Finge que es mentira (Rise as One 5) 36 Barry #2
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36 Barry #2

—Entonces, si la perdonas y decides vencer el miedo a que te oculte cosas, en dos meses o dos años estaréis bien.

Piensa que ahora mismo ella está lidiando con el hecho de que te lo ha contado y el pánico que todo eso le produce, porque el motivo por el que no lo explica sigue ahí, por lo que el miedo también.

—La gente se acercaba a ella por quién era su padre, no ella. —Kieran asiente, como si hubiera imaginado que ese era el motivo.

Le hago un resumen de la historia de Glen, lo que me contó ella y la parte de Henry. Por la cara de Kieran pasan todas las emociones que viví anoche: asco, impotencia, frustración y, al final, la comprensión.

—¿Sabes que le has desbloqueado un nuevo miedo? —Lo miro extrañado y resopla—. ¿Y si la perdonas para tener a su padre y a Henry de tu parte?

—¡Nunca haría eso!

—Pero sería razonable que ella lo creyera. —Ni siquiera lo había pensado—. No te digo que lo vayas a hacer, solo que no eres el único que tiene que decidir si da un paso adelante o no. Y ella no hará nada hasta que sepa qué vas a hacer tú.

—Glen es Inside Haven —suelto cuando compruebo que no hay nadie de la universidad a nuestro alrededor. Por la sorpresa que se dibuja en la cara de Kieran, deduzco que no tenía ni idea—. Mira, me he enterado de algo antes que tú.

—Hostia… Esa no la he visto venir. —Empieza a reírse—. En realidad, si lo pienso… no, no tiene sentido. A Glen le importa una mierda la gente. ¡Me encanta!

—Al menos, alguien se divierte.

—Venga, sabes tan bien como yo que, si Glen te lo hubiera contado, se habría acabado enterando toda la universidad —se burla—. Todos te queremos, pero eres un bocazas.

—Sé guardar secretos.

—Dime una sola cosa de la que te hayas enterado y que no nos hayas contado a Glen, a Joe o a mí cinco minutos después —me reta, y se ríe cuando me quedo callado, porque sí, soy un bocazas—. No pasa nada, Barry, pero es normal que no te lo contara.

—Nunca intentaste saber quién era. ¿Por qué?

—Lo importante no era el quién, era el qué.

—Deja los cubiertos en el plato y apoya la cabeza en las manos—.

Aunque parezca mentira, odio las cuentas cotillas, creo que solo generan malos rollos, cancelan gente por errores tontos, magnifican actos pequeños y tienen el poder de subir o bajar la popularidad de alguien de un plumazo.

El poder corrompe y las personas que se creen Dios tienden a mover las fichas a su favor.

Sin embargo, Inside Haven nunca lo ha hecho.

Borra comentarios fuera de lugar, veta a las personas que se pasan y controla muy bien las faltas de respeto.

No sube nada sin verificar primero que sea real. Y por eso me gusta.

»Durante estos cuatro años nos ha unido a todos y hemos sido mucho más conscientes de que no estábamos solos en el campus.

Y sí, es cierto que a nadie le gusta que suban fotos de su culo, pero, si te fijas, las tres únicas personas que han sufrido ese «honor» eran capaces de aguantar el chaparrón y tomárselo con humor.

Créeme cuando te digo que la cantidad de información que ha tenido que manejar Glen ha sido descomunal y ha sido capaz de discernir entre lo que era publicable, lo que era denunciable y lo que era despreciable.

Yo mismo le he hecho llegar muchísimos cotilleos y te puedo asegurar que solo ha publicado un veinte por ciento de ellos.

Y eso es lo que hace especial a Inside Haven: no es cruel, no busca el cotilleo por el cotilleo, busca informar, divertirnos un rato y unirnos a un nivel que no hubiera conseguido ninguna fiesta de fraternidad.

—No lo había visto así —reconozco—. ¿De verdad crees eso?

—Por eso siempre he defendido la cuenta.

Hazte una pregunta: ¿sabrías quién es Luke Donovan si no fuera por Inside Haven?

Te sonaría el nombre, es posible que hasta acertaras que juega a hockey, pero nada más.

Sin embargo, si ahora mismo se acercase Luke y te pidiera un favor, seguramente le ayudarías, y eso es porque lo conoces gracias a Inside Haven.

—Y lo que me jodería hacerlo —bromeo, haciéndonos reír a los dos—. Nunca había visto a Inside Haven como tú la estás describiendo.

—Recuerda a toda la gente que vino a verte después de la lesión. Mucha fue gracias a interactuar en sus post y luego coincidir en fiestas.

—No lo había pensado.

—No me puedo creer que sea Glen. —Niega con la cabeza—. Es decir, con lo hater que puede ser y lo amable y diplomática que es en la cuenta.

—Eso lo dices porque a ti no te ponía strike cada vez que hablabas.

—Tío, te has merecido todos y cada uno de ellos —se burla y, un segundo después, me mira serio—. ¿Qué vas a hacer? ¿Te he ayudado?

—Me has ayudado a verlo desde otra perspectiva, pero todavía no sé qué hacer.

—¿Quieres un consejo?

—No, pero me lo vas a dar igual, así que…

—Eres más feliz con Glen en tu vida, no creo que esto sea nada nuevo para ti.

—Niego con la cabeza—. Sin embargo, vuestra relación ha cambiado y ya no hay marcha atrás.

Aunque nunca hubiera imaginado que cruzaríais la línea de la amistad, lo habéis hecho.

Glen no es una desconocida, es una persona de la que sabes casi todo.

Ha sido tu mejor amiga, has confiado en ella como en nadie y ha estado cuando más la has necesitado.

Si decides que todo lo que te ha ocultado es demasiado como para tener una relación, lo entenderá y seréis capaces de volver a ser amigos.

Pero el tiempo pasará y ella encontrará a otro.

¿De verdad crees que aceptarías eso? —«No»—.

Y, ante el «no» que sé que se está formando en tu cabeza, ¿de verdad crees que lo que te ha ocultado es tan importante como para renunciar a ella?

Esas son las preguntas que deberías hacerte, no si en dos meses vendrán las dudas o si te ocultará más cosas.

Esas cuestiones, si ocurren, las tendréis que superar llegado el momento.

Ahora tienes que pensar hasta dónde estás dispuesto a llegar por ella.

—Gracias, Kieran.

—Eh, siempre que quieras. —Se acaba el café de golpe y sonríe—. ¿Estás enamorado de ella?

—Sí —admito incómodo.

—Pues, tío, estás tardando en decírselo. Glen es la clase de chica que solo ocurre una vez en la vida. Tú decides si eres tan idiota como para renunciar a eso.

—¿Vamos a casa?

—Vale, veo que has optado por ser idiota.

Me río en lugar de contestarle. No quiero renunciar a Glen, pero tampoco quiero precipitarme. Necesito ordenarlo todo en mi cabeza antes de actuar. Glen se merece que, cuando dé el paso, lo haga sin dudas ni cargas.