Finge que es mentira (Rise as One 5) 9 Barry
23%

9 Barry

CAPÍTULO NUEVE

BARRY

Sonrío cuando, a mitad de las escaleras, me llega el olor de las tortitas.

Adoro esta tradición. El primer día de clase, Joe siempre prepara sus famosas tortitas.

Al menos uno de los dos heredó las cualidades de nuestra madre en la cocina, porque, si fuera por mí, esta casa se habría incendiado demasiadas veces.

Da gracias que sé usar el microondas y el horno para hacer pizza congelada.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, me quedo parado al encontrarme una cara distinta a la esperada sentada a la mesa.

Fuerzo una sonrisa y me asomo por encima del hombro de mi hermano para controlar qué está preparando.

Le señalo una sartén, extrañado por lo que contiene. Esa receta es nueva.

—¿Y eso?

—Mermelada de beicon. —Alza las cejas para indicarme que me va a encantar—. Es del padre de Riley, la estoy calentando un poco para que esté más buena.

—Cuando estás en los fogones y hablas es como música para mis oídos —bromeo.

Me siento al lado de Riley, que me sonríe y me acerca la bandeja de las tortitas para que me sirva.

¡Me alegro tanto por ella y mi hermano! Hacen una pareja increíble.

Joe lo pasó fatal cuando lo rechazó, pero ella lo hizo por miedo, no porque no lo quisiera, y, una vez Riley se dio cuenta de lo que sentía por él, vino corriendo a la universidad para confesárselo. Fue un momento muy bonito.

Me distraigo con la conversación de Kieran, Aba, Joe y Riley.

Se nota la emoción por empezar el semestre, pero, sobre todo, porque hace dos días ganamos el último partido y nos hemos clasificado para la final del campeonato.

Estamos nerviosos, sí, pero, por encima de eso, estamos en una nube de felicidad.

Ni en mis mejores sueños habría imaginado despedirme de mi etapa como jugador universitario jugando la final.

Todas las piezas del puzle que ha sido mi vida empiezan a encajar y estoy a punto de colocar la última cuando sea seleccionado en el draft.

El Barry de diez años que se quejaba de su padre cuando lo levantaba a las seis de la mañana para entrenar estaría orgulloso.

Cuando desvío la vista hacia la puerta una vez más, me doy cuenta de que no he parado de hacerlo desde que me he sentado y lo peor es que lo hago esperando algo que sé que no va a pasar: que Glen aparezca por ella.

Nunca se ha perdido las tortitas de mi hermano, le encantan.

Cada vez que ocurre algo en lo que Glen debería estar y no aparece, es una losa más en mi espalda.

Sé que debería asumir que ya no está en mi vida, pero es difícil.

Me he dado cuenta de que he interiorizado demasiadas situaciones en las que ella estaba y ahora solo encuentro vacío.

Y también me he percatado de que, aunque nuestra relación pasaba por un mal momento al final del curso pasado, ella no desapareció. No como ahora.

El primer partido de los playoffs fue el peor.

No estaba en el pasillo antes del partido bromeando, tampoco después de cada touchdown con su dedo hacia arriba, diciéndome en silencio que lo había hecho bien, ni en la media parte haciendo un pronóstico del partido —y acertando—.

Tampoco al salir del vestuario, burlándose de mí por quedarme sin Cheerios porque me gusta comer las cosas en orden y dándome una bolsa de ellos.

No contestó a mi mensaje felicitándole el día de Navidad, ni el de Año Nuevo.

No empecé el año a su lado mientras bailaba como si nadie la mirase, aunque todo el mundo lo hiciera.

Es como si alguien la hubiera eliminado de mi vida, como si nunca hubiera estado.

Alguien no. Yo solito he provocado esto.

Y lo peor es que la única solución es que deje a Candy y eso no va a pasar.

«Volveré a tu vida cuando Candy salga de ella» fue lo que me dijo un día que discutimos porque estábamos haciendo un trabajo y yo quise irme con Candy antes de acabar, algo que no habría hecho en otras circunstancias.

De todas formas, me da la impresión de que ahora mismo no bastaría solo con eso y que ya no hay disculpa posible.

Tengo que hacerme a la idea de que Glen ya no forma parte de mi vida.

—No va a venir. —Alzo la vista hacia Kieran y es cuando me percato de que estamos solos.

—Lo sé.

—Pues deja de buscarla con la mirada. —Su tono es duro, como siempre que estamos fuera del campo.

Nuestra relación no está en su mejor momento.

Hemos llegado a una especie de tregua en la que solo hablamos de temas neutros, como el fútbol, pero estamos lejos de volver a ser los amigos que éramos—.

Tomaste una decisión, asume las consecuencias y sigue con tu vida como ha hecho ella.

—¿Puedo echarla de menos o tampoco se me permite? —escupo. Me pongo en pie para estar a su misma altura, aunque sea más alto que yo, mi cuerpo ocupa mucho más que el suyo.

