Finge que es mentira (Rise as One 5) 34 Barry
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34 Barry

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

BARRY

«Ojalá ser Inside Haven fuera el peor secreto que te oculto».

Ni siquiera soy capaz de procesar esas palabras y eso que hace más de diez minutos que ha abandonado la habitación.

¿Qué otras cosas me ha ocultado como para que piense que eso es una nimiedad?

Es decir, es la puta cuenta cotilla de la universidad, joder.

Lleva cuatro años mintiéndome a la cara y, encima, parece que no es en lo único.

¿De qué clase de persona me estoy enamorando?

Mierda, me estoy enamorando —aunque puede que ya lo esté— de un personaje.

¿Otra vez? No puede ser que me vuelva a pasar, que vuelva a caer, y lo peor es que esta vez no soy el único que ha caído en su trampa, porque ni mi hermano ni Kieran le hubieran permitido entrar en esta casa si así fuera.

El móvil me vibra en el bolsillo y lo saco para rechazar la llamada, hasta que veo que es Henry.

Apenas hemos podido hablar durante la ceremonia y quedamos en que haríamos una videollamada, lo había olvidado por completo.

La verdad es que ahora mismo no estoy de humor, pero esto es mi futuro y es mucho más importante.

Coloco el móvil apoyado en el escritorio, me siento donde antes estaba Glen, descuelgo y pongo mi mejor sonrisa falsa.

—¡Barry! ¿Cómo estás? Me alegro de poder hablar contigo.

—Henry está sentado en su despacho y moviendo un montón de papeles.

Creo que no lo he visto quieto nunca—. Siento haber estado tan liado en la ceremonia, ya sabes cómo funciona, mucho politiqueo, muchas conversaciones a puerta cerrada y mucha información a medias.

Te alegrará saber que varios equipos me han preguntado por tu evolución y tu compromiso por seguir en el fútbol, entre ellos los Detroit Lions.

—Amplío mi sonrisa y debe de ver algo en mi expresión, porque frunce el ceño—. ¿Estás bien?

—Lo siento, no estoy teniendo un buen día…

—¿Todo bien? ¿Es la rodilla? ¿Vuelves a tener un bajón anímico?

—No, no es eso, perdona. Es una gran noticia que los Lions estén interesados, aunque, a estas alturas, que cualquier equipo lo esté me lo tomo como una victoria.

—¿Quieres hablar? —Para de moverse y se queda quieto mirándome. Como si ahora mismo no importara nada más—. Tienes pinta de necesitarlo. No prometo que pueda ayudarte, pero puedo escuchar.

—Es que… —dudo, porque esto es un tema personal y Henry es mi agente, pero algo en su expresión me dice que puedo sincerarme con él y necesito hablarlo con alguien que sea neutral—.

Me acabo de enterar de que Glen, mi amiga, es Inside Haven, la cuenta cotilla de la universidad, y lo peor es que cuando se iba después de decirle que necesitaba tiempo para procesarlo, me ha soltado que ojalá ese fuera el peor secreto que me oculta.

¿Qué clase de persona le oculta cosas a su mejor amigo durante tanto tiempo?

Es decir, ¿la puedo seguir considerando mi amiga?

¿Qué más me ha ocultado o cómo de importante es como para que crea que lo de Inside Haven es una tontería?

¿A quién he tenido delante durante cuatro años?

—Me paso las manos por la cara y el pelo, frustrado, mientras Henry me escucha sin interrumpir—. ¿Conozco a Glen de verdad?

—Sí —contesta cuando me quedo en silencio, perdido en mis pensamientos, y lo miro sin entender nada—.

La respuesta a tu última pregunta es sí, conoces a Glen.

Seguramente mejor que nadie o que ella misma.

—Respira hondo y veo cómo alza el móvil para escribir mientras murmura algo que me deja de piedra—: Glen me va a matar.

—¿Henry?

—Barry, quiero que escuches lo que te voy a decir sin interrupciones y que no tomes ninguna decisión precipitada cuando acabe. Si ves que vas a hacerlo, respira hondo muchas veces, ¿vale?

—¿Qué pasa?

—Hay una parte de esta historia que no me corresponde a mí contarte porque no es mía, pero sí puedo explicarte la parte que me atañe.

Hay un motivo detrás de que os aceptase a ti y a tu hermano como mis representados de forma tan rápida y sin apenas entrevistas: ya os conocía.

Y no, no me refiero a que lleve años siguiendo vuestra trayectoria, que también, me refiero a que sabía a la perfección la clase de personas que sois.

—Frunzo el ceño ante sus palabras—. Mira, Barry, te voy a ser sincero, nosotros dejamos de representar a los universitarios que se lesionan en la última temporada, sin excepción, es una norma que tenemos en mi empresa.

Puedes pensar que es injusto o incluso cruel, pero el noventa por ciento de ellos tiran la toalla y deciden enfocar su vida hacia otro lado, y yo no puedo perder el tiempo con ese tipo de gente.

De hecho, hacía años que no llevaba a ningún novato de forma personal y lo delegaba en mi equipo, como he hecho con Tyler.

Esto es un negocio y, aunque suene frívolo, va de ganar dinero.

El caso es que el único motivo por el que me he saltado todas las normas tiene nombre propio y es Glen.

—¿Cómo? —No entiendo nada—. ¿Glen te lo pidió?

