Finge que es mentira (Rise as One 5) 39 Barry
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39 Barry

CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE

BARRY

Siempre me ha maravillado la capacidad que tiene Glen de no asustarse con mi madre.

Ahora entiendo por qué. Estoy delante de una mujer bajita, de unos sesenta años, evaluándome de arriba abajo como si fuera escoria.

Glen me ha hablado de Martha en el avión, aunque no me ha contado mucho porque me ha dicho, y cito palabras textuales: «prefiero que sea sorpresa».

Aunque qué puedes esperar de una mujer que borda un cojín con la frase: «No soy mandona, soy la jefa».

—Estás a prueba, chaval. —Supongo que hay peores formas en las que pueden saludarte. Ahora no se me ocurre ninguna, pero seguro que las hay. O eso quiero pensar.

—Venga, Martha, no seas dura con él —le pide Patrick pasando un brazo por sus hombros—. Es un buen chico.

—Y tú un blando —le rebate—. Tiene que estar a la altura de nuestra chica.

—Lo está.

—Eso ya lo veremos. —Me fulmina con la mirada y se aparta para dejarme pasar.

Glen se ríe a mi lado, como si hubiera sido justo lo que esperaba.

Su padre la envuelve entre sus brazos y, aunque podría ser raro que dos personas que conozco en otros contextos ahora sean padre e hija, en cuanto Glen suaviza su expresión, me doy cuenta de que todo encaja.

Me acerco a Patrick cuando suelta a Glen y me presento como Barry, el novio de su hija.

—Señor, gracias por invitarme a su casa. —Le estrecho la mano—. Es un placer conocerle.

—El placer es mío, Barry. Bienvenido. —Martha resopla y Patrick la mira con una expresión divertida.

—Voy a servir el almuerzo —refunfuña antes de irse.

—No te preocupes —le resta importancia Glen—. Le ha gustado que te presentaras de esa forma. Ya la irás conociendo.

—Mientras no la cabrees, estás a salvo —bromea Patrick. «Creo».

La puerta de la entrada se abre a mi espalda. Al girarme, me encuentro a Henry vestido mucho más informal que de costumbre y con una sonrisa malvada.

—Así que este es el novio de Glen —habla directamente a Patrick como si yo no estuviera. Glen pone los ojos en blanco—. Habrá que ponerlo a prueba.

—Martha ya ha empezado —le informa Patrick riendo.

—¿Sabéis qué? —Glen llama su atención—. Creo que Barry y yo nos vamos a ir a comer fuera.

—¡Venga, ya! —se queja Henry—. Es la primera vez que traes a un chico, tenemos que saber si está a la altura.

—¿Porque mi criterio no es suficiente? —los reta Glen alzando una ceja.

—A la mierda, Henry, te quedas solo —suelta Patrick alzando las manos—. No pienso lidiar con las consecuencias de rebatir ese argumento.

—Porque eres un blando.

—Eso le he dicho yo. —La voz de Martha sale de algún punto de la casa y los tres se ríen—. Moved el culo al salón, que la comida se enfría.

Al llegar al salón —una estancia tan grande como la casa entera de mis padres—, Glen me acerca hasta la cristalera que va de pared a pared, desde la que se pueden ver el jardín y la piscina. Nada más asomarse, resopla y se gira hacia su padre.

—Martha ha cambiado las flores —se indigna. Patrick se deja caer en una silla y resopla, exactamente igual que su hija.

—Martha ha cambiado las flores.

No sé qué esperaba al conocer esta parte de Glen, pero no me cabe duda de que ha tenido una infancia llena de amor, cariño y muchas risas.

Cuando Glen me ha dicho que quería enseñarme un sitio, el último lugar que me ha venido a la mente ha sido el estadio de los New York Jets.

Lleva sin venir desde que le rompieron el corazón, así que no me esperaba verlo.

No era un problema, puedo entender que para ella es muy duro estar aquí. La cojo de la mano y aprieto.

—Se me había olvidado lo que sentía al llegar aquí —admite con una sonrisa—. Lo he echado de menos.