—¿Y por qué deberías hacerlo? —Se cruza de brazos—. La echaste de tu vida como si no fuera nada.

—¡Era mi mejor amiga, joder! —vocifero, alzando las manos—. Claro que la echo de menos. Claro que me gustaría tenerla en mi vida, pero no es posible. Ella decidió por los dos.

—No, Barry. Puedes engañarte todo lo que quieras, pero ella no decidió por los dos. Ella decidió priorizarse en una relación en la que no paraban de dejarla a un lado. De hecho, nunca entendí por qué te perdonó en verano.

—Yo tampoco —admito y me dejo caer en la silla de nuevo.

Kieran duda un segundo, así que sigo hablando—: Glen ha sido extremadamente cruel con Candy desde el primer día.

Y sí, es cierto que Candy no se ha quedado atrás, pero empezó Glen, así que no puedo culpar a Candy por defenderse.

Hablé con Glen, le pedí que la conociera, que hiciera el esfuerzo de, al menos, soportarla, y se negó.

Algo que Candy sí aceptó. Así que sí, prioricé a Candy por encima de Glen.

Y ¿sabes qué? Tuvo consecuencias. Glen se vengó, me dejó tirado en Psicología Social y casi suspendo por su culpa.

No soy el único que ha hecho las cosas mal aquí, Kieran.

Le pedí perdón porque asumí mi parte de culpa e hice malabarismos para mantener las dos relaciones, pero la realidad es que, ante las dos, una quiso hacer el esfuerzo por mí y la otra no.

Así que sí, me jode no tener a Glen en mi vida y claro que la echo de menos, pero fue su decisión.

Ya dejó claro que no sería mi amiga hasta que dejase a Candy, y eso es algo que no pasará.

Al final, yo sí la quería en mi vida sin condiciones y ella no.

—Candy no te hace bien, Barry.

—¿Por qué? ¿Porque me ha hecho darme cuenta de que Glen quizá no era tan amiga mía como yo pensaba?

Porque sí, puedes argumentar que el curso pasado me apartó de todo el mundo, aunque eso fue algo que hice yo, no ella, pero este curso no ha sido así.

Está haciendo un esfuerzo enorme para que no le afecten vuestras malas caras ni vuestras faltas de respeto.

Se ha dado cuenta de que no lo hizo bien y de que yo necesito a mis amigos cerca.

Los dos somos nuevos en esto de tener pareja y sí, hemos cometido errores, pero hemos aprendido de ellos.

Así que dime, Kieran: ¿por qué Candy es tan mala? ¿Tienes pruebas? ¿Sabes algo que yo no?

—No, en realidad no —admite—. Pero hay algo en ella, Barry. Como si no te quisiera del todo, como si estuviera fingiendo, que hace que no me fíe de ella. Además, que te separase de todos el curso pasado no me gustó. ¿Quién te dice que no volverá a hacerlo?

—Me ofende que, después de todo, no confíes en mí.

Tardé en darme cuenta de que me estaba perdiendo en la relación, pero lo hice.

Reaccioné y hablé con ella. Candy lleva desde entonces demostrándome que sabe que se equivocó, haciendo un esfuerzo por caeros bien cuando se nota a leguas que ninguno la soportáis.

¿Que actúa como si estuviera fingiendo? ¿Cómo te comportarías tú si estuvieras rodeado de gente hostil que lo único que quiere es perderte de vista?

¿Lo habías pensado o tu odio hacia ella te lo impide?

Todos habéis sido injustos con ella y nunca os he dicho nada, pero me toca los huevos que el malo aquí solo sea yo por no priorizar a Glen.

Sí, lo he hecho y sí, tendré que vivir con las consecuencias, como acostumbrarme a que no está en mi vida, pero no soy el villano de esta historia, Kieran.

—Glen tampoco lo es.

—¡Pues claro que no, joder! Esto no es un libro, Kieran, es la vida real.

La gente actúa y hay consecuencias, que a veces nos gustan y otras no.

Amo a Candy por encima de todo y sí, he perdido a Glen por ello, pero no me arrepiento.

Candy me hace bien, me cuida, me quiere y tenemos un plan de futuro juntos.

¿Que el principio fue duro? Claro. ¿Cómo definirías tú el inicio que tuviste con Aba?

Porque tampoco fue bonito. Y no veo a nadie echándole en cara lo mal que se comportó contigo.

Todos sois injustos con Candy y no eres consciente de lo hipócrita que me parece que solo veáis el problema en nuestra relación.

—Tienes razón. —Me sorprendo ante sus palabras, creo que es la primera vez que le escucho decir eso—.

No le hemos dado la oportunidad a Candy de demostrarnos todo eso que tú ves.

Pero tienes que admitir que ella no se comporta igual cuando estamos nosotros.

