35 Glen #2
—Para ser sinceros, lo único que quería era ser invisible.
Lo más difícil fue explicarle a mi padre que no quería ser su hija, aunque lo entendió.
Ni siquiera me dejó acabar la frase, me dijo que me apoyaría hiciera lo que hiciera, que se disfrazaría si era necesario, lo único que me pidió fue que no lo apartara de mi vida.
Jamás hubiera hecho eso, pero tiempo después entendí su miedo.
Cuando llegué a la universidad estaba en la mierda, Barry.
Toda mi vida se había desmoronado, había dejado de ser quien era, ya no vivía en un estadio y odiaba cosas que antes amaba.
Fue una época un poco oscura y con muy malas decisiones.
—El pelo verde te quedaba bien —se burla.
—Eso es mentira y lo sabes. —Nos reímos—.
Entonces, apareciste tú. Me pediste un boli y, por primera vez en mi vida, me miraste como si no fuera la hija de un jugador, solo una persona.
Viste algo más detrás de mis pintas de chica mala y mi pelo de colores, y sentí que podía ser yo.
Tuve mucho miedo al principio, por si te aburrías de mí o te parecía demasiado intensa, pero cada vez hablábamos más y, sin saberlo, me curaste las heridas que otros me habían hecho.
Conseguí volver a un estadio sin sentir que estaba ahí por ser hija de alguien en lugar de yo misma.
Y sabía que, algún día, descubrirías quién era.
Tenía intención de decírtelo al graduarnos, cuando ya fueras jugador de la NFL, y ya no importara quién es mi padre.
Sé que te he ocultado una parte muy importante de mi vida y también sé que pedirte perdón no es suficiente, solo espero que entiendas por qué lo hice.
—Lo entiendo, pero no por ello no me duele. —Asiento y aprieto más fuerte el cojín contra mí—. Necesitaré un poco de tiempo para procesar todo lo que me has soltado. —Suspira—. Ven aquí, anda.
—¿Qué? —Alzo la vista para mirarlo y me señala su pecho.
—Quiero darte un abrazo, me da la impresión de que lo necesitas. —Asiento y me hundo encima de él mientras me abraza tan fuerte que parece que quiera dejarme sin respiración. Igual es eso, quiere ahogarme por mentirle—. Así que… Patrick Callahan.
—No es tan impresionante como crees —bromeo.
—Es tu padre, claro que lo es. —Se ríe—. Me cae bien. ¿Le pediste que viniera a verme?
—No, lo hizo él solito y se llevó una bronca por ello. Bueno, no mucho, porque te vino bien, pero sí me enfadé.
—¿Por qué?
—Porque no quería que lo supieras, ni tú ni nadie, y mucho menos en ese momento. No quería que sintieras rencor hacia mí por no ayudarte con los equipos o tirar de contactos, porque no iba a hacerlo. Supongo que no lo entiendes, pero…
—Lo entiendo —me interrumpe—. Y sí, te lo hubiera echado en cara, porque estaba en la mierda y era más fácil tirar balones fuera que mirar todo lo que estaba mal dentro de mí. Así que lo entiendo, Glen, y más en ese momento.
—Ha sido muy difícil para mí lidiar con nuestra amistad y todo lo que te ocultaba.
A todos, en realidad. Desde el primer día me habéis tratado como una más del grupo y me habéis incluido en los planes.
No eres consciente de la ilusión que me hizo la primera vez que me diste la entrada para ir a verte.
No por quién era mi padre o mis contactos, me querías a mí allí, aunque pensaras que no tenía ni idea de fútbol.
—Tendría que haberme dado cuenta de que habías aprendido las cosas demasiado rápido. —Suspira—. ¿Puedo hacerte una pregunta incómoda?
—Tienes derecho a hacerme todas las preguntas incómodas que quieras, Barry.
—¿Sabías que Candy era una cazafortunas?
—Desde el primer día. Por eso nunca hice el esfuerzo de tolerarla. La quería fuera de tu vida a toda costa. De hecho, estoy segura de que ella sabía que la había pillado, por eso siempre intentaba ponerte en mi contra.
—Y lo consiguió —suelta con pesar—. ¿Por qué no me lo dijiste?
—No tenía pruebas, así que el único argumento que podía darte era la experiencia. ¿Cómo te lo justifico sin contarte quién es mi padre o el entorno en el que me he criado?
—¿Qué hubiera pasado si no me hubiera lesionado?
—Henry hubiera intervenido. Confirmó mis sospechas en la ceremonia del trofeo Heisman, pero decidimos esperar hasta acabar los playoffs. Por desgracia, no hizo falta.
—Me protegías incluso enfadada, después de elegirla a ella.
