5 Barry
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CAPÍTULO CINCO
BARRY
Esto es un sueño hecho realidad, y no solo porque Hunter haya ganado —que también—.
He conocido a un montón de gente a la que admiro y me han tratado de tú a tú.
Nada que ver con un fan conociendo a su ídolo; era un entrenador, un general manager o un exjugador conociendo a un posible futuro miembro del equipo, con el respeto que todo ello conlleva.
No creo que olvide esta sensación de grandeza en mi vida.
Es como haber dado el paso definitivo hacia el siguiente nivel, como cuando encuentras una misión secundaria que los desarrolladores han escondido solo para los más avispados.
Sonrío un poco más, a Glen le encantaría esta metáfora.
La busco entre la gente y la encuentro apartada en un rincón.
Doy un paso para ir hacia ella, pero Candy me frena.
Le lanzo una mirada muy poco amigable; hoy está jugando demasiado con mi paciencia.
Ya le he tenido que comentar un par de veces que, por favor, deje de intervenir cuando hablamos con los directivos, que estamos trabajando, jugándonos nuestro futuro, no en una fiesta sin más.
Espero que capte el mensaje de una vez o tendré que pedirle que se vaya al hotel.
Mueve la barbilla para señalarme algo a mi espalda y, al girarme, veo que Henry se acerca con el general manager de los New York Jets, Patrick Callahan.
Una leyenda como quarterback y como directivo.
Respiro hondo y le agradezco el gesto con una sonrisa, no quería separarme de Glen, solo me estaba frenando para que no me fuera en este momento.
Creo que estoy demasiado nervioso para ver las cosas con objetividad.
—Patrick, ellos son los hermanos Coleman —nos presenta Henry y le estrechamos la mano.
—Encantado, señor —decimos los dos a la vez.
—¿Os lo estáis pasando bien? ¿Es la primera vez que estáis en Nueva York? ¿Habéis podido ver algo de la ciudad?
—Nuestros padres nos trajeron con diez años —contesta mi hermano con una sonrisa comedida—. Pero esperamos poder hacer algo de turismo mañana.
—Perfecto. —Nos sonríe—. ¿Os trata bien Henry? Porque, si no, puedo hacer algo al respecto.
—Patrick, no tienes edad para luchar contra mí —se burla Henry y miro a Joe de reojo, que está intentando no reírse, igual que yo. Nuestro agente tiene bastantes más años que Callahan—. No puedes conmigo.
—Pero puedo conseguir que pierdas el contrato de estos dos chicos. —Nos señala con el dedo y Henry le observa con desafío en los ojos.
Ni de coña dejaríamos pasar esta oportunidad, Henry es uno de los mejores agentes que hay en el fútbol americano, ha llevado a grandes estrellas y muchos novatos; es el mejor en lo suyo.
De hecho, me sorprendió cuando nos lo puso tan fácil para representarnos, no creo que le falten ofertas precisamente.
—Perdonadnos, chicos —se disculpa Henry con una sonrisa—. Son demasiados años juntos.
Tyler y Hunter se despiden del general manager de los Broncos y cuando se giran hacia nosotros, Henry cambia la expresión a una más profesional, aunque no me cabe duda de que no ha dejado de trabajar ni un segundo.
—Reed, Miller, me gustaría presentaros a Patrick Callahan. —Veo cómo Hunter hace un esfuerzo sobrehumano para no dejarse llevar por la ilusión; me trago una risa. Hoy estamos conociendo a casi todos nuestros héroes. Todos estamos haciendo un esfuerzo enorme por contenernos.
—Felicidades, Miller. —Callahan le estrecha la mano—. Tu evolución como jugador es espectacular, bueno, la de todos. No me extraña que seáis la mejor ofensiva de la liga.
—Gracias, señor —contestamos todos casi a la vez y sonríe como si hubiera esperado justo eso.
—Además, dice mucho de ti como capitán que tus compañeros hayan venido a acompañarte en un momento como este.
—Hunter se lo merece —interviene Candy y aprieto su mano para que se calle.
Esto es justo lo que lleva haciendo toda la noche.
No es un comentario a malas, no está diciendo ninguna mentira, pero está hablando cuando no toca.
Callahan no quiere una respuesta vacía de la pareja de un jugador, está evaluando nuestro lenguaje corporal y a Hunter como capitán.
E igual que ninguno de nosotros piensa contestarle, porque se está dirigiendo a Hunter de manera explícita y sería una demostración de no saber cerrar la boca, ella tampoco debería hacerlo.
Estamos trabajando, tenemos que comportarnos como se espera de nosotros, como deportistas de élite, que es lo que seremos si pasamos todas estas pruebas.
