4 Glen #2
Sí, por supuesto que conozco a su agente y por eso sé que es el mejor.
Igual que Henry me llamó para preguntarme por ellos antes de mover nada; una mala palabra por mi parte y no estaría tan feliz con su agente.
Claro que eso nunca lo haría por muy enfadada que esté con él, no tengo nada que reprocharle a nivel profesional, que es lo que le interesa a Henry al final.
—No lo veo, pero, en cuanto lo localice, te lo presento, ¿vale?
—Asiento—. ¿Qué vas a hacer estas navidades?
Vendrás a vernos a los playoffs, ¿verdad?
—No me da tiempo a contestar, porque Candy lo llama y pierde todo el interés en mí.
Su cara se llena de culpabilidad y no me hace falta escucharlo para saber qué va a decir—: ¿Hablamos luego?
—Claro.
Me despido con una sonrisa sabiendo, sin lugar a dudas, que eso no va a pasar. No mientras Candy esté aquí.
Media hora después, estoy mirando el móvil para pedir un Uber y largarme de una vez, cuando alguien se apoya a mi lado.
No necesito alzar la vista para reconocer a mi padre.
Se mantiene lo bastante lejos como para que parezca casual, y cerca como para escucharnos sin gritar.
¡Cómo me cuesta no adorarlo cuando hace estas cosas!
—He conocido a tus amigos. Ahora entiendo por qué te caen tan bien.
—Son buena gente —admito—. Casi todos.
—Lo están haciendo muy bien. —Asiente y sé que es su lado profesional el que habla—. Están conquistándolos a todos sin forzar nada, siendo ellos mismos y sin caer en todas las trampas que les han puesto.
—¿Han? ¿Te has quedado al margen?
—Sabes que no. —Se ríe—. Que hayan venido hoy aquí les da cierta ventaja sobre los demás jugadores. Pocos finalistas vienen a la gala con sus compañeros, eso dice mucho de ellos.
—Os he visto buscar el tipo de hermandad que tienen —confieso girándome un segundo para regalarle una sonrisa de medio lado—. Ya te dije que no eran ese tipo de capullos. Realmente son amigos y aprecian el fútbol.
—Y te creí, pero tenía que comprobarlo. Y Henry también. —Se encoge de hombros—. Ya sabes que ahora mismo para ellos todo es una prueba y entran en un juego de poder por quién estará o no en el draft.
—¡Que empiecen los juegos del hambre! —bromeo, haciendo alusión a la broma que siempre hacen Henry y mi padre sobre el periodo de captación y fichajes.
—Lo entenderían. —Giro la cabeza para mirarlo confundida—. Si les contases quién eres, lo entenderían.
—Prefiero no correr el riesgo —susurro con el corazón encogido. Mi padre me aprieta la mano, apenas dura un segundo, pero solo necesitaba eso.
—El doctor Freeman me ha dicho que ha hablado contigo y que te ha ofrecido trabajo. Sabes que si no lo llamas tú se presentará en casa, ¿verdad?
—No voy a ir, papá. Ya te dije que no quería favoritismos. —Chasqueo la lengua—. ¿Por qué lo has hecho?
—Glen, yo no le he dicho nada. Él me preguntó cuándo te graduabas y contesté. Fin.
—No quiero ser una enchufada, no quiero que nadie cuestione mi valía. Si me salto los procesos de selección, ¿en qué me convierte eso?
—No te vas a saltar nada, los harás como cualquier otro candidato. Y no eres una enchufada por quién es tu padre, sino por quién eres tú. Te conoce desde que eras una niña, Glen, y lleva deseando trabajar contigo desde que tenías edad para hacerlo.
—Eso suena muy siniestro. —Los dos arrugamos la nariz.
—Me he dado cuenta después de decirlo. —Se ríe por lo bajo—. Lo que quiero decir es que sabe lo que vales y te quiere en su equipo, eso debería alegrarte, no cabrearte.
—Sigo siendo tu hija.
—Cherry se graduó el año pasado en Relaciones Públicas y nadie en su sano juicio quiso entrevistarla, y eso que es la nieta del dueño… No es porque seas mi hija, te lo aseguro.
—¿Cherry se ha graduado? —Lo miro sorprendida, si le costó acabar el instituto.
—No seré yo quien diga algo malo de una persona que se cambió el nombre a Cherry, pero… Bueno, hay universidades más laxas que otras.
—¿Y si yo no quiero? —le pregunto en un susurro pasados unos segundos.