—En realidad, no elegiste. Te quedaste callado esperando que, si no te posicionabas, no habría consecuencias. La vida no funciona así.
—Lo sé. Lo siento. Siento todo lo que te hice pasar con Candy y siento haber sido tan idiota de no haberlo visto.
—No es culpa tuya. La tía es realmente buena, no me cabe duda de que acabará engañando a otro idiota.
—Vaya, gracias.
—Siento todo lo que te he ocultado estos cuatro años, Barry. Siento haberte hecho daño. Que lo entiendas no lo hace menos malo.
—Los dos hemos hecho cosas que han hecho daño al otro motivados por el miedo. —Suspira—. Tendremos que aprender a vivir con ello.
—Yo te perdoné el día que echaste a Candy de casa —admito y se ríe.
—¿De verdad eres Inside Haven? —pregunta pasados unos minutos de silencio.
—Por desgracia. —Resoplo—. Estoy bastante cansada de serlo.
—Podrías haberlo dejado en cualquier momento.
—Lo sé, pero la verdad es que creo que es algo que ha hecho mucho más bien que mal o, al menos, eso quiero pensar. Hay días que me encanta y otros que lo odio. Estos días estoy en el segundo caso.
—¿Por qué?
—Mucha gente ha intentado utilizarlo para hacer daño a otra persona o para vengarse; ver la maldad tan de cerca es algo que me despierta algunos de mis demonios internos. Hay días que lo llevo mejor.
—¿Por qué empezaste?
—Por gilipollas. —Me río y Barry me acaricia el pelo—. Mi padre estaba preocupado por mi estado anímico cuando comencé en la universidad y se le ocurrió la genial idea de hablar con el decano.
—Tenía motivos para estar preocupado.
—Lo sé, lo sé, pero yo en ese momento solo quería desaparecer.
El caso es que el hombre intentó buscarme distintas cosas que hacer en la universidad para que tuviera un propósito, como si la esgrima y los estudios no fueran suficiente, ¿sabes?
Le rebatí todas y cada una de las propuestas y, cuando soltó lo de la cuenta cotilla, me indigné y le di una disertación de por qué ese tipo de cuentas nunca funcionan.
El muy cabrón sonrió y me dijo que justo era la persona perfecta para llevarla porque no caería en todo lo que había criticado ni dejaría que el odio fuera el protagonista.
Cuando le dije que no, me retó y me soltó que si no era lo suficientemente fuerte como para aguantar un poco de presión.
Supe que era una trampa, pero caí igual.
—Me gusta mucho Inside Haven —admite—. Ahora que sé que eres tú, veo las cosas de otra forma, pero coincido contigo en que ha hecho más bien que mal.
—¿Sabes que no he tenido que buscar ni uno solo de los cotilleos?
Me han llegado al correo de forma natural; así que mi trabajo ha sido distinguir entre lo que era un cotilleo, lo que era mentira o lo que era una venganza.
Muchas de las cosas las he resuelto en privado para no hacer daño a los implicados.
—El decano tenía razón, eres la persona perfecta para esa cuenta.
—También he tenido días en los que quería matar a mucha gente. Una vez me llegó un rumor sobre mí. Tuve que recurrir a todas mis fuerzas para no salir corriendo y estamparle un puñetazo en toda la cara a la imbécil de Agatha.
—Eso tuvo que ser muy duro. Sobre todo, porque solo de imaginar el pegar a Agatha se me hace la boca agua. —Me río por sus palabras y me acompaña—. No había caído en lo sola que te tenías que sentir llevando la cuenta.
—Pensé en pedirte ayuda —confieso—, pero se habría acabado enterando todo el mundo.
—¡Oye! —Me da un pellizco en la cintura y le doy un golpe en el pecho—. Lo más probable es que tengas razón. Kieran va a flipar cuando se entere.
—Me extrañaría que no lo supiera ya. Aunque una vez me dijo que no quería saberlo, así que es posible que sea de las pocas cosas que no sepa.
—¿Cuándo se lo contarás?
—No lo sé, no lo he pensado. De hecho, a excepción de a ti, no había pensado explicárselo a nadie más. Lo de mi padre sí, pero esto no.
—¿Lo ibas a hacer? —Ignoro el tono de pena que envuelve sus palabras, como si se plantease que nunca lo hubiera hecho.
—Sí, te estaba esperando para contártelo todo cuando me pillaste. Quería hablar contigo en cuanto llegaras.
—¿Por qué?
—Porque no podíamos empezar nada en serio con tantas mentiras entre nosotros.
—¿Te gustaría tener algo serio conmigo?
—Sí —admito en un susurro y sus brazos me aprietan más.
—A mí también.