47 Wren #2
Al tiempo que aquellas palabras abandonaron sus labios, toda la estancia cobró vida, un vórtice de viento furioso estalló de repente.
Los papeles que había sobre el escritorio salieron volando.
Los libros cayeron al suelo. Las ventanas se abrieron de golpe, y los cristales se hicieron añicos.
El retrato de Silas que había colgado detrás de su escritorio cayó al suelo con un estruendo.
El dolor se abrió paso a través del pecho de Wren, como un ave fénix renaciendo de sus cenizas y, cuando se volvió hacia los demás, que seguían de pie en el umbral, vio el miedo reflejado en sus rostros… , el terror.
Bien.
Temedme.
— Él os asesinó a todos —escupió— . Blackwood no os eligió. Él os obligó a acabar aquí. Fueron sus manos las que orquestaron cada una de vuestras muertes, las que os arrebataron la opción de elegir que siempre debisteis tener. Se merece que lo castiguen por ello. ¡Se merece sentir nuestra ira!
—Tienes razón —susurró Olivier, y se le rompió la voz—. Si lo que dices es cierto, entonces se merece que lo castiguen por ello. Pero no a expensas del resto del más allá. No destruyendo las almas de cientos de alumnos inocentes.
— ¿Cómo puedes decir eso precisamente tú ?
—siseó. Cuando Olivier frunció el ceño, confuso, Wren siguió adelante— .
Puedo sentir cómo se te agota el tiempo, Olivier.
Es cuestión de horas que el Éter te reclame y te arranque del más allá, obligándote a vagar por toda tu patética eternidad por el purgatorio sin recuerdos de tu pasado. Y todo es culpa suya . Él te hizo eso.
—Lo sé. —A Olivier le tembló el labio inferior, pero le sostuvo la mirada—. Pero prefiero dejar que mi alma y mis recuerdos se desvanezcan que convertirme en alguien como él.
Wren soltó una carcajada amarga.
— Entonces, eres débil .
Masika dio un paso al frente.
— Tú eres la débil.
Wren parpadeó con fuerza y se volvió como un resorte hacia ella.
— ¿Disculpa?
—¿En serio crees que esto te hace más fuerte? —se burló Masika, señalando la destrucción que los rodeaba—. ¿Este poder? ¿Tus sombras? ¿El sembrar el caos, la muerte y el odio? —Le temblaba la voz, pero habló con decisión, y sus ojos ambarinos ardían con fuerza.
»¿Quieres saber lo que significa ser débil de verdad?
—añadió—. Es darle la espalda a la gente que te importa.
Es la codicia . Es permitir que te ciegue la venganza y el rencor.
—Recorrió el rostro de Wren con la mirada, y entonces las llamas que habían ardido hacía tan solo un segundo tras sus ojos ambarinos comenzaron a apagarse.
Negó con la cabeza, como si se compadeciese de ella—.
Y la Wren Loughty que conozco es fuerte, y jamás permitiría que la venganza o el rencor dictasen sus actos.
Por eso sé que esta —señaló a Wren de arriba abajo con un gesto derrotado— no es ella.
Wren frunció los labios y entrecerró los ojos.
— Entonces, no me conoces —gruñó— . Ya no.
—Una de sus sombras se alejó de Silas, deslizándose lentamente hacia los demás, que seguían de pie en el umbral— .
Solo os lo voy a advertir una vez más. Marchaos.
O no dudaré en acabar con vosotros. —Cuando la sombra se acercó a Masika, Irene se interpuso en su camino, colocándose de forma protectora frente a la otra chica.
—Adelante —se carcajeó Irene, esbozando una sonrisa amarga. Una serie de afilados zarcillos de luz plateada chisporrotearon sobre las palmas de sus manos—. Siempre he querido rajarte esa preciosa carita tuya…, tú solo dame un motivo y verás.
— ¡Ya basta! —La voz de August resonó por toda la estancia. Su mirada se encontró de inmediato con la de Wren, y parte de su determinación se resquebrajó. Esos ojos grises . A pesar de estar eclipsados por las sombras del Desalmado, seguían despertando algo en su interior.
Debería acabar con él. Era una distracción. Una enfermedad.
HAZLO.
Pero no lo hizo. Wren ni siquiera se movió.
No fue más que un brevísimo instante de vacilación. Un momento de debilidad.
Y aquello era exactamente lo que Silas había estado esperando.
Wren pudo sentir el momento en que se movió tras ella, con una mano extendida, preparado para atacar. Pero, por suerte, era rápida. Mucho más de lo que Silas había anticipado y, cuando se volvió a mirarlo, alargó un brazo hacia él y una oleada de sombras hambrientas salió disparada de su interior.
Intentó adelantarse a él. Moverse mucho más rápido.
Pero, al final, ninguno salió vencedor.
Porque se movieron al unísono.
¡¡¡¡NO!!!!
A su alrededor, el mundo estalló de golpe, en un abrir y cerrar de ojos.
Wren bajó la mirada hacia su mano, la que había hundido en el pecho de Silas, y después la deslizó hacia la de él , enterrada en el suyo.
Estaban unidos, con las sombras y las luces entrelazándose entre sus cuerpos, y en ese momento supo, con una certeza que le produjo un horrible escalofrío, que ese era el final.
Alguien estaba gritando desesperado a su espalda, pero aquello daba igual.
