Finge que es mentira (Rise as One 5) 8 Barry
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8 Barry

CAPÍTULO OCHO

BARRY

Después de lo que ha pasado con Glen, no tenía claro si quedaríamos o no para hablar en la habitación de mi hermano, ya que nadie —a excepción de Candy— ha pronunciado una sola palabra durante el viaje de vuelta, así que no he querido forzar la situación.

Sin embargo, al llegar al hotel, Hunter nos estaba esperando en la recepción para preguntarnos si queríamos algo de comida antes de subir para poder explicarnos todo lo que ha pasado y ninguno hemos tenido los huevos suficientes para decirle que no.

Así que hemos quedado en que subiríamos a cambiarnos de ropa y en diez minutos nos veríamos en la habitación del único soltero.

Entro en mi habitación con el ánimo apagado y sin energía.

Necesito una ducha y quitarme de encima esta sensación de mierda.

Ha sido una noche con demasiadas emociones fuertes, necesito parar, sentarme y ordenar todo lo que ha sucedido.

Ojalá hubiéramos aplazado la charla a mañana, no tengo ganas de ver a nadie.

Me estoy quitando la pajarita cuando Candy me estampa contra la pared y se pone de rodillas delante de mí.

—¿Qué haces? —le pregunto, desconcertado, cogiéndola del brazo para alzarla, aunque ella está ocupada desabrochándome los pantalones.

—Agradecerte lo que has hecho hoy —dice sin mirarme, bajándome los pantalones y los calzoncillos.

—Candy, no hace… —Las palabras se me atascan en la garganta cuando se mete mi polla en la boca y solo consigo sisear.

Mi mente no tiene ganas de sexo, pero al parecer mi polla tiene otros planes.

En cuanto succiona mientras me aprieta los huevos, mi cerebro cortocircuita y me dejo llevar por el placer que su boca y su lengua me proporcionan.

La agarro del pelo para corregir la postura y aprovecha para intensificar sus movimientos.

En pocos minutos, estoy a punto, pero cuando la aviso, en lugar de apartarse, Candy mueve su lengua y profundiza las estocadas hasta que me corro en su garganta.

Lejos de quejarse, me regala una sonrisa feliz desde el suelo mientras intento recuperar el aliento.

Se pone en pie y me da un beso en la boca.

—Gracias por lo de esta noche. Me has hecho muy feliz y por fin le has plantado cara a Glen. Alguien tenía que pararle los pies. —Me da otro beso que no correspondo y amplía su sonrisa—. Ahora deberías espabilar, tus amigos estarán esperándote.

No le contesto porque no quiero discutir y dejar tirados a estos, y porque, en el fondo, sé que tiene razón.

No le he plantado cara a Glen, pero la he apartado igualmente, que es lo que Candy lleva pidiéndome desde que la conoció.

Siempre ha argumentado que es porque mi mejor amiga tiene celos de nuestra relación, pero yo la conozco y sé que no es así.

Glen y yo nunca nos hemos visto como algo más que amigos y, aun así, a veces me ha hecho dudar, porque no entiendo el odio tan visceral que le tiene a mi novia.

Me doy una ducha rápida y asumo que llegaré el último.

Total, a nadie le va a sorprender. Cuando salgo a la habitación, frunzo el ceño al darme cuenta de que Candy me ha dejado la ropa preparada encima de la cama.

Doy un paso atrás y la observo a través del espejo del baño, donde se está desmaquillando y poniendo cremas.

Me ha intentado explicar mil veces su rutina, pero he olvidado todas y cada una de ellas.

Me sonríe y alzo la camiseta pidiendo una explicación.

—Es que no quería que llegases más tarde todavía. Como ha sido culpa mía que te retrasaras. —Me guiña un ojo y suspiro.

¿Tiene sentido lo que dice? Sí. ¿Escondo algo?

No. Sin embargo, me molesta infinito que toque mis cosas y lo sabe.

Sí, soy un caos, pero dentro de mi caos tengo mi orden.

Si quiero coger unos calcetines, los voy a encontrar aunque parezca que no.

Es posible que no estén en una zona lógica para otra persona, pero para mí sí.

Mis cosas, mi lógica. No sé, un básico. No todo el mundo se organiza de la misma manera y no hay nada malo en ello.

