Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 10 Wren #2
22%

10 Wren #2

August acababa de abrir la boca para responder cuando un ruido inesperado los sorprendió a los dos.

Unos pasos que resonaban en la distancia.

El murmullo grave de varias voces entremezcladas.

August se llevó el dedo índice a los labios y Wren contuvo el aliento, escuchando atentamente.

Por suerte, quienquiera que fuese, no pareció acercarse a su tienda y, tan solo unos segundos más tarde, oyeron cómo los pasos se alejaban de allí.

August maldijo entre dientes, antes de pasarse una mano por los rizos oscuros, frustrado.

Entonces Wren cayó en la cuenta de algo.

—¿Cómo narices has entrado aquí, por cierto? Edith me trae a esta tienda todas las noches, pero sé a ciencia cierta que siempre tiene a un guardia apostado fuera mientras duermo —murmuró—. Porque puedo oírlo caminando de un lado a otro frente a la entrada.

August se masajeó la mandíbula.

—Creo que será mejor que no lo sepas.

A Wren le dio un vuelco al corazón.

—¿Está…? ¿Le has…?

Al fijarse en el miedo que se había reflejado en su expresión, August se apresuró a negar con la cabeza.

—No le he arrancado el alma, si es lo que me estás queriendo preguntar.

—Dejó escapar una carcajada amarga y movió el cuello de un lado a otro.

Al observar ese sutil movimiento, Wren vio cómo una sombra se deslizaba por las venas de su cuello, desapareciendo bajo su camisa blanca—.

Pero sí que he tenido que utilizar un poco de magia sombría para sedarlo.

Más de la que me habría gustado, si te soy sincero.

Wren se estremeció.

—¿Cuánta?

August abrió y cerró la boca unas cuantas veces. Por un momento, Wren se preguntó si le sería completamente sincero, pero entonces él negó con la cabeza.

—Eso no importa —contestó—. Mira. Tenemos que darnos prisa. No tengo mucho tiempo. Y si alguien se da cuenta de que me he ido… —Echó un vistazo a su espalda antes de volverse de nuevo hacia ella—. Da igual si me crees o no. He venido aquí por ti . Para sacarte del lío en el que yo mismo te metí.

—Pero ¿cómo se supone que voy a poder confiar en ti?

—le preguntó. Y, aunque era una pregunta retórica, una parte de ella deseaba que le diese una respuesta.

Ayúdame a confiar en ti , le suplicó en silencio.

Ayúdame a creer que sigues siendo el chico que conocí en Blackwood —.

Cuanta más magia sombría utilices, más te consumirá.

¿Y si acabas como ellos antes de que podamos salir de aquí?

¿Y si sucumbes a las sombras y te vuelves en mi contra?

—Eso no pasará —replicó. Pero entonces suspiró y añadió en un susurro—: Al menos, aún no.

El miedo la sobrecogió.

—¿Aún no?

—Edith me ha destinado a la Unidad Ónix —le dijo—. Son los Demien más despiadados y corruptos de todos. Lo ha hecho porque sabe que me llevarán al límite. Me obligarán a usar más magia sombría de la que me gustaría. Pero… no sucumbiré del todo a las sombras. No hasta el Equinoccio.

Wren frunció el ceño, confusa.

—¿El Equinoccio?

—Es una reunión que la Orden celebra cada cuatro meses, y que tendrá lugar dentro de solo tres días —le explicó August en un susurro apresurado—.

Obligan a todos los nuevos reclutas a realizar el Beso del Segador.

Es una especie de ofrenda. Una forma de atar tu alma para siempre a la del Desalmado.

Pero, una vez pronunciado el hechizo, se acabó.

Las sombras se apoderan de tu alma. Si no logramos escapar antes de la noche del Equinoccio… Si no encontramos la forma de salir…

—Te perderás a ti mismo para siempre —terminó Wren en un susurro, y aquella perspectiva le atravesó el pecho como una daga.

—No tendré elección.

Wren alargó el brazo y le mostró su muñeca. El brazalete de plata que la rodeaba refulgió con fuerza en la oscuridad.

—Aunque encontrásemos la manera de salir de aquí…, es imposible que pueda cruzar el perímetro exterior con esto puesto. —Señaló el brazalete de plata—. Me mantiene atada al campamento. Así que estoy atrapada aquí.

