10 Glen
CAPÍTULO DIEZ
GLEN
Suelto un grito cuando alguien cae en mi cama y empieza a hacerme cosquillas. Tardo unos segundos en recordar que estoy en una habitación de hotel con mi padre y que le quiero antes de intentar matarlo.
—¿En serio? —me quejo peleando con sus brazos—. Estás demasiado fuerte para lo viejo que eres.
—Que sea padre no me hace viejo —se indigna y se levanta. No hay nada como recordarle su edad para que me deje tranquila, nunca falla. ¡Qué dura es la crisis de los cuarenta!—. He pedido el desayuno, así nadie te verá con este vejestorio.
—En realidad, lo has hecho para no tener que subir los dos escalones del comedor principal con esas caderas —me burlo y voy directa al baño.
Estamos en Texas para ver la final del campeonato.
Mi padre, por trabajo, y yo… Yo porque a veces soy gilipollas, supongo.
Entre él, Martha y Henry me convencieron para que viniera, alegando que me arrepentiría de no hacerlo.
Supongo que pensé que tenían razón o no estaría aquí.
Todavía me estoy planteando si asistir o no.
Tengo todo el día para acabar de decidirme, aunque, seamos sinceros, estoy en Arlington, sería idiota si me quedase fuera del estadio.
Además, adoro el AT nunca mejor dicho.
—Puedes ir al estadio siempre que quieras —me recuerda mi padre cuando paso más tiempo del razonable untando la mantequilla en la tostada—. Tu pase familiar te da acceso. Y, si no, podrías usar el pase extra que he sacado para ti.
—No hay nada que disimule más quién es mi padre que llevar tu apellido colgado del cuello —bromeo y se encoge de hombros. Un fogonazo de tristeza le cruza los ojos y cambio de tema—: ¿En quién vais a fingir que estáis interesados?
—En el running back de Indiana.
—¿Y la realidad?
—Estamos interesados en los receptores, sobre todo en uno de ellos.
—¿Y Tyler? —pregunto extrañada.
—Somos los décimos en elegir en la primera ronda. Ya me ha dicho Henry que me olvide.
—Ten amigos para esto —bromeo y suelto un suspiro.
Mi padre espera paciente hasta que hablo—: Cuando me hice amiga de Barry nunca imaginé que acabaría viéndolos jugar dos finales de campeonato, ni que estarían en los primeros puestos del draft.
Sé que suena un poco a mamá osa, pero estoy muy orgullosa de ellos.
—Y por eso te insistimos tanto en que vinieras hoy. No estás aquí solo por Barry, el resto también son tus amigos, Glen. Me da la impresión de que los estás perdiendo por puro orgullo.
—No es verdad —refunfuño y alza una ceja. Odio que me conozca tan bien.
—¿Sabe alguien que estás aquí?
—No —admito y se ríe.
—Glen, coge ese teléfono que nunca sueltas, manda un mensaje a Aba para quedar con ella para comer o te juro que, cuando estés en las gradas, bajaré, te plantaré un beso en la mejilla y te llamaré «mi niñita».
—¡No serás capaz! —me indigno.
—Haz lo que te digo y nunca tendrás que comprobarlo.
—Me parece muy fuerte que me amenaces de esta forma —le recrimino mientras me levanto para coger el móvil. Niego con la cabeza y le escribo un mensaje a Aba para decirle que estoy en Texas—. Listo, ¿contento?
—Sí. —Sonríe de oreja a oreja—. Además, en el fondo sabes que nunca te haría eso. —Se levanta, me planta un beso en la mejilla y se cambia la camiseta que llevaba por un polo—. Me voy, toca trabajar. ¿Nos vemos después del partido?
—Depende del resultado y del ánimo.
—Escríbeme para que no me preocupe. —Me da otro beso antes de irse y dejarme sola con mis pensamientos.
Al final ha conseguido lo que quería: si saben que estoy aquí, no tengo excusa posible para no ir al partido.
El cabrón es un estratega con todo. Aunque sé que hubiera acabado yendo, por mucho que intente buscar motivos para negarlo.
Aprovecho que Aba no ha visto todavía mi mensaje para revisar los correos de la universidad y organizar la agenda con las competiciones de esgrima de este semestre.
Una vez lo tengo todo cuadrado, como si lo hubiera hecho expresamente, Aba me responde:
Aba
¡¿QUÉ DICES?! ¿Por qué no me habías escrito antes? ¡Ya te vale!
Dime dónde estás y vamos a por ti
O te decimos dónde estamos y vienes tú, lo que prefieras
Y, antes de que lo preguntes, Candy no está ;)
Glen
Gracias por la info
Pásame la ubicación y voy
Por supuesto, están en una cafetería cerca del estadio, así que me acerco dando un paseo. Una de las ventajas de alojarme con mi padre es la ubicación del hotel. Nada más entrar por la puerta, Aba viene corriendo a abrazarme.
—No pensabas decirnos que venías, ¿verdad? —me reprocha y me encojo de hombros—. Bueno, lo entiendo, Barry es un capullo.
—No ha hecho nada que no esperase.
—Eso no lo hace mejor. —Se acerca para susurrarme—: Tengo muchas cosas que contarte; luego, en la comida, te ponemos al día.
