Finge que es mentira (Rise as One 5) 18 Barry
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18 Barry

CAPÍTULO DIECIOCHO

BARRY

¿Hay algo peor que pasar San Valentín solo?

Sí, pasarlo con alguien a quien intentas evitar a toda costa.

Sé que es un pensamiento irracional, porque Glen nunca ha tenido citas un día como hoy, pero ojalá la tuviera y me dejase tranquilo.

Que, a ver, hacer, no está haciendo nada, está sentada en la silla de mi escritorio leyendo mientras la ignoro, pero está presente y solo eso me molesta.

Tengo un plan. Todavía es un poco rudimentario, pero creo que funcionará.

Mi plan se titula: «Librarse de Glen como sea».

Todo está permitido menos la agresión física; uno tiene sus límites.

He preparado una lista de reproducción de reggaetón, con todas las canciones que más odia Glen; así que he estado esperando hasta el momento en que esté más tranquila para darle al play a todo volumen en mi móvil.

Hasta a mí me molesta, pero no claudico mientras la habitación se llena con el ritmo de Mi gente.

Glen me mira desde detrás del libro, pero finjo que estoy mirando algo en el móvil. Resopla y lo cierra de golpe.

—¿Puedes bajarlo? —me pide, y sé que se está controlando para no quitarme el móvil y hacerlo ella misma.

La observo unos segundos y vuelvo a la pantalla como si no me estuviera molestando nada.

Pone los ojos en blanco, se levanta y saca unos auriculares de la mochila.

Por mucha cancelación de ruido que tengan, va a tener que poner el volumen bien alto para no escuchar mi música, aunque no parece afectarle.

Media hora después, sigue leyendo como si la habitación no pareciera una discoteca y me trago un suspiro. Primer plan descartado.

Me he negado a levantarme para cenar. ¿Chiquillada?

Prefiero verlo como una lucha de poder que pienso ganar.

A Glen le ha dado igual. Ha cogido la pizza, la ha dejado en mi escritorio, ha traído una silla de fuera y se ha puesto a comer como si nada.

Mitad carne, mitad cuatro quesos, no creo que haya nada que demuestre tanto nuestras diferencias como esa pizza.

Las tripas me rugían más de lo que estoy dispuesto a admitir y al final he cedido a la presión.

¿Por qué? Porque Glen ha ido a coger una de las porciones de carne.

Por encima de mi cadáver. Nuevo límite: no se juega con la comida. Segundo plan descartado.

Al parecer, fue Hunter el que sacó la pajita más pequeña y le ha tocado acabar su cita de San Valentín llevándome a mear.

Me reiría si no fuera tan triste la situación.

Reconozco que estoy poniendo un poco más de empeño en la rehabilitación justo para evitar esto: depender de alguien hasta para ir al baño.

La fisio no para de decirme que use las muletas, pero me niego.

Es un recordatorio constante de que no estoy bien.

—Oh, espera —le digo a Glen con una sonrisa de oreja a oreja cuando está recogiendo sus cosas para irse. Se acabó su turno. Me mira expectante, pero con la desconfianza de alguien que sabe que se la voy a liar. Bueno, no va desencaminada—. Te he comprado un regalo de San Valentín.

—Barry… —Su tono es de advertencia.

Hunter frunce el ceño y Savannah nos observa a todos como si no supiera cómo actuar. Le doy el paquete envuelto con un papel rosa de unicornios y lo coge con miedo, como si fuera a explotar. Cuando nota que es blando, sonríe de medio lado. Mierda.

—¿Has salido a comprarlo? —se burla mientras lo abre. Cuando ve el contenido, se le borra la sonrisa y alza la vista—. ¿En serio?

—Lo vi y no pude evitarlo. Es tan tú. Por cierto, es una víbora —le aclaro.

Respira hondo, saca el peluche del envoltorio y lo levanta para que tanto Hunter como Savannah lo vean.

No sé cuál de los dos tiene más cara de estupefacción.

Sí, le he comprado un peluche de una víbora y lo he atravesado con un cuchillo.

En mi defensa diré que esperaba que mis planes anteriores hubieran funcionado.

Glen le quita el cuchillo y lo deja encima del escritorio, pero se guarda el peluche.

—Muchas gracias —suelta con todo el sarcasmo del mundo y me planta un beso en la mejilla—, pero deberías saber que a las serpientes se las mata cortándoles la cabeza, no con una puñalada. Nos vemos mañana.

