Finge que es mentira (Rise as One 5) 13 Glen
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13 Glen

CAPÍTULO TRECE

GLEN

Pasar la noche en el hospital puede parecer incómodo, pero es peor cuando ni siquiera tienes noticias de cómo está Barry o qué está pasando.

Nos han dicho hace horas que le están haciendo pruebas, pero todavía no sabemos nada.

La mayoría se ha ido a dormir al hotel con la promesa de volver por la mañana, entre ellos, Henry.

Creo que tenía la intención de insistirme en que hiciera lo mismo, pero una mirada bastó para que cambiara de opinión y se fuera sin más.

No les culpo, aquí no hubieran hecho nada y es mejor eso que dormitar en una silla incómoda, pero he sido incapaz de salir por esa puerta.

Solo quedamos aquí la familia de Barry —sus padres, Joe y Riley—, el entrenador Phillips, yo y, por supuesto, Candy.

Estoy segura de que está esperando a ver las opciones de Barry y lo grave que es para valorar si lo deja tirado o sigue fingiendo que es una novia extraordinaria.

Le estamparía el puño en la cara si no tuviera claro que, si le doy uno, dudo que me frene ahí y paso de pasar el día en el calabozo.

Me vibra el móvil y decido hacerle caso después de ignorarlo durante horas.

Kieran

¿Se sabe algo?

Glen

No, aquí seguimos esperando

Me dispongo a leer el resto de los mensajes de ayer y empiezo a responder:

Papá

Llámame si necesitas algo, sea la hora que sea

Glen

Estoy bien, solo necesito saber algo ya

Luke Donovan

¿Por qué se han llevado a Barry en camilla? ¿Qué ha pasado?

¿Cómo está?

Que no contestes no ayuda… Bueno, estamos preocupados, dinos algo cuando puedas, porfa

Y sí, he pedido algo por favor

Glen

Perdona, no tenía ganas de mirar el móvil

Todavía no sabemos nada, le están haciendo pruebas

Me quedo esperando una respuesta que nunca llega y es cuando me doy cuenta de que son las cuatro de la madrugada.

Dejo el resto de los mensajes sin leer para contestar cuando sepa algo, porque ahora mismo no va a servir de nada decirle a la gente que no sé nada, y reviso por encima si alguno puede ser importante.

Me sorprende la cantidad de mensajes de gente preocupándose por Barry y no puedo evitar la sonrisa que se me escapa por ello; Barry es alguien muy querido en la universidad y no creo que ni siquiera sea consciente.

Observo a la señora Coleman, que ha dejado de sollozar, pero sigue estrujando un pañuelo con tanta fuerza que tendrá dolores durante días, y me acerco a ella. Le ofrezco una barrita energética que tenía en el bolso y niega con la cabeza.

—Debería comer algo —susurro para no molestar. No creo que nadie esté dormido del todo, pero al menos que puedan medio descansar.

—No creo que sea capaz —admite y le acaricio el brazo—. ¿Qué opinas? Es una lesión grave, ¿verdad?

—No me gusta especular, es mejor esperar a ver qué dicen los médicos.

—Es decir, que sí. —Suspira y las lágrimas vuelven a sus ojos—. ¿Qué pasará con él? ¿Tendrá que despedirse del fútbol?

—Es probable —decido ser sincera; no sirve de nada darle falsas esperanzas—. Si es lo que creo, no entrará en el draft. Eso no significa que no lo puedan fichar en el mercado libre el año que viene o incluso este, pero dependerá de su recuperación.

—Gracias por no disfrazarlo y por quedarte aquí. —Me coge de las manos y me las aprieta—. Barry te aprecia mucho, estoy segura de que se alegrará de verte cuando nos dejen entrar.

Me callo la respuesta que ya se estaba formando en mi boca y sonrío. La buena mujer ya tiene bastante con lo que tiene como para explicarle nuestros dramas absurdos. Además, cuando Candy desaparezca de la ecuación, todo cambiará para bien. Espero.

Alguien entra en la sala de espera y me giro para ver a Mason con una bandeja de cafés en la mano. Reparte entre los que estamos despiertos y deja el resto en una mesa baja. Me siento a su lado, frente a la familia de Barry, y me da un golpecito en el brazo.

—¿Todavía no se sabe nada?

—Están haciéndole pruebas, es lo último que nos han dicho.

—Están todos despiertos en el hotel o dormitando en los asientos del bar —me explica—. Si pudiéramos volver atrás, todos renunciaríamos a la victoria por tener a Barry en perfectas condiciones.

