11 Barry
CAPÍTULO ONCE
BARRY
Entro al vestuario con la canción Hall of Fame todavía en la cabeza.
Anoche, Joe y yo hablamos de ponerla cuando estuviéramos en el pasillo antes de entrar.
Creo que los dos teníamos un poco de miedo por si no podíamos escucharla al acabar, por si perdemos; sin embargo, en cuanto ha empezado a sonar, he tenido claro que ganaremos, así que en lo único que puedo pensar es en que estoy deseando volverla a escuchar.
Por última vez. Este fin de semana ha estado lleno de últimas veces, pero eso solo significa una cosa: estoy más cerca de mi objetivo.
Un partido más como universitario antes de convertirme en profesional.
Un paso más hacia mi destino; hacia el resto de mi vida.
Estoy preparado para todo lo que me deparará el futuro.
A diferencia de muchos de mis compañeros, yo no tengo una canción que suene en cada partido.
La cambio según me venga el aire, según me sienta o lo que me apetezca en ese momento.
Lo que sí necesito es salir a calentar con los auriculares puestos.
He preparado una lista de reproducción especial para hoy, así que le doy al play y dejo que todo a mi alrededor se difumine.
La canción Stay Focused, Make It Legendary me envuelve y no existe nada más.
Hago mi calentamiento como si fuera un día más, como si este no fuera el partido más importante de mi carrera, como si no supiera que todos los ojos están puestos en nosotros, y vuelvo al vestuario listo para el juego.
Es cuando me quito los auriculares que me permito ponerme nostálgico por unos minutos.
Sé dónde estoy y hacia dónde voy, pero no puedo olvidar de dónde vengo ni todas las personas que me han acompañado durante el camino.
Todas las decisiones que he tomado hasta llegar a este momento.
Estoy donde quiero estar; estoy donde tengo que estar.
Nadie me ha regalado nada y hoy, cuando salga a jugar, voy a demostrar que me merezco llegar lejos.
Que todo el sacrificio ha tenido su recompensa, que mi padre acertó cuando nos puso a mi hermano y a mí nombres de jugadores legendarios de los Detroit Lions.
—¿Preparado? —Joe se sienta a mi lado y me da una palmada en la espalda.
—Nací preparado —le vacilo riendo, pero alguien cruza por delante de nosotros y recuerdo que todo esto se acaba. Que este es nuestro último partido juntos, así que me sincero—: Lo voy a echar de menos.
—Yo también —admite sonriendo, y su vista se desvía hacia Hunter, Tyler y Kieran, que ya están con sus auriculares.
—Tengo que confesarte algo —suelto, incapaz de ocultarle durante más tiempo este secreto a Joe. Suspiro antes de hablar, se va a enfadar—. Sí que me concedieron la beca para la Universidad de Houston.
—¿Perdona? ¿Eres imbécil? —me reprocha—. ¿Por qué no fuiste allí? ¡Hubieras tenido más puntos para entrar al draft! Es uno de los mejores equipos universitarios que hay, Barry.
—Lo sé, pero no quería ir sin ti y a ti no te concedieron la beca —reconozco. En realidad, fue una decisión bastante fácil: quería ir con Joe a la universidad y seguir jugando a su lado.
—Me da igual eso.
—Pero a mí no. No estaba preparado para jugar solo, tampoco tengo claro que lo esté ahora. —Será muy duro llegar a un campo de fútbol y que mi hermano no esté a mi lado.
—¿Sabes? Molaría mucho acabar los dos en los Raiders. —Supongo que no soy el único que le tiene pánico al cambio gigantesco al que nos vamos a enfrentar.
—Qué mal lo va a llevar papá —me burlo. Aunque peor sería que alguno de los dos acabáramos en los Patriots—. No me arrepiento.
—No sabes cómo te hubiera ido en Houston.
—Sí que lo sé. —Yo no soy como mi hermano, no me adapto tan bien a los cambios ni soy capaz de estar solo.
Necesito gente a mi lado, necesito ruido, movimiento, hablar—.
No os tendría a vosotros, así que mi vida sería una mierda.
No me hubiera especializado en Psicología Deportiva, no habría conocido a gente extraordinaria ni habría visto un partido de soccer; tampoco habría ido a la ceremonia del trofeo Heisman.
Seamos sinceros, me hubieran echado de la residencia y no hubiera tenido un salvavidas.
—Te hubiera sido más fácil llegar a profesional.
—No, no lo hubiera sido —confieso—. Si estamos en esa lista es porque los cinco hemos sido un equipo desde nuestro primer partido; eso no lo hubiéramos encontrado en ningún otro sitio. Venir a Havenwood fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.
