Finge que es mentira (Rise as One 5) 10 Glen #2
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10 Glen #2

—¿Otra oportunidad? ¿Y eso?

—Kieran habló con Barry para hacer las paces.

—Aba suspira—. Creo que les estaba afectando a todos que no estuvieran bien, aunque no lo admitieran.

—Todas asienten—. Así que dio un paso adelante antes de que se fuera de madre.

Barry le echó en cara cosas, como que ninguno le hemos dado una oportunidad real a Candy, por lo que le prometió que lo haríamos.

—Yo se la di —admite Riley—, pero sigue sin caerme bien y mira que es difícil que alguien me cargue tanto.

Por Dios, vivo con Jazz. —Todas nos reímos—.

Estas navidades pasamos un par de días todos juntos en casa de los señores Coleman y tuve que pedirle a Joe que nos fuéramos a dar una vuelta para desconectar.

—Llamadme cruel, pero estoy deseando ver su cara cuando vea a Glen en la grada. —Aba se apoya en la silla con una sonrisa maliciosa y todas asienten satisfechas.

—Pasas demasiado tiempo con Kieran —bromeo.

—Eso no es nada malo. —Alza las cejas y, por suerte, Brooke comenta algo que hace que la conversación se mueva hacia otros temas. No es que no valore que me apoyen, lo hago y mucho, pero no va a cambiar la situación.

Henry me guiña un ojo cuando coincidimos en el control de las entradas.

Estamos solos, ya que es demasiado pronto para la gente de a pie y el resto de los familiares y amigos están en el pasillo de los vestuarios dando ánimos a los jugadores.

Disimula hasta que estamos dentro y se apoya en una pared mientras me indica con la cabeza que me ponga a su lado. Ruedo los ojos y le hago caso.

—Esto está lejos de tu palco —me burlo y se ríe.

—¿Te quieres venir? Me han dicho que tienes un pase.

—Prefiero estar abajo, ya lo sabes.

—Siempre en la línea de juego, como tiene que ser. —Se gira hacia mí y me mira con determinación—. Nadie puede cuestionar que estés hoy aquí, Glen. Nadie. Nunca has pedido permiso para entrar donde te ha dado la gana, no empieces a hacerlo ahora.

—Lo sé —contesto con pesar y alza una ceja.

—No me basta con que lo sepas, pequeña. Entra a esas gradas como la reina que eres y demuestra que estás por encima de todo y de todos. ¿Te ha quedado claro?

—Sí.

—Por tus venas corre fútbol; si alguien dice otra cosa, demuéstrale que se equivoca. —Me guiña un ojo y se despega de la pared para irse.

—Mi padre siempre se pregunta por qué he salido tan violenta y luego tú me sueltas estas cosas —bromeo y me observa mientras anda de espaldas.

—Tu padre tuvo claro que tenía una princesa guerrera el día que con siete años te enfrentaste al linebacker de los Broncos.

—¡Me tiró mi helado y ni siquiera se disculpó!

—Estoy seguro de que DJ Williams todavía tiene pesadillas con tu cara. —Se ríe y me señala con el dedo—. Esa es la actitud que quiero ver hoy. ¡Nos vemos mañana!

Se pierde por uno de los pasillos mientras niego con la cabeza y busco la puerta de entrada para mi zona.

Bajo las escaleras sin prisa, observando este estadio con nuevos ojos.

Ya no está decorado con el azul de los Cowboys, ahora está dividido entre el negro y rojo de Havenwood y el rojo y blanco de Indiana.

Los equipos no han salido todavía a calentar y cierro los ojos para empaparme de este momento de calma antes de que llegue toda la adrenalina.

Cuando era pequeña, solía colarme en el campo y me tumbaba en el césped.

Estoy segura de que me pillaron en más de una ocasión, pero nadie dijo nada y acabó siendo una tradición hasta que mi padre se retiró.

La canción Time is Running Out, de Muse, empieza a sonar y varios jugadores de Indiana salen al campo a calentar.

Me dejo caer en primera fila, extiendo los brazos y, no sé si es la música o haber vuelto a un lugar que considero casa, pero me siento más reina que nunca.

Giro la cabeza cuando escucho ruido y sonrío al ver a los señores Coleman, así que me acerco a saludar.

Mientras subo las escaleras, me cruzo con el resto de las chicas, que me saludan con una sonrisa y, cómo no, con Candy.

Aba tenía razón, su cara es digna de admirar.

—No pintas nada aquí —sisea cuando pasa por mi lado y giro la cabeza para mirarla como la cucaracha insignificante que es.

—Pinto mucho más que tú. Al menos yo sí sé de fútbol y no hablo solo del salario de los jugadores.

—¡Glen, cariño! —nos interrumpe la señora Coleman y miro a Candy, desafiándola a que me diga algo más, pero se va como la cobarde que es. Qué ganas tengo de perderla de vista—. ¡Qué alegría verte!

—¡Hola, señora Coleman! —Abrazo a la mujer que siempre me ha tratado con cariño y ella me coge de las mejillas.

—¿Te cuidan bien mis chicos? Pensé que no vendrías, no te he visto en el pasillo del vestuario.

—No me ha dado tiempo a llegar —miento, porque no quiero disgustar a esta mujer por nada del mundo.

—¡Oh, qué pena! Mira qué me he hecho. —Se gira y me enseña una sudadera del equipo con el número seis y una equis donde debería ir el segundo número, y el apellido Coleman encima—. Quería estar preparada para la ocasión.

—Estoy segura de que a Joe y a Barry les ha encantado. ¿Cómo llevan que no jueguen juntos el año que viene?

—Mientras no acaben en los Patriots, estaremos bien —interviene el señor Coleman y me da un beso en la mejilla—. Se te echó de menos en los playoffs.

—Joe ya nos comentó que estabas de viaje con tu padre —me tranquiliza la señora Coleman, como si me hubiera tomado a mal el comentario de su marido—. ¿Disfrutaste?

—La verdad es que sí —admito y me sonríe. Adoro a esta mujer.

—¿Cómo ves el partido? —me pregunta el señor Coleman y su mujer pone los ojos en blanco.

—Os dejo hablar de fútbol. —Me da unos golpecitos en la espalda—. Darius ha echado de menos estas charlas prepartido, así que ¡prepárate!

Al final, acabo comentando el partido con la mayoría de los familiares y Brooke se une después de presentarme a su padre y al de Tyler.

Llegamos a la conclusión de que puede ser un partido fácil si hacemos las cosas bien, pero que es bastante difícil que no se dejen llevar por los nervios y toda la expectación que hay.

El señor Coleman me interroga sobre mi opinión del draft y acabo tranquilizando al señor Miller sobre la posición de Hunter.

Me piden mi pronóstico para el draft y me cuesta horrores no decirles que me parece injusto tener información privilegiada, pero al menos no hay dinero de por medio.

Cuando me siento, Aba me pasa un bol de palomitas y sonrío. Todos los miedos y dudas se han esfumado y solo queda la euforia previa al partido. Joder, adoro el fútbol. Y sí, Henry tiene razón, es bastante probable que corra por mis venas.