Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 12 Irene #2
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12 Irene #2

—La magia mental es mucho más compleja que la corpórea.

Con algo así de elaborado, me temo que lo mejor que podemos hacer es rezar porque su cuerpo se acabe rompiendo antes que su mente.

Si podemos causarle el suficiente dolor físico…

, tal vez simplemente nos lo acabe confesando todo por voluntad propia.

—Mientras decía aquello, los ojos de Thalia se alzaron como un resorte hacia él.

Irene había esperado ver el miedo reflejado en su mirada, que entrase en pánico al ser consciente de lo que la esperaba, pero, en cambio, tan solo se encontró con una determinación férrea que ardía con intensidad en sus iris.

—No va a rendirse —murmuró Irene. Estaba segura de ello. Pero Everly no pareció inmutarse, y la apartó de un codazo.

—Eso ya lo veremos —replicó con desdén, antes de arrebatarle a Samira la lanza imbuida de magia corpórea de las manos. Los directores ni siquiera se molestaron en detenerla, sino que se limitaron a dar un paso atrás y a observar la escena en silencio.

Everly se acercó a los barrotes de hierro lentamente, con la cabeza ladeada.

—¿Qué te parece si te portas bien, Thalia? Cuéntanos lo que sabes y no tendré por qué usar esto.

Pero la respuesta de Thalia fue cortante y directa al grano. Levantó la cabeza del suelo, aunque tan solo unos centímetros, claramente valiéndose de todas las fuerzas que le quedaban, y fulminó a Everly con la mirada, antes de escupirle sangre a los pies.

Samira tuvo que morderse la lengua para no echarse a reír a carcajadas. Irene contuvo el aliento.

Y entonces, con un grito salvaje, Everly le clavó la lanza en las costillas.

El chisporroteo de la magia corpórea al entrar en contacto con el cuerpo de la chica fue instantáneo.

Unos relucientes zarcillos plateados iluminaron la estancia al tiempo que Thalia comenzaba a convulsionar violentamente, le empezaba a salir espuma blanca por la boca y se le quedaban los ojos en blanco.

—¡RÍNDETE! —rugió Everly por encima del crepitar de la magia—. ¡Dinos lo que sabes!

Después de unos segundos más, sacó la lanza de su pecho agitado de un tirón.

Irene contuvo el aliento, esperando a ver qué diría Thalia, pero la chica solo se quedó allí tumbada, en el suelo de la celda…

, inmóvil. Su cuerpo se había quedado inusualmente rígido, su piel pálida parecía casi translúcida, como si su alma se estuviese desvaneciendo ante sus propios ojos.

Violet chasqueó la lengua.

—Espero que esto os sirva de lección sobre los límites…

—Se acercó un poco más a la celda y le arrebató a Everly la lanza de las manos antes de que la joven pudiese protestar.

Usó el palo de la lanza para empujar el cuerpo inmóvil de Thalia—.

Si les provocáis demasiado dolor a vuestras víctimas, si perforáis por accidente el núcleo de un alma, podríais destruirlas.

A Irene se le revolvió el estómago.

—¿Estás diciendo que…? ¿Es que Everly ha…?

—¿Hecho añicos el núcleo del alma de Thalia? —murmuró Violet, antes de soltar un suspiro derrotado—. Así es.

Everly se sonrojó con fuerza. Y retrocedió entre tambaleos.

—No quería… Yo solo… Creía que quizás podría… —Su voz se apagó mientras se alejaba de la celda.

Samira soltó una carcajada burlona.

—Bien hecho, Everly. Ahora todo nuestro interrogatorio ha sido inútil

—No pasa nada —dijo Wesley, bajando la mirada hacia el cuerpo de Thalia, que se desvanecía por momentos, con el ceño fruncido y claramente desanimado—.

Son cosas que pasan. Siendo sincero, dudo mucho que hubiésemos podido sacarle algo.

Aunque al director Silas no le va a hacer mucha gracia, la verdad; estaba esperando que esta pudiese darnos algo de información.

—¿Qué le ocurrirá ahora? —se oyó preguntar Irene.

