37 Glen
CAPÍTULO TREINTA Y SIETE
GLEN
Cuando me despierto, tardo unos segundos en ubicarme, hasta que me doy cuenta de que estoy en el salón.
Entonces, todos los recuerdos de anoche vuelven en bandada; debí de quedarme dormida después de contarle a Barry toda la verdad.
Y supongo que en algún momento se fue para aclarar la mente.
Conozco a Barry lo suficiente como para saber que necesita ordenar toda la nueva información antes de hacer nada, tanto si decide que no quiere volver a saber nada de mí, como si decide que vamos a por todas.
Haga lo que haga, espero que podamos seguir siendo amigos.
Ignoro el móvil de forma intencionada, harta de todos los correos que recibo día sí y día también.
Hoy no tengo ganas de ser Inside Haven, de hecho, no tengo ganas de nada.
Me doy una ducha larga y me pongo la ropa más cómoda que tengo para estar por casa: unos pantalones de yoga y una camiseta ancha de los Jets que juraría que le robé a mi padre.
Cuando estoy preparando el desayuno, lo llamo por videollamada. Necesito hablar con alguien.
—Buenos días, princesa. —Sonrío al verlo en su despacho envuelto en papeles, como siempre—. ¿A qué debo este honor?
—Ni que nunca te llamase —me quejo y se ríe.
—De cada diez veces que hablamos, once he llamado yo —se burla y le saco la lengua—. ¿Estás bien?
—Ayer le conté a Barry quién era mi padre después de que se enterase de que soy Inside Haven.
—¿Y cómo ha reaccionado?
—Como cabría esperar: se enfadó, después lo entendió y ahora está ordenando las ideas.
—Así que estás expectante y nerviosa por lo que vendrá —deduce y asiento—. No lo conozco tanto como para adivinar qué hará, pero sé que, ocurra lo que ocurra, lo superarás. Eres mucho más fuerte de lo que crees.
—Me da miedo que se aleje —admito.
—Y entiendo que el miedo viene motivado también por el hecho de que vuestra relación ha cambiado.
—¿Cómo lo sabes?
—Si no querías que me enterara, no tendrías que haberme mandado una foto con su camiseta.
—Me río nerviosa y sonríe. Suspira y sé que lo que va a decir ahora es lo importante, no mi lío con Barry—: Ahora ya no puedes hacer nada para evitar que se aleje.
Era una de las posibles consecuencias de ocultarle la verdad y deberías respetar su decisión, sea cual sea.
Dicho esto, ya que te has puesto, considero que se lo deberías contar a alguien más.
—¿Pretendes que me quede sin amigos en un día? —Lo miro sin entender nada y resopla.
—No, porque quiero pensar que esta vez no elegiste a unos gilipollas por amigos.
Lo que quiero decir es que, una vez cruzada la línea del miedo, ahora es una decisión mucho más fácil de tomar y, antes de que Barry actúe, tienes que contárselo a alguien más para que tengas, al menos, otra experiencia.
Barry te afecta mucho más que el resto, eso es innegable.
No quiero que te cierres en banda porque Barry decida ser un idiota y no perdonarte.
¿Qué tal Aba? A ella le va a dar igual quién soy yo.
—No es mala opción —murmuro, aunque no tengo claro que vaya a hacerle caso.
—¡Genial! Pues la llamas ahora mismo, antes de que te arrepientas. ¡Hablamos luego! ¡Te quiero!
Me quedo mirando el móvil como una idiota mientras asimilo que mi padre acaba de colgarme el teléfono.
¡Será capullo! Aunque admito que no es mala idea hablar con alguien más y ver otra reacción.
Barry dejó de ser mi amigo en el instante que nos besamos y es posible que los sentimientos nos estén jugando una mala pasada.
Respiro hondo antes de enviarle un mensaje a Aba y rezar para que no me conteste.
Al parecer, no es mi día de suerte, porque tiene libre la mañana y le parece una idea estupenda hacer un brunch.
¡Me cago en mi padre y en su brillante idea!
Como no quiero tener la conversación en un sitio público, encargo la comida mientras espero a Aba y me la encuentro junto a Kieran en la puerta de casa cuando llego con las bolsas.
Kieran me sonríe de oreja a oreja y me observa tan raro que me alejo un paso de él cuando se acerca a abrazarme.
Suelta una carcajada y, antes de poder reaccionar, estoy rodeada por sus brazos.
—Aba lo entenderá —me susurra—. Y que sepas que voy a ser bueno, pero en unos días deberemos tener una conversación tú y yo, Inside Haven.
