Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 17 August
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17 August

E res idiota.

August se adentró en su tienda entre tambaleos, maldiciendo entre dientes.

Se arrancó la capa negra de los hombros y la lanzó al suelo sin ceremonia alguna, antes de ponerse a desabrocharse de forma frenética los primeros botones de la camisa, con los dedos temblorosos, mientras luchaba por mantener las manos firmes.

Tenía la sensación de que se estaba asfixiando, como si el aire a su alrededor hubiese comenzado a solidificarse, obstruyéndole los pulmones.

Había desperdiciado otra oportunidad más de quedarse a solas con Wren.

¿Por qué siempre tenía que decir lo que no debía?

¿Por qué siempre tenía que arruinarlo todo ?

August se aflojó el cuello de la camisa y estiró los músculos del cuello.

Su mirada se desvió hacia el espejo de cuerpo entero que tenía en un rincón de la tienda, y se estremeció de forma involuntaria en cuanto se vio reflejado en él.

A pesar de los estragos que el desgaste emocional había causado en su cuerpo, parecía…

más fuerte que nunca. Como si las sombras que le corrían por las venas le hubiesen otorgado mayor viveza.

Se llevó una mano temblorosa al cuello de la camisa, y tiró de la tela hacia abajo, dejando al descubierto los duros músculos de su pecho y las sombras que se deslizaban bajo su piel bronceada.

Estas fluían por d ebajo, formando un denso y oscuro remolino por sus venas.

Había tenido que usar mucha más magia sombría de la que le habría gustado durante la simulación de combate, eso sin mencionar la que había tenido que utilizar en los combates de entrenamiento en los que le habían obligado a participar después.

La Unidad Ónix estaba demostrando ser tan despiadada y cruel como había pensado que sería.

Por eso debía tener mucho cuidado.

Si usaba demasiada magia sombría, podría empezar a perderse a sí mismo incluso antes del Equinoccio.

—¿Te encuentras bien, Augustine?

En cuanto aquella voz resonó a su espalda, las sombras brotaron de las yemas de sus dedos, listas para atacar.

August ni siquiera había pretendido invocarlas.

Era como si simplemente hubiesen tomado el control, alentadas por sus emociones.

Pero la persona que se encontraba detrás de August no parecía dispuesta a luchar. De hecho, más bien todo lo contrario.

Callum Whitlock desprendía un aura de arrogancia indolente.

Estaba apoyado contra la pared de la tienda, recorriendo el rostro de August de arriba abajo con la mirada, con los labios curvados, esbozando una sonrisa torcida.

Parecía bastante satisfecho de sí mismo; ir un paso por delante de alguien como August no era una tarea nada fácil, y él debía de saberlo, a juzgar por su expresión de autosuficiencia.

August sofocó las sombras, aunque pudo sentir como estas se rebelaban al deslizarse de nuevo bajo su piel.

No, no, no , parecían susurrarle. Úsanos, úsanos, úsanos .

—Para ti soy el general Hughes.

—Cierto. —Callum le dedicó un saludo burlón—.

General Hughes. Claro. —Se rascó la barbilla con fingida inocencia—.

Aunque… no estoy tan seguro de que ese título te siga perteneciendo.

Ya sabes, teniendo en cuenta que traicionaste a tu propia hermana y después volviste arrastrándote para suplicarle su perdón.

August no estaba de humor para esto. Fuera lo que fuese esto.

Aunque había pasado su tiempo en el purgatorio a salvo tras los muros de la Academia Blackwood, había estado en contacto constante con Edith y el resto de los reclutas de la Orden de los Demien a lo largo de los años.

Y no le había costado mucho enterarse de la infame reputación de Callum.

Callum Whitlock tenía demasiada sed de sangre, y solo buscaba que lo elogiasen fuera como fuese…, una combinación de lo más peligrosa.

—¿Qué quieres? —ladró.

—Nuestra catalizadora estaba hoy en la simulación de combate —dijo Callum, esbozando una sonrisa calculada—. Aunque estoy seguro de que ya lo sabías.

August apretó fuerte los dientes y rezó para tener las fuerzas suficientes para controlarse y no arrancarle el alma a Callum en ese mismo instante.

—¿A dónde quieres llegar?

Callum alzó la vista, con los ojos brillantes de la emoción.