—La mejor no —me corrige y lo miro confuso—. Fue la primera mejor decisión que tomamos, la primera de muchas.
—Riley te vuelve más sabio —bromeo dándole un golpe con el hombro—. No eres consciente de lo feliz que fui cuando me enteré de que se iba a presentar de sorpresa.
—Lo sé. —Respira hondo—. ¿Sabes? Nos queda un último baile prepartido.
—¿Y si no lo hacemos? —Llevo dándole vueltas al tema desde que ganamos el último partido.
—¿En serio?
—No quiero tener la sensación de que es el último. Quiero quedarme con el buen recuerdo de la última vez que lo hicimos, sin saber que iba a ser la última.
—Deberíamos jugar como si no hubiera un mañana. —Sonríe y lo miro curioso; no sé adónde quiere llegar—. Si supieras que no vas a volver a jugar, que este es tu último partido, ¿qué es lo que más te gustaría hacer?
—Jugar a tu lado; al lado de estos tres capullos que se han convertido en nuestra familia. Ganar la puta final del campeonato. —Ni siquiera he tenido que pensarlo. Por suerte, este no será nuestro último partido.
—Pues vamos a ello. —Se alza y me ofrece la mano. Cuando me levanto, me abraza—. Como si no hubiera un mañana.
—Como si no hubiera un mañana —repito y sonreímos. Joder, lo voy a echar muchísimo de menos.
No me permito mirar hacia el público hasta que estoy en el banquillo y listo para el juego.
Durante un segundo, saber que están ahí, aunque solo haga una hora que los he visto.
Localizo a mi padre, a mi madre y a Candy al momento.
Mi padre asiente en mi dirección con esa expresión seria, pero orgullosa, que suele tener en todos nuestros partidos.
Me alarmaría si tuviera otra. Hago un barrido por toda la grada familiar, donde se encuentran más familiares y parejas de mis compañeros, hasta que un pelo rosa me deja clavado en el suelo.
Ha venido. Glen está aquí. Nuestras miradas se cruzan y sonríe de medio lado, como si supiera que me ha sorprendido verla más de lo que estoy dispuesto a reconocer.
Me señala el campo con la barbilla y se me escapa una risa seca.
Es hora de jugar, no de flipar. Cuando me giro para concentrarme de nuevo en lo que toca, siento como si algo se hubiera aligerado en mi interior.
Joder, este va a ser un partidazo.
Esta jugada tiene que salir, sí o sí. No está siendo un partido fácil —nadie esperaba que lo fuera—, pero si marcamos ahora, es imposible que Indiana remonte.
De hecho, sería difícil que ganasen tal y como está el marcador en este momento, donde ganamos por dos touchdowns, pero se han visto cosas más locas, así que no podemos relajarnos.
Quedan algo más de dos minutos para que termine el partido y seamos campeones, pero esto no acaba hasta que no se pita el final.
Nosotros lo sabemos e Indiana también. Tienen una gran defensa, eso debo reconocérselo, o ya habríamos sentenciado el encuentro.
Miro a mi hermano una última vez antes de agacharnos y ponernos en posición.
Tenemos que bloquear a su defensa el tiempo suficiente para que Hunter pase el balón a Tyler y marcar.
Es una jugada que hemos hecho miles de veces en los entrenamientos, pero es la primera vez que vamos a realizarla en un partido, así que el factor sorpresa debería beneficiarnos.
Me coloco, sin perder de vista al línea defensivo que tengo delante y que ha intentado atravesarme sin éxito desde que ha empezado el partido.
Cada jugada ha sido más intensa que la anterior y sonrío al notar su frustración.
No hemos llegado hasta aquí siendo unos aficionados.
El balón desaparece de mi campo de visión y me muevo hacia el defensa, frenando cada intento de ganarme centímetros.
Planto el pie izquierdo para hacer más fuerza y me concentro en el jugador.
Sus manos intentan quitar las mías en vano y, justo cuando lo empujo hacia atrás, algo cae sobre mi pierna izquierda.
Algo no, alguien. Mi pie se queda clavado, mi rodilla se tuerce en una posición imposible y noto un chasquido que me recorre el cuerpo entero.
Caigo al suelo, incapaz de mantenerme en pie, y todo a mi alrededor se nubla.
No escucho el pitido del árbitro dando por bueno el touchdown, ni las celebraciones, ni a mis compañeros llamarme.
Lo único que procesa mi mente es el chasquido de la rodilla que se repite una y otra vez.
Acabo de lesionarme.
Todos los momentos que me han llevado hasta este instante se cruzan por mi cabeza, pero, después de eso, no hay nada. Solo vacío.