21 Barry
CAPÍTULO VEINTIUNO
BARRY
Me dejo caer en la silla, me peleo con las muletas y destapo el plato que me han dejado para desayunar: una tortilla de verduras, salchichas y un par de tostadas.
Suelto un suspiro. No es que no me guste, lo prefiero al plato de cereales con arándanos de ayer, pero el silencio que me acompaña desde hace dos días hace que todo sepa peor.
El único motivo por el que sé que no han muerto es porque sigue apareciendo bebida y comida en la mesa y he escuchado alguna puerta por la noche, pero nadie ha venido a verme o a preguntarme cómo estoy.
Supongo que es justo, es lo que pedí: que me dejaran tranquilo.
Frunzo el ceño cuando veo un sobre encima de la mesa con mi nombre y me sorprendo todavía más con el contenido.
Es un mando a distancia con un botón y, según la nota, abre la puerta de casa.
En realidad, es algo bueno, sobre todo si voy a estar solo.
Y con las cámaras puedo controlar quién entra y quién no.
Una vez me acabo el plato, voy hasta mi habitación y me tiro encima de la cama.
Me molesta la rodilla y está más rígida que hace unos días.
Me quito la protección y me masajeo un poco, pero de poco sirve, así que reproduzco alguno de los ejercicios que hago en rehabilitación por si ayuda y busco entre los que me mandaron para ver si gano un poco de movilidad.
Una hora después, parece que el dolor casi ha remitido.
A estas alturas ya tendría que estar apoyando el pie, pero supongo que de nada sirve si no me tomo en serio la rehabilitación.
Antes de tumbarme para pasar todo el día sin hacer nada, decido darme una ducha.
Descubro que Kieran ha instalado un asiento para que no fuerce la otra pierna, así que disfruto del agua cayendo, ahora que no hay nadie ni observando ni esperando fuera.
Ha sido una mierda hacerlo con mirones, aunque nos hayamos visto desnudos en los vestuarios demasiadas veces.
Una vez vestido, decido sentarme en la silla del escritorio y abrir el portátil.
Tengo un montón de correos de la universidad, de mis profesores y de cosas de fútbol que no pienso leer.
Me quedan pocos créditos para graduarme en mayo, pero, si no me presento a los exámenes, tendré que quedarme un semestre más y pagarlo.
Por suerte, ir a clase en todas las asignaturas es opcional, así que eso no me restará puntos.
Apretaré en los finales y los acabaré sacando, como siempre.
Tendré que conseguir los apuntes de alguna manera, eso sí.
El nombre de Glen viene de forma automática a mi cabeza y siento un pellizco en el corazón.
No ha contestado a ninguno de los mensajes que le he enviado desde que salió de aquí y, a estas alturas, dudo que lo haga.
Cierro el portátil y suspiro. No sé muy bien qué hacer.
Llevo más de un mes con una rutina tan establecida que, ahora que me he librado de ella, no tengo nada con qué llenarla.
Podría ojear las redes sociales para ver qué tal va la Combine, pero no sé si quiero.
Una cosa es saber que está pasando y otra verlo.
Agarro el móvil y justo me llega una videollamada de Henry.
Qué raro, llevo sin hablar con él desde antes del partido de la final.
—¡Hola, Barry! —Su sonrisa me da la bienvenida nada más descolgar—.
¿Cómo te va? He intentado ponerme en contacto contigo por correo, pero imagino que no los has visto.
—Niego con la cabeza y se mueve para que pueda ver el fondo—.
Como puedes comprobar, me he escapado para venir a la Combine.
Pensaba que te encontraría aquí y podríamos hablar.
Bueno, no pasa nada, no te llamo por eso.
Te he conseguido algunas entrevistas, ¿te va bien ahora?
—¿Entrevistas? ¿Ahora? —pregunto confundido. Esto no me lo esperaba. De hecho, imaginaba que Henry había rescindido el contrato con la lesión, es uno de los términos de este.
—Si te va bien. Si no, podemos dejarlo para más tarde, pero ya sabes cómo funciona el tema.
—No, sí, claro. —Carraspeo y me siento mejor después de apoyar el móvil para no tenerlo en la mano—. Tengo un rato.
—Perfecto. Yo no estaré presente, así que después si quieres podemos comentarlo.
—Sin problema.
La pantalla se mueve y me pasan con la primera persona que quiere hablar conmigo.