—¿Qué? —Doy un paso atrás, muerta de miedo por lo que acaba de decir. ¿Cuánta gente lo sabe? ¿Barry se lo ha contado a todos?
—He desayunado con Barry, necesitaba a alguien imparcial, pero, como no lo ha encontrado, me ha llamado a mí —bromea—. Tranquila, solo estaba yo y lleva encerrado en su cuarto desde que hemos llegado.
—No sé si eso me consuela —admito y se ríe.
—Tendrás que conformarte. —Se gira hacia Aba y le da un beso. Cuando se separa, se va hacia el coche, no sin antes soltar—: Cuídamela, la quiero de una pieza cuando venga a por ella.
Niego con la cabeza mientras Aba se ríe.
Subimos al piso hablando de todo y de nada, aunque sobre todo de lo idiota que puede ser su novio.
Me ayuda a poner las cosas sobre la mesa y sirvo un par de mimosas antes de sentarnos a hacer un brunch.
Ahora que lo tengo todo delante, creo que me he pasado pidiendo.
—¿La comida es de la cafetería de la esquina? —Asiento, extrañada por su pregunta, es la primera vez que está en mi apartamento—. Kieran dice que han desayunado muy bien. Barry lo ha llamado para que fuera a buscarlo, así que imagino que anoche disteis un paso más en vuestra relación.
—En realidad, dimos un paso más, pero hacia atrás.
—¿Tiene que ver con la discusión de ayer? —Asiento y suspiro.
—Tengo que contarte una cosa, algo que Kieran parece que ya sabe y de lo que Barry se enteró anoche. Algo sobre quién soy.
—¿Tiene que ver con las entradas de la gala del trofeo Heisman?
—¿Lo sabes?
—Tenía una leve sospecha y tu cara me lo acaba de confirmar —se burla—.
Kieran me prometió que nunca me ocultaría nada y lo ha cumplido; así que, cuando llegaron las entradas, le pregunté y me contestó que no podía decirme cómo las había conseguido, recordé nuestra conversación de esa mañana.
El único motivo por el que Kieran no me explicaría algo sería que estaría cubriendo a alguien a quien aprecia.
Además, estabas muy rara en la fiesta, como si quisieras esconderte, y tú no eres así.
—Nunca me has preguntado.
—Imaginé que habría un motivo detrás, y solo era una suposición. Si hubiera habido algo serio, Kieran no habría seguido siendo tu amigo, así que confié en su criterio. Sabía que me lo contarías cuando estuvieras preparada.
—Mi padre es Patrick Callahan. —Aba me mira con cara de no saber quién es y me río—. A veces se me olvida que no tienes ni idea de fútbol.
—A ver, supongo que es alguien importante, si diciendo solo su nombre debería saber quién es, pero podría ser el camarero de la esquina que me quedaría igual.
—Es el general manager de los New York Jets y fue su quarterback durante dieciséis años.
—Vale, sí, parece alguien importante. —Se ríe—. ¿Te cambiaste el apellido para que no te asociaran con él?
—Sí. —Le explico la misma historia que le conté a Barry, esta vez sin llorar, y Aba empieza a soltar insultos sin parar—. Fue una mierda y, aunque lo tengo superado, es posible que me pase más veces.
—Bueno, a ver, vamos a ser realistas: la gente es una aprovechada.
Dicho esto, ahora tienes muchos más amigos en el fútbol, así que incrementan las posibilidades —se burla y me tengo que reír porque no esperaba para nada esta reacción por su parte—.
Vale, paro de hacer bromas. ¿Es posible que te suceda más veces?
Yo creo que no, lo que es posible que ocurra es que haya alguien que lo intente, porque gilipollas hay en todos los sitios, pero no creo que tú lo permitas ni que no lo veas venir.
Más que nada porque, si alguien te pide algo que te parece que es pasarse de la raya, lo vas a frenar… seguro.
—No lo había pensado así, supongo. Llevo cuatro años sin ser Callahan, así que, en mi cabeza, si volvía, era justo en el punto que lo dejé, pero en realidad no.
—¡Claro que no! —Hace una mueca de decepción y, cuando la miro confundida, se ríe—.
Tengo que confesarte algo. Kieran me ha dicho antes de llegar: «Glen te va a contar algo muy importante, ten la mente abierta porque necesita que la apoyes al cien por cien».
Por mi cabeza han pasado mil y un escenarios diferentes y, aunque entiendo que esto es muy importante para ti, la razón por lo que lo hiciste es totalmente comprensible, así que no sé a qué ha venido su advertencia.
Por supuesto que iba a entenderte y a apoyarte, ¡será capullo!
