Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 37 Masika
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S e había prometido que no iba a gritar.

Que ni siquiera cuando el dolor inevitablemente llegase, cuando se apoderase de cada uno de sus pensamientos y se enredase alrededor de sus entrañas, retorciéndolas como si se tratase de las cuerdas de una marioneta, les daría la satisfacción de oírla gritar.

Pero seguía siendo humana.

Y, en cuanto el primer grito se le escapó de entre los labios, fue incapaz de contener los demás .