Finge que es mentira (Rise as One 5) 29 Glen
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29 Glen

CAPÍTULO VEINTINUEVE

GLEN

—¡No te vas a creer lo que me acaba de pasar! —Me paro en seco cuando me doy cuenta de que Barry no está solo y de que es Candy quien está a su lado, cogiéndole de la mano. Algo se remueve en mi interior, pero lo ignoro como puedo y sonrío—. Oh, perdón, no sabía que estabas ocupado.

—No te preocupes, Candy ya se iba. —Barry se suelta de su agarre y se queda esperando que se mueva, pero no lo hace.

—No, en realidad, no. —Candy le lanza una mirada que dice que no ha acabado de hablar. ¿Cuándo ha venido? Y, sobre todo, ¿para qué?

—En realidad, sí —le contradice Barry, y no sé quién de las dos se sorprende más. Le señala la salida con la barbilla—. Cierra la puerta al salir. Y esta vez asegúrate de que quede bien cerrada para que no tengas la tentación de intentar entrar de nuevo.

Candy espera unos segundos antes de levantarse, intuyo que para asegurarse de que Barry lo dice en serio y no cambia de opinión, y, cuando lo hace, su gesto de enfado es obvio.

Por supuesto que está enfadada, ha intentado volver y le han dado con la puerta en las narices.

Se lo merece, por venir a molestar cuando nadie la echa de menos.

La observo salir del salón y me centro en Barry, que estira la mano para que se la coja.

Me acerco hasta que puede agarrarme y me caigo encima de su pecho cuando tira de mí.

Alzo la vista para mirarlo, sin acabar de entender qué hace o, más bien, no queriendo entenderlo para no malinterpretarlo.

No quiero hacerme ilusiones, pero me está costando mucho no hacerlo cuando me contempla como si no existiera nadie más en el mundo.

Levanta la mano para apartarme el pelo de la cara y la pone en mi mejilla, acariciándola con el pulgar.

La tensión a nuestro alrededor aumenta, como lleva pasando los últimos días.

No sé quién de los dos se acerca antes, puede que los dos, pero, cuando nuestros labios se rozan, unas voces desde la entrada nos obligan a separarnos.

¿No podemos tener un puto momento solos?

Por favor y gracias. Barry baja su mano de mi cara, pero la deja sobre mi regazo.

—¿Era Candy la que acaba de salir de casa? —pregunta Kieran desconcertado entrando en el salón. Se queda un segundo observándonos con ese gesto analítico que pone cuando quiere ver más de lo que se ve, pero enseguida vuelve a la normalidad—. Decidme que se ha ido llorando.

—Barry la ha echado. —Ni siquiera disimulo lo mucho que me ha gustado ese gesto—. Así que no creo que estuviera triste, más bien enfadada.

—¿Y se puede saber qué coño quería esa zorra? —suelta Jazz dejándose caer en uno de los sillones—. ¿No iba a quedarse en Texas? Aquí no es bien recibida.

—Quería volver —nos informa Barry mientras todas las miradas se centran en él junto a un silencio sepulcral.

El corazón se me encoge, incluso si la ha echado cuando he llegado—.

Supongo que sigue pensando que soy un estúpido que haría cualquier cosa por ella.

—Se encoge de hombros—. Bueno, ese estúpido se quedó en Texas.

—Eso te pasa por no bloquearla —aporta Savannah—. Has vuelto a las redes y estás subiendo tu evolución. Además, algún novato te ha comentado, Henry también lo ha compartido… Que sigas teniendo agente a estas alturas indica que no te has quedado en el camino.

—Cazafortunas siendo cazafortunas —indico con un suspiro cansado—. Nada nuevo bajo el sol.

—Lo importante es que la has echado. —Joe le da una palmada en el pecho y observa cómo su hermano sigue abrazando mis piernas. Sonríe, pero no comenta nada—. ¿Cuándo ha llegado?

—Hace unos quince minutos, creo. Dos siglos, si me preguntas. —Barry resopla—. Se me ha hecho eterno. Nunca me había dado cuenta de que era tan insistente.

—Sí que lo era —añade Riley—. Mucho.

—Tendrías que haber usado el táser con ella en Navidad cuando estuvimos todos juntos —bromea Barry y la sonrisa de oreja a oreja de Riley nos llena a todos el corazón. Está bromeando con ella de nuevo.

—La hubieras matado —la defiende Joe riendo.

—¡La cena! —Hunter, Tyler, Brooke, Aba y Katherine aparecen por el arco de la entrada con un montón de bolsas. Por cómo huele, tiene pinta de ser del puesto de carne ahumada.

—Antes de cenar, quiero decir algo. —Barry se pone en pie y hago lo mismo.

Carraspea y pasa la vista por todos—. Siento mucho no haber descubierto cómo era Candy a tiempo y, sobre todo, no haber confiado en vosotros cuando me decíais que no me hacía bien.

Teníais razón. Y, aunque me jode haber tenido que lesionarme para darme cuenta, me alegro de haber sacado algo positivo de esto.

—Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que hubiéramos preferido seguir aguantándola antes que tu lesión —le contesta Kieran con una sonrisa—, pero todos nos alegramos mucho de que ya no esté en tu vida.

—Lo bueno de que te hayas dado cuenta de cómo era es que valorarás más las cosas buenas de tus siguientes parejas —comenta Katherine y le da un beso a Jazz—. Y huirás del mismo tipo que ella.

—O de todas —reconoce Aba y abraza a Kieran—. Como puedes comprobar, no eres el único que ha tenido alguna relación de mierda, lo importante es no volver a caer.

—Por mi parte, ni siquiera necesitaba las disculpas. —Hunter está sacando los bocadillos de las bolsas con la ayuda de Tyler y le regala una sonrisa a Barry, que se mueve incómodo.