—Ha sido una victoria agridulce.

Nos quedamos en silencio, los dos perdidos en nuestros pensamientos, aunque no por mucho tiempo.

Un par de médicos aparecen junto al del equipo, con caras que nos indican que no nos va a gustar lo que vamos a escuchar.

La señora Coleman se levanta de golpe y todos la seguimos.

No creo que sea la única que está conteniendo la respiración.

—Le hemos hecho todas las pruebas posibles para estar seguros del diagnóstico —empieza a hablar el médico del equipo y suspira antes de soltar—: Barry tiene una rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda.

Además, también presenta una rotura de menisco.

La buena noticia es que, por lo que vemos en las imágenes, parece reparable.

Eso es importante porque Barry es muy joven y queremos preservar el menisco siempre que sea posible.

—¿Cuándo lo operan? —pregunta el señor Coleman, que está teniendo una entereza envidiable. Acabará rompiéndose en algún momento.

—Ahora mismo la rodilla está muy inflamada.

Lo mejor es esperar unos días para que baje esa inflamación y recupere algo de movilidad antes de operar.

No tiene por qué estar ingresado, así que en unas horas le darán el alta para que podamos volver a la universidad y empezar con todos los trámites allí.

—¿De cuánto tiempo de recuperación estamos hablando? —murmura la señora Coleman y el médico no puede evitar la tristeza que se le cruza por el rostro.

—Para estar al cien por cien… —Suspira—. De nueve a doce meses después de la operación.

Me llevo las manos a la cara mientras el sollozo de la señora Coleman inunda la sala.

Joder, esperaba estar equivocada. Quería estar equivocada.

Los señores Coleman preguntan si pueden verlo y se pierden junto a Joe y Candy por un pasillo.

Suelto el aire de manera prolongada para intentar tranquilizarme y Riley se acerca a mí para abrazarme.

No sé quién de las dos lo necesita más, así que no me quejo y la aprieto contra mí.

Mason se ha dejado caer junto al entrenador Phillips y están susurrando con el médico del equipo.

Resisto la tentación de ir a hablar con él y hacerle preguntas más concretas.

—Sé que el médico ha dicho «para estar al cien por cien», pero ¿sabes si se quedará…? —Riley carraspea, intentando ser fuerte y no llorar.

—No debería tener secuelas si se porta bien y hace la recuperación como toca —le informo, intuyendo lo que quería saber—. Pero todo esto es un escenario hipotético; hay que esperar a ver cómo sale del quirófano.

—Tengo miedo de que no sea capaz de superarlo —admite—. Barry cree que no es nadie sin el fútbol.

—No dejaremos que eso pase —le prometo.

Joe llega con la cara desencajada y nos abraza a las dos mientras llora todo lo que ha retenido desde que ha visto a su hermano tirado en el césped sin poder levantarse.

Aguantamos su peso hasta que Riley lo empuja hacia una silla y se sienta con él para abrazarlo mejor.

Aprovecho el momento para escribir a Kieran con el diagnóstico, pero cuando voy a contestar el resto de los mensajes, el médico del equipo se dirige hacia donde está Barry, así que lo sigo.

Entra en la habitación y yo me quedo apoyada en el quicio de la puerta; no tengo claro si soy bienvenida o no.

La señora Coleman está sentada en la cama, cogiendo la cara de su hijo con las manos mientras este parece ausente; es probable que lo esté.

Barry necesita tiempo para asumir las circunstancias, procesar todo lo que está pasando y, entonces, actuar en consecuencia.

Cabe la posibilidad de que, hasta que no salga de quirófano, no sea consciente del todo de la magnitud de la lesión o de todo lo que implica.

Además, se ha tapado las piernas con la sábana para no verlas.

Candy está a un metro de distancia de la cama, llorando en silencio, aunque no por lo mismo que el resto.

Lo bueno es que puede disimular a la perfección.

¿Cuánto tardará en mandar a la mierda a Barry?

Se abren apuestas: ¿dos, tres horas? Quizá un poco más, aunque no creo que aguante lo suficiente como para que Barry abandone el hospital.

Barry desvía la vista hacia la puerta y me ve.

Nos quedamos unos segundos sosteniéndonos la mirada, hasta que gira la cabeza y se apoya en la almohada.

Durante el rato que estoy ahí parada, no emite ni un solo sonido, solo escucha.

