Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 21 Wren #2
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21 Wren #2

—Bueno. —August soltó una carcajada amarga, y aquel sonido le puso los pelos de punta a Wren.

Rodeó del todo el atril, antes de acercarse a la primera fila—.

No existe ninguna certeza cuando se trata de los deseos del Desalmado.

Ni ningún manual que podáis seguir. Si abrís vuestra alma a las sombras, si sucumbís a su poder, entonces no deberíais tener nada de lo que preocuparos.

Sin embargo, en el caso de no hacerlo… —Esbozó una sonrisa perversa y ladeó la cabeza—.

Bueno…, en ese caso sí que tenéis algo que temer.

El chico tragó saliva con fuerza.

—Y-ya. Claro.

El silencio volvió a apoderarse de la estancia, al tiempo que los Demien retomaban su toma de notas, y el sonido de la punta de las plumas estilográficas rasgando las hojas de pergamino fue lo único que llenó el aula.

Wren se recostó en su asiento, de brazos cruzados, y entonces su mirada se encontró de nuevo con la de August.

Él se le acercó y dejó caer las manos sobre su mesa, antes de inclinarse hacia ella.

—Tú también tienes que realizar la tarea, catalizadora .

Su voz no era más que un susurro grave y amenazante.

Si Wren no lo hubiese conocido lo suficiente como para saber lo que se escondía detrás de sus palabras, se habría creído que la despreciaba solo por la mirada venenosa que le estaba lanzando.

Por el odio que desprendían sus palabras.

Pero lo conocía mejor que nadie, y era la única que sabía fijarse en los pequeños detalles que nadie más veía…

, la pequeña sonrisa burlona que se había dibujado en sus labios.

Las palabras que no podía pronunciar en voz alta pero que podía ver reflejadas en sus ojos del color del humo, que parecían susurrarle «sígueme el juego».

Wren se enderezó en su asiento.

—Es que no tengo nada que decir al respecto.

Él recorrió su rostro con la mirada.

—La insubordinación no te llevará a ninguna parte. De hecho…, será tu ruina.

Wren enarcó las cejas.

—¿Es una amenaza?

August se acercó un poco más a ella.

—Es una promesa .

Wren tuvo que contenerse para no esbozar la sonrisa que tironeaba de las comisuras de sus labios. «Es una promesa». Solo ella comprendía el mensaje que se ocultaba en realidad tras aquellas tres palabras, el que había entretejido entre sus amenazas vacías.

«Te hice una promesa. Y siempre cumplo mis promesas».

Pero justo cuando el recuerdo de aquellas palabras resonaba en su cabeza, otra voz se impuso por encima de todo lo demás, eclipsándolo por completo.

Creer en su palabra es un error muy poco inteligente, cariño mío.

Wren se sobresaltó al oírla y se le resbaló la pluma de las manos, cayéndose al suelo con un estruendo.

La sonrisa burlona de August se desvaneció de un plumazo, y la observó con la cabeza ligeramente ladeada.

—¿Qué pasa? —le preguntó en un susurro.

Pero a Wren se le había formado un nudo tenso en la garganta, impidiéndole pronunciar ni una sola palabra.

Él no es el único que puede atravesar tus defensas . La voz volvió a resonar en el interior de su cabeza, adentrándose en las profundidades de su cráneo como si se tratase de un parásito voraz. Él no es el único que conoce tu alma .

Wren se estremeció.

El Desalmado .

Una risa profunda y horrible resonó en el interior de su cabeza, atronadora y amenazadora.

Cariño mío, ojalá dejases de llamarme así .

Wren se puso de pie de un salto, respirando con dificultad.

Tenía ganas de vomitar. Veía borroso, como si los bordes de su visión hubiesen comenzado a difuminarse.

No, no, no . Aquí no. Ahora no. A su alrededor, unos cuantos Demien curiosos se volvieron a mirarla, y sus rostros se desdibujaron tras la neblina aterradora que se apoderó de su visión.

Quinn alargó una mano hacia ella, agarrándola con firmeza de la muñeca, aunque su expresión no encajaba en absoluto con la intensidad de su agarre.

La estaba observando con los ojos como platos, claramente preocupada, y con la boca entreabierta por la sorpresa.

—¿Estás bien? —le preguntó la chica en un susurro, antes de volverse a mirar a August de reojo, quien parecía haberse quedado paralizado, sin saber muy bien qué hacer—. ¿Qué te pasa?

—Yo… —Wren se encogió sobre sí misma cuando un pinchazo de dolor le atravesó el cráneo, y la voz volvió a resonar con fuerza en su cabeza.

No puedes huir de mí, mi dulce catalizadora. Nuestra conexión tan solo se vuelve más fuerte a cada día que pasa. Tú también puedes sentirlo, ¿verdad?

Wren se tambaleó hacia atrás, chocándose contra la mesa que tenía a la espalda. Los cuadernos que había encima cayeron al suelo con un estrépito, en medio de una cacofonía de exclamaciones sorprendidas y papeles desperdigados. Necesitaba salir de allí, tomar aire, distanciarse de…

—Loughty. —La voz de August resonó con fuerza a su alrededor, y cuando se volvió hacia él, se lo encontró observándola con una expresión amenazadora. Cuando siguió hablando, aunque sus palabras sonaban duras, Wren pudo ver el miedo que se escondía tras sus ojos—. ¿A dónde demonios crees que vas?