—No, Glen no me pidió nada. —Respira hondo y niega con la cabeza—.

Conozco a Glen desde que nació. —«¿Qué?».

Sus palabras me impactan tanto que soy incapaz de hablar—.

De hecho, desde que estaba en la barriga de su madre para ser más exactos.

Siempre la he tratado como a mi sobrina: la he visto crecer, le enseñé a pelear, he ido a casi todas sus exhibiciones de esgrima, estuve ahí el día que aprendió a ir en bici o a conducir, incluso el día que se compró su preciado Mini.

—Se le escapa una sonrisa nostálgica que me hace ver que todo lo que está diciendo es real.

Estoy flipando—. Y, por desgracia, también estuve el día que su vida se desmoronó por completo.

No creo que seas capaz de entender la impotencia que sentí ese día y los meses que lo siguieron, sin poder hacer nada por devolverle a mi persona favorita el brillo de los ojos o la sonrisa.

»Entonces, se fue a la universidad. Reconozco que no lo llevé bien, me daba mucho miedo que pudieran hacerle daño de nuevo y se hundiera todavía más.

Y, de repente, apareciste tú. Como si alguien hubiera escuchado todas mis plegarias de los últimos meses.

Glen volvió a sonreír, nada que ver con esas sonrisas forzadas que había aprendido con los años o una mueca vacía.

Volvió a sonreír de oreja a oreja, a reír a carcajadas y empezó a contar anécdotas contigo.

No eran grandes cosas, era vuestra rutina, vuestro día a día, cosas sin importancia para ella o para ti, pero que la hicieron regresar de nuevo a la luz.

No es la misma que era antes, pero es una persona mejor y es gracias a ti.

»No te estoy explicando esto para que la perdones por ocultarte información, es para que entiendas que la chica que tú conoces es la Glen real, la que ella quiso ser después de entender lo que pesaba su apellido.

La que decidió ser cuando se tuvo que reconstruir de los pedazos que le quedaron.

Eres la primera persona a la que dejó entrar, a la que decidió mostrarse tal y como era, con sus luces y sus sombras, y conseguiste sacarla del pozo en el que vivía.

Y, aunque no lo creas, hay una cosa por encima de todo eso: conseguiste que fuera a un estadio de fútbol después de decidir que no volvería a pisar uno en su vida.

—Glen odia el fútbol —me escucho decir y Henry se ríe sin ganas.

—Y, aun así, estoy seguro de que no has conocido a nadie que supiera tanto de un deporte que odia, ¿verdad?

—No… —Nunca había pensado en ello.

—Sé que necesitas tiempo para procesar todo esto, y lo entiendo. Sin embargo, creo que necesitas conocer toda la historia antes de tomar una decisión. Glen se lo merece y tú también.

—No sé qué pensar.

—Lo sé. —Me dedica una sonrisa forzada—. Glen me pidió que nunca te explicase que la conocía, que tenía que ser ella quien decidiera cuándo hacerlo. Si no lo ha hecho todavía es por miedo.

—¿A que me enfade con ella? Lo hubiera entendido… Creo.

—No, ese no es su miedo, Barry. Glen sabía que te enfadarías, puede lidiar con eso.

—¿Entonces?

—Cuando sepas por qué te ocultó cosas, entenderás su miedo. Habla con ella y, después, si quieres, nos puedes mandar a todos a la mierda. Le he escrito para contarle lo que te he explicado.

—Gracias.

—No, gracias a ti. La trajiste de vuelta y eso es algo que nunca he podido agradecerte.

Soy una persona muy capaz de separar lo personal de lo profesional, así que ahora no te habla tu agente, te habla Henry: supe que quería conocerte desde el primer momento que escuché tu nombre seguido de una sonrisa por parte de Glen, porque alguien capaz de sacarla de sus demonios merecía todo lo bueno que le pase.

Después vino todo lo demás: el fútbol, tu forma de jugar, tu esfuerzo, tu convicción…

Eso, sumado a lo primero, hizo que quisiera representarte.

Y eso es lo que hace que quiera seguir haciéndolo, a pesar de la lesión, porque me has recordado lo que es mi profesión: apoyar a la gente que merece estar ahí y darle la mejor opción posible, conocerlo, seguirlo en cada paso.

Solo quería que lo supieras. Que no pienses que todo es por Glen, quizás todo empezó por ella, pero no fue el motivo por el que tomé la decisión.

Asiento y cuelgo la llamada sin ser capaz de pronunciar ni una sola palabra.

Tengo un nudo en la garganta que no consigo quitarme.

No sabía qué quería decir Glen cuando me ha dicho que me ocultaba más cosas, pero para nada pensaba que eso tendría que ver con Henry o con su vida antes de empezar la universidad.

Pensé que… En realidad, no pensé nada, porque todavía estaba procesando que fuera Inside Haven.

Ahora necesito saberlo todo, saber de qué clase de persona me he enamorado…

Joder, cuando escuchaba a Henry lo único que quería era estar allí para abrazarla.

No puedo ni imaginarme a Glen sin sonreír o sin sacar todo su sarcasmo a pasear.

Pido un Uber y voy directo al piso de Glen.

No sé en qué estado volveré de allí, pero sé que necesito conocer toda la verdad para perdonarla o despedirme de ella para siempre, aunque me duela horrores solo de pensarlo.