Finge que es mentira (Rise as One 5) 36 Barry
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36 Barry

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

BARRY

Nos hemos quedado dormidos en el sofá y, a pesar de estar sentado y con Glen encima de mí, hacía tiempo que no descansaba tanto.

Observo a Glen, que sigue dormida, y controlo la tentación de besarla para no despertarla.

Nunca la había visto tan vulnerable como anoche.

La he visto llorar de frustración, la he hecho llorar de pura rabia, pero nunca de tristeza.

Y me di cuenta de que no la conocía tanto como creía, pero no por el motivo que pensaba.

Glen lleva una coraza demasiado pesada, esto es algo que siempre he sabido, pero nunca había querido averiguar el motivo.

Ahora que lo sé, ni siquiera entiendo por qué se hizo mi amiga.

Si yo hubiera vivido lo mismo que ella, me habría cerrado en banda y no hubiera salido de allí.

Supongo que por eso para ella era tan importante que no me hundiera después de la lesión, por eso insistió tanto.

Y sí, Glen tenía razón cuando dijo que ser Inside Haven no era lo peor.

Saco el móvil y le mando un mensaje a Kieran para que venga a buscarme.

Necesito hablar con él, aclarar las ideas, ordenarlas y tomar una decisión.

Cuando anoche le dije a Glen que quería algo serio con ella, lo dije de verdad, pero no quiero empezar algo si no estoy seguro de poder continuarlo de aquí a dos meses.

No quiero precipitarme y, después, descubrir que el rencor no me deja avanzar.

Necesito estar en paz con la elección, y ahora mismo no lo estoy.

Acaricio a Glen en la mejilla y se restriega contra mi pecho para seguir durmiendo. No puedo evitar la sonrisa que se me forma.

—Glen —susurro—. Me tengo que ir.

—¿Qué? —Alza la cabeza y me mira desconcertada, como si no supiera de qué le estoy hablando. Se me ensancha la sonrisa, siempre ha sido más de noches que de mañanas—. ¿Qué hora es?

—Son las siete. Le he pedido a Kieran que venga a por mí, puedes seguir durmiendo. —Le robo un beso tierno en los labios y su cara adormilada se ilumina—. Hablamos luego.

—¿Estás bien? —me pregunta acomodándose más en el sofá cuando consigo ponerme en pie. Se nota que sigue dormida, porque ni siquiera se ha planteado irse a la cama. Es posible que no se acuerde de esta conversación cuando despierte.

—Sí, solo necesito aclarar las ideas. —Le doy un beso en la frente y sonríe con los ojos cerrados.

—Llámame si necesitas algo —murmura tan flojito que solo la escucho gracias al silencio que nos envuelve—. Te quiero.

Me quedo congelado en el sitio, asimilando lo que acabo de escuchar.

La observo, ya dormida de nuevo, esperando que en cualquier instante suelte que es una broma o se retracte, pero no lo hace.

Lo ha dicho sin pensar, sin ser consciente de lo que decía, lo que solo puede significar una cosa: es verdad.

Intento regular la respiración y avanzo sin hacer ruido hasta la puerta.

Una cosa es intuirlo o saber que quería algo más serio conmigo y otra muy distinta es saber que me quiere.

El vértigo que siento en estos momentos es tan real como sus sentimientos.

O como los míos. Sé que yo también la quiero y, joder, estoy enamorado de ella, pero necesito entender si será suficiente, porque no pienso romperle el corazón.

Cuando llego a la calle, el irlandés ya está apoyado en su coche con los brazos cruzados y una sonrisa de medio lado que se le esfuma en cuanto me ve.

—¿Estás bien?

—No lo sé, por eso te he llamado —admito y señalo una cafetería que hay en la esquina—. Te invito a desayunar.

—¡Cómo de jodido debes de estar para querer pagar! —bromea dándome una palmada en la espalda—. Te he traído la medicación.

Asiento en agradecimiento, ni me había dado cuenta de que no me la había tomado, y nos dirigimos hasta el local.

Una vez dentro, mientras Kieran pide, voy al baño y aprovecho para lavarme la cara en un vano intento de despejarme.

Al llegar a la mesa, el irlandés me espera con dos tazas de café y una sonrisa calmada.

—Gracias por venir en cuanto te he escrito.

—Para eso estamos. ¿Qué ha pasado?, y ¿por qué no has llamado a tu hermano?

—Creo que tú vas a ser más objetivo. —Alza una ceja, incrédulo, y me río—. He dicho «creo». En realidad, es que sé que me ayudarás a aclarar las ideas. No sé si mi hermano será capaz de ver más allá.

—Supongo que quieres hablar de la discusión tan confusa que tuvisteis ayer. —Bebe de su café y me insta a empezar.

—Glen lleva cuatro años mintiéndome. Bueno, en realidad, a todos. —Ni siquiera se inmuta, lo que me hace sospechar que no le viene de nuevas—. Su nombre real es Glen Callahan, Bennet es el apellido de soltera de su madre.

—Es la hija de Patrick Callahan —afirma mientras asiente.

—¿Lo sabías? —Ni siquiera disimulo el reproche que acompaña a mis palabras.