Me quedo de piedra al ver quién es. Tyron Smith jugó en los Dallas Cowboys durante trece temporadas y ha ganado un montón de premios.
Aunque se retiró hace poco, sigue siendo una leyenda. No sabía que estaría en la Combine.
—Hola, Barry. Por tu cara veo que no necesito presentarme —bromea.
—Sí, no, perdona. —Me río de mí mismo—. Es que Henry no me ha dicho con quién iba a hablar y no sabía que estabas en la Combine.
—No te preocupes, Henry es un dramático al que le encanta el factor sorpresa —se burla—. He venido como invitado de los Cowboys. La verdad es que estoy disfrutando mucho, y más ahora que estoy al otro lado. Henry me ha puesto un poco al día sobre tu lesión, ¿cómo lo llevas?
—Bien, bien —miento y se ríe.
—¿Sabías que tuve la misma lesión que tú en mi segundo año de universidad?
—Niego con la cabeza y suspira—. Quería demostrar que era el mejor tackle de la plantilla e hice una jugada peligrosa que acabó en el hospital.
Me pasé dos meses encerrado en mi casa sin querer ver a nadie, ni siquiera a la fisio, así que luego tardé más de la cuenta en recuperarme.
La primera vez que me levanté fue porque mis padres me sacaron de la cama a rastras.
No quería recuperarme porque no valía la pena, pero al final lo hice y acabé jugando en los Cowboys.
Así que vuelvo a preguntarte: ¿cómo lo llevas?
—Mis padres no me han sacado a rastras de la cama, así que voy a decir que mejor que tú —bromeo, esperando no haberme pasado con la confianza, por suerte, su risa me deja más tranquilo.
Se queda esperando más información, así que suspiro y me sincero por primera vez desde que pasó—: Me está costando usar las muletas, de hecho, no las había usado hasta hace un par de días.
Y tengo todo el rato la sensación de que no avanzo.
—Me pasó lo mismo con las muletas —resopla—.
Las odiaba; sigo haciéndolo. Lo malo de esta lesión es que no estarás al cien por cien hasta pasado un año, así que parece que todo va muy lento, pero es como tiene que ir.
Lo importante son las pequeñas cosas que consigas, como lo de las muletas, aunque las aborrezcas.
—Gracias por tus palabras. Lo tendré en cuenta.
—Sé que ahora lo que menos te preocupa es el draft, porque no vas a estar en él.
—Hago una mueca—. No he venido aquí a mentirte, Barry.
En el instante en que te vi en el suelo sin poder levantarte sabía que pasaría.
Yo y todos los presentes. Dicho esto, eres un gran jugador, ibas a entrar en quinta ronda.
No eres olvidable. Déjate ver, enseña tu evolución y no me cabe duda de que tu nombre sonará en los despachos el año que viene como posible fichaje en el mercado libre.
Yo no te he dicho esto, pero a los Cowboys les encanta dar segundas oportunidades y tú puedes ser una de ellas.
—Gracias, señor. De verdad que daba por hecho que mi carrera había terminado.
—¿Con Henry como agente? —se burla—. Eso jamás. Tengo que dejarte, pero, si alguna vez necesitas hablar, díselo a Henry y agendamos una llamada.
—Gracias, señor.
Tyron Smith se levanta del despacho en el que está y, unos minutos después, tengo delante al general manager de los New York Giants.
Sus palabras no son como las de Tyron Smith, tienen un matiz distinto, más de alguien que habla con un posible fichaje, aunque entiende la lesión al mismo nivel.
Hablamos de placajes, recuperación y tiempos de respuesta.
De la Combine del año que viene y de demostrar hasta dónde estoy dispuesto a llegar.
Cuando se despide, tengo un nudo en el estómago.
Henry aparece al poco con una sonrisa.
—Falta otra entrevista, pero al parecer está ocupado ahora mismo. ¿Te importa si te llamo luego?
—No, claro que no, sin problema.
—Oye, igual es un poco invasivo, pero ¿te parece bien si comemos juntos? No tengo mucho tiempo, pero me puedo acercar a tu casa. Puedo incluso llevar la comida, porque imagino que no puedes cocinar.
—No, de hecho, tenemos que comer en el pasillo porque no bajo las escaleras solo —admito y me sonríe.
—Tranquilo. En un par de horas estaré por allí y te llamo cuando consiga un hueco.
Nos despedimos y me quedo mirando la pantalla negra un rato después de colgar la llamada.
