Finge que es mentira (Rise as One 5) 32 Glen
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32 Glen

CAPÍTULO TREINTA Y DOS

GLEN

—¿Lo llevas todo?

—Que sí —resopla Barry negando con la cabeza—. Lo he revisado varias veces. —Alzo su móvil y suspira—. Joder, te juro que lo había cogido.

—Y yo te creo —bromeo. Se acerca y me da un beso, pero parece que no se queda conforme, porque después de separarse vuelve y me da otro más fuerte—. Vas a llegar tarde.

—Me cuesta separarme de ti —admite, y hace que se me llene el corazón.

—Oye. —Respiro hondo y me infundo valor—: Cuando vuelvas deberíamos hablar.

—Me parece bien —responde con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso solo me hace sentir peor, porque Barry cree que vamos a hablar de nosotros, pero, para que haya un nosotros, Barry tiene que saber quién soy yo.

Lo acompaño hasta la planta baja, donde todos nos están esperando.

Los chicos se van y las chicas nos quedamos.

Savannah ha decidido quedarse y no viajar con Hunter.

Argumentó que es un viaje que tienen que hacer los cinco solos; su último viaje juntos.

Lo dijo con tanta solemnidad que nadie tuvo ovarios para contradecirla.

Además, creo que a Barry le irá muy bien que sea así.

Necesita reconciliarse con esa parte de él, la que está en esta experiencia junto a su hermano sin ser parte de ella, la que vive el fútbol desde otra perspectiva.

Me da un abrazo y un beso tierno antes de salir por la puerta y suspiro.

Espero no haberme equivocado mandándolo a la ceremonia del draft.

Tengo claro que lo puede soportar, pero no sé cuánta implicación emocional tendrá ni las consecuencias.

Sé que he hecho lo correcto, pero hacer lo correcto no significa que no haya efectos secundarios.

Solo espero que vuelva fuerte. Sobre todo, si pienso en lo que le contaré cuando llegue.

Joder, voy a pasar cuatro días con esto en la cabeza.

—¿Pedimos algo de comer? —propone Aba y todas asentimos. Creo que nos da pena no ir al viaje, aunque lo entendamos.

—¿Qué vas a hacer estos días? —me pregunta Riley cuando me siento a su lado.

—Iré a mi piso. Esta casa ya no tiene incentivos para quedarme —bromeo.

—¡Vaya! Ni Judas se atrevió a tanto. —Aba finge que se indigna y me río—. Te puedes quedar aquí si quieres.

—Gracias, pero creo que mi casa me echa de menos. ¿Qué vais a hacer vosotras?

—Yo no puedo volver a la residencia —me explica Aba—. Al parecer, Jazz se ha apoderado de mi habitación.

—Al parecer, no —le corrige Brooke—. Lo ha hecho.

—Pues nuestra habitación sigue llena con sus cosas —aporta Riley—. Así que, creo que, en realidad, se ha agenciado las dos.

—Es que Jazz necesita todo ese espacio —se burla Savannah—. Qué diferente será el año que viene.

—Kieran me ha propuesto que me mude aquí definitivamente. —Aba suspira—. Creo que lo voy a hacer, total, ya vivo aquí.

—Yo me he planteado buscar un piso para el curso que viene —nos cuenta Savannah y Brooke se queda blanca. Savannah le acaricia la mejilla—: Pensaba llevarte conmigo. Es que, si Hunter viene a visitarme, no quiero tener que ir a un hotel.

—Mi piso está genial, tiene tres habitaciones dobles con baño propio y el año que viene se queda libre.

—¿Por qué vives en un piso tan grande?

—Fue el primero que encontré con entrada inmediata. —Me encojo de hombros ante la pregunta de Aba.

—Pues lo quiero —suelta Savannah—. Y Brooke y Riley vienen conmigo.

—¿Volverás a Nueva York? —me pregunta Riley, después de levantarse a darle un abrazo a Savannah.

—Estoy empezando a buscar trabajo, así que no lo sé todavía. Depende de dónde acabe.

—¿Vas a buscar en equipos grandes o en universidades? ¿O vas a probar suerte donde sea? —se interesa Aba.

—No tengo experiencia, así que voy a decir que donde me contraten.

—Sí que tienes experiencia —me contradice Aba—. Barry no estaría tan bien si no fuera por ti.

—Eso es verdad —añade Savannah—. Ni nosotros tampoco, porque lo hubiéramos matado.

—Yo matarlo no, pero estuve a punto de darle con el táser —reconoce Riley sonrojada.

—No me siento cómoda aportando algo tan personal como experiencia.

—Pues lo haces, pero incómoda —afirma Savannah—. Tienes que marcar la diferencia y esa es la tuya.

