Finales decadentes (Academia Blackwood 2) 3 Masika #2
7%

3 Masika #2

Esta se dejó caer en su asiento sin ceremonia alguna, aunque no apartó la mirada de Catherine en ningún momento. Los demás también la estaban observando atentamente, al tiempo que Catherine se levantaba de nuevo, apoyando las manos sobre la mesa.

Masika se fijó en la llave que le colgaba del cinturón. Aunque podían vagar con libertad por toda la base de operaciones de la Resistencia, había una zona a la que tenían estrictamente prohibido entrar.

El ala sur.

Fuera lo que fuese que Catherine hubiese escondido allí, estaba claro que era valioso…, y Masika estaba decidida a descubrir de qué se trataba.

—Comprendo que todos estaréis ansiosos por saber por qué hemos convocado esta reunión, así que no me andaré con rodeos.

—La voz de Catherine sonaba calmada y firme, aunque Masika pudo captar cierto tono cauto que se escondía justo debajo de toda esa aparente seguridad—.

Como todos sabéis, nuestro último equipo de rastreo se marchó de la base hace tres días.

Se suponía que debían de regresar mañana, sin embargo… , ha habido un problema.

Masika había oído hablar de los equipos de rastreo… y del peligro que entrañaba formar parte de ellos.

A pesar de que la Resistencia estaba compuesta prácticamente en su mayoría de antiguos Demien, ninguno era capaz de localizar la ubicación exacta del campamento de la Orden.

Estaba encantado para permanecer oculto, incluso en sus propios recuerdos.

Cada antiguo Demien que intentaba recordar de dónde había venido, que intentaba trazar el camino de vuelta al campamento, se topaba contra un muro en sus recuerdos.

Era como si les hubiesen arrancado ese recuerdo de la memoria y lo hubiesen reemplazado por una turbia neblina.

Lo que significaba que, cada pocas semanas, un nuevo grupo de miembros de la Resistencia se aventuraba hacia las profundidades del purgatorio con la esperanza de hallar el camino al campamento de la Orden de los Demien.

Pero ni un solo grupo lo había logrado.

Si es que habían conseguido regresar al menos.

—¿Qué clase de problema? —preguntó Dina, interrumpiendo sus pensamientos.

Masika se fijó en cómo Catherine tensó la mandíbula; una grieta en la estoica máscara tras la que se escondía.

—Los han atrapado.

El ambiente se tornó tenso, al tiempo que una oleada de silencio angustioso se apoderaba de la sala.

—¿Quiénes? —preguntó un chico que estaba sentado a la izquierda de Catherine en un susurro.

Poseía una complexión delgada, una mandíbula marcada y el cabello cobrizo le caía hasta los hombros.

Masika ya lo había visto antes, durante sus sesiones de entrenamiento obligatorias con Russo.

Brayden , se recordó. Se acordaba de haber oído a Russo pronunciar su nombre para advertirle algo cuando había estado a punto de dejar a otro chico inconsciente durante un entrenamiento de combate.

—Hay algo más —murmuró Catherine, ignorando descaradamente su pregunta—. Antes de que los perdiésemos, Thalia tuvo tiempo para grabar un último mensaje. Ella…, bueno…, supongo que será mejor que lo veáis con vuestros propios ojos.

Catherine alzó una mano y un remolino de oscuridad surgió de entre sus dedos.

En un abrir y cerrar de ojos, la oscuridad comenzó a transformarse y a deformarse, creando unos ojos, una boca y unas orejas, hasta que un rostro completamente definido los observó fijo, una proyección hecha de humo y magia que flotaba sobre la mesa.

Una chica . Masika tuvo la impresión de que la conocía de algo, aunque no lograse recordar de dónde.

A través de la proyección, Masika pudo distinguir vagamente un bosque oscuro y siniestro que se alzaba tras ella, pero la imagen estaba