O no, porque no creo que esté atendiendo.

Está perdido en una parte de su mente muy profunda que está uniendo pensamientos sobre lo que le ha pasado: lesión, fútbol, draft, NFL…

Y todo lo envuelve una niebla negra que lo consumirá si no es fuerte, si no lucha por salir de ese pozo.

Pasado un tiempo que se me antoja eterno, el médico nos pide a todos que salgamos para dejarlo descansar y decido que es momento de irme al hotel a darme una ducha y airearme.

Durante el viaje contesto a los mensajes, dando más detalles o menos en función de con quién hable.

Es más fácil que un jugador de hockey entienda la gravedad de la lesión solo sabiendo cuál es, que un estudiante de psicología del club de ajedrez.

Para cuando llego a la habitación, solo quiero deshacerme del móvil, meterme debajo de la sábana y fingir que nada de esto es real.

Que Barry no se ha lesionado, que no acaba de ver cómo todo su futuro ha saltado por los aires, que no va a pasar los peores meses de su vida a partir de ahora.

Mi padre sale del baño con un pantalón de chándal y sin camiseta y se asusta cuando me ve.

—No soy tan fea —bromeo y se ríe—. ¿Sabes? Para la edad que tienes, no te conservas nada mal, podrías convertirte en el sugar daddy de alguien.

—No tengo yo otra cosa que hacer. —Pone los ojos en blanco mientras niega con la cabeza—. Si alguien puede gastarse mi dinero sin límite eres tú y, a veces, Martha. Nadie más.

—Eso es porque sabes que las dos somos responsables —miento y suelta una carcajada—. ¿Cuándo sale tu vuelo?

—En un par de horas. He llamado a recepción para ampliar la estancia hasta que tú decidas irte, pero recuerda que no puedes quedarte para siempre o tu maestro se cabreará, y con razón. Tienes competición en tres semanas.

—Lo sé, pero quiero esperar a ver qué pasa con Barry. En principio le darán el alta hoy para que pueda volver a la universidad y lo operen allí, pero quiero estar segura de que no encuentran nada más. —Carraspeo—. Odio que tuvieras razón…

—Lo siento, yo también esperaba no tenerla, pero sabes que no es el final. Hay posibilidades si se esfuerza por salir de esta. Si se recupera, tanto física como anímicamente, podría llegar a ser profesional.

—No habla.

—Dale unos días, solo hace unas horas que ha pasado —me tranquiliza o, al menos, lo intenta—. Ya sabes lo difícil que puede ser una lesión de ese calibre.

—Por eso me preocupa más.

—Ahora está hablando tu miedo, no tu raciocinio.

—Me rodea con sus brazos y me pega a su cuerpo—.

Barry te necesita fuerte, a ti y a todos.

Sabes lo que hay que hacer por experiencia y te has especializado en ello.

Ayuda al resto a trabajar en equipo y, en un año, Barry contará su lesión como una fase más de su vida, no como el principio del fin.

—No sabes lo cabezón que es…

—No, pero sé lo perseverante que eres tú. Y la resistencia que tienes. Sé que no lo dejarás caer.

—¿Y si no me deja?

—Oh, cariño, claro que no te dejará —admite riendo—. No pidas permiso, entra sin llamar y déjale claro que tú vas a estar, le guste o no. Y prepárate para que te odie.

—Cuento con ello.

—Y, sobre todo, no lo abandones cuando peor esté, será cuando más lo necesite. Y justo en ese momento es cuando más fuerte tienes que aguantar.

—Lo sé.

—Por supuesto que lo sabes, pero yo te lo tengo que recordar, por si se te da por olvidarlo. —Me aprieta un poco más contra él antes de darme un beso y despegarse—. Y ahora, date una ducha y descansa un poco antes de volver al hospital. Henry me dijo que esperaría para ir contigo.

—¿Él no se va?

—Ha cambiado su vuelo a mañana para poder visitar a Barry y estar contigo. No quiere dejarte sola. —Me dedica una sonrisa culpable—. Yo lo haría, pero no puedo.

—No te preocupes, estaré bien.

Asiente; los dos sabemos que miento, pero no lo decimos en voz alta, no hace falta.

Nos despedimos y, cuando sale por la puerta, me dejo caer encima de la cama.

Vaya mierda de día. Lo único positivo es que, al menos, estaba aquí cuando ha pasado.

No me habría perdonado nunca no estar con Barry en este momento. Incluso aunque no quiera a nadie cerca.