40 Emilio #3
—Creemos que los Ascendidos la han secuestrado —le explicó Emilio en un susurro. No se le pasó por alto el brillo furioso que surcó la mirada de August—. No tenemos forma de saber si sigue entre nosotros o no, pero…
August asintió, dejándole saber que lo había entendido, antes de masajearse la nuca.
—Os ayudaré. La encontraremos. —Hizo una pausa y recorrió al grupo con la mirada—. De todos modos, ¿qué narices estabais haciendo vosotros aquí?
Los ojos de Catherine se posaron sobre August, y lo observó con un destello de desconfianza en la mirada. Al final, acabó cediendo con un suspiro.
—Supongo que, si de verdad quieres unirte a nosotros, hay unas cuantas cosas que deberías saber.
Le pusieron al corriente de los acontecimientos de los últimos días. Le hablaron del mapa que Russo y Birdie habían encontrado. De su plan de recorrer el purgatorio y resucitar al verdadero director. Y, lo que era más importante, de cómo todo había acabado siendo una enorme pérdida de tiempo.
Cuando terminó de hablar, Dina observó a August con los ojos entrecerrados.
—No pareces sorprendido. Has entendido la parte en la que intentamos resucitar a una antigua y poderosa alma que se creía destruida desde hacía siglos, ¿verdad?
August se pasó una mano por los rizos.
—Sinceramente, esta no es la información más impactante que he escuchado en las últimas semanas.
Dina le respondió encogiéndose de hombros.
—Supongo que tiene sentido.
—Bueno, ¿y qué hacemos ahora? —preguntó Olivier, jugueteando nervioso con sus manos.
Un silencio escalofriante se apoderó de ellos. Catherine se aferró con más fuerza al asta de su lanza.
—Ahora…, lucharemos. Sin el verdadero director. Lucharemos con todo lo que tengamos, hasta el final.
A Emilio lo invadió el miedo. Olivier ni siquiera pudo mirarlo a los ojos, había clavado la vista en el suelo, con un agonizante brillo derrotado iluminando su mirada. Emilio quería ir con él, abrazarlo. Pero, antes de que pudiese hacer nada, Dina tomó la palabra.
—No podremos llegar a tiempo. No podemos teletransportarnos a través de la atmósfera del purgatorio.
La única forma de que los demás consigan llegar a tiempo hasta Blackwood es usando el portal de la base —comentó Dina en un susurro—.
Jamás podríamos recrearlo aquí. Tardamos años en crear ese portal.
Décadas entretejiendo con sumo cuidado los distintos tipos de magia.
Si queremos regresar a Blackwood… —Tragó saliva y una expresión aterrada se apoderó de su rostro—. Tardaríamos horas en hacerlo.
—Yo puedo llevaros hasta allí —dijo August sin dudar.
Dina negó con la cabeza.
—No me estás escuchando. No podemos teletransportarnos a través del purgatorio.
Necesitarías una fuente de magia inmensa para trasladarnos a todos a la vez.
Una fuente de magia enorme y destructiva…
—Se calló de golpe en cuanto se fijó en la determinación que ardía en los ojos de August, y negó rápidamente con la cabeza—.
No —murmuró—. August. No puedes hacer eso.
Mírate . —Señaló las sombras que le corrían por las venas, deslizándose por su cuello—. Ya has usado demasiada.
August se encogió de hombros.
—¿Qué otra opción nos queda?
Olivier frunció el ceño, confuso.
—Disculpad, pero… ¿de qué estáis hablando? ¿Qué es eso que August no puede hacer?
Pero ninguno respondió.
—Mi alma ya está arruinada —murmuró August con firmeza—. ¿Qué más da si reduzco a cenizas lo poco que me queda?
—Eres consciente de las consecuencias que tendrá lo que propones, ¿no?
—insistió Dina, acercándose a él en un par de zancadas—.
Si usas tanta magia sombría, en tu estado…
, si nos trasladas a todos a la vez… —Le tembló la voz, embargada por toda una oleada de emociones—.
Será como si realizases el Beso del Segador.
August suspiró con pesar.
—Lo sé.
A Emilio se le escapó un grito ahogado en cuanto lo entendió todo.
—¿Pretendes usar la magia sombría para teletransportarnos a todos hasta allí?
August se volvió a mirarlo, casi con timidez. Esbozó una sonrisa triste y Emilio sintió cómo se le rompía el corazón en mil pedazos.
—Es la única manera.
Catherine dio un paso al frente.
—August.
—Anda, anímate, Catherine. —August le lanzó una sonrisa torcida, aunque Emilio pudo sentir la angustia y tristeza que se escondían tras sus ojos grises—. Cuando las sombras se apoderen de mi alma, por fin podrás acabar conmigo, tal y como siempre has querido.
A Catherine le tembló el labio inferior y negó con la cabeza.
—Eres un maldito idiota.
August se encogió de hombros.
—Me han llamado cosas peores.
Luego juntó las manos y una nube de sombras comenzó a formarse entre sus palmas.
—¿Cuánto tiempo tendrás antes de…? —Dina dejó la pregunta en el aire, pero no hizo falta que terminase de formularla, porque todos sabían perfectamente lo que había estado intentando decir.
¿Cuánto tiempo tendrá August antes de que las sombras lo consuman por completo?
August se encogió de hombros.
—Podrían ser horas. O tan solo unos minutos.
—Las sombras brotaron de su interior, deslizándose alrededor de su cuerpo y formando una nube oscura bajo sus pies—.
Pero cuando eso ocurra, y ocurrirá , no podéis dudar.
Tendréis que acabar conmigo. Tendréis que sacrificar mi alma antes de que pueda hacerle daño a alguien más.
Catherine selló aquella promesa con un asentimiento.
Luego, August invocó a sus sombras.
Y estas respondieron a su llamada .