—Asiento—. Hablaré con todos para que empecemos de cero con ella.

—Te lo agradezco. Gracias, Kieran.

—Somos amigos, ¿no? —Me levanto para darle un abrazo, porque desde la discusión en el hotel, he ido con pies de plomo con él y me alegra que volvamos a la normalidad—. Aunque sigo pensando que eres un mierdas.

—Bueno, no eres el único. La echo de menos, pero no puedo hacer nada.

—Lo sé. —Suspira—. ¿Nos vamos?

—Gracias por forzar la conversación. Yo no lo habría hecho.

—Lo sé —se burla—. Te conozco, Barry. Mucho más de lo que crees.

La conversación con Kieran me ha aliviado hasta que he llegado a la facultad y he tenido que ver cómo Glen me ignoraba.

Hemos pasado tres años y medio yendo juntos a todas las clases, sentándonos uno al lado del otro y ahora, justo antes de graduarnos, ¡pum!

, todo se ha ido a la mierda. La verdad es que es una pena.

Pero bueno, al final es a lo que nos ha llevado la vida.

Solo espero que le vaya bien. Se merece todo lo bonito que le pase.

Aprovecho que es la primera clase del semestre para revisar el correo.

Henry está tanteando a todos los equipos posibles para mí y para mi hermano y, la verdad, tiene muy buena pinta.

Lo bueno es que Joe y yo tenemos perfiles distintos, a pesar de jugar en la misma posición, lo que hace que no seamos competencia el uno para el otro.

Joe es más técnico y yo soy más físico, por eso nos complementamos tan bien en el campo.

Lo malo es que es probable que no juguemos juntos, por mucho que los Raiders insinúen lo contrario.

Todavía es pronto para saber qué es interés real y qué forma parte del juego del despiste de los equipos, pero hemos llegado a la final del campeonato y, una vez ganemos, los equipos se nos rifarán.

Tengo que intentar mantener la mente lo más despejada y objetiva posible, porque es muy fácil dejarse llevar por la ilusión cuando sabes que el equipo del que eres fan desde que tienes uso de razón quiere seleccionarte, pero no puedo permitir que eso me nuble.

Quiero acabar en un equipo donde poder aportar, que mi padre venga a verme orgulloso y enfrentarme a Joe, Tyler o Hunter.

Además, cuanto más arriba te seleccionan en el draft, más alto es el sueldo, aunque también lo son la responsabilidad y el prestigio.

Si me hubieran preguntado cuando empecé la universidad, habría contestado que entrar en el draft ya era suficiente.

Ahora, que estoy a unos meses de que eso ocurra, mi respuesta es que cuanto más arriba, mejor.

Aunque debo admitir que, si ahora mismo pudiera pedir un deseo, el que fuera, sería seguir jugando con mi hermano y mis amigos, incluido el irlandés, aunque no quiera ser profesional.

Todo lo que he mejorado como jugador y persona estos cuatro años se lo debo a ellos.

La vista se me desvía hacia Glen, sentada unas filas más adelante, pero la ignoro.

Sí, ella también me ha hecho mejor, pero esa época ya pasó.

Justo después de contestarle a Henry, recibo un mensaje de la universidad con las entradas para familiares para la final del campeonato.

Cuatro entradas, las mismas que solicité el año pasado: mis padres, Candy y Glen.

Suspiro. Tendría que haber avisado de que ya no las necesito todas, pero supongo que, en el fondo, tenía la esperanza de que Glen viniera, aunque fuera enfadada.

Le mando un mensaje a Joe para decirle que tengo una entrada extra por si Riley la quiere, pero me contesta al momento para decirme que a él también le han llegado y que no hace falta.

Hago lo mismo con Kieran, Tyler y Hunter, pero los tres me contestan lo mismo que mi hermano y, al final, dejo de buscar excusas para no enviársela a la persona a la que iba destinada.

Tardo un buen rato en encontrar las palabras adecuadas.

De: [email protected]

A: [email protected]

Asunto: Entrada para la final

Hola:

Aquí tienes tu entrada para la final.

Un saludo,

Barry

Y sí, a pesar del rato que paso pensando en qué ponerle, le mando un correo de mierda.

Observo cómo entra al correo, lo lee y se gira para mirarme con la incredulidad dibujada en la cara.

Niega con la cabeza y cierra el portátil con tanto ímpetu que la profesora frunce el ceño en su dirección.

Bueno, supongo que esa es respuesta suficiente.

Al salir de la facultad, me encuentro a Candy con una sonrisa de oreja a oreja esperándome para comer juntos.

Desde que sabe que la final es en Texas está más emocionada que yo por que llegue el día.

La idea de que la madre de Candy podría haber aprovechado la entrada de Glen se me cruza por la mente y decido callarme.

Sí, tendría que haberlo pensado antes. Tengo que quitarme a Glen de la cabeza de una vez.