Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 44 Olivier
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44 Olivier

U na matanza.

Eso fue con lo que se encontró cuando August los trasladó de vuelta a Blackwood y se materializaron cerca de las escaleras de la biblioteca.

Por un momento, se permitió disfrutar de la familiaridad de lo que le rodeaba.

Los delgados riachuelos de niebla vespertina que se deslizaban entre sus pies.

El aire fresco y revitalizante acariciándole la piel.

Los enormes e imponentes robles que flanqueaban su camino, con sus hojas otoñales meciéndose con la brisa.

La Academia Blackwood.

Nunca había pensado que llegaría el día en que la echaría de menos.

Pero antes de que Olivier pudiese permitirse el lujo de ponerse demasiado sentimental, el hedor de la violencia lo golpeó de lleno.

La destrucción de momento estaba contenida al sur de los terrenos, donde se había formado un mar de capas negras y rojas.

La Orden de los Demien, los soldados de la Resistencia y los Ascendidos se enfrentaban sin descanso.

Pero daba igual la cantidad de escudos defensivos que invocasen o las armas imbuidas de magia corpórea que portasen, nada parecía bastar para contrarrestar el imparable poder de la Orden de los Demien.

No vamos a ganar.

En cuanto aquel pensamiento se abrió paso a través de su cabeza, una violenta ráfaga de sombras salió disparada desde algún lugar a su izquierda.

Catherine apartó a Olivier en el último segundo de un empujón, antes de que el hechizo pudiese golpearle de lleno.

Se tambaleó, pero recuperó el equilibrio rápidamente.

Y Emilio ya estaba a su lado para cuando logró reorientarse.

Olivier pudo ver de dónde había provenido ese ataque. Tres Demien sedientos de sangre se les estaban acercando, con las manos extendidas hacia ellos y las sombras brotando de su interior. Sus ojos no eran más que un par de pozos negros. Los observaban con un veneno mortal en la mirada.

E iban directos a por Olivier y los demás.

Catherine entró en acción de inmediato, desenvainando su lanza reluciente, y un brillante arco de luz plateada brotó de la punta de su arma. Justo a su lado, Dina tomó un par de dagas y movió la cabeza de un lado a otro, preparándose para luchar.

August maldijo por lo bajo.

—Mierda.

Olivier se volvió a mirarlo.

—¿Qué pasa?

Cuando Olivier se fijó en él, vio reflejado en su rostro el precio que había tenido que pagar por haber usado tanta magia sombría.

Las venas negras le subían por el cuello y se deslizaban por sus mejillas, palpitantes de poder.

Su mirada también ardía con una furia incontenible, con una intensidad que a Olivier le revolvió el estómago.

Pero, antes de que August pudiese responder, uno de los Demien, el que encabezaba la comitiva, los llamó, y su voz se impuso sobre el estruendo de la batalla.

Tenía el cabello rubio, aunque más claro que el de Olivier, y las venas negras le surcaban el pálido rostro, similares a las de August. Y los estaba observando atentamente.

—¡General Hughes! —El chico llamó a August con un gruñido salvaje—. Parece que estás en el bando equivocado de la guerra.

August se adelantó un paso, pero a Olivier no se le pasó por alto su ligera cojera.

Las venas negras que le surcaban los antebrazos habían comenzado a crecer, subiendo cada vez más por su cuerpo, devorando su alma a cada segundo que pasaba.

August se estremeció e hizo una mueca de dolor, como si en su interior se estuviese librando una batalla aún peor que la que los rodeaba.

—Déjalos en paz, Callum.

El chico, Callum, observó a August con una ceja enarcada.

— ¿Ah? ¿Eso es una orden?

Una de las sombras que se deslizaba alrededor de la muñeca de August se lanzó de repente hacia su mano derecha, arremolinándose sobre la palma.

Estaba cambiando. Fusionándose con otras sombras hasta formar lo que parecía una espada.

La oscuridad comenzó a endurecerse, volviéndose mucho menos difusa, casi hasta solidificarse sobre su mano.

August agarró con fuerza la empuñadura de la espada de sombras y la blandió hacia Callum.

—Todavía tienes tiempo para retirarte.

Callum guardó silencio, como si estuviese valorando seriamente sus opciones, pero entonces las comisuras de sus labios se deslizaron hasta formar una sonrisa cruel, y sus sombras descendieron hacia su propia mano, forjando una espada idéntica a la de August.

