Finge que es mentira (Rise as One 5) 40 Riley
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40 Riley

CAPÍTULO CUARENTA

RILEY

El techo de la habitación de Joe tiene un patrón similar a la sucesión de Fibonacci.

Me relaja en unos niveles que ni siquiera entiendo.

O, al menos, lo hacía. Esta noche no voy a ser capaz de dormir ni de leer, ni de nada que no sea pensar en que Joe se gradúa mañana.

Me duele la separación, me duele saber que todo va a cambiar y no ser capaz de controlar nada de eso.

Estoy feliz por Joe, mucho. Y muy orgullosa.

Va a jugar en el equipo al que ha admirado desde que era pequeño.

Además, sé que está contento de no tener que mudarse solo a una ciudad desconocida.

Es llevar la expresión «jugar en casa» al siguiente nivel.

Pero eso hace que todo cambie, y no me gustan los cambios.

Unos brazos me aprietan contra un pecho desnudo y sonrío.

—¿Pensando en la graduación? —balbucea dormido Joe.

—No puedo evitarlo.

—¿Puedo hacer algo para que dejes de pensar? —Me sonrojo de arriba abajo, incluso si no me está viendo. Debe de intuirlo, porque se ríe—. No me refería a eso.

—No lo sé —admito—. La incertidumbre por lo que vendrá me tiene la cabeza llena de escenarios.

—¿Y si te doy otra cosa en la que pensar?

—¿Cuál?

—La semana que viene, cuando vayamos a Detroit, nos enseñarán varios pisos y casas para vivir. ¿Por qué no piensas en lo que te gustaría para mandárselo a la de la inmobiliaria?

—¿Yo?

—Por supuesto, la casa será para los dos.

brOOKE

—¿Me vas a decir ya a dónde vamos? —me quejo riendo mientras Tyler me guía por un camino que no identifico.

Cuando me ha despertado, y todavía era de noche, no entendía nada, pero todo se ha vuelto más raro cuando me ha tapado los ojos al llegar al coche. Estoy deseando saber qué pasa.

—Si te lo dijera, no sería una sorpresa, pequeña guerrera —se burla—. Estamos llegando. —Me hace parar y me suelta un segundo. Noto cómo se mueve a mi alrededor, pero sigo a ciegas—. Ya te puedes quitar la venda.

Al hacerlo, abro los ojos como platos al identificar dónde estamos: fue aquí donde nos dimos nuestro primer beso. Sin embargo, este precioso lugar, desde donde se ve el amanecer, desaparece al encontrarme con Tyler arrodillado delante de mí, con una cajita entre las manos.

—Tyler…

—Brooke, llevo semanas pensando qué decir y no he encontrado nada.

Me he dado cuenta de que ninguna palabra podrá jamás definir lo que siento por ti, porque esto va más allá del entendimiento.

Eres mi persona favorita, la primera en la que pienso cuando me pasa algo bueno o al despertarme.

Mi vida es una galaxia de color desde que estás en ella y estoy deseando pasar el resto de mis días a tu lado.

Sé que vienen unos años difíciles, pero no me preocupa porque juntos podemos con todo.

—Abre el estuche y aparece un anillo vintage con un zafiro amarillo—.

Brooke Carter, ¿quieres casarte conmigo?

—Sí.

ABA

—El anillo es precioso —le digo a Brooke, que tiene una sonrisa tan enorme en la cara que estoy segura de que le tiene que doler—. ¡Felicidades!

—Gracias. —Me abraza y se sienta en la silla sin dejar de mirar el anillo—. Todavía no me lo creo.

—Bienvenida al club de las mujeres prometidas —bromea Savannah dándole un abrazo.

—Me encanta que haya elegido una piedra amarilla, del mismo color que los girasoles…

Desconecto de la disertación de Jazz sobre piedras, colores y flores favoritas y me acerco a la butaca donde está Kieran. Me siento encima y lo abrazo por el cuello.