—Puedo sentir cómo su alma se desvanece —dijo Violet, con total naturalidad—. Solo le quedan unos minutos antes de desaparecer, como mucho. Y después los fragmentos de su alma se desintegrarán. Simplemente…, dejará de existir.

A Irene le bajó un escalofrío por la espalda. Por horrible que pudiera parecer, no pudo evitar pensar que, en cierta manera, aquel era un final misericordioso, en comparación con lo que podría haberle esperado si no.

—¡Bueno! —Wesley dio una palmada, y esbozó una sonrisa casi cómica—.

Sigamos, ¿os parece? Tenemos muchas más almas a las que interrogar.

A continuación, intentaremos crear lo que yo llamo un «bucle mental».

Se trata, básicamente, de una forma de alteración mental que nos permite infiltrarnos en los recuerdos de otra persona y sumirla en una pesadilla viviente.

Resulta bastante divertido, la verdad… —La voz de Wesley se fue apagando mientras las guiaba por el pasillo, adentrándose más y más en las mazmorras.

Las demás lo siguieron de inmediato, desapareciendo al doblar la esquina.

Irene estaba a punto de salir corriendo tras ellos cuando oyó un jadeo entrecortado a su espalda.

—Catherine…

Irene se quedó helada y contuvo el aliento.

Se dio la vuelta lentamente, bajando la mirada hacia Thalia, que seguía tirada en el suelo, desvaneciéndose poco a poco, y se dio cuenta de que acababa de abrir los ojos…, y de que la estaba mirando fijo.

—¿Qué has dicho?

La chica respiró con dificultad. Y su pecho se estremeció al tomar aliento.

—Vendrá… —Respiró de nuevo. De forma entrecortada y apenas perceptible—. Os… encontrará.

Irene soltó una maldición. No tenía tiempo para eso. Se agachó junto a los barrotes de hierro, acercándose un poco más a ella.

—Ese nombre —murmuró—. ¿Qué nombre acabas de decir?

Thalia esbozó una sonrisa y soltó un jadeo a través de sus labios agrietados.

—Puedo ver… la guerra que se está… librando en tu interior.

Tu corazón… está dividido. Dos bandos… —Los ojos de Thalia comenzaron a cerrarse mientras murmuraba sus últimas palabras—.

Me pregunto… cuál… elegirás. —Y entonces su alma comenzó a apagarse, la diminuta chispa de vida que había en su interior se extinguió.

Su cuerpo se desvaneció, desintegrándose fragmento a fragmento, transformándose en remolinos de motas de ceniza.

— No, no, no . —Se lanzó hacia ella, tratando de atraparla, de volver a unir los pedazos, pero ya era demasiado tarde.

En un instante la chica estaba allí, desvaneciéndose en el interior de aquella celda, y al siguiente, todo su ser había desaparecido, transformándose en nada más que una masa de partículas arremolinadas que flotaban por el aire.

Al igual que les había ocurrido a los nominados del Decenio que habían sido eliminados.

Desapareció.

Su alma se destruyó.

Irene se tambaleó hacia atrás, con la bilis subiéndole por la garganta, y se alejó de la celda a toda prisa, hasta apoyar la espalda en la pared al otro lado. Y después soltó un gemido frustrado y se llevó las manos a la cara.

Catherine .

Ese era el nombre que había pronunciado la chica. Estaba segura.

Pero ¿qué probabilidades había de que estuviese hablando de la misma Catherine que Masika había perdido después de que se marchase con la Orden de los Demien hacía tantos años?

¿La misma Catherine de la que Masika por fin le había hablado a Irene durante la segunda prueba del Decenio?

Aunque, si de verdad era la misma persona, eso significaba que Catherine había abandonado la Orden de los Demien para unirse a esa tercera coalición de la que Thalia también había formado parte.

Y tal vez…

No .

No tenía sentido fantasear con un futuro en el que Masika siguiese presente.

Fingir que podría volver a ver a su amiga.

Aquello no era más que una fantasía inútil.

Un sueño estúpido. Y, de todos modos, ¿de qué le serviría que Masika siguiese viva?

Tan solo le echaría la bronca por haberse unido a la Orden.

Joder, lo más probable era que la despreciase por ello.

Dondequiera que estuviese Masika, lo mejor sería que se mantuviese tan lejos de Irene como fuese posible .