Estaba disfrutando de aquello. De la tensión que impregnaba el ambiente.

De ese tira y afloja. Sinceramente, a August no le habría sorprendido que incluso sintiese placer con ello.

A algunas personas les gustaban demasiado las confrontaciones, en más de un sentido, pero Callum parecía buscarlas de cualquier manera.

El chico se apartó de la pared de la tienda, acercándose un poco más a August.

—¿Sabes cómo se propaga el sonido en la caverna de simulación de combate…

, el eco que hay ahí dentro? —La última parte la formuló en un susurro, con un brillo confabulador refulgiendo en su mirada—.

En un momento dado, cuando estaba buscando a nuestra pequeña catalizadora, podría haber jurado haberos oído hablar.

Mierda .

August mantuvo la compostura, aunque se le tensaron los músculos del cuello de forma involuntaria.

—Pues creo que te estás confundiendo —murmuró, con indiferencia.

Pero Callum siguió acercándose a él, con ese irritante brillo burlón en la mirada, como si estuviese disfrutando de cada segundo de aquella escalofriante conversación.

—Es curioso. —Se rio entre dientes, frotándose la mandíbula como si estuviese reflexionando—. Casi me dio la impresión de que la estabas ayudando. O intentando protegerla. —Callum negó con la cabeza y chasqueó la lengua—. Pero… eso sería de lo más extraño, ¿no crees?

August no mordió el anzuelo. Sabía perfectamente qué era lo que el chico estaba intentando conseguir con aquella encerrona; lo estaba provocando para que le atacase. Pero si la fachada de August iba a resquebrajarse ante el interrogatorio de alguien, no sería con el de Callum.

—¿Supongo que querrás llegar a alguna parte con todo esto? —le preguntó.

Callum se detuvo frente a él.

—Y yo supongo que solo me estoy preguntando por qué no la eliminaste cuando tuviste la oportunidad.

—Ladeó la cabeza con inocencia—. No estaba de nuestro lado.

Era nuestra rival. —Se llevó un dedo a la barbilla y esbozó una sonrisa burlona—.

A menos, claro está, que tus sentimientos por ella se interpusiesen…

—No sé qué es lo que habrás oído —lo interrumpió August, furioso, con la paciencia a punto de agotársele—. Pero estás muy equivocado. Y si quieres seguir conservando esa lengua, te recomiendo que cierres la boca antes de que le haga un favor a todo el mundo y te la arranque.

—Se ha puesto muy a la defensiva, general Hugues. —Callum entrecerró los ojos, y su sonrisa burlona se transformó en una mucho más siniestra—. Si no supiese ya que es imposible, diría que todavía siente algo por esa chica.

Callum estaba jugando con fuego. Estaba claro que aquella conversación no era más que una lucha de poder. Un intento desesperado por ascender de rango. Y August sabía perfectamente lo que tenía que hacer para acabar con ello de una vez…, y para asegurarse de que no volviese a ocurrir.

—Escúchame con atención porque no pienso volverlo a repetir —comenzó a decir August—. No creo que…

Pero Callum le interrumpió.

—A ver, no te culpo. —Soltó una carcajada divertida y se llevó una mano al pecho—.

Nuestra pequeña catalizadora está buenísima.

Esa cara…, y ese cuerpo . —Soltó un silbido grave y sacudió la cabeza—.

Puedo entender por qué tu lealtad podría haber…

vacilado. —Callum se acercó un paso más a él.

Estaba demasiado cerca. Y, cuando siguió hablando, lo hizo en un susurro, y esbozando una sonrisa que a August le revolvió el estómago—.

Probablemente yo también nos habría traicionado solo para tener la oportunidad de tirármela.

August ni siquiera recordaba haber invocado sus sombras.

Quizás no lo había hecho. Tal vez, simplemente, estas pudieron sentir su rabia y adivinaron qué era lo que quería hacer, lo que necesitaba hacer.

Y entonces un par de remolinos de sombras surgieron de su interior, enroscándose alrededor del cuello de Callum y apretándolo con tanta fuerza que el rostro del chico se quedó blanco como la cera.

Pero las sombras aún no habían terminado con él…, y August tampoco.

Cerró los dedos de las manos y una de las sombras se deslizó en el interior de la boca de Callum, bajándole después por la garganta, ahogándolo.

