobre la mesa.
Tenía una prueba que superar. Necesitaba bloquear la mente y sacar al bombero de rescate.
El personal de apoyo empezó a recoger los dispositivos mientras el instructor jefe continuaba con el briefing .
—Todo lo que necesitan está en su equipo de rescate individual y en la carga técnica distribuida por equipos —enumeró con voz firme—.
Equipo personal de rescate vertical, casco, arnés, radio de corto y largo alcance, sistemas de iluminación, ropa técnica para agua y frío, material de supervivencia para veinticuatro horas, raciones de comida, agua y botiquín de triaje.
Nuestra evaluación está orientada a medir una sola cosa: su capacidad operativa en condiciones extremas.
Queremos ver cómo responden cuando estén cansados, mojados, con frío, con información incompleta y bajo una presión asfixiante.
El instructor dio un golpe en el atril, reclamando nuestra atención. Su tono se volvió letalmente serio.
—Grábense esto a fuego en el cerebro: todo lo que escuchen o vean a partir de ahora formará parte del ejercicio.
El tráfico aéreo, las indicaciones de la base, los supuestos heridos, los cambios de planes y las variables introducidas en el último segundo.
Todo está diseñado para evaluar su adaptabilidad.
»Sin embargo —levantó un dedo—, si ocurre una emergencia real, el protocolo de seguridad internacional dicta el uso de una clave.
La clave es Mundo Real, repetida tres veces.
Si escuchan o si ustedes mismos pronuncian por radio «Mundo Real, Mundo Real, Mundo Real» , el ejercicio se detiene en el acto.
La simulación desaparece. Los controladores dejarán de introducir variables y pasaremos inmediatamente a los canales operativos de emergencia.
Tenemos personal de la academia desplegado en el perímetro para evaluar únicamente la seguridad de los anclajes; ellos tienen autoridad para detener la prueba.
No quiero héroes, cadetes. No quiero a nadie saltándose el protocolo.
Si alguien se salta las normas de seguridad, está expulsado.
La tensión en el aula se podía cortar con un cuchillo. Todos asentimos.
El proyector a sus espaldas se encendió, mostrando un mapa topográfico detallado de la cordillera.
—Su zona de trabajo será un cañón cerca del río en el sector de Wildwater Gorge .
Cota de mil quinientos metros de altitud.
Se enfrentarán a una garganta estrecha rodeada de bosque muy denso, culminada por una pared vertical de granito de unos doscientos metros.
La pared tiene varios resaltes, cornisas y plataformas naturales donde se desarrollarán los escenarios técnicos.
El acceso terrestre existe, pero es complicado y lento.
Además, la cobertura de radio es intermitente debido a la orografía de la roca.
Pulsó un botón y el mapa cambió a un parte meteorológico.
—Se esperan temperaturas de entre 5°C y 7°C para la jornada diurna, con lluvia intermitente ligera y viento moderado.
La cota de nieve está por encima de su punto de trabajo, así que no debería afectarles la acumulación.
Una situación incómoda, pero no imposible.
Ahora bien, al caer la noche, las temperaturas bajarán hasta situarse entre 0°C y 2°C y ráfagas de viento más fuertes.
El clima mejorará de forma clara al amanecer.
Sobrevivirán si gestionan bien su ropa técnica.
»Formarán equipos de tres. Uno asumirá el rol de técnico sanitario y los otros dos actuarán como bomberos de rescate.
¿Qué vamos a evaluar? Todo. Planificación, lectura de la montaña, liderazgo bajo estrés, montaje de cabeceras y sistemas de anclaje, evacuaciones en camilla nido, trabajo con líneas principales y secundarias, navegación por cuadrantes, interacción con el helicóptero, adaptación al clima y, sobre todo, toma de decisiones.
El instructor nos miró directamente a los ojos, uno por uno.
—Recibirán incidencias constantes por radio. Aprenderán a distinguir qué es una urgencia vital, qué es un riesgo asumible y qué es simple ruido diseñado para despistarles. La prioridad la marcan ustedes.
Las luces del aula se encendieron de golpe.
—Están preparados. Se han machacado físicamente durante meses para este momento. Ahora llega la hora de la verdad. En pie.
Me levanté de la silla. Sentí una punzada de ansiedad en el estómago. Apreté los puños, eché los hombros hacia atrás y bloqueé cualquier emoción que no fuera la supervivencia.
Era la hora de CASCADE 24.