Ella negó con la cabeza, alejándose de su escritorio y retrocediendo de espaldas hacia la entrada de la tienda.

—Te-tengo que irme. Necesito tomar un poco de aire fresco.

Venga. Huye, mi catalizadora. Huye.

Eso fue lo único que hizo falta para que sus piernas se pusiesen en marcha y saliese a la carrera de la tienda, tambaleándose por la concurrida caverna.

Daba igual donde mirase, había demasiada gente, demasiado ruido, demasiado color por todas partes.

El miedo le formó un nudo tenso en el pecho, tan afilado como si estuviese hecho de alambre de espino.

Una oleada de calor punzante le recorrió la nuca.

No podía soportarlo. Aquello era demasiado. Demasiado…

—¿Wren?

Un par de manos fuertes la agarraron con firmeza de los hombros. Wren se volvió hacia ellas como un resorte y se encontró con los rostros de Arthur y de Quinn. Estaban observándola con atención, ambos ligeramente sin aliento.

—¿A qué narices ha venido todo eso? —le preguntó Quinn. A pesar del suave tono molesto de su voz, su mirada seguía siendo la de antes, amable y con un brillo ligeramente preocupado—. No puedes salir corriendo así sin más. ¿Es que quieres que vuelvan a encerrarte?

El pecho de Wren subía y bajaba a toda prisa mientras luchaba por calmar su respiración.

Aguardó, preparándose para que la voz del Desalmado volviese a apoderarse de su mente, pero tan solo encontró silencio, y tuvo la sensación de que la paciencia de Quinn y de Arthur se estaba agotando a pasos agigantados.

—Lo… Lo siento. —Wren se masajeó la frente—. Es que me duele la cabeza.

Arthur la observó con el ceño fruncido, claramente confuso.

—¿Te suele pasar a menudo?

Wren se encogió de hombros.

—No estoy segura. Tampoco es para tanto.

Quinn soltó una carcajada amarga.

—Bueno, pues el salir corriendo en medio de la clase del maldito hermano de la alta general sí que es para tanto.

—Lo sé —respondió Wren en un murmullo—. No… No estaba pensando con claridad.

Quinn se volvió hacia Arthur, e intercambiaron una mirada cómplice.

—¿Qué pasa? —les preguntó, con un suspiro exasperado.

—Ven con nosotros. —Quinn la agarró con fuerza de la muñeca y tiró de ella—. Hay algo que tenemos que enseñarte.

—¿De verdad vamos a salir fuera ?

Wren tuvo que esforzarse por seguirles el ritmo a Quinn y a Arthur mientras avanzaban a toda prisa, yendo directos hacia la entrada del campamento. Pasaron junto a hordas de Demien y todos ellos se quedaron mirándolos mientras se abrían paso a través de la abarrotada caverna.

—No te emociones tanto —comentó Arthur con una risita suave—.

Solo vamos a salir al bosque de la Viuda.

Y existen muchísimas salvaguardas entre los árboles para mantener a la gente fuera…

, y a nosotros dentro. —Wren se estremeció ante la mera mención del infame bosque que rodeaba el campamento de la Orden de los Demien.

Había oído hablar de él, aunque todavía no había podido verlo con sus propios ojos.

—Ay, no pongas esa cara tan larga. —Quinn hizo una mueca burlona—. Al menos vas a poder respirar algo de aire fresco.

Por muchas ganas que tuviese de borrarle esa sonrisa burlona de la cara de un guantazo, Quinn tenía razón. Necesitaba tomar aire fresco, escapar un momento del campamento, incluso aunque solo pudiese alejarse unos metros de la entrada por culpa del brazalete de seguridad que la mantenía presa.

Una oleada de emociones inesperadas se apoderó de ella en cuanto se acercaron a la entrada de la caverna.

Tan solo habían pasado unas cuantas semanas desde que había estado fuera de los muros de las cuevas que formaban el campamento, pero, de alguna manera, le parecía que había transcurrido una eternidad.

En cuanto salieron de las cavernas, emergiendo al gélido aire nocturno, ante la inmensidad del purgatorio que se abría ante ellos, Wren tuvo que hacer todo lo posible por no dejarse llevar por sus emociones.

El bosque que rodeaba el campamento de la Orden de los Demien olía a pino y a musgo.

El bosque de la Viuda . Unos cuantos rayos de luz rosa pálido se filtraban a través de las ramas de los árboles, aunque, en su mayoría, el bosque estaba sumido en la más profunda oscuridad, escondido bajo el manto de hojas oscuras que colgaban de entre sus ramas.

Eran de un intenso color morado, tan oscuro que parecía casi negro, como si las propias hojas se hubiesen sumergido en un baño de sombras.

Ese bosque también tenía algo extraño… Tuvo la sensación de que los árboles la estaban observando, retándola a cometer aunque solo fuese un mínimo error.