El chico intentó zafarse del agarre de las sombras, pero August no pensaba dejarlo marchar tan fácilmente.

Lanzó otro remolino de sombras hacia Callum, enredándolas alrededor de sus muñecas, maniatándolo.

Callum intentó hablar, pero las palabras le salieron ahogadas.

Se atragantó con las sombras e intentó vomitarlas para liberarse, pero August tan solo hizo que la oscuridad lo apretase más fuerte, que las sombras siguiesen deslizándose por su garganta.

Podía sentir el poder que le corría por las venas.

Una sensación embriagadora que parecía apoderarse por completo de su alma.

Sí, sí, sí , gritaban las sombras. Más, más, más .

Odiaba lo mucho que estaba disfrutando de aquello, pero, Dios , qué bien se sentía.

Jamás se había sentido tan poderoso como en ese momento, y nunca habría pensado que llegaría el día en que se sintiese así.

Cerró las manos con fuerza y las sombras se oscurecieron, pasando de un gris oscuro a un negro tan profundo como el de la medianoche, y se deslizaron hasta el suelo formando una espesa neblina.

Estaba usando demasiada magia sombría. Lo sabía . La parte racional de su cerebro le suplicaba que parase, gritándole que ya era suficiente, pero August estaba disfrutando demasiado de ver a Callum retorcerse y sufrir bajo su poder.

August se acercó a él y le agarró el rostro con fuerza entre sus manos, apretando tanto que le clavó las uñas en las mejillas y pequeñas gotas carmesí comenzaron a manar de las heridas en forma de medialuna que le dejó en la piel.

—Escúchame atentamente, soldado Whitlock.

—August no fue capaz de reconocer su propia voz, tan oscura y extraña, distorsionada por el poder que le corría por las venas—.

No te conviene meterte conmigo. Ya no. El chiquillo ingenuo que se aferraba a su humanidad y que se escondía tras los muros de la Academia Blackwood ha muerto.

Mi hermana es cruel, pero incluso ella tiene sus límites.

—Se inclinó hacia Callum, con una sonrisa burlona dibujándose en sus labios, y le susurró al oído sus siguientes palabras—: Yo, sin embargo, no tengo ninguno.

Callum tosió y escupió saliva en el suelo, al tiempo que se le ponían los ojos en blanco.

—Si vuelves a mencionar algo de esto alguna vez, si tan solo se te ocurre pronunciar su nombre en mi presencia, te prometo que haré que mis sombras se deslicen hasta las profundidades de tu alma y me encargaré personalmente de arrancarte los huesos uno a uno.

—Las sombras de August vibraron de emoción al tiempo que aquella amenaza abandonaba sus labios—.

Serás incapaz de volver a hablar. De volver a moverte.

Y, cada vez que tu cuerpo empiece a curarse, mis sombras se encargarán de empezar de nuevo, de pudrirte las entrañas y arrancarte los huesos una y otra vez, durante el resto de tu inútil eternidad.

Tan solo podrás sentir cómo mis sombras te corren por las venas, acabando con todo a su paso.

Y, por una vez… —August agarró a Callum del cabello de la nuca y lo obligó a echar la cabeza atrás y a mirarlo, con esos ojos bien abiertos y aterrados, a la cara—. Sabrás lo que es la verdadera agonía.

Dicho eso, August se alejó, y sus sombras se retiraron con él.

Callum inhaló con fuerza, con un jadeo ronco, llevándose las manos al cuello, y tosió hasta que el aire volvió a llenarle los pulmones.

Pero cuando alzó la vista hacia August, con las manos apoyadas en las rodillas, no fue miedo lo que vio reflejado en su expresión.

No fue pánico. Sino algo completamente distinto, algo mucho más inquietante.

Callum Whitlock miró a August… y sonrió .

—Bueno, general Hughes. Sin duda me ha sorprendido —murmuró, antes de incorporarse y encaminarse tranquilamente hacia la entrada de la tienda.

Mantuvo las manos metidas en los bolsillos de los pantalones y la mirada clavada en August durante todo el trayecto—.

¿Quién sabe…? Quizá acabe resultando ser útil después de todo.

Y dicho eso se marchó, saliendo de la tienda sin volverse a mirar atrás, y August se quedó con la terrible sensación de que, de alguna manera y, a pesar de todo, Callum había conseguido exactamente lo que quería .