«En realidad, tengo más cosas», pienso, pero me callo y asiento con una sonrisa.

Después de explicarle a Barry quién soy, tendré que reunirlas y contárselo también a ellas.

Se avecinan unos días complicados para la semana que viene.

Solo espero no romperme en el proceso, porque no sé si sería capaz de soportarlo.

BARRY

Le hago una mueca de incomodidad a Joe y se ríe de mí.

Mi madre lleva cinco minutos abrazándome.

Y no, no es una exageración, el reloj de la pared ha marcado todos y cada uno de los segundos.

Hemos venido directos a ver a mis padres, que se alojan en un apartamento que les ha reservado Henry.

Se supone que va a estar por aquí, pero ya le ha dicho a Joe que no sabe lo que podrá estar con nosotros.

—Eres un hijo horrible —me suelta mi madre al apartarse y me da un golpe en el brazo—. Yo te he criado mejor que eso.

—El problema no eres tú, mamá —me defiende Joe—. Es que es tonto. Y donde no hay…

Mi padre le da un capón y otro a mí cuando me río. Estoy en casa.

—Lo siento, mamá, es que me costaba mucho lidiar con la decepción que os he causado —admito—. Todavía me cuesta.

—¿Qué decepción y qué perro muerto? —se indigna mi madre—. Si crees que tu lesión fue una decepción para nosotros, es que no nos conoces. Jamás nos podrías decepcionar con algo así, Barry. Jamás. Me duele que pienses eso.

—Vuestro sueño siempre fue que fuera jugador de la NFL.

—Ese sueño no está por encima de ti, Barry. —Mi madre me señala con el dedo—. ¿Me has escuchado? Nada ni nadie está por encima de vosotros dos. Si no es el fútbol, será otra cosa.

—Mientras no sea béisbol —murmura mi padre y se gana una mirada fulminante de mi madre—.

Barry, siento que hayas pensado que nos habías decepcionado, pero no fue así.

El fútbol está lleno de lesiones, los accidentes pasan.

Lo único que nos duele es que no pudieras vivir el haber ganado la final con tus compañeros.

—Eso fue una mierda —admite Joe con un suspiro—. Que la lesión lo fue más, pero entiéndeme.

—Lo siento —susurro y mi madre me vuelve a abrazar—. Me ha costado mucho gestionar todo esto.

—Lo sabemos. —Mi madre me acaricia la mejilla—. Tu hermano y Glen nos han ido informando. Sobre todo Glen, nos ha llamado cada día.

—Después de volver de la Combine no llamó —refunfuña mi padre.

—Ya te dijo que fue porque estaba ocupada y sí que nos escribió.

Se me encoge el corazón al pensar en esos días. Me comporté como un imbécil, alejando a mis padres y a Glen, y encima ella los estaba llamando para que estuvieran tranquilos. Algún día conseguiré quitarme esta sensación de mierda de encima.

Nos quedamos un rato con ellos, les cuento cómo va la recuperación y, por primera vez desde que me lesioné, no me siento destrozado cuando hablo de las posibles salidas que no son el fútbol para mi futuro. Cuando nos despedimos, me siento más ligero.

—Oye, ¿puedo comentarte una cosa? —le pregunto a Joe de camino al restaurante donde hemos quedado para cenar con estos.

—Siempre.

—¿Cómo debería enfocar la conversación si quiero formalizar mi relación con Glen?

—Hostia. —Me mira sorprendido y se ríe—. No esperaba esta pregunta. En realidad, es más fácil de lo que parece. Sé sincero.

—¿Ese es tu consejo? —me quejo.

—Es lo único que puedo decir. —Se encoge de hombros—.

Si quieres, puedes esperar a que sea ella la que hable primero, así, si te dice que no quiere nada, pues te sientes menos idiota.

Pero, no sé, Barry, es Glen, creo que sabes cómo enfocar una conversación con ella: mucho sarcasmo y bromas por doquier. Ese es vuestro lenguaje habitual.

—Me gustaría que le quedasen claras mis intenciones.

—Te conoce mejor de lo que te conoces tú.

—Me lanza una mirada que dice que soy idiota—.

Sabe tus intenciones. De hecho, seguramente las sepa antes que tú.

Yo le diría: «Glen, quiero ir en serio contigo».

No creo que necesite más. Además, si tienes dudas sobre lo que siente ella, solo tienes que recordar que el día de su cumpleaños bajó con tu camiseta y que posteó varias fotos donde la llevaba puesta, aunque nadie se haya dado cuenta.

—¿Cómo sabes que nadie se ha dado cuenta?