—No, pero sí. —Alzo una ceja y se ríe—. No sabía quién era su padre, pero sí sabía que su padre era alguien importante de la NFL en Nueva York. En cuanto me has dicho el apellido he sumado dos más dos.

—¿Desde cuándo?

—Desde que nos consiguió las entradas para la ceremonia del trofeo Heisman.

—¿Perdona? —Lo miro sin entender nada—. ¿No fuiste tú?

—No —sentencia—. Fue Glen. Mi familia tiene influencia y contactos, pero no tantos. Aba se lo comentó hablando del viaje, que era posible que fuéramos a Nueva York, pero no a la ceremonia, y un par de horas después me las hizo llegar. Le prometí que no diría nada.

—¿Ni siquiera a mí?

Me duele que se callase un secreto así. No es algo simple o superfluo como ser Inside Haven… Aunque ayer cuando me enteré no pensé lo mismo. Vaya veinticuatro horas de emociones que llevo.

La camarera aprovecha ese momento para acercarnos dos platos de desayuno llenos hasta los topes. Me gusta este sitio, tendré que volver con Glen. Bueno, eso si me aclaro.

—Para empezar, por aquel entonces ni siquiera tratabas bien a Glen y la relegabas a un segundo plano en tu vida, aunque ahora parezca que haya pasado una eternidad.

—Desvío la mirada, avergonzado—. Y para continuar, no es cosa mía desvelar secretos de otras personas, y menos si llevan tanto tiempo callando.

Ni siquiera se lo conté a Aba. Imaginé que tenía un buen motivo para hacerlo o nos lo hubiera explicado ese día.

—Y lo tenía, pero… —Suelto un suspiro—. Kieran, quiero estar con ella, pero no sé si voy a ser capaz de obviar que me ha estado ocultando tantas cosas durante cuatro años. ¿Y si de aquí a dos meses se lo echo en cara?

—¿Te han afectado sus mentiras?

—Hombre, pues claro que me ha dolido saber que…

—No, eso no. Claro que te ha dolido, eso nadie lo cuestiona, ni siquiera Glen. Te estoy preguntando si hubiera cambiado algo en vuestra relación, no la actual: toda, desde el día que os conocisteis, el hecho de saber que es hija de Patrick Callahan.

Lo pienso mientras corto las tortitas y me las llevo a la boca.

Si Glen no hubiera vivido esa mala experiencia con su ex y los gilipollas de sus amigos, igual no habría escogido Introducción a la Psicología y no nos habríamos conocido.

O sí, pero esa no es la pregunta que me ha hecho Kieran.

¿Habría cambiado algo saber que su padre es Patrick Callahan?

Seguramente le habría reclamado una foto o un autógrafo.

O le habría insistido para que nos lo presentase, pero nada más.

Ella no es su padre y nunca le habría pedido un trato de favor por su parte.

Desde que la conozco, he podido hablar con Glen de todo, incluso de cosas de fútbol, y siempre me ha respondido con la verdad o su punto de vista.

Y sí, quizá tendría que haberme dado cuenta de que sabía mucho más del tema de lo que debería, pero su criterio siempre me pareció coherente, así que lo asocié a ello.

Así que no, no me ha afectado no saberlo, más allá de que me duele que no confiase en mí antes.

Me ha hablado de su vida —omitiendo cosas— y tuvimos muy buena relación hasta que llegó Candy.

Y ahí seguramente sí que habría cambiado, porque habría podido decirme que era una cazafortunas sin despeinarse, pero, si soy sincero conmigo mismo…

Creo que la habría ignorado. Sí que habría dejado a Candy cuando pasó lo de mi madre, así que Glen y yo habríamos podido retomar nuestra relación antes.

O no, porque igual Glen me habría mandado a la mierda y no habría habido forma de arreglarlo después.

Demasiadas suposiciones y parámetros. La realidad es que la habría ignorado, así que no, no habría afectado o, en todo caso, habría afectado para mal.

Luego está el hecho de que sea Inside Haven.

Si omito todos los strikes que me ha puesto —que lo hubiera hecho igual aunque supiera que era ella—, no ha sido irrespetuosa ni ha cancelado a nadie y nunca me ha afectado ninguna de sus publicaciones.

Ni siquiera a nadie que conozca. Así que no, tampoco. Cuando respiro aliviado, Kieran sonríe.

—Entiendo que la conclusión a la que has llegado es que nada habría cambiado.

Bueno, casi nada, porque la fiesta de después del trofeo Heisman habría sido muy distinta para ella si hubiera podido estar con nosotros.

Por eso me enfadé tanto contigo ese día, no habrías estado allí si no fuera por ella y tú se lo pagaste apartándola de tu vida.

—Desvío la mirada y suspira—. Piensa en los torneos de esgrima y muchas más cosas a las que su padre o no está yendo o se está disfrazando para ir.

Sé que no es fácil asimilar que te mientan durante tanto tiempo, y todavía no sé el porqué, pero tienes que plantearte si eres capaz de perdonarla.

Y me refiero a hacerlo de verdad, nada de decir que lo haces, pero no.

—Creo que, cuando se pase el dolor, podré perdonarla.