—¿Estás bien?

—No lo sé —admite y le doy un beso—. Siempre pensé en la graduación como algo que haríamos los cinco juntos y ahora tengo que despedirme de ellos. No quiero.

—Solo vais a vivir en ciudades distintas, no vais a desaparecer de la vida de los otros.

—Pero no será lo mismo.

—Diferente no lo hace peor.

—¿Sabes? Vamos a tener la casa sola para nosotros dos. —Me mete una mano por debajo de la blusa—. Lo estoy deseando.

—¿Ves? Algo bueno. —Me río y me hace cosquillas para que lo siga haciendo.

—¿Has hablado con tu padre de las vacaciones? —me pregunta cuando consigo librarme de sus manos por todo mi cuerpo.

—Sí, lo iremos a visitar al volver de Irlanda.

—Estoy deseando llevarte allí: mi chica favorita en mi lugar favorito.

—Tú eres mi lugar favorito.

BARRY

—Tengo que contaros una cosa —le suelto a mis padres una vez Joe ha salido del aparcamiento del aeropuerto—. Estoy saliendo con Glen.

—Oh, me alegro mucho, cariño. —Mi madre me da un apretón en el brazo—. Aunque sabía que acabaría pasando.

—¿Por qué? —me burlo y Joe también frunce el ceño, divertido.

—Es el encanto de los Coleman —resopla y mi padre esboza una sonrisa de oreja a oreja—. Nos convertís en vuestras amigas y luego nos enamoráis. Si es que no falla, tres de tres.

—Bueno, en mi caso no ha sido del todo así —reconozco.

—Eso es porque te dejaste cegar por una rubia tetona —se indigna mi madre y Joe empieza a reírse—. Una vez se te pasó la tontería, fuiste a por quien te quiere bien.

—Tu madre tiene razón.

—Se la darías aunque no la tuviera —me quejo a mi padre.

—Lo sé, pero esta vez se la doy porque la tiene.

—Os tengo que decir una cosa sobre su padre —confieso, y los tres me observan extrañados.

—Oh, no, dime que no es un racista que no va a permitir que su hija se degrade a salir con un chico negro. —Observo a mi madre y suspira—. No tengo ganas de pelearme en tu graduación.

—No es eso, mamá. —Me río y miro a mi padre de reojo. Una idea se me cruza por la cabeza y sonrío—. ¿Sabéis qué? No es nada malo, así que voy a esperar a que lo conozcáis para decirlo.

—Hijo, no te tenía por alguien cruel —se queja mi madre—. Voy a estar preocupada todo el viaje.

—No hay nada por lo que preocuparse, de hecho, os gustará. Ya lo veréis.

—Eso lo dudo —refunfuña mi madre y sonrío. Me muero de ganas por ver la reacción de mi padre.

GLEN

Ha llegado el momento, ya no hay vuelta atrás.

Respiro hondo y me apoyo en el quicio del arco de entrada al salón.

Observo a todos mis amigos, que hablan entre ellos y con sus familiares.

Me da un pellizco en el corazón al pensar en que nos vamos a separar y que no volveremos a escaparnos cualquier noche para cenar todos juntos.

Estas personas han sido mi familia durante estos cuatro años de universidad. Y, aunque sé que nuestra historia no se acaba aquí, no será lo mismo.

—Hola, chicos. —Carraspeo para llamar su atención.

—¿No ibas a por tu padre? —me pregunta Joe extrañado—. ¿Dónde está?

—Antes de presentaros a mi padre tengo algo que deciros: lo siento.

—¿Lo siento? —Hunter frunce el ceño sin entender nada.

—¿Por qué? —Tyler pone la misma expresión.

—Esto va a ser muy gracioso —se burla Kieran.

—¿Deberían sentarse? —le sigue Barry riendo.

—Es probable, sí.

—Pero ¿quién es su padre? ¿Ted Bundy? —Me río de la tontería de Jazz.

