Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 34 Wren #2
69%

34 Wren #2

Antes de que Silas tomase el control, era la propia Academia Blackwood la que seleccionaba a sus alumnos.

Sus nombres aparecían de repente en el libro de registro.

Y, tras su muerte…, se les daba la oportunidad de elegir.

No era obligatorio que acabasen estudiando magia en Blackwood, se les invitaba a hacerlo.

Las almas que accedían eran aquellas que de verdad deseaban ayudar a las almas perdidas, quienes buscaban tener un propósito honorable, incluso después de la muerte.

Y, después de diez años de servicio, se les permitía cruzar al Otro Lado.

A todos y cada uno de ellos. Pero cuando Silas se hizo con el poder, se negó a seguir las normas de Blackwood.

La academia lo había tachado de corrupto, y él estaba sediento de venganza.

Por eso acabó con el orden natural de la escuela.

Y, en cambio, empezó a seleccionar él mismo a los alumnos.

Los elegía cuando estos aún seguían vivos, y orquestaba su muerte prematura, obligándolos a entrar en Blackwood bajo sus propias condiciones.

No les daba elección. No les permitía marcharse después de diez años de servicio.

Cambió por completo las leyes naturales que regían el más allá.

Supongo que nunca se le ocurrió que, tarde o temprano, Blackwood se acabaría rebelando contra su gobierno.

A Wren le subió la bilis por la garganta. Se le entrecortó la respiración. Tenía ganas de ponerse a gritar, a llorar, pero no le salió nada, y entonces la voz del Desalmado volvió a apoderarse de ella, retumbando con fuerza en su cabeza.

El descontento del Éter. El Olvido, que plaga a los alumnos de la academia y corroe lentamente sus mentes.

Todos ellos son síntomas de la plaga de Silas.

De sus mentiras y sus engaños. El más allá se está pudriendo…

, corrompiéndose lentamente bajo su yugo.

Cuando Silas descubrió que estaba perdiendo el control sobre Blackwood, creó el Decenio, en una especie de intento desesperado por revertir el caos que él mismo había causado.

Pero ni siquiera con sus preciados sacrificios pudo evitar que todo se desmoronase.

Y ahora…, tras este último Decenio, después de que tantos de sus sacrificios saliesen ilesos de la competición…

, sabe que su reinado está llegando a su fin.

Wren alzó la vista hacia la figura inmóvil de Silas, que se erguía imponente ante ella. La ira le recorrió las venas, haciéndole hervir la sangre, desatando un incendio en su interior que lo calcinó todo a su paso. Aquella era una furia como nunca la había sentido, una rabia casi salvaje.

Estudiar en Blackwood nunca debió de dejar de ser tan solo una opción… La voz del Desalmado sonaba mucho más amable, más cercana. Como si se encontrase justo detrás de ella, arrodillado a su lado. Y nunca debiste de estar condenada a entregarle tu eternidad.

Quería arrancarse la piel. Librarse de las llamas que le estaban calcinando las entrañas. Nunca había sentido un odio tan puro, una ira tan ardiente.

—Todo esto es por su culpa… —murmuró, con voz temblorosa—. Es culpa suya que todos acabásemos en Blackwood.

Sí.

—Me asesinó.

Sí.

—Asesinó a mi hermana.

Sí. Por un momento, se hizo el silencio, y entonces el Desalmado volvió a hablar, esta vez con una ira comparable a la que ardía en su interior.

Tu hermana nunca debió morir en esa carretera.

Estaba destinada a vivir una vida larga y plena.

Yo mismo lo vi. El destino que las propias estrellas le habían escrito.

Maeve Loughty estaba destinada a formar una familia.

Iba a viajar a todos los lugares que siempre había soñado con visitar.

Moriría cuando ya fuese una anciana, y la muerte iría a buscarla cuando estuviese durmiendo plácidamente en la cama.

Pero Silas le arrebató ese destino. Se lo arrebató todo, solo para poder hacerse contigo.

No. No. NO.

Wren gritó con todas sus fuerzas y aquel sonido dividió el mundo en dos.

Silas se desvaneció, desintegrándose como si su cuerpo no fuese más que diminutas partículas de ceniza.

Wren dejó de ser consciente de dónde se encontraba.

Tan solo sentía dolor y agonía, sumida en una tortura implacable.

El fuego que le corría por las venas era abrumador, recorriéndole las extremidades y calcinándole las entrañas.

Se clavó las uñas en el pecho, sin saber muy bien qué pretendía conseguir.

—¡Haz que pare! —aulló—. ¡Haz que pare de una vez!

Comprendo lo que estás sintiendo, Wren.

—No…, tú… Tú no…

Podemos solucionarlo. Podemos detenerlo. Así se acabaría el sufrimiento. Se acabarían las vidas inocentes arrebatadas antes de que les llegase de verdad su hora.

—No… No puedo…

Ríndete, Wren.

— Por favor.

RÍNDETE.

Todo pareció detenerse de repente. La ira. La rabia. El dolor. Los recuerdos. Fue como si se hubiese quedado suspendida en medio de la oscuridad, siendo tan solo un recipiente vacío, liberada del tormento de su pasado.

Alguien la estaba llamando. Gritando su nombre.

«Wren. Por favor, cariño. Vuelve conmigo».

Pero la voz sonaba demasiado lejana, tanto que le resultaba prácticamente imposible entender lo que decía.

Se abría paso a través de su consciencia, solo para alejarse después de nuevo, hasta convertirse en un ruido sordo que se desvanecía en medio de la oscuridad.

Una sucesión de rostros surcó su mente, como un destello.

Rostros que les pertenecían a aquellos que había conocido en vida o tras su muerte.

Su familia. Sus amigos. Aquellos que se encontraban en un punto intermedio.

Trató de aferrarse a ellos, de encontrar algún resquicio de esperanza entre aquellas imágenes, pero no encontró nada.

Y tampoco logró detenerlos una vez que comenzaron a surcar su mente.

Aparecían y desaparecían como si estuviesen impresos en la bobina de una película. En un instante estaban ahí y, al siguiente, se habían desvanecido.

Wren se llevó una mano al pecho, presionó con fuerza y después cerró los ojos.

Se aferró a la esperanza.

Una y otra vez .

Y después…, nada. Una oscuridad infinita le dio la bienvenida.

Una rabia ardiente le tendió la mano.

Al final, lo último que vio al desprenderse para siempre de su humanidad y darle la bienvenida al Desalmado fue el rostro sonriente de su hermana .