—Eso es verdad, dejar de verla y aguantarla fue regalo suficiente —bromea Tyler y nos hace un gesto con la cabeza—. Ahora a comer, porque, no sé vosotros, pero llevo más de media hora oliendo a comida y mis tripas no paran de quejarse.

Barry me abraza por los hombros para dirigirnos a la mesa. Le acaricio la espalda y le sonrío.

—¿Estás bien?

—Sí —sentencia y su sonrisa se ensancha—. Estoy genial.

—Joder, Barry, tengo la canción perfecta para este momento, pero no la vas a entender porque está en español —le suelta Jazz a Barry cuando acabamos de cenar y estamos desperdigados por el salón.

—Ayúdale a traducirla —le sugiere Katherine riendo.

—Oh, claro. —Jazz se ríe raro; creo que lleva alguna cerveza de más—. Te acabo de pasar el enlace.

—Espera.

Barry se levanta ante la atenta mirada de todos y va hasta el mueble del salón.

Saca el altavoz que lleva acumulando polvo desde que se lesionó y lo conecta a su móvil.

Una canción de reggaetón llena el ambiente y, aunque Barry es ajeno a lo que este hecho nos hace sentir mientras intenta junto a Jazz y Katherine descifrar la letra, el resto reaccionamos de formas distintas.

Savannah aprieta los labios para no llorar de emoción, Hunter y Tyler han pausado la partida y están mirando hacia Barry con una mezcla entre ilusión e incredulidad.

Riley ha abrazado a Joe, que tiene una lágrima solitaria en la mejilla.

Kieran ha tragado tan fuerte que se ha escuchado por encima de la música y observa a Barry con tanto orgullo que parece que vaya a explotar.

Brooke y Aba tienen las manos entrelazadas y los ojos brillantes.

Y yo… yo ni siquiera sé qué siento, creo que es una mezcla de las emociones de todos, porque este es el Barry que todos conocemos y que está volviendo a nosotros a pasos agigantados.

La tercera vez seguida que escuchamos la canción, el ambiente ya se ha calmado y todos han vuelto a lo que estaban haciendo antes de que empezase a sonar. De repente me doy cuenta de que hay algo en la melodía que me suena familiar, pero nunca la había escuchado antes.

—¿Qué canción es? ¿Es muy antigua? —le pregunto a Jazz.

—Yapaque se llama. Debe de tener pocos años, ¿por?

—Hay una parte que me suena mucho. —Me levanto y me acerco a ellos para poder poner el punto exacto. Barry me coge de la cintura y me sienta sobre su pierna buena cuando me pongo a trastear con su móvil. Gesto que no pasa desapercibido para nadie, aunque intentan disimular que sí—. Es esta.

—A mí no me suena de nada.

Barry me mira extrañado y el resto tiene la misma cara de no saber de qué hablo, así que saco el móvil para mandar un audio:

—Papá, ¿por qué me suena tanto esta melodía?

Mi padre tarda menos de un minuto en contestar con un enlace a una canción que no conozco y una carita sonriente. La pongo en el móvil de Barry y todos me entienden cuando suena el principio de L’Amour Toujours.

—Qué moderno tu padre, ¿no? —se extraña Jazz—. Esperaba algo mucho más clásico.

—Clásico es su eufemismo para viejo —bromea Katherine riendo.

—Es que mi padre tiene cuarenta y dos años —les aclaro—. Me tuvo con mi edad.

—Ahora entiendo por qué a veces le hablas como si fuera tu colega y no tu padre —se burla Barry mientras me mira con una intensidad que no acabo de entender.

Jazz y Katherine desaparecen de nuestro lado con una excusa barata y nos quedamos solos. O todo lo solos que podemos estar en un salón lleno de gente que finge que no está pendiente de nosotros. No ayuda que haya intentado levantarme y Barry me haya frenado.

—¿Qué decía la canción que ha puesto Jazz? —le pregunto, buscando un tema de conversación neutral. Bueno, la idea era buena, la ejecución, nefasta.

—Va de romper el vínculo con alguien que te hizo daño y vuelve a buscarte —me explica con una sonrisa mientras me aparta el pelo de la cara. ¿Puede dejar de hacer eso? Mi autocontrol se lo agradecería infinito—. Es la primera vez que me cuentas algo tan personal de tu padre.

—¿Sí? —Los dos sabemos que mi confusión es una vil mentira.

Claro que no hablo de mi padre, porque es muy difícil hacerlo cuando tienes que ocultar el noventa y nueve por ciento de las cosas de su vida—.

Pensaba que justo eso lo sabías. —Niega con la cabeza y se me queda mirando, sin más, sin insistir, ni preguntar.

Supongo que eso es lo que me hace hablar—: Mi madre se quedó embarazada el verano previo al último año de universidad y decidieron seguir adelante.

Mi padre consiguió trabajo nada más graduarse, así que se mudaron juntos a Nueva York y formaron una familia.

Siempre me ha dicho que fue la mejor decisión de su vida.

—Gracias por contármelo.

—Si alguna vez vienes a Nueva York, te lo presentaré —le prometo y no sé cuál de los dos se sorprende más.

Aunque, pensándolo bien, si esta cosa extraña que está surgiendo entre nosotros va a más, en algún momento tendré que contarle la verdad. Y esperar que entienda por qué decidí ocultarle esa parte de mí.

—¿No vendrá a la graduación? —me pregunta extrañado.

—Pues… —Trago saliva, no había caído en ello. No sé si mi padre aceptará quedarse en casa—. No lo sé.

Mierda. Quizás tenga que desvelarle quién soy antes de lo esperado.