—Pero ¿eso qué gracia tendría?

Los Demien se movieron a la vez, como si fuesen uno.

Olivier apenas tuvo tiempo para reaccionar, lo justo para tirar de Emilio hacia sí cuando un remolino denso de sombras pasó junto a ellos.

Callum y August se encontraron en el centro del campo de batalla, lanzándose el uno contra el otro.

Las hojas de sus espadas se entrechocaron.

Los otros dos Demien, los que hasta ese momento habían estado flanqueando a Callum, se volvieron hacia el resto del grupo. Uno de ellos se abalanzó sobre Emilio.

Olivier intentó interponerse entre ellos, pero el Demien fue mucho más rápido, y una lanza de sombras salió disparada de su mano antes de que Olivier pudiese siquiera moverse.

Emilio, sin embargo, ya estaba preparado para el ataque.

A pesar de estar sosteniendo a Benji, alzó el brazo que tenía libre y creó un escudo a su alrededor.

Justo cuando la punta de la lanza estaba a punto de alcanzar su objetivo, se estrelló contra los hilos de luz dorada del escudo que había invocado Emilio, desintegrándose antes de poder rozarlo siquiera.

El Demien profirió un gruñido ronco, furioso.

Levantó un brazo, preparado para atacar de nuevo.

Pero el ataque nunca llegó. En cambio, el Demien abrió los ojos como platos.

Sus labios se entreabrieron también, en una especie de grito ahogado.

Olivier tardó tan solo un momento en localizar a la directora Birdie justo detrás de él, y se fijó en que su brazo sobresalía del pecho del Demien, como si lo hubiese atravesado con él.

Con un grito ronco y gutural, Birdie sacó el brazo de un tirón, y una masa oscura se arremolinó sobre la palma de su mano.

Su alma , comprendió Olivier, con un suave grito ahogado.

Los ojos del Demien se quedaron inusualmente vacíos.

Y entonces las sombras que le corrían por las venas parecieron envolverlo, devorándolo por completo, hasta que lo único que quedó de él fue una masa informe de sombras que se desvaneció en el aire en un abrir y cerrar de ojos.

Olivier le dedicó a su antigua directora de casa una sonrisa temblorosa.

—Gracias.

Birdie se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano y soltó una carcajada seca.

—Me alegro de haber podido ser de ayuda.

A su izquierda, en alguna parte, Catherine y Dina seguían enfrascadas en su propia batalla, defendiéndose del otro Demien con sus armas imbuidas de magia corpórea.

Pero Catherine había resultado gravemente herida, y Olivier supo, por cómo brotaba la sangre de la herida que tenía en el vientre, que necesitaba a un sanador, y rápido .

Por suerte, parecía que la directora Russo también había logrado acercarse a su atacante sin hacer ruido.

Olivier vio cómo enterraba un brazo en su pecho, y cómo, en cuanto le arrancó el oscuro núcleo de su alma, el Demien se desvanecía entre las mismas sombras que le habían corrido antes por las venas.

August, sin embargo, seguía enzarzado en su batalla con Callum. Los dos chicos seguían luchando, con sus espadas de sombras entrechocándose una y otra vez.

Uno de los dos va a acabar perdiendo.

Justo cuando ese pensamiento surcó su mente, observó, conteniendo la respiración, cómo August perdía de repente el equilibrio.

Cómo la espada se le caía de las manos, con un ruido sordo.

Callum no perdió el tiempo. Alzó su arma para asestarle el golpe final.

Y una sonrisa perversa se dibujó en sus labios.

Olivier abrió la boca para gritar. No .

Pero aquel momento de debilidad de August le pilló tan por sorpresa como a Callum, porque ninguno de los dos se fijó en la segunda espada sombría que se había formado de repente en la mano de August hasta que atravesó el pecho del Demien con ella. Clavándosela directamente en el centro de su alma.

Los ojos de Callum se abrieron como platos.

Los labios le temblaron y, al principio, Olivier pensó que era la sorpresa la que le deformó la expresión.

La negación. Pero, cuando las comisuras de sus labios se elevaron, a Olivier se le pasó por la cabeza que quizás era algo muy distinto lo que veía reflejado en la mirada del Demien. Algo mucho más oscuro.

