Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 6 Emilio #3
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6 Emilio #3

Masika chasqueó los dedos y una esfera de luz apareció de repente frente a ellos, iluminando la estancia. Con la ayuda de la magia de la chica, Emilio pudo ver que lo que había grabado sobre el pergamino no eran simples símbolos y garabatos…

—Es un mapa —dijo Masika, recorriendo con el dedo las montañas y los valles que había dibujados.

—¿De qué? —preguntó Olivier.

—Del purgatorio —respondió Emilio en un susurro. Era evidente. Ahora lo tenía claro—. Creo que aquí están representadas las zonas que la Resistencia ha logrado cartografiar hasta el momento. He visto algunas copias similares colgadas en la sala de los archivos del ala oeste.

En el centro del mapa se encontraba la Academia Blackwood, bordeada por un denso bosque.

Al oeste se extendía un paisaje escarpado, salpicado de montañas y cañones, con la mansión de la Resistencia oculta en el extremo más alejado.

La mansión había sido construida mediante un hechizo, y la habían alzado los mismísimos miembros fundadores de la Resistencia.

Desde fuera, el edificio era completamente invisible, y su ubicación nunca dejaba de cambiar.

La parte oriental del mapa estaba prácticamente en blanco todavía, aunque había un perímetro que alguien había trazado para delimitar dónde podía encontrarse el campamento de la Orden de los Demien.

Al igual que ocurría con la mansión de la Resistencia, la ubicación de la Orden era todo un misterio, ya que su base de operaciones estaba oculta bajo cientos de capas de hechizos y salvaguardas defensivas.

Pero este mapa era distinto a los demás. No era un simple mapa del purgatorio… Era uno que conducía hacia algo más . Habían trazado un camino sobre el pergamino, y redactado una serie de instrucciones que detallaban una ruta directa para salir de la base.

—Nos lleva a alguna parte —murmuró Masika, llegando claramente a la misma conclusión que Emilio.

Observaron atentamente cómo Masika recorría con delicadeza el camino sobre el mapa con el dedo, trazando el sendero que habían dibujado sobre el pergamino: una línea recta que iba desde la base de la Resistencia hasta lo que parecía ser un árbol enorme que se encontraba en lo más profundo del bosque circundante.

Emilio ladeó la cabeza, desconcertado. Olivier imitó su expresión de perplejidad.

—Un árbol —murmuró Olivier, molesto—. El mapa conduce a un árbol… rodeado de otros árboles…

—Espera un momento. —Masika se acercó un poco más el mapa—. Hay una firma. Y algo escrito…

Tenía razón. Había una pequeña inscripción y unas iniciales grabadas en la parte inferior.

Masika carraspeó y leyó lo que había escrito en alto.

—«Seguid el camino. Las llaves son la respuesta. Mi historia no acaba aquí».

—Y lo ha firmado un tal «VD» —señaló Emilio, rozando la firma con los dedos.

—¿VD? —murmuró Olivier—. ¿Quién demonios es VD?

La pregunta acababa de abandonar sus labios cuando Masika soltó un grito ahogado y estuvo a punto de dejar caer el mapa. Olivier alargó una mano hacia ella y la agarró del brazo para sujetarla, antes de que se le escapase el pergamino de las manos.

—Masika, ¿qué ocurre? —le preguntó—. ¿Qué pasa?

—Cuando Birdie y Russo me encontraron en la montaña, durante la tercera prueba, me hablaron de la historia de Blackwood.

—La mirada de Masika se deslizó con nerviosismo entre los dos chicos mientras seguía hablando, y le temblaban las manos—.

Cómo Silas era en realidad un alma corrupta que había aprendido a dominar su poder cuando lo habían condenado a las Tierras Sombrías…

—Eso ya lo sabemos, Masika —la interrumpió Olivier con dulzura—. Silas acabó con el director original de Blackwood y se apoderó de la academia. Por eso el Éter lleva tanto tiempo fuera de control. Porque puede percibir su corrupción. Porque sabe que él no debería estar aquí.

—Lo sé. Pero… —Masika tomó aire con dificultad mientras sus manos recorrían el mapa—. Cuando me contaron esa historia, no lo llamaron el director original de Blackwood. Lo nombraron de otra forma.

—¿Cómo? —preguntó Emilio en un susurro.

Masika apartó la mirada del mapa y clavó sus ojos dorados y ardientes en ellos.

—El verdadero director .

Un silencio tenso se apoderó de la sala. Aquellas palabras los golpearon como una repentina ráfaga de viento, robándoles el aliento.

—¿Qué es lo que estás insinuando? —preguntó Olivier, con tono angustiado.

—«Mi historia no acaba aquí». ¿Es que no lo entendéis? —Masika soltó un suspiro tembloroso—. El verdadero director sigue ahí fuera…, y la Resistencia está intentando encontrarlo.

No podía ser verdad.

No era posible.

Pero no se podía negar lo que había escrito en aquel pergamino.

Jamás podrían olvidar lo que acababan de descubrir.

Fue en ese mismo instante que la puerta del despacho se abrió con una floritura, y Catherine apareció de repente en el umbral, sosteniendo una lanza resplandeciente en la mano derecha.

Los observó con una mirada letal, con sus ojos entrecerrados clavados en ellos como un par de puñales perfectamente afilados.

—Vosotros tres… —siseó, furiosa, con un deje autoritario y firme—. Venid conmigo, ahora mismo .