—¿Ha pasado algo?
—Nada de lo que preocuparse. —Me guiña un ojo—. Luego, cuando estemos solas, hablamos.
Asiento y me acerco a la mesa donde están todas las parejas de los jugadores juntas, menos Candy.
Por supuesto, esto para ella es ruido, no le parece importante, nunca lo ha hecho.
Todas me saludan con sonrisas, como si de verdad apreciaran que esté aquí; es posible que lo hagan.
Llevo compartiendo gradas con ellas años, incluso con alguna desde el primer partido, y se nota que, para muchas, será nuestro último partido.
Hay algún comentario de que las dejé tiradas en los playoffs que ignoro.
Me río cuando alguien opina sobre la hartura de la persona detrás de Inside Haven y añado que lo raro es que la cuenta siga activa después de tanto tiempo, a lo que casi todas están de acuerdo.
También hablan de lo que han hecho este fin de semana como si yo también hubiera participado, pero, en general, paso un rato agradable.
No es culpa de ellas todo lo que estoy sintiendo por dentro.
Al parecer, la idea era que todas se fueran al hotel para descansar de cara al partido, pero Aba, Brooke, Savannah y Riley tenían otros planes y así es como he acabado metida en un garito extraño donde sirven comida Tex-Mex.
A ver, no es una queja, adoro este tipo de comida, pero me gusta más cuando no tengo la sensación de que voy a salir del lugar con un riñón menos.
—El dueño es amigo de mi padre —me informa Riley con una sonrisa ante mi cara de pánico.
—¡¿Pero bueno?! —le rebato y se ríe.
—En internet lo ponen por las nubes —me tranquiliza Brooke—. Y es la segunda vez que venimos estos días.
—Si nos usan para tráfico de órganos, que sepáis que será culpa vuestra. —Las señalo y se ríen.
—Venga, vamos a hablar claro —suelta Savannah dando una palmada después de pedir—. Todos opinamos que Barry fue un gilipollas después del trofeo Heisman y estamos contigo a tope.
—No hace falta.
—A ver, tampoco ayuda que Candy nos caiga mal —aporta Aba.
—Es que, si tuviera una novia normal, no hubiéramos llegado a este extremo —añade Brooke—, porque Glen tiene un problema con Candy, no con el hecho de que Barry tenga novia.
—Sabéis que no tenéis por qué elegir bando, ¿verdad? Mi relación con Barry no tiene nada que ver con vosotras.
—Sería más fácil de creer si no me hubieras ignorado desde entonces —me reprocha Aba y me muevo incómoda—. Lo entiendo, ninguno dijimos nada por ti en ese momento.
—Eh, eh, no —la freno—. No había nada que añadir.
Esto es algo que nos afecta a Barry y a mí y, por desgracia, a Candy, pero a nadie más.
Entiendo que para vosotras es importante, pero llevo aguantando los desplantes de Barry mucho tiempo y me he cansado.
Sabía que pasaría y estaba preparada. Y sí, he ignorado un poco mi vida desde entonces, pero es que necesitaba desconectar, pasar tiempo con mi padre y reconectar conmigo misma. Siento si os ha afectado.
—Nos hemos preocupado —reconoce Savannah—. Ese día tampoco parecías estar bien y, por cómo acabó… Bueno, la conclusión es que nos tienes aquí si nos necesitas.
—Para ir a sitios extraños a comer —bromea Aba y me guiña un ojo—. ¿Seguro que estás bien?
—No es agradable —reconozco—, pero lo superaré.
—Kieran perdió los papeles con Barry —me cuenta Brooke cogiendo un nacho del plato que nos acaban de traer—. Al parecer, Hunter lo tuvo que frenar para que no le pegase.
—¿En serio?
—Tan en serio como la amenaza de echarlo de casa —me contesta Aba—. Le dijo que tenía que devolver todo el dinero del viaje de él y Candy o se podía buscar otro sitio donde vivir.
—Joe me dijo que Barry parecía resignado, que se hubiera dejado pegar. —Riley pone cara de pena—. Eso sí, desde entonces Candy no para de mimarlo y tratarlo como un rey. Hasta Barry está extrañado.
—Es una cazafortunas —suelto sin poder evitarlo—. Solo está con él por lo que será, no por lo que es. Por eso no puedo con ella.
—¿Tienes pruebas? —Niego ante la pregunta esperanzada de Savannah y chasquea la lengua—. Ojalá pudiéramos probarlo.
—Kieran la investigó —confiesa Aba dándole un bocado a su quesadilla. Me río, porque solo el irlandés sería capaz de hacer algo así—, pero no encontró nada.
—Me sabe mal —admite Brooke—. Barry se merece una pareja que lo apoye y esté a su lado. Ojalá Candy lo fuera.
—Él cree que lo es. —Riley se pelea con el queso de los nachos mientras niega—. Se aferra a ella como este totopo al plato.
—Sé que hemos prometido darle otra oportunidad. —Savannah resopla después de ayudar a Riley con el cuchillo—. Pero ¿cuántas más tenemos que darle para que Barry se dé cuenta de que nosotros no somos el problema?