Nuestro juego habla por nosotros, pero tenemos que encajar en sus equipos al cien por cien, no solo en el campo.
Desde que nuestra línea ofensiva apareció en los medios de comunicación, todo lo que hacemos —y lo que no hacemos— está sometido al escrutinio de los equipos y directivos.
Los mismos que decidirán si somos aptos o no para jugar con ellos.
Ya hablé con Candy en el avión sobre la importancia de esta gala y me prometió que estaría a la altura y yo, tonto de mí, pensé que así sería.
Es que, encima, no hace ni cinco minutos que le he explicado por qué no tiene que contestar a los comentarios.
Henry me echa una mirada que me dice que la está liando y me trago un suspiro.
«Joder, esperaba que hubiera pasado desapercibido».
Por suerte, Callahan la ignora y sigue mirando a Hunter esperando una respuesta.
—No habría ganado este premio sin ellos, y no lo quería recibir sin ellos. Aun así, es algo en lo que yo no he tenido ni voz ni voto, ellos solos se han organizado para venir, opinase lo que opinase yo.
—Somos un equipo —suelto mirando a Hunter—. Nos alzamos como uno y ganamos y perdemos como uno.
—Oh, el famoso Rise as One de Havenwood. —Me giro hacia la voz que conozco muy bien intentando no temblar. Henry ya nos ha presentado antes al entrenador de los Detroit Lions, Dan Campbell, pero sigo impactado de tenerlo tan cerca—. Callahan, ¿te acuerdas de tu época en la universidad?
—La tengo más fresca que tú, Campbell —se burla y juro que verlos bromear me impacta de lleno. Bueno, a mí y a todos.
Esperaba profesionalidad, incluso que nos ignorasen, pero no que actuasen como si nadie los estuviera observando.
No sé cómo comportarme. Aunque estoy casi seguro de que esto es otra prueba.
Joder, me encantaría poder preguntarle a Kieran o a Glen; estoy seguro de que ella lo sabría.
Solo tendría que mirarla de reojo y ella asentiría o negaría de forma casi imperceptible. Odio que no esté aquí con nosotros.
—Callahan siempre tiene que recordarnos a todos lo viejos que somos. —El entrenador de los New York Giants se acerca y apoya el brazo en el hombro de Henry—. Así que este es el gran equipo ofensivo del que todo el mundo habla.
—Hunter Miller, señor —se presenta antes que nadie, tal y como se espera de él como capitán, y el gran John Harbaugh suelta una carcajada.
—Chico, acabas de ganar el trofeo Heisman —le responde estrechando su mano—. Deja de presentarte como si nadie supiera quién eres. —Se gira hacia el resto—. Reed, Gallagher y los gemelos Coleman. ¿Quién es quién? Pensaba que os distinguiría cuando os tuviera delante, pero sois idénticos.
—Harbaugh, ¿interesado? —lo tienta Campbell, que está entre mi hermano y yo mientras intentamos aparentar normalidad. Ojalá mi padre estuviera aquí.
—Puede que sí, puede que no. Ya sabes cómo funciona esto, todos son seleccionables y descartables.
—Barry… —Aprieto tan fuerte el brazo de Candy que se queda callada de golpe y me siento la peor persona del mundo por ello.
Observo cómo Savannah, Brooke y Aba están esperando en un segundo plano y no entiendo por qué Candy no comprende que debería estar ahí, sobre todo si no es capaz de mantener la boca cerrada.
Y no, no es una cuestión de ser machista, es una cuestión de saber comportarse en un ambiente laboral, joder.
Cuando Kieran acompaña a Aba a las galas o presentaciones de la selección, se queda en un segundo plano.
Es lo que haces cuando tu pareja está trabajando en un entorno distendido, acompañar sin acaparar.
Henry la fulmina con la mirada y parece que pilla la indirecta, porque se escabulle y da un paso atrás. Un segundo después, nos giramos todos para observarla por el grito que pega.
—Mi vestido —susurra y, cuando veo su espalda, me percato de que la tiene llena de vino tinto.
Hago el amago de ir a ayudarla, pero Kieran me frena y las chicas aparecen para llevarla al baño. Me la quedo mirando y el irlandés me endereza para que preste atención a mi alrededor. Sé que tiene razón y que no está sola, pero me jode no poder ayudarla.
—El vino tinto es muy traicionero —interviene Henry para romper el silencio incómodo—. Estábamos hablando de intereses ocultos y secretos a voces, ¿verdad, Harbaugh?
—¡Harbaugh! Déjalo ya, tío, nadie quiere jugar para ti. —El entrenador de los Raiders aparece de golpe y apoya el codo en el hombro de Joe—. No os fieis de él.