—Se lo dices a él. Yo solo soy un mero intermediario.
—¿Y si no quiero tener ningún tipo de relación con el fútbol? —admito por primera vez delante de él.
—Espero que hables a nivel laboral, porque en cuanto a lo personal creo que llegas tarde…
—Ya sabes a lo que me refiero.
—Fui el primer sorprendido por tu especialización, así que la respuesta es que me daría igual.
Sé lo mucho que lo odias, por lo que lo entiendo.
Lo que hagas me parecerá bien. —Me da un beso en la mejilla antes de asegurarse de que nadie nos vea y vuelve a apoyarse en la pared como si nada—.
Voy a estar muy orgulloso de ti hagas lo que hagas, Glen.
Y, aunque no quieras mi ayuda, si la necesitas, la tendrás.
—¿Y si acabo en un equipo de béisbol? —bromeo, y suelto una carcajada por la cara de pánico y asco de mi padre.
—Te querré igual, pero me costará hacerlo —se burla—. ¿Estás bien? Pareces triste.
—Está siendo una noche extraña. Es difícil no ser tu hija cuando todo el mundo me saluda como si se alegrara de verme y me cuesta lidiar con el hecho de no poder estar con mis amigos y que a nadie le importe.
—Están trabajando —me recuerda y asiento.
Cierto, esto no es una celebración solo para ellos—.
No son unos simples jugadores de fútbol universitario en una fiesta elegante.
Miller será el número uno del draft sin lugar a dudas y, si Reed juega bien sus cartas, lo elegirán en primera ronda.
Están demostrando que no son la mejor línea ofensiva de la liga por casualidad, la presión que tienen encima es grande y son el centro de atención de todos, no es fácil.
Ahora mismo tienen que ser egoístas en cierta manera, se están jugando su futuro.
Estoy seguro de que están tan pendientes de los directivos que ni se han dado cuenta de que no estás con ellos.
—Sé que tiene razón, pero no por eso me siento menos sola.
Me quedo callada esperando más información y se ríe—.
Los Coleman entrarán entre la tercera y la quinta ronda, no tengo más información porque ya sabes cómo funciona el tema, hay que disimular el interés para que nadie te la juegue. Henry hará un buen trabajo.
—¡Glen! —Aba llega hasta mí y se deja caer a mi lado—. Por fin te encuentro, necesito un respiro, esto está siendo un suplicio. —Nos observa a mi padre y a mí y frunce el ceño—. ¿Interrumpo?
—No, tranquila. —Le dedico una sonrisa—. Le he pedido un autógrafo para mi padre, es un gran fan suyo.
—Señorita Bennet, espero que a su padre le guste la sorpresa. —Mi padre se despide con un gesto de cabeza y se dirige a la barra, donde está Henry. Centro mi vista en Aba, que parece que necesita un respiro.
—¿Estás bien?
—No —admite resoplando—. Estoy harta. Menos mal que Kieran no quiere ser profesional, porque no estoy hecha para ser diplomática y sonreír.
—Te pasas el día entero sonriendo —me burlo.
—No a personas que no conozco —refunfuña y alzo una ceja—. La realidad es que Candy nos está poniendo a todos de los nervios. Menos mal que se ha encerrado en el baño porque alguien ha derramado vino en su vestido.
—¿Perdona? —Desvío la vista hacia mi padre y Henry, y este último alza su copa de vino antes de beber un trago. Frunzo los labios para no reírme, al menos hasta que Aba empieza a sacudirse entre risas—. Es feo que nos alegremos.
—Lo sé —admite y ya no se esconde—, pero es que ha sido épico, Glen. Te habría encantado verle la cara.
—No me cabe duda.
—¿Por qué estás aquí? Sé que no te gustan este tipo de eventos y que no soportas a Candy, pero podrías venirte un rato con nosotros.
Te echamos de menos. —Se me encoge el corazón por sus palabras—.
Va, vente, creo que ya no queda nadie con quien no hayan hablado y Kieran ha empezado a decir tonterías.
—No sé…
—¡Porfa! —Entrelaza su brazo con el mío—. Necesito fuerzas para soportar a mi novio.
—No me necesitas para eso —bromeo y me dejo arrastrar por ella.
—A veces lo que necesito es no tener fuerzas para matarlo.
Me estoy riendo cuando llego hasta el grupo, donde no hay ni rastro de Barry ni de Candy. Espero que no haya sido tan estúpido como para irse con ella en un día tan importante como hoy o se arrepentirá el resto de su vida.