Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 42 Wren
82%

42 Wren

L a muerte le sabía dulce en la lengua. Le recorría las venas, espesa y cálida.

Más.

Wren se carcajeó mientras los gritos agónicos resonaban a su alrededor. Mientras los huesos crujían sin cesar. Mientras el estruendo de los cráneos al romperse lo llenaba todo.

Más.

Alzó una mano y le arrebató la existencia a un alma. Ni siquiera gritó. No tuvo tiempo antes de desvanecerse.

MÁS.

Se encontraba en la entrada de la Academia Blackwood.

A su alrededor, reinaba el caos. Bajó las manos hacia la tierra fría y húmeda, y las sombras respondieron a su llamada, brotando de inmediato de su interior, cubriendo los terrenos, deslizándose sobre la tierra formando gruesos riachuelos.

Sonrió al ver cómo la oscuridad devoraba a quienes tenían la desgracia de cruzarse en su camino, abriéndolos en canal…

, destrozando sus almas. Sus gritos la llenaban de placer.

Sus chillidos aterrados eran como una gloriosa sinfonía que hubiese sido escrita solo para ella.

Wren le dio la espalda a la destrucción que ella misma había causado. Quería quedarse…, disfrutar del caos. Pero sabía que había otros asuntos más importantes que requerían su atención. Una llamada a la que debía responder.

Al otro lado de los terrenos de la academia, frente a la biblioteca, se alzaba una figura.

Unos ojos de zafiro la observaban atentamente.

Un rostro familiar que hasta ese momento solo había visto tallado en piedra.

A pesar de la distancia, cuando el Desalmado habló, Wren pudo oírlo con claridad, con su voz reverberando en su interior.

Hola, mi dulce catalizadora.

Wren ladeó la cabeza. El mundo se había sumido en una violenta neblina de magia, sombras y fuego y, sin embargo, todo pareció desvanecerse en cuanto su mirada se encontró con la del Desalmado, desde el otro extremo del campo de batalla.

— Hola —respondió, esbozando una sonrisa perversa.

El Desalmado le pidió con un gesto que se acercase, moviendo tan solo un par de dedos.

Es la hora.

Y entonces la forma física del Desalmado se desvaneció, desapareciendo como si no fuese más que una nube de humo.

Un hambre voraz se apoderó de Wren al oír aquellas tres palabras.

Un deseo implacable. Sabía a dónde tenía que ir.

Sus piernas parecieron moverse como si tuviesen mente propia, llevándola hacia su destino con una determinación formidable.

Cuando por fin llegó al despacho del director Silas, la voz del Desalmado volvió a abrirse paso a través de sus pensamientos, resonando grave y cortante.

Te está esperando. Cuando acabes con él, reúnete conmigo al otro lado de los muros.

— No te preocupes —respondió. Con un gesto de la muñeca, la puerta del despacho se abrió de golpe— . No tardaré mucho.

Se adentró en la estancia con paso firme, como un fantasma envuelto en sombras.

La oscuridad se apoderó del despacho, y solo un diminuto rayo de luz plateado que se filtraba por la ventana iluminó la sala, pero, aun así, pudo vislumbrar con claridad la figura sentada tras el escritorio.

Los ojos oscuros que le devolvieron la mirada, observándola fijamente, como si estuviese tratando de vislumbrar su alma. Aquel al que había ido a buscar.

— Hola, Silas. —Wren sonrió, dejando al descubierto unos dientes afilados que refulgieron con intensidad en medio de la oscuridad. Chasqueó los dedos y la puerta del despacho se cerró a su espalda, con un ruido sordo— . Creo que tienes algo que nos pertenece .