—Creo que la conclusión es que no podemos fiarnos de ninguno. Al final van a tener que replantearse lo de jugar en la NFL —suelta Kieran con una sonrisa de medio lado y se escucha un «puto irlandés» que no sé si se me ha escapado a mí, a Tyler o a Joe.
—Por fin uno que habla sin filtro —celebra mi héroe riendo y me da un codazo. En serio, estoy en un puto sueño.
—No te hagas ilusiones, Campbell —le corta Callahan—. El chaval no quiere ser profesional, no le hace falta ser diplomático.
—Entonces, ¿dices que es con él con quien tenemos que hablar?
—Campbell, no estarás molestando a mis chicos, ¿verdad? —El entrenador Phillips lo abraza y se dan tan fuerte en la espalda que estoy seguro de que mañana tendrán marcas.
—Solo estamos conociendo al dream team que has montado, Phillips —se defiende—. Y bromeando un poco con ellos.
—No todo es mérito mío.
—¡Qué humilde eres y qué bien sabes hablar, joder! —Campbell le pasa un brazo por los hombros y el entrenador Phillips niega con la cabeza—. Estamos aquí hablando de manera informal, no hace falta que te pongas en modo trabajo.
—Estáis todos evaluando la reacción de mis chicos, por si alguno se pasa con las bromas. —Phillips lo mira con cara de «a mí no me engañas» y todos se ríen.
—Si te sirve de consuelo, los has enseñado bien —suelta Harbaugh antes de irse hacia la barra sin despedirse.
—Yo intentaba tener una conversación normal —se defiende Callahan encogiéndose de hombros y se va junto a Henry.
El resto también se dispersa y, por primera vez en un rato, respiramos todos.
—Esta va a ser nuestra vida a partir de ahora, ¿verdad? —Tyler es el primero en romper el hielo y todos asentimos—. Me asusta y me encanta a partes iguales.
—¡Bienvenidos a la NFL! —bromea Kieran—. Donde todo es una prueba para ver si encajas o no en su equipo sin que el resto sepa si están o no interesados. Los juegos de poder son maravillosos.
—Glen los llama «Los juegos del hambre» —indico con una sonrisa y aprovecho para buscarla con la mirada, pero en el primer barrido rápido no la encuentro.
Antes nos hemos quedado a medias con la conversación y me gustaría retomarla, aunque sé que va a ser difícil con Candy por aquí.
A veces echo de menos estar los dos solos sin más y sin tener que hacer malabarismos para que no discutan.
Ojalá se llevasen bien o, al menos, no mal. Mi vida sería mucho más fácil.
—Me ha costado horrores no abrazar a Callahan cuando se ha presentado —admite Hunter con una sonrisa incrédula.
—Lo sé, por eso has pasado por alto sus palabras. —Todos examinamos a Kieran confusos, sin saber de qué habla—. Ha dicho «Tu evolución como jugador es espectacular». Eso significa que lleva tiempo detrás de tu cara bonita.
—Yo creo que solo es una forma de hablar —Joe se encoge de hombros—. Es normal que cuando tu nombre suena para el Heisman te valoren, ¿no?
—Sí, cierto —admite Kieran—, pero no es la impresión que me ha dado cuando lo ha dicho. Además, es el único que no os ha preguntado quién era quién.
—Se lo habrá dicho Henry —deduzco mientras Kieran me lanza una de sus miradas de «sé más de lo que digo» que tanto me desesperan.
«Joder, tío, o hablas claro o te callas, pero deja de crear expectativas».
—Sea por lo que sea, esta noche hemos dejado de ser un número más en una estadística. —Tyler está emocionado, aunque intente esconderlo—. Hunter, tío, que conste que veníamos por ti, pero nos ha salido la jugada redonda.
—Es lo segundo mejor de hoy —bromea Hunter—. Creo que no olvidaremos jamás este día.
—Barry —me giro hacia Brooke, que me sonríe—, Candy está en la zona de los baños y quiere hablar contigo. ¿Puedes ir?
—¿Cómo está? —le pregunto mientras la sigo, aunque una mano en mi brazo me frena y observo a Kieran extrañado.
—No dejes que siga reventándote la noche, Barry. Cualquier fallo te deja fuera del draft, y ella no parece captarlo o no quiere hacerlo.
Asiento sin ser capaz de contestar a Kieran, porque no tengo argumentos para contradecirlo.
Le he dicho a Candy que dejase de hacer comentarios cuando se esperaba que fuera otra persona la que hablase, que me soltase el brazo, que se separara de mí…
y no me ha hecho caso en nada. No entiendo por qué actúa así, ni por qué no ha cambiado su actitud después de hablar con ella.
A veces no sé por qué está conmigo; sin embargo, siendo sincero conmigo mismo, otras veces tampoco sé por qué estoy yo con ella.