—Oye, pues en realidad sería menos sorprendente. —Kieran se lo está pasando en grande. Niego con la cabeza y me aparto para dejar entrar a mi padre, a Henry y a Martha.

—Chicos, ellos son mi padre, mi tío y Martha, la mejor mujer del mundo. Creo que a dos de ellos no hace falta que os los presente.

—Hola, chicos. —Mi padre alza la mano a un salón lleno de gente alucinando. Algunos por quién es y otros por no saber quién es—. Encantado.

—No me jodas. —Me reiría de la reacción de Joe, pero me parece cruel. Solo un poco.

—¿Alguien puede darme contexto? —pide Jazz—. ¿Debería saber quién es?

—Es Patrick Callahan, exjugador y actual general manager de los New York Jets —le responde Katherine, que se ha quedado inmóvil.

—¿Perdona? —Riley me mira como si me viera por primera vez.

—¿Es broma? —Jazz está flipando ahora que sabe quién es.

—No, no lo es. Bennet es el apellido de mi madre. No quería que nadie lo supiera.

—Bueno, creo que ahora todos entendemos por qué Glen parecía saber más de fútbol que nosotros: es que sabía más —se burla Hunter.

—Sabéis que no muerde y que os podéis acercar, ¿verdad? —Empieza a ponerme nerviosa este escrutinio—. No va a explotar como una burbuja.

—Esa será tu opinión. —Tyler sigue mirando a mi padre como si fuera una visión.

—Os va a ir genial en la NFL si reaccionáis así cuando veáis a alguien famoso —se mofa Martha.

—Una cosa es en un estadio y otra en el salón de tu casa —se defiende Tyler.

—Nadie se ha caído de culo, ha ido mejor de lo que esperaba —admito riendo.

—Todavía no se han movido —me recuerda Martha.

—Bien visto.

—Hola, Patrick. Soy Aba —se presenta con una sonrisa—. Yo no tengo ni idea de fútbol, así que siento decirte que para mí solo eres el padre de Glen.

—No pasa nada. Ese es el mayor logro de mi vida.

SAVANNAH

Me ha costado un rato, y le he tenido que pedir ayuda a Sebastian, pero por fin he conseguido quedarnos los diez solos unos minutos.

—Chicos —llamo su atención—. Antes de ir a la ceremonia, tengo un regalo para vosotros. Os he hecho cromos.

—¿Cromos? —Kieran me mira confuso hasta que le entrego su fajo—. ¡Hostia!

—Somos nosotros nueve. —La cara de ilusión de Aba mientras observa los cromos de todos me dice que he acertado con el regalo. Esboza una mueca culpable—. Faltan Jazz y Katherine.

—Hablé con ellas y no quisieron —les explico—. Jazz dice que prefiere un póster cuando se saque el título de Medicina, que el soccer solo sirve para la beca de estudios. Y Katherine quiere diseñar el vestido de mi boda. A mí me pareció un buen trato.

—Esta sí es una colección exclusiva y lo demás son tonterías —bromea Glen mirándolos todos.

—¡Me encanta! —Riley sonríe y le enseña a Joe cómo quedan ellos dos juntos.

—También falta el tuyo. —Brooke me regala una sonrisa triste y me quedo callada hasta que llega a la última—. ¡Anda!

—Claro que estoy, soy vuestra fan número uno.

—La mejor del mundo. —Hunter me abraza por la cintura y me besa en la cabeza—. Gracias. Es un recuerdo precioso.

—Quería que tuvierais algo vuestro, de los cinco, para que nunca olvidéis el gran equipo que formáis juntos.

—¿Y las chicas? —se burla Kieran.

—Sin ellas no sois nadie.

Los cinco asienten y nos abrazan. No creo que haya una mejor forma de cerrar un ciclo.

LUKE

Me acerco a Glen y le ofrezco cien pavos.

—¿Y esto, Donovan? Pensaba que había perdido nuestra apuesta.

—Siempre estuvo perdida por mi parte.