54 Olivier
S e le había agotado el tiempo.
Ahora estaba seguro de ello. Mientras se quedaba ahí de pie, viendo cómo August y Wren atravesaban el umbral que separaba el más allá del mundo de los vivos, borrando así sus almas de la existencia, con la única esperanza de tener una segunda oportunidad de vivir, sintió cómo él también estaba llegando al final de su propio camino.
Llevaba huyendo de su inevitable destino más tiempo que la mayoría.
Había logrado engañarlo en más ocasiones de las que podía recordar. Pero ahora… su tiempo se había agotado.
El brillo de la magia de Masika le resultaba abrumador.
Siempre le había parecido preciosa, pero, en ese momento, estaba devastadoramente hermosa .
Era como si su propia alma se hubiese sumergido en un baño de luz de estrellas.
Y ese brillo sobrecogedor ardía con fuerza bajo su piel, otorgándole un poder increíble.
Aunque, a decir verdad, Masika siempre había sido brillante.
Absorto en la enorme magnitud del poder de la joven, Olivier no se había percatado de que se había acercado a él. Parecía estar evaluándolo con la mirada, analizando algo que Olivier no lograba comprender del todo.
—Tu memoria —susurró—. No puedo revertirlo. No puedo detener el Olvido.
Él soltó una carcajada amarga.
—Me lo imaginaba.
—Pero… —continuó diciendo Masika, ladeando la cabeza—, a diferencia de la de Wren, tu alma sigue intacta. Sigue anclada a este plano de la existencia. Lo que significa que puedo ofrecerte algo muy distinto. A los dos, en realidad.
—¿El qué? —le preguntó Emilio, jadeante.
—Puedo liberaros de vuestros deberes como segadores y ofreceros la posibilidad que siempre debisteis de haber tenido, desde el principio.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Emilio, observándolos alternativamente—. ¿De qué posibilidad estás hablando?
La mirada de Olivier se encontró con la de Masika.
Un brillo de esperanza le iluminaba los ojos ambarinos…
, el susurro de una promesa. Pero también había algo más.
Algo mucho más oscuro. Un destello de tristeza que ardía con fuerza en las profundidades de su mirada.
Porque, por mucho que le doliera, aquella elección, esa decisión, cambiaría para siempre el rumbo de su existencia, de la de los tres.
—El Otro Lado. —Olivier entrelazó su mano con la de Emilio—. Quiere decir que tenemos la posibilidad de cruzar al Otro Lado.
Emilio se volvió hacia él como un resorte, confuso.
—Pe-pero… —tartamudeó, con el ceño fruncido—. Tú no quieres eso. Siempre has dicho que la idea de cruzar al Otro Lado te daba repelús.
Olivier no pudo evitar echarse a reír. Sintió cómo una cálida oleada de calma se apoderaba de él poco a poco.
Nunca había tenido las ideas tan claras como en ese momento.
Nunca había estado tan seguro de nada, en toda su existencia.
Porque la respuesta era muy sencilla. Maravillosa y deliciosamente sencilla .
—Quiero estar contigo —respondió en un susurro—. Me da igual dónde.
—Pero ¿y si tienes razón? —le preguntó Emilio, en un murmullo roto—. ¿Y si no hay nada esperándonos al Otro Lado?
Olivier sonrió.
—Pero ¿y si me equivoco?
Emilio respiró hondo, y el pecho se le estremeció con el aliento. Sus ojos marrones brillaban por culpa de las lágrimas contenidas.
—¿Estás seguro?
—Solía pensar que no existía nada más aterrador que lo desconocido —explicó Olivier, y las palabras surgieron de entre sus labios a borbotones, casi atropelladas—.
Que solo un tonto cruzaría al Otro Lado sin estar seguro de lo que le esperaba allí.
Pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado.
Completamente equivocado. Da muchísimo más miedo estar seguro de algo .
Porque ahora que sé, con absoluta certeza, que mi corazón te pertenece, no hay nada más aterrador que la idea de tener que existir sin ti a mi lado.
Emilio cerró los ojos.
—Olivier —lo llamó en un susurro y Olivier sintió cómo su alma se acercaba a él, cómo ese hilo invisible que los unía tiraba del uno hacia el otro. Si cerraba los ojos, podría haber jurado que oía el eco acelerado de su corazón, atreviéndose a latir…, atreviéndose a vivir .
—Lo sé, amor mío. —Atrajo a Emilio hacia sí—. Lo sé.
Sus labios se fundieron en un beso apasionado.
Olivier saboreó el universo entero en la boca de Emilio.
Pudo sentir la eternidad en sus caricias.
