Finge que es mentira (Rise as One 5) 33 Glen
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33 Glen

CAPÍTULO TREINTA Y TRES

GLEN

Mi lado racional me susurra que no hace falta que esté en casa de Barry para esperarlo dos horas antes.

Mi lado emocional me avisa de que nunca me perdonaría que llegase y no estar aquí.

Así que he invadido su escritorio y me he puesto a estudiar.

Necesito distraerme hasta que llegue o me volveré loca.

Voy a contarle la verdad, toda. Quién soy, quién es mi padre, por qué lo oculto…

Todo. Y lo quiero hacer antes de hablar sobre nosotros, porque me parece injusto por mi parte que tome una decisión sin tener todas las variables.

Sé que es posible que me mande a la mierda, que no lo entienda y que no quiera saber nada más de mí, pero es que no puedo retrasarlo más o será peor.

No estoy preparada para su reacción, esa es la realidad.

Me aterra que se aleje, que no me escuche, que no me deje explicarle el porqué.

Al fin y al cabo, hay un motivo detrás de haberle ocultado toda esa parte de mí; no fue por gusto.

Fue por miedo; sigue siendo por miedo. Sin embargo, confío tanto en él que sé que nunca me haría daño de esa forma.

Por eso he dado un paso hacia delante en esta relación.

Y por eso no lo había hecho hasta ahora: nadie estaba a la altura, nadie me ha dado esa paz de saber que no lo haría.

Solo Barry. Quizá tendría que haberme dado cuenta antes, pero más vale ahora que nunca.

Fue la primera persona con la que pude ser yo misma, sin apellidos, sin subtítulos, sin beneficios.

Solo Glen. Y la primera que me acogió como tal.

Después llegaron los demás, pero Barry siempre será el primero, y no creo que sea consciente de lo mucho que lo aprecié.

No será una conversación fácil ni rápida.

De hecho, es posible que nos lleve toda la tarde, pero merecerá la pena.

Tiene que merecerlo. Necesito convencerme de que saldrá bien o me asustaré y no seré capaz de confesar. Barry lo entenderá.

BARRY

Cuando el Uber nos deja en la puerta de casa, sonrío como un idiota al ver el Mini de Glen aparcado.

Me muero de ganas de verla y contarle lo genial que ha sido el draft.

Me da igual que anoche me pasara dos horas con ella en videollamada, necesito volver a hablarlo una y otra vez.

Subo las escaleras de dos en dos con las risas de fondo de mi hermano, Kieran, Aba y Riley.

Mi rodilla se quejará luego, pero me da igual.

Quiero verla, abrazarla, besarla y confesarle lo que siento por ella.

Entro en la habitación sin hacer ruido para darle una sorpresa. Sin embargo, el único sorprendido soy yo cuando observo la pantalla de su portátil. No, no puede ser. No es posible.

—¿Qué coño es eso? —Le quito los auriculares de un tirón, aunque no puedo mirarla, porque solo tengo ojos para lo que aparece en la pantalla—. Glen, ¿qué coño es eso?

—Creo que es bastante evidente. —Al menos no tiene la desfachatez de mentirme.

—¿Llevas… llevas ocultándome esto cuatro años?

Y, en cuanto lo verbalizo, algo dentro de mí se rompe. ¿Quién es la persona que tengo delante?

GLEN

—¿Llevas… llevas ocultándome esto cuatro años? —Me rompe el corazón escuchar el dolor en sus palabras, aun así, lo entiendo. Sabía que esto pasaría, solo esperaba tener controlada la situación antes.

—Supongo que de nada serviría decir que pensaba contártelo, ¿no?

—Has tenido cuatro años para explicármelo —escupe, y cierro los ojos un segundo.

—Lo sé, pero…

—Pero ¿qué? —Me interrumpe—. ¿Justo ahora tenías la intención de hacerlo y yo tengo que creérmelo?

—Ahora… —Respiro hondo—. Ahora las cosas son diferentes entre nosotros.

—¿Sí? ¿Lo son o es otra mentira más?

—No tiene nada que ver —le reprocho—. Estás siendo injusto.

—Llevas ocultándome esto cuatro años, Glen. ¡Cuatro! ¿Y yo soy el injusto? —Giro la cara, porque no soy capaz de aguantarle la mirada—. Siento que no te conozco.

—¡Claro que me conoces! Joder, Barry, no es lo que piensas.

—¿Estás de coña? ¡Por el amor de Dios, Glen…!

—Oye, ¿estáis bien? —Kieran aparece por la puerta junto a Joe, Aba y Riley. Cierro el portátil de golpe—. Se escuchan los gritos desde abajo.

—Estamos de puta madre —ironiza Barry—. He venido corriendo para ver a una persona desconocida.

—Chicos, dejadnos solos, por favor —les pido.

—¿Qué pasa? ¿Que no quieres que se enteren?

—Se lo explicaré cuando sea el momento adecuado, y este claramente no lo es. —El tono me sale más enfadado de lo que me gustaría. Kieran nos lanza una mirada antes de cerrar la puerta y dejarnos solos.

—Se merecen saberlo.

—El único al que quiero contárselo es a ti.

—No te creo. Lo siento, no puedo. —Se pasa las manos por la cara—. Si fuera verdad me hubieras dicho algo en estos cuatro años.

—No podía, y sabes muy bien por qué.

—¿No confías en mí?

—¡Claro que confío en ti!

—¿En serio? Pues no lo parece. —Señala el portátil con la mano—. De hecho, esto me demuestra que no.

—¡Sabes que sí! —Me duele que piense eso, cuando es justo la persona en la que más confío. Aunque sabía que se enfadaría, no esperaba estos reproches.

—¡Joder, Glen! ¡No es justo! —Doy un paso atrás por puro instinto cuando grita, algo que Barry debe de malinterpretar porque se pasa las manos por la cara mientras niega con la cabeza—. Lo siento, no puedo tener esta conversación ahora mismo. Necesito tranquilizarme. Necesito que te vayas, Glen.

—No pasa nada, lo entiendo. —Recojo los apuntes y el portátil lo más rápido que puedo ante su atenta mirada y me dirijo a la puerta. Sin embargo, antes de salir lo miro a los ojos y confieso—: ¿Sabes qué es lo peor? Que ojalá ser Inside Haven fuera el peor secreto que te oculto.