Porque no podrían detener lo que ya había comenzado.
Wren Loughty alzó la mirada hacia los ojos del director Silas.
— Me pregunto… —comentó en un susurro, con voz clara y delicada— . Cuando tu alma se haga añicos y el olvido por fin te lleve consigo…, ¿gritarás?
Silas sonrió.
Y entonces, de repente, lo vio. Esa cosa que había visto antes refulgiendo en su mirada.
Ese brillo que había vislumbrado cuando había entrado en su despacho.
Al haber estado envuelta en las sombras, no había sido capaz de reconocerlo…
, incapaz de sentir cualquier emoción que no fuese la oscuridad, el odio o la ira.
Pero en ese momento lo supo. Lo vio tan claro como el agua.
Arrepentimiento.
—Yo podría preguntarte lo mismo, Wren Loughty.
Durante un instante, ninguno de los dos se movió.
Se quedaron allí, con las manos enterradas en el pecho del otro, mirándose fijamente.
Wren por fin lo comprendió todo, por fin entendió al hombre abatido y destrozado que se escondía tras la fachada de Silas.
Comprendió su miedo. Su pánico. Silas nunca había sido ningún dios.
Tan solo era un hombre. Y, al igual que todos los hombres que le habían precedido, su reloj de arena por fin se había quedado sin tiempo, su poder se había apagado.
Wren le devolvió la sonrisa.
Y entonces, juntos, acabaron con la existencia del otro.
Oscuridad. Dulce y maravillosa oscuridad. El cálido abrazo del olvido envolvió a Wren, arrastrándola hacia las profundidades, invitándola a volver a casa. Pero, entonces…, ocurrió algo más. Una voz. Esa voz obstinada e implacable.
«Abre los ojos, Wren».
Y, de repente, estaba subiendo de nuevo, como si el olvido la hubiese rechazado, empujándola de vuelta a la realidad.
Dolor.
Podía sentirlo por todas partes. Consumiéndola. Desgarrándola.
Wren se despertó gritando. Estaba tumbada en el suelo del despacho. Cerniéndose sobre ella, se encontraba el rostro de August, que estaba arrodillado a su lado, observándola aterrado, mientras susurraba su nombre como si fuese una plegaria o estuviese invocando un hechizo.
—Wren, Wren, Wren.
Giró la cabeza lentamente.
Junto a ella, Silas yacía tendido en el suelo, observando el techo con la mirada vacía.
Alargó un brazo hacia él, pero, en cuanto su mano temblorosa le rozó la mejilla, su piel comenzó a desintegrarse, lentamente, fragmento a fragmento, hasta que el director de la Academia Blackwood se desvaneció ante sus ojos.
Destruido. Se esfumó.
Por fin, por fin desapareció.
Pero ¿por qué Wren no había corrido la misma suerte?
Se habían arrancado el núcleo de sus almas el uno al otro.
Ella había podido sentir cómo se lo arrebataba.
El momento en que todo había ocurrido. C ómo esa llama en su interior se apagaba.
Y, sin embargo, ahí estaba. Su cuerpo seguía intacto.
Pero su alma… no . Apenas quedaba una pequeña chispa de lo que había sido.
Y se estaba apagando. Suspendida de un hilo casi invisible.
Pero ¿qué era en realidad ese hilo? ¿Qué era lo que la estaba anclando al más allá? ¿Lo que le estaba impidiendo desvanecerse en el olvido? No lo sentía como si formase parte de ella. No tenía esa esencia tan familiar que había aprendido a reconocer con el paso de los años.
Aun así, le resultaba familiar . Esa ancla. La sentía como si fuesen unas manos que la estuviesen sosteniendo con firmeza. Cálidas. Amables.
—August.
Se le escapó su nombre de entre los labios, con la voz ronca y rota. Él alargó de inmediato los brazos hacia ella, acunando su rostro entre sus manos.
—¿Qué ocurre?
—Eres tú —respondió en un susurro. Porque estaba segura. Era un fragmento del alma de August. Anidado en su interior, no era más que un pequeño destello, pero la estaba anclando al más allá con todas sus fuerzas, sosteniéndola, negándose a dejarla marchar.
August ladeó la cabeza, claramente confuso.
—¿De qué estás hablando, cariño? —Le apartó un mechón empapado en sudor de la cara—. ¿Qué es lo que soy yo?
Wren soltó una carcajada, pero le salió demasiado ahogada y roca.
—¿Pensabas… contarme alguna vez… que habías introducido… un pedazo de tu alma… en mi interior?
August la observó desolado. Le temblaba el labio inferior, y se le anegaron los ojos de lágrimas.
—Solo quería salvarte.
—Y lo hiciste. —Alzó una mano hacia él y acunó su rostro, acariciándole la mejilla con dulzura—. Pero no va a poder aguantar mucho más.
De un momento a otro, algo se despertó dentro de Wren.
Una avalancha de recuerdos la sobrecogió.
Todo el dolor que había causado. El miedo que había infligido.
Tantas almas inocentes . Destruidas por su culpa.
Aplastadas. Arthur . Había deformado su alma hasta convertirlo en una criatura sombría, incapaz de pensar por sí misma.
Y había sonreído…, se había reído mientras lo hacía.
Había disfrutado de cada segundo.
NO .