Me visto rápido y cojo el móvil antes de acercarme a darle un beso y dirigirme a la habitación de mi hermano.

Como había supuesto, todos están ya aquí cuando llego y me miran con distintos grados de rencor en los ojos, menos Kieran, que ha decidido no mirarme.

Deja el vaso de whisky en la mesa de un golpe y se gira hacia mí con una ira que jamás le había visto.

Da un paso en mi dirección y, no sé de qué han hablado antes, pero Tyler, Hunter y mi hermano se ponen detrás de él.

Lo que no me queda claro es si para apoyarlo en la paliza que está claro que me va a dar o para frenarlo.

—Eres un mierdas —me escupe—. No te mereces estar aquí y mucho menos esa zorra que tienes de novia.

—Kieran… —Hunter lo agarra del brazo. Al menos no soy el único que está alucinando con sus palabras.

—No, ni Kieran ni puto irlandés ni hostias.

—Se suelta del agarre de un golpe—. ¡No tenéis ni puta idea de nada!

Ninguno de vosotros, o me estaríais dando la razón.

—Me señala con el dedo—. Me vas a pagar cada dólar que me ha costado que hoy estuvieras aquí.

Y ni se te ocurra negarte o puedes ir buscando otro sitio donde vivir.

—Creo que deberíamos tranquilizarnos. —Mi hermano se pone entre el irlandés y yo, que soy incapaz de reaccionar.

Nunca había visto a Kieran perder los papeles.

Bueno, ninguno de nosotros, porque estamos todos alucinando—.

Barry pagará sus gastos y los de Candy. Yo me encargaré de ello.

Y, si hace falta, también pagaré mi parte.

—No hace falta, Joe. —Al menos el tono que usa con mi hermano es más relajado—. Tú no acabas de cagarla con proporciones épicas.

—¿Podemos hablar más calmados? —pide Hunter y Kieran se gira hacia él.

—Lo siento, Hunter. De verdad que me alegro muchísimo de que hayas ganado y que todos los equipos te quieran seleccionar, pero no puedo soportar estar con Barry en estos momentos.

—Se gira hacia mí—. De verdad que no eres consciente de lo que acabas de hacer.

Y lo peor de todo es que en lo único que puedo pensar es en que ojalá lo hubieras hecho hace una semana para no tener que haber soportado a la imbécil de tu novia durante toda la noche.

—¿Por qué dices eso? —le pregunta Joe extrañado. No entiendo nada; hubiera venido igual a apoyar a Hunter.

—Ojalá fuera un mierdas como Barry y os lo pudiera explicar, pero no puedo porque yo sí respeto a las personas que me importan.

—Joder, cada palabra se siente como un puñal en el estómago—.

Solo voy a decir una cosa antes de irme: Barry, el día que te enteres de verdad de lo que ha pasado hoy y entiendas por qué estoy tan cabreado, espero verte arrastrándote como ella se merece.

No eres consciente de lo cabrón que has sido esta noche con Glen, pero para nada.

Y, cuando llegue, porque llegará, espero que no te perdone jamás.

Dicho esto, se larga de la habitación dando un portazo y dejándonos a todos alucinados por su comportamiento.

Joe se acerca a mí y me pone una mano en el hombro.

Me apoyo en la pared para que no se note lo que me han afectado sus palabras, joder, ¡que me ha dicho que me quiere echar de su casa!

Nunca pensé que llegaría a ese extremo. Sé que adora a Glen, pero tiene que entender que ni mi decisión ni mis problemas con ella le afectan a él.

—¿Alguno sabe a qué se refería Kieran con sus últimas palabras? —pregunta Hunter y todos negamos con la cabeza—. Nunca lo había visto así.

—Creo que los nervios de todo el día le han jugado una mala pasada —añade Tyler y me dedica una sonrisa de disculpa—.

Han sido muchas cosas: los exámenes, los playoffs, venir corriendo a Nueva York, que casi no pudiéramos entrar en la ceremonia porque no teníamos entradas y, al final, Kieran se ha ocupado de todo solo.

Y, sin ánimo de meter más mierda, Candy nos ha puesto a todos de mala hostia en la fiesta de después.