—Es que no te lo he explicado todo. —Mi cara de culpabilidad me delata y frunce el ceño—. Soy Inside Haven.
—¡No!
—Por desgracia, sí.
—No, no. —Empieza a negar con la cabeza mientras yo asiento y, cuando se da cuenta de que no le estoy mintiendo, vuelve a negar—: Ni de coña.
—Lo soy.
—¡Joder, tía! ¡No puede ser! ¿Tú sabes el odio que te he llegado a tener?
—¿Odio? —Esto sí que no me lo esperaba—. ¿Por qué?
—A ver, solo fue un poco y realmente no fue culpa tuya del todo, pero, si hubiera sabido quién había detrás, le habría dicho cuatro cosas.
—¿Por qué? Lo único que he dicho sobre ti fue cuando confirmasteis la relación Kieran y tú, y lo hice cuando estuviste preparada, no antes.
—Me juego algo a que esto no lo sabes, porque Barry no lo sabe. —Se ríe—. Tyler y Brooke no eran pareja cuando se enfrentaron a Olivia en la fiesta del año pasado.
—¿Perdona? La llamó «cariño» delante de todos. Y esto no fue un rumor que me llegase, yo estaba allí.
—Porque Tyler es imbécil —escupe—. Te va a encantar lo que te voy a contar: no eran pareja, apenas hablaban entre ellos y, por culpa de esa escena, empezaron a fingir que tenían una relación para quitarse de encima el foco mediático. —Se ríe—. En realidad, es gracias a ti que ahora sí sean pareja.
—Tiene que ser una broma. —Estoy flipando—. ¿Quién toma esa decisión de mierda?
—Aquí hubo muchas más circunstancias que los empujaron a ello, dos de ellas llamadas Hunter y Kieran, pero estaba muy cabreada cuando sucedió porque Brooke pasó de no ser nadie a que todo el mundo supiera quién era. No lo llevó bien.
—Kieran quiso frenarlo, pero era imposible —admito—.
Cada día recibía, al menos, diez correos explicando cosas sobre ellos.
Limité mucho la exposición, pero si no hubiera publicado nada, la gente se me habría echado encima y la cuenta habría perdido su esencia y su razón de ser.
Si hubiera sabido que era fingido, no lo habría hecho.
—Supongo que tiene sentido lo que dices.
—Intenté hacerlo lo mejor posible… —Me froto la cara con las manos.
—No te fustigues, ahora son muy felices juntos, pero que sepas que saldrá en cuanto se enteren.
—No sé si se lo contaré —admito—. Lo importante de esa cuenta nunca fue quién estaba detrás.
—Decidas lo que decidas, yo te apoyo. —Me sonríe de oreja a oreja y algo en mi corazón se aligera—. ¿Vas a decirles quién es tu padre?
—Sí, eso sí. Hace años me prometí hacerlo después del draft. Además, así mi padre puede venir a la graduación sin esconderse.
—La gente se va a volver loca, no solo ellos, lo sabes, ¿no?
—Sé quién es mi padre, lo raro suele ser que pase desapercibido. —Me encojo de hombros—. No eres consciente de las veces que hemos tenido que aclarar que soy su hija ante miradas acusatorias.
—Tengo muchas ganas de ver sus caras cuando lo sepan —admite riendo—. ¿Puedo grabarlo?
—¿Sabes qué estoy pensando? Puedo esperar dos semanas, a la graduación, y presentárselo en persona.
—Hazlo en casa, por favor, así tendremos el momentazo grabado en vídeo desde distintos ángulos.
—¿Disfrutas con esto? —me burlo.
—Sí, mucho. Además, estoy segura de que estarán tan impactados con la sorpresa que ni siquiera pensarán que llevan cuatro años sin saberlo o que en la gala del trofeo Heisman no se lo presentaste.
—Me gusta cómo piensas.
—Lo sé, las dos tenemos un lugar privilegiado en el infierno con vistas a los fosos —bromea.
—Lo importante es que estaremos bien acompañadas.
Acabamos el brunch, aunque me sigue quedando comida para la cena y puede que para mañana, y nos sentamos en el sofá a ver una película chorra.
Pasamos la tarde entre helado y risas. Una vez se va y cierro la puerta, me doy cuenta de que hacía mucho tiempo que no me sentía tan ligera.
Ahora solo queda saber qué ha decidido Barry, pero sé que podré enfrentarme sin miedo a ello, porque me he dado cuenta de que ya no quiero esconder quién soy.
Y que mis amigos actuales no son unos capullos como los de mi instituto.