No esperaba entrevistarme con nadie, de hecho, no pensaba ni que me tuvieran en cuenta.
Soy el lesionado, el que se quedó a las puertas.
Aunque puede que no. O, al menos sobre el papel, parece que no.
Cuando me quiero dar cuenta, estoy delante de las estadísticas de los jugadores fichados en el mercado libre después de una lesión y los números son alucinantes.
Quizá y solo quizá, no esté todo perdido.
Cuando observo a Henry desde la cámara de la puerta, me doy cuenta de que no está solo, pero no distingo quién lo acompaña.
Me ha avisado hace quince minutos de que venía de camino y que traía comida, así que estoy sentado en la mesa del pasillo esperando.
Le abro y le indico que tiene que subir.
Una vez arriba, veo quién era su acompañante: Patrick Callahan, el general manager de los New York Jets.
Vale, creo que esta es la tercera entrevista de la que hablaba Henry antes. Ya podría haber avisado.
—No hace falta que te levantes —me dice Callahan cuando me intento alzar y me da la mano—. No sé si lo recordarás, pero nos conocimos en la gala del trofeo Heisman.
—Sí, claro, señor.
—No se lo tengas en cuenta —me dice Henry poniendo los ojos en blanco—. A Patrick le cuesta acordarse a veces de lo famoso que es. Espero que no te importe que haya venido, no hemos podido encontrar otro momento para la entrevista.
—No, claro que no. —Me trago los nervios y esbozo una sonrisa—. Tengo tiempo.
—Perfecto. Espero que te gusten los tacos. —Alza un par de bolsas y sonrío al darme cuenta de que es un sitio que le encanta a Glen—. Nos lo han recomendado, así que espero que se puedan comer.
—Están muy buenos. Es el sitio favorito de mi amiga Glen, así que he comido más tacos de este sitio de lo que me gustaría.
—Entonces, tendremos que fiarnos del criterio de tu amiga Glen —bromea.
Por suerte, el envoltorio de los tacos es individual y han traído bebidas para los tres, así que no tengo que mandarlos a trastear a la cocina.
Nos acomodamos y el primer taco lo comemos sin hablar.
Esto es un poco raro, pero imagino que tendrán hambre, porque los dos agarran el segundo taco como si llevaran todo el día sin comer.
—Creo que tendría que haber comprado más —se apena Henry—. Están muy buenos.
—Podemos pasar a por más cuando volvamos.
—Me gusta cómo piensas —bromea Henry.
—Bueno, Barry, cuéntame, ¿qué estudias? —me pregunta Callahan, trastocando todos los planes que tengo en la cabeza. Pensaba que querría hablar de fútbol o de la lesión.
—Psicología Deportiva, me gradúo este año.
—¿Te gusta?
—La verdad es que sí —admito con una sonrisa—. No todo, claro, pero en general es una carrera que he disfrutado.
—¿Te ves ejerciendo como tal?
—No me lo he planteado —confieso—. Lo cierto es que, hasta la lesión, mi futuro siempre se centró en el fútbol.
—¿Y ahora no?
—No lo sé. Ayer hubiera dicho que no, ahora no lo tengo claro.
—Ya me han comentado que has hecho más entrevistas. —Henry lo mira y se encoge de hombros—. Voy a hablar con sinceridad: eres un jugador notable con una lesión recuperable, solo un necio tiraría la toalla. Y te lo dice alguien que pasó por la misma lesión que tú.
—Usted ya era profesional —le recuerdo; no sé por qué he soltado eso. Henry se ríe y mira a Callahan con cara de «te lo dije».
—Habíamos apostado a que se lo dirías —bromea Henry limpiándose las manos—.
Es un dato a tener en cuenta, es cierto, pero la verdad es que sigue habiendo interés hacia ti a pesar de la lesión.
Deberías tomarlo como algo positivo y una señal de que debes seguir luchando por el fútbol si realmente es lo que quieres para tu futuro.
—Es lo que quiero.
—Te daré un consejo —dice Callahan levantándose a la vez que Henry—. Lo peor que puedes hacer es cerrarte todas las puertas sin ni siquiera mirar lo que hay detrás. —Asiento sin ser capaz de contestar—. Espero saber más de ti y de tu evolución.
—Claro, señor. —Me estrechan la mano los dos.
—Sentimos tener que irnos tan rápido, pero son días un poco locos para nosotros —se disculpa Callahan—. Si te pasas mañana por allí, podemos hablar un rato más de todas esas puertas abiertas.