—Deberías plantearte si te beneficia o te perjudica llevarla a este tipo de eventos —me aconseja Hunter—. Sé que Candy no es nuestra persona favorita y que puede parecer que lo decimos por eso, pero lo de hoy no se puede repetir, Barry, o te quedarás fuera del draft.

—Vuestro agente me ha preguntado si soléis estar siempre tan pegados —admite Tyler—. Es un problema.

—He hablado con ella.

—No sirve de nada hablar con ella si luego hace lo que le da la gana —me rebate mi hermano—. Por cierto, yo no voy a ser tan duro como Kieran, pero también creo que la has cagado con Glen. Y esta vez no se va a solucionar con una disculpa.

—¡Ya lo sé, joder! —Me paso las manos por la cara y el pelo—. Lo peor es que me ha dolido más cuando ha dicho que no iba a venir a los playoffs que cuando se ha girado para irse.

—¿Y qué esperabas, Barry? —me echa en cara Tyler como si lo que acabo de decir fuera una locura—. Te ha preguntado si estorbaba en los playoffs y has tenido los cojonazos de quedarte callado. Sinceramente, no sé cómo no te ha pegado un puñetazo.

—Porque Glen sabía que llegaría este momento —suelta mi hermano con pena—. Hablé con ella hace un par de meses y me dejó claro que su relación con Barry se caía a pedazos, pero que solo ella lo veía. Su expresión no era de cabreo, sino la de una persona resignada que ha dejado de luchar.

—Pinta a que la has perdido para siempre —añade Hunter con un suspiro—. No diré que no te lo has ganado, porque desde que empezaste con Candy parece que has hecho todo lo posible por apartarla de tu vida. Así que, felicidades, lo has conseguido.

—Yo no quería apartarla, joder —me quejo y me dejo caer por la pared para sentarme en el suelo—. Pero, al parecer, es insostenible tenerlas a las dos en mi vida. Candy y Glen no se aguantan y sí, yo también sabía que esto acabaría pasando, solo esperaba alargarlo un poco más.

—Hay cosas que caen por su propio peso. —Mi hermano se sienta a mi lado—. Me sabe mal no poder ayudarte con esto. Yo he perdido a mi mejor amiga cuando he intentado convertirla en mi novia.

—Lo acabaréis superando —intenta animarnos Hunter, aunque no parece muy convencido de sus palabras—. Si os parece, vamos a posponer la conversación hasta que volvamos a la universidad y las cosas estén más calmadas.

—¿Has conseguido hablar con los agentes, Tyler? —me intereso y asiente con una sonrisa.

—Tengo que llamar el lunes a la oficina de Henry, pero está casi cerrado. Aunque no me llevará él. —Le hace un gesto con la cabeza a Hunter—. Nosotros nos vamos, que descanséis.

—¿Cómo estás? —me pregunta mi hermano cuando nos quedamos solos, mirando hacia la ventana cubierta por la cortina.

—Necesitaré un par de días para asimilar todo lo que ha ocurrido hoy. Tanto lo bueno como lo malo.

—Siento lo de Glen.

—Lo sé. Yo también. —Suspiro—. Creo que no seré consciente de que la he perdido hasta que no llegue el partido del sábado y no la vea en la grada.

—Será raro para todos, sí.

—He hablado con los directivos de los Detroit Lions —suelto cuando llevamos un rato callados, cada uno perdido en sus pensamientos.

—¡Eres un cabrón con suerte! —bromea y sonríe, pero no le llega a los ojos.

La conversación se queda ahí, sin añadir nada más, porque ninguno de los dos tiene ganas de hablar.

Joe está en la mierda desde que Riley lo rechazó y estoy seguro de que mi incidente con Glen le ha removido todos los demonios que ha intentado disimular durante la ceremonia.

Y yo estoy asumiendo que la he cagado con mi mejor amiga y que la he perdido, pero tampoco sé qué más hacer.

Era ella o Candy. Y, por mucho que me duela admitirlo, sé que, en el fondo, ya había elegido a mi novia por encima de mi amiga hace mucho tiempo.

De lo contrario, no habríamos llegado a esta situación.

Al final, ha pasado lo inevitable, aunque no por ello duele menos.