Con esas palabras, sale de la habitación dejándonos a los tres sorprendidos y sin poder movernos. Joder, esto va a ser más difícil de lo que pensaba, voy a tener que buscar otras formas de echarla. Tercer plan descartado.

Una semana. Una jodida semana llevo haciéndole putadas a Glen y no hay forma de perderla de vista.

A estas alturas me conformaría hasta con una competición.

Además, mi plan ha tenido un efecto colateral que no había considerado: se ha puesto más quisquillosa con sus órdenes.

Ahora me toca ducharme cada puto día. ¿Y si quiero desayunar?

Tengo que pedir lo que quiero, porque han puesto toda la comida lejos de mi sitio.

Y lo peor es que… bueno, todo es culpa mía porque lo único que está haciendo es vengarse.

Dos días después de San Valentín, le pedí que me ayudara con la venda antes de entrar en la ducha y me bajé los pantalones en su cara. No me siento muy orgulloso de eso especialmente. Ni siquiera alzó la vista, dejó la venda a medio quitar, se levantó, me miró a los ojos y me dijo:

—Creo que ya estás preparado para ducharte todos los días, espero que aprendas a ponerte y quitarte la venda solo, porque nadie de esta casa va a hacerlo más.

Al día siguiente le pedí a la fisio una rodillera de quita y pon. Me dijo que hasta que no recuperase movilidad no podía usarla, así que me estoy esforzando más para tenerla lo antes posible. Cuarto plan descartado.

Tres días después de eso, cuando me senté a desayunar, Glen estaba en la cocina todavía, así que me serví la bandeja entera de los huevos revueltos con beicon que quedaban para que ella no tuviera nada.

Joe y Kieran me lo recriminaron, pero ella los calló y se sentó frente a mí, observándome mientras me comía todo.

Fue incómodo de cojones y no solo porque me costó la misma vida acabarme el plato.

Cuando terminé, sonrió y me deseó buena suerte en rehabilitación.

Reconozco que estuve a punto de vomitar varias veces, aunque nunca lo admitiré delante de ellos.

Al día siguiente, mi plato estaba vacío y toda la comida en la otra punta de la mesa, así que me tocó pedirle y me la sirvieron ellos.

Y sí, soy consciente de que me lo he ganado a pulso, así que no me he quejado. Quinto plan descartado.

Mi plan de hoy no puede fallar. Es imposible. Tengo todo a mi favor y, contra esto, Glen va a tener que claudicar y largarse.

Hace una semana de mi desastroso fracaso con el desayuno.

Una semana que mi mente solo ha tenido una cosa en la cabeza: ¿qué es lo que más le puede incomodar a Glen?

Y por fin, hace dos días, encontré la respuesta.

Además, lo mejor de todo es que justo hoy es el día perfecto para ejecutarlo.

Están todos liados con la Combine —la exhibición para los ojeadores de la NFL que preparamos cada año y que me perderé por imbécil— y la temporada de primavera de soccer, así que le toca a Glen quedarse conmigo.

Sola. Porque claro, necesito a alguien conmigo como si fuera un niño. Aunque, por una vez, no me quejaré.

Mi hermano me deja en la cama después de llevarme al baño, pero, antes de irse, me mira hastiado.

—¿Puedes intentar no cabrear a Glen?

—¿Por? —contesto a la defensiva, cruzándome de brazos.

—¿Porque la aprecias? ¿Porque es tu amiga? ¿Porque le estás haciendo daño? No sé, hay mil motivos, Barry.

—Si no le gusta, que no vuelva.

—¿De verdad no te importa?

—Ella no parece muy afectada. —Me encojo de hombros—. Así que supongo que no le molesta.

—Me cuesta reconocerte, Barry.

—Pues no sé por qué, seguimos siendo idénticos.

—Pasa una buena tarde —se despide mientras niega.

Me parece injusto que me eche en cara el daño que le estoy haciendo a Glen —cuando está claro que no le afecta— y nadie piense en lo que ella me hace a mí.

La tengo todo el día detrás, no puedo dar un paso sin que ella lo sepa.

Joder, si le falta hasta ponerme un horario para cagar.

¿Es que nadie se da cuenta? Una vez me libre de ella, será todo más fácil.