Callum sonrió…, como si estuviese orgulloso. Y luego una sola palabra surgió de entre sus labios.

— Encantador .

Aquello pareció bastar para sacar a August de su estupor. Arrancó la espada sombría del pecho de Callum y el Demien explotó , su alma se desintegró al momento, disolviéndose en miles de infinitas motas de ceniza y sombras.

August permaneció allí, inmóvil, arrodillado en el suelo. Su pecho subía y bajaba con cada respiración agitada. Olivier posó una mano con delicadeza sobre su hombro, y August se estremeció al momento, alzando la mirada hacia él con los ojos bañados en sombras.

—No pasa nada —le consoló Olivier en un susurro, tratando de tranquilizarlo—. Ya ha acabado todo.

Y entonces August parpadeó y Olivier contempló, aliviado, cómo sus ojos volvían a ser los de siempre, cómo sus iris plateados le devolvían de nuevo la mirada.

Pero, aun así, Olivier siguió pudiendo ver la guerra interna que August estaba librando en su interior.

El esfuerzo titánico que estaba haciendo por mantener las sombras a raya.

—¡Tenemos compañía! —gritó Russo. A unos metros de distancia, un grupo de Ascendidos se estaba acercando a ellos.

A pesar de las sombras de la noche, sus ojos relucientes refulgieron en medio de la oscuridad, como si fuesen una manada de lobos acechando a sus presas.

Birdie había alzado un escudo defensivo a su alrededor y, aunque de momento bastaría para mantenerlos a salvo, Olivier sabía que no duraría eternamente.

Junto a ella, Russo desenvainó con rapidez su espada, y unas llamas furiosas recubrieron de inmediato su hoja afilada.

—Voy a buscar a un sanador. —Dina se pasó uno de los brazos de Catherine por los hombros, aunque esta murmuró una protesta, algo que sonaba como que se encontraba «perfectamente bien», lo que era casi ridículo, sobre todo teniendo en cuenta el agujero del tamaño de un puño que tenía en el abdomen.

—¿Puedes llevártelo a él también? —Emilio señaló a Benji, todavía acunado entre sus brazos—. Por favor.

—Sí, vale. —Dina tomó a la criatura en brazos y lo abrazó contra su pecho—. Ahora, marchaos.

Catherine agarró a Olivier del cuello de la camisa y lo atrajo hacia ella con fuerza.

—Tráemela de vuelta. —Le temblaba la voz, y lo estaba observando con los ojos bien abiertos y un brillo desesperado refulgiendo en su mirada—. Por favor.

—Lo haré —le respondió en un susurro—. Te lo prometo. —Sus promesas no valían nada, pero, aunque Catherine fuese consciente de ello, lo soltó igualmente, dejándose caer de nuevo entre los brazos de Dina.

Por un instante, Olivier vaciló. Cayó en la cuenta de que en realidad no tenía ni idea de a dónde debía ir.

Observó a August y a Emilio y, aunque este último parecía tan sorprendido como él, el primero tenía la mirada clavada en la estructura en espiral que conformaba la residencia de los Ascendidos.

El edificio se alzaba imponente en la oscuridad, con su fachada de ladrillos cubierta de hiedra, elevándose del suelo como una bestia voraz… , burlándose de ellos.

—Allí. —August señaló la torre con un gesto de la cabeza—. Si tienen a Masika retenida en alguna parte, debe de ser allí.

Olivier vaciló por un momento.

—¿Estás seguro?

August asintió.

—Marchaos. Encontradla.

Olivier ladeó la cabeza, confundido.

—¿No vas a venir con nosotros?

El chico esbozó una mueca triste.

—Sabes que no puedo.

Olivier no le pidió que le diese más detalles, porque sabía exactamente lo que quería decir con eso.

Wren .

Así que asintió con la cabeza, dejándole saber que lo entendía.

—Buena suerte.

August le dedicó una sonrisa y, cuando la vio, Olivier sintió cómo se le rompía el corazón en mil pedazos.

—Lo mismo digo.

En cuanto los tres se adentraron en la oscuridad de la noche, August alejándose hacia el Centro Elíseo, y Olivier y Emilio dirigiéndose a toda prisa hacia la residencia de los Ascendidos, Olivier llegó a una conclusión irrefutable.

Quizá no tuviesen lo que hacía falta para ganar la guerra, pero nada les impediría rescatar a sus amigas .