—¿Estás bien?

—Estoy donde quiero estar y con la persona que quiero estar.

—Entonces, vamos. Me muero de ganas de ver el lugar al que llamas hogar.

—Te aviso ya —dice dirigiéndose a la puerta—. Este sitio es perfecto y cualquier comentario que no vaya en esa dirección se considerará un strike.

—Lo tendré en cuenta.

—El césped de la universidad huele diferente —suelta Glen pasados unos minutos en los que nos hemos tumbado en el campo.

Me ha enseñado todo el estadio, sus lugares favoritos e incluso un rincón donde se quedó atrapada jugando al escondite.

Me he enamorado un poco más de ella escuchándola hablar con esa ilusión de su vida—. No digo que sea peor, solo diferente.

—No sabría decirte. ¿Te tumbabas en el césped antes de nuestros partidos?

—No. Eso es algo que hacía con mi padre.

—¿Lo harás conmigo si acabo jugando en la NFL?

—«Cuando acabes jugando», no «si». Y no, no lo haré. —Me quedo callado, porque entiendo que es algo que es suyo, no nuestro, pero lo ha dicho con tanta contundencia que me ha dolido un poco. Se gira hacia mí y sonríe—. Tendremos que buscar otra tradición, una que sea solo nuestra.

—Tendrá que ser algo que no implique estar juntos, vas a trabajar para un equipo de hockey —le recuerdo.

—La entrevista es mañana.

—Sé que el puesto es tuyo, no hay nadie mejor.

—No hemos hablado de lo que pasará después de la graduación. —Asiento. Entre el viaje y estudiar para los exámenes finales, la verdad es que no hemos tenido tiempo—. ¿Qué quieres hacer?

—Recuperarme. Lo lógico sería que volviera a Detroit, además, Joe va a jugar allí, pero…

—¿Pero…? —pregunta cuando me quedo callado. Como sigo sin hablar, asiente y sonríe—. Te ha gustado el gimnasio de mi casa.

—¡No es eso! —Se empieza a reír a carcajadas—. Quiero estar contigo, pero no quiero que parezca que me aprovecho de ti o de la situación.

—¿Y prefieres irte a Detroit que decírmelo?

—Las palabras no sirven de nada si los comportamientos no van acordes. —Me encojo de hombros—. Si vengo aquí, uso el equipamiento deportivo y vivo gratis, ¿qué estaría demostrando?

—Que me quieres. —Me roba un beso que me sabe a poco y sonríe—. ¿Has pensado en buscar trabajo?

—Sí, pero no sé qué puedo hacer con la rodilla así. Y, sin saber dónde voy a vivir, no quería buscar a ciegas.

—Henry todavía me echa en cara que no trabaje para él, puedo mover mis influencias.

—¿Harías eso por mí?

—¿Descartar un trabajo que no quiero para que te lo den a ti y poder vivir en la misma ciudad? No sé, déjame pensar un poco… —bromea.

—Sería bastante gracioso que acabase trabajando de agente, cuando es Joe el que ha estudiado para ello.

—Es que siempre me pareció que elegisteis las carreras al revés —admite riendo.

—Es posible, pero esa elección me llevó hacia ti y no lo cambiaría por nada del mundo.

—Podría haber conocido a Joe y luego a ti.

—No hubiera sido lo mismo, fuiste la primera amistad que hice solo, sin Joe. Los dos nos conocimos siendo solo Barry y Glen, sin nadie más a nuestro alrededor. Por eso es tan especial.

—Quizá siempre estuvimos destinados a encontrarnos y todo lo que hemos vivido nos ha llevado a valorar más lo que tenemos y lo que somos.

—Quizá necesité una hostia, o una lesión, para ver la vida real con sus consecuencias.

—Quizá necesité un tiempo para darme cuenta de que hay gente que sí merece una segunda oportunidad. O una tercera.

—Quizá quiera pasar el resto de mi vida demostrándote que tomaste una buena decisión.

—Quizá quiera pasar el resto de mi vida dejándote hacerlo.