Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 26 August #2
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26 August #2

—No deberías estar contándome nada de esto.

—¿Por qué? —le espetó—. Si de verdad no estuvieses de nuestro lado, ya me habrías metido en aislamiento. Pero aquí estoy. De pie frente a ti. Y tú también sigues aquí. Escuchándome. Así que ¿qué te parece si nos dejamos de tonterías y pensamos en cómo podemos sacarla de aquí antes de que sea tarde?

August se apartó las manos de la cara.

—¿Por qué?

Quinn parpadeó con fuerza, sorprendida.

—¿Qué?

—¿Por qué queréis ayudar a Wren a escapar? —insistió—. ¿Qué ganáis vosotros con eso?

La chica se estremeció, desconcertada. Lo miró de arriba abajo, con el ceño fruncido.

—¿De verdad crees que eres el único? —le preguntó, con voz temblorosa—.

¿El único Demien que se arrepiente de lo que ha hecho?

—La vergüenza y la culpa empañaron su voz, y a August aquello le provocó un escalofrío—.

Si Wren se queda en el campamento, se convertirá en la catalizadora de la profecía.

Y, cuando eso ocurra, se acabó. Blackwood acabará destruido.

Cientos de almas inocentes se perderán para siempre.

Eso sin mencionar que no tenemos ni la menor idea de qué le ocurrirá al más allá cuando se vea sometido a ese nivel de corrupción.

Todo podría venirse abajo en un abrir y cerrar de ojos.

—Pero… tú elegiste esto. —August pronunció sus siguientes palabras con lentitud—. Tú decidiste unirte a la Orden.

A Quinn le tembló el labio inferior, y un destello derrotado surcó su expresión.

—Lo sé —respondió en un murmullo, y se le quebró la voz—.

Estaba tan enfadada. Joder, estaba enfadadísima.

—Negó con la cabeza y murmuró algo que August no alcanzó a oír, al tiempo que bajaba la mirada hacia el suelo.

Después respiró hondo, como si estuviese tratando de calmarse, antes de seguir hablando—.

No podía soportar la idea de que mi destino ya estuviese escrito, incluso después de la muerte, y yo no pudiese hacer nada por evitarlo o cambiarlo.

Que, si no le demostraba a una estúpida institución mi valía, me vería obligada a segar almas perdidas por el resto de la eternidad.

Que acabaría perdiendo mis recuerdos, o la persona que fui.

Se sintió identificado con ella, con ese sentimiento, mucho más de lo que ella llegaría jamás a comprender.

—Es lo único que me queda —siguió diciendo Quinn—. Mis recuerdos. Mi pasado. Y no estaba dispuesta a dejarlo ir. Pero… me he dado cuenta de que cometí un error. Que venir aquí… no solucionará nada.

Esta era la última oportunidad de August para retractarse.

Para consolidar el muro que los separaba.

Podía volver a fingir ser el general insensible que se suponía que debía ser.

Podía alejarse de Quinn y seguir trabajando por su cuenta, arriesgándose a no ser capaz de sacar a Wren del campamento nunca.

O… podía tomar ese riesgo estúpido y temerario, y confiar en Quinn.

August respiró hondo. Y miró a la chica directamente a los ojos.

Y entonces lo supo.

No tenía elección.

—¿Qué tenéis pensado?

El alivio se apoderó del rostro de Quinn en cuanto aquella pregunta abandonó los labios de August.

—Artie puede quitarle el brazalete de seguridad —dijo.

August no pudo ocultar su sorpresa—. Pero después no tendremos mucho tiempo para escapar.

Prácticamente nada, de hecho. En cuanto lo desactive, la alarma interna del brazalete saltará y alertará a Edith.

Lo que significa que en cuanto le quitemos el brazalete de seguridad, tendremos que alejar a Wren del campamento tanto como podamos. Y esconderla en un lugar seguro.

En un lugar seguro.

August sabía exactamente dónde estaría a salvo. El único lugar seguro en todo el purgatorio.

—Conozco un sitio —respondió en un murmullo—. Se encuentra en el extremo opuesto del purgatorio. Lejos de aquí, al oeste, más allá del perímetro de Blackwood. Aunque, la verdad, no estoy muy seguro de que vayan a alegrarse demasiado de volver a verme…, pero podemos intentarlo.

Quinn se mordió el labio inferior, concentrada.

—Tendremos que alejarla de aquí con un hechizo de traslación —murmuró, con la mirada perdida, como si estuviese calculando los riesgos de aquel plan.

Su rostro se ensombreció en cuanto llegó a una conclusión—.

Pero los hechizos de traslación no funcionan del mismo modo a las afueras del purgatorio…

que aquí o en Blackwood. Tendrás que usar magia sombría para que sea lo bastante eficaz. Mucha magia sombría.

August sacudió la cabeza.

—Yo me encargo.

—No. —La mirada de Quinn se endureció—. No me estás escuchando.

—Suspiró con fuerza—. Para lograr trasladar a alguien tan lejos, tendrás que usar mucha magia sombría, y eso podría cambiarte.

No tanto como lo haría realizar el Beso del Segador, pero…

—Soltó un suspiro cargado de preocupación—.

Podrías sucumbir a las sombras. Es muy arriesgado.

August ni siquiera lo dudó. Que le diesen a su alma. Que le diesen a su eternidad.

Estaría dispuesto a condensarse, a destruirse a sí mismo, con tal de salvar a Wren.

—Es un riesgo que estoy dispuesto a asumir.

Quinn se lo quedó mirando fijamente por un momento. ¿Intentaría convencerlo de que cambiase de opinión? Pero la chica debió de fijarse en la determinación que iluminó su mirada, debió de percibir la inquebrantable convicción que le corría por las venas, y decidió que no merecía la pena.

—Entonces, necesitaremos una distracción —comentó.

August asintió.

—Eso déjamelo a mí.

Accedieron a reunirse de nuevo en unas horas, antes de que empezasen las celebraciones del Equinoccio. Quinn se aseguraría de que Arthur estuviese listo para quitarle el brazalete de seguridad a Wren, y August se cercioraría de preparar una distracción infalible.

Tendrían que calcularlo todo al milímetro.

Pero, cuando se despidieron y August comenzó a alejarse de Quinn, desesperado por poner la mayor distancia posible entre él y los gritos de Wren, la voz de Quinn resonó con fuerza a su espalda.

—August. —Volvió la vista atrás. La chica lo estaba observando con descarada curiosidad, con un brillo que se parecía demasiado al de la admiración refulgiendo en su mirada. Cuando siguió hablando, lo hizo en un susurro—. ¿De verdad estás dispuesto a sacrificarte por salvarla?

August contuvo el aliento. Sabía perfectamente qué responder a aquello.

¿Por Wren?

Por ella estaría dispuesto a cualquier cosa.

—Por ella, siempre estaré dispuesto a sacrificarme —repitió en voz alta. Sus sombras le ardían en las venas—. Y acabaré con cualquiera que se interponga en mi camino .