—Ese brazalete de seguridad lo ha tenido que fabricar un Demien.

—August lo observó atentamente, con los ojos entrecerrados—.

Lo que significa que, si alguien de este campamento lo fabricó…

, también sabrá cómo destruirlo. —Alargó una mano hacia su muñeca y recorrió el brazalete metálico con los dedos—.

Solo tenemos que averiguar quién fue antes del Equinoccio.

Tres días . ¿De veras iban a lograr encontrar la manera de escapar de allí en solo tres días ?

En ese momento, cayó en la cuenta de algo horrible.

—Puede que no siga aquí para entonces.

Al oírla decir aquello, la expresión de August se endureció. Se acercó un poco más a ella, y la intensidad con la que la estaba observando hizo que una oleada cálida la recorriese de la cabeza a los pies.

—¿Qué quieres decir?

—Edith… —Wren se estremeció al susurrar el nombre de la alta general—.

Me ha estado torturando. Obligándome a revivir mi muerte una y otra vez.

No sé por qué o con qué propósito… —Se había pasado los primeros días tratando de averiguar el motivo, aunque se había acabado rindiendo al darse cuenta de que sus conjeturas no servían de nada—.

Supongo que tendrá algo que ver con esa maldita profecía. Porque no habla de otra cosa.

August se había quedado mudo, como si estuviese considerando algo seriamente, mordiéndose el labio inferior con suavidad. Wren estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien cuando August volvió a alzar la vista hacia ella, esta vez con un brillo decidido refulgiendo en su mirada.

—Mañana —susurró—. Hablaré con ella. Intentaré convencerla de que pare. O, al menos, de que suspenda las sesiones hasta después del Equinoccio.

—¿Y si no lo hace?

Se acercó un paso más a ella y alzó las manos hacia su rostro, acunándolo con suavidad entre sus manos.

—Encontraré la manera. —Sus palabras reflejaban una decisión inquebrantable—. Te lo prometo.

Y, por algún extraño motivo, a pesar de todo lo que había descubierto sobre él, a pesar de todas las mentiras y secretos, de su traición…, Wren le creyó. Pero seguía sin atreverse a derribar del todo el muro que los separaba. A lanzarse de cabeza al vacío, sin pensárselo dos veces.

Como si hubiese oído sus pensamientos, August dejó caer ambas manos a los costados y dio un paso atrás con rigidez.

—Debería irme.

Wren tragó con fuerza y trató de calmarse.

—Probablemente sea lo mejor.

August vaciló, balanceándose de un lado a otro con nerviosismo, y abriendo y cerrando las manos a los costados.

Por un segundo, Wren pensó que quizás volvería a alargar las manos hacia ella…

, que tal vez cerraría el espacio que los separaba.

Pero entonces se alejó de ella y se dio la vuelta, antes de encaminarse a zancadas hacia la salida de la tienda.

Se detuvo en el umbral, y su voz reverberó en el interior de la estancia por última vez.

—Solo una cosa más.

August siguió dándole la espalda. Las sombras parecieron deslizarse y enredarse a su alrededor; sus sombras y las que llenaban la tienda, entrelazándose, hasta que resultaba imposible saber dónde empezaba él y dónde terminaban las sombras.

—Si conseguimos encontrar la forma de escapar de aquí, pero ya es demasiado tarde…

—Hizo una pausa, como si estuviese tratando de encontrar las palabras adecuadas—.

Lo que quiero decir es que…, si me pierdo entre las sombras antes de que podamos salir de aquí…

, tienes que prometerme que huirás. Que me dejarás atrás y te salvarás.

Wren exhaló un suave suspiro.

—August…

Él se volvió a mirarla por encima del hombro. Y una desesperación agonizante se apoderó de su expresión.

— Por favor.

Wren contuvo el aliento. Sabía que no tenía sentido discutir con él.

—Muy bien. —Se cruzó de brazos—. Te lo prometo.

Los labios de August se deslizaron hasta esbozar una sonrisa triste, y después se marchó sin mirar atrás. Mientras la oscuridad de la tienda envolvía a Wren, las palabras de August resonaron con fuerza en su cabeza, acompañándola hasta que se quedó dormida.

«Te hice una promesa. Y siempre cumplo mis promesas».

August tenía razón. Él siempre cumplía sus promesas.

Pero eso no significa que yo tenga que cumplir las mías .