—Porque Savannah está haciendo un seguimiento. —Se ríe—. No sé qué hace estudiando Emprendimiento, debería ser investigadora cibernética del FBI.

—Me encanta que mi relación sea el objeto de mofa de mis amigos.

—Ah, no, eso no. —Me frena—. Nos ha sorprendido mucho a todos, no te lo negaré.

—A nosotros también —admito y se ríe.

—Pero estamos muy contentos por vosotros. De verdad. Se os ve muy felices.

—Sigo pensando que eso es porque no paran de follar —suelta Kieran a mi espalda y, cuando me giro, me regala una sonrisa de medio lado.

—Puto irlandés. —Hunter niega con la cabeza—. Barry no folla tan bien, así que debe de ser algo más.

—¡Oye!

—A lo mejor tiene otras cualidades en la cama que no estamos teniendo en cuenta —añade Tyler—. No todo es meterla en caliente.

—¿Podemos dejar de hablar de mi hermano follando? —Joe frunce la nariz con asco—. Hablamos de que es feliz, nos da igual cómo o por qué.

—A ver, igual igual no nos da —admite Kieran—. Cuando era feliz con Candy no nos gustaba.

—Puto irlandés. —Tyler le da una palmada en la espalda—. No sé por qué no te han partido la cara todavía.

—Porque la tengo preciosa. Sería un desperdicio. —Nos reímos de lo absurdo que suena lo que ha dicho y me pone una mano en el hombro—. Ahora en serio, creo que hacéis muy buena pareja y me alegro mucho por los dos.

—A mí Barry me da un poco de pena —se burla mi hermano—. Glen da mucho miedo cuando se enfada.

—Mejores serán las reconciliaciones. —Alzo y bajo las cejas y todos se quejan.

Entramos al restaurante entre risas y así seguimos toda la noche. Es casi perfecto. Me encanta poder compartir este último viaje juntos antes de separarnos para emprender una nueva etapa de nuestras vidas.

—Barry, ¿te has vuelto a ir? —bromea Kieran dándome un pequeño meneo—. ¿Dónde estabas?

—Solo pensaba en que me alegro de haber hecho este viaje los cinco solos. Os voy a echar de menos.

—Oh, mierda. —Hunter esboza una mueca triste—. Estaba intentando no sacar el tema.

—La separación está ahí igual —reconoce Tyler—. Pensad que todavía nos queda la graduación.

—Para vosotros —nos recuerda Kieran—. A mí me queda un año más.

—Te vas a aburrir sin nosotros —se burla Joe.

—Inventaré cosas con Aba para pasar el rato. —Alza las cejas y nos reímos a la vez que ponemos cara de asco—. La verdad es que no he querido pensar en qué pasará el año que viene. Será raro que no estéis en casa todo el día.

—Me preocupa que Riley se ralle por no vernos —admite Joe con un suspiro—. Porque sé que es absurdo, pero, si pudiera, me la llevaría conmigo donde sea que acabe viviendo.

—Ya que estamos de confesiones. —Hunter suspira—.

Me encantaría ser el primero del draft, pero en realidad, si fuera el dos o el tres también sería muy feliz.

Incluso siendo el décimo. Sin embargo, en lo único que puedo pensar es en que, si soy el primero, me quedaré en Chicago y tendré a Savannah cerca.

—Voy a pedirle a Brooke que se case conmigo —suelta Tyler y lo miramos todos sorprendidos—. No lo quería contar para no gafarlo, pero no aguanto más. Creo que estar comprometidos nos ayudará a llevar mejor la separación.

—¿Os acordáis del viaje que hicimos por las vacaciones de primavera de hace dos años? —nos pregunta Kieran y todos asentimos—. ¿Os imagináis volver a ese momento y contarle a vuestro yo del pasado todo lo que hemos vivido durante este tiempo?

—En esas vacaciones fue cuando Brooke le contó a Nathan que iría a Havenwood —nos comenta Tyler—. Y mi hermano me pidió que la cuidara.

—Y vamos si la cuidaste… —se burla Kieran.

—Si eso pasara, podría adelantar mi reconciliación con Savannah. —Hunter suspira—. Prefiero no pensarlo.

—Yo habría mandado a Tori a la mierda antes y habría llevado a Aba a conocer a mi padre. —Kieran traga fuerte y esboza una sonrisa triste—. Creo que ha sido una mala idea pensar en ello.

—Las chicas nos han cambiado. —Mi hermano sonríe—. Son lo mejor que nos ha pasado en la vida.

—Yo creo que Riley estará bien —le prometo a Joe—. Mientras le escribas cada día, sabrá que estás ahí.

—¿Tú qué vas a hacer? —me pregunta Tyler.

—No tengo ni idea.