Y quería más. Más de Emilio. Más de sus manos recorriendo el torso del chico de arriba abajo.
Más de su aliento, rozándole el hueco del cuello a Emilio.
Pero, sobre todo…, quería más tiempo. Porque el tiempo que pasase a su lado nunca sería suficiente.
Al menos, aquí no. Pero, tal vez…, en el Otro Lado…
, podrían tener la vida eterna que se merecían.
Se separaron con lentitud. Casi a regañadientes.
Absorto en el paraíso al que le habían llevado las caricias de Emilio, Olivier casi se había olvidado de que Masika seguía ahí de pie, observándolos. Les había dado ligeramente la espalda, para ofrecerles algo de privacidad, pero su presencia era casi imposible de ignorar.
Olivier carraspeó con fuerza.
—Muy bien.
Masika se volvió de nuevo hacia ellos.
—¿Muy bien?
—Cruzaremos al Otro Lado.
Masika suspiró con fuerza. Un suspiro cargado de una mezcla de alivio y tristeza. Y después asintió con la cabeza.
—Excelente.
Alzó una mano y la puerta hacia el mundo de los vivos se transformó en otra muy distinta.
Esta segunda emanaba un resplandor dorado, y unas cuantas enredaderas salpicadas de rosas se enroscaban alrededor de su marco.
Un río rubí de pétalos aterciopelados caía a ambos lados del umbral, esparciéndose después por el suelo a su alrededor.
—Esta es vuestra parada.
Emilio se acercó a Masika con cautela, con un brillo avergonzado iluminándole la mirada.
—¿Confío en que cuidarás de Benji?
Masika esbozó una sonrisa triste, con los ojos anegados en lágrimas.
—Tienes mi palabra.
Emilio dudó por un momento, al tiempo que recorría el rostro de la chica de arriba abajo con la mirada, y entonces se lanzó hacia ella, abrazándola con fuerza. La expresión férrea de Masika vaciló, y una única lágrima rebelde se deslizó por su mejilla.
—Dios, te voy a echar tanto de menos —murmuró Emilio, con la voz rota.
—Yo te voy a echar de menos a cada segundo de cada día. —Masika se alejó de Emilio con delicadeza, y le tomó la barbilla entre los dedos, obligándolo a alzar la mirada—. Pero te lo mereces. Te mereces tener la eternidad que siempre has deseado.
Cuando los ojos ambarinos de Masika se volvieron hacia Olivier, él contuvo el aliento de forma involuntaria, y se le formó un nudo de miedo en la garganta.
¿Qué se suponía que podía decirle? Literalmente habían tenido que pasar juntos por un maldito infierno, habían visto cosas, hecho cosas, que la mayoría ni siquiera podrían llegar a imaginar.
Y ahora… había llegado la hora de despedirse.
—Me alegro de que nos hiciésemos amigos. —Olivier esbozó una sonrisa triste—. Incluso aunque tardásemos unas cuantas décadas.
Masika se carcajeó. Entrelazó sus dedos con los de él y le dio un suave apretón.
—¿Así que amigos, eh? ¿Qué ha pasado con lo de «desafortunados conocidos»?
Olivier negó con la cabeza, sin dejar de sonreír, pero las lágrimas le anegaron los ojos.
—Creo que prefiero el término «amigos». —Y entonces se acordó de algo más, y no pudo morderse la lengua, por lo que respiró hondo y siguió hablando—: Ah, y, por cierto, sé que ahora eres la reina del más allá o lo que sea, pero, por favor…
, haznos a todos un favor y arregla ya las cosas con Catherine. Porque está loca por ti.
La directora de la Academia Blackwood hizo lo impensable.
Se sonrojó .
Olivier sonrió de oreja a oreja, complacido.
Con eso me vale .
Después se volvió hacia la puerta con decisión.
Durante un instante de duda, se hizo el silencio.
—Bueno…, ¿qué te parece si hacemos una apuesta? —preguntó Olivier, con aire despreocupado.
Emilio soltó una sonora carcajada.
—Olivier Dupont. No puedes estar en serio coqueteando conmigo en un momento como este.
—Ay, mi querido Emilio. —Olivier sonrió—. Siempre es un buen momento para coquetear contigo.
Cuando los dos chicos atravesaron el umbral hacia el Otro Lado, adentrándose así en lo desconocido, no derramaron ni una sola lágrima. No hubo tristeza. Ni tampoco un solo atisbo de miedo. Tan solo un par de sonrisas dibujadas en sus caras y la promesa de mucho más . Más tiempo. Más risas.
Y, sobre todo, esperanza .