Me acomodo bien cuando escucho que se cierra la puerta de la casa y me quedo pendiente para estar atento de la llegada de Glen.

Apenas tarda diez minutos, así que, en cuanto la oigo, me bajo los pantalones y los calzoncillos y me saco la polla.

La empiezo a acariciar y se pone dura enseguida.

A la pobre la tengo un poco abandonada últimamente, es una realidad.

La expectativa me hace excitarme más; estoy deseando ver su cara y cómo se larga de aquí incómoda.

Sonrío de medio lado cuando el pomo se mueve y me preparo para el momento.

Glen aparece en la habitación y se queda parada al verme. Parpadea un par de veces antes de alzar la vista a mis ojos y se cruza de brazos.

—¿Te queda mucho?

No sé si es su tono monótono, su cara de cansancio o el hecho de que se apoya en el quicio de la puerta y no se larga de aquí, pero mi polla pierde toda la dureza y mi cuerpo se queda frío. ¿En serio? ¿Ni siquiera esto? ¿Sabes qué? Paso. Sexto, y último plan, descartado. A la mierda, no puedo más.

Glen se ha pasado toda la tarde callada, aunque yo también.

Ha leído, ha jugado con el teléfono y ha chateado un rato con gente que la hacía reír.

Yo he estado con mi móvil perdiendo el tiempo.

Quizá debería plantearme hacer otra cosa, creo que he visto todos los vídeos de internet, me he aburrido hasta de eso.

Cuando los demás llegan a casa, lo hacen cargados con pizzas y el olor me hace salivar.

Joder, tengo hambre, aunque lo que más me apetece es quitarme esta sensación extraña que me envuelve desde que ha llegado Glen; así que, cuando Joe me ayuda a levantarme, le pido que me acerque hasta la cómoda para coger ropa limpia.

Lo hace sin decirme nada, aunque se queda observando cómo Glen sale en silencio y se sienta al lado de Aba.

—¿Todo bien? —me pregunta extrañado.

—Sí, solo necesito una ducha antes de cenar.

Me acompaña fuera y me pongo a mirar las pizzas que está abriendo Tyler. Hago una mueca cuando me doy cuenta de que solo hay de queso.

—Espero que haya alguna de carne. —Tyler asiente y suspiro aliviado—.

Guardadme de esa. La de quesos os la podéis comer entera, no entiendo que eso le guste a alguien.

—Le lanzo una mirada a Glen para que sepa que va por ella el comentario, aunque no comprendo la expresión neutra con la que me está mirando—. Voy a ducharme.

GLEN

Les pido a todos silencio poniéndome un dedo en la boca mientras observamos incrédulos cómo Barry se adentra junto a Joe en la habitación de Kieran.

El cabezón no quiere usar las muletas ni que le ayuden dos personas, así que tarda casi un minuto en hacer un recorrido de veinte yardas.

Una vez cierra la puerta, bajo la mano y todos nos miramos con distintos grados de ilusión.

A Riley es a la que más se le nota, ni siquiera puede contener las lágrimas.

—Se ha ido a duchar sin que lo obliguen —verbaliza Savannah, que sigue medio en shock—. Esto es bueno, ¿verdad?

—Es un gran paso que haga algo por sí mismo, pero lo más importante es que lo ha hecho sin darse cuenta.

—Echaré de menos las duchas en bañador —bromea Kieran, que sigue con la vista fija en la puerta—. ¿Puede ser algo puntual?

—Podría. Sin embargo, al hacerlo de forma autómata, es más fácil que lo tome como una rutina y no deje de hacerlo. Tendremos que ver cómo sigue.

—Creo que nunca me he alegrado tanto al pensar en Barry desnudo —suelta Hunter haciéndonos reír a todos.

—Joe debe de estar en una nube —confiesa Riley—. Le hacía falta de verdad ver un avance, por muy pequeño que fuera.

—Él y todos —admite Aba.

—¿Sabéis qué? —Tyler se levanta y lo miramos extrañados—. Voy a buscarle una pizza con doble de carne para él solo.

El ánimo no decae mientras Kieran bromea diciendo que le coja una de cuatro quesos con carne y que no le digamos nada, que seguro que se la come sin más.

Ni cuando Barry sale de la ducha refunfuñando.

A todos nos hacía falta algo así, pero sobre todo, el que más lo necesitaba era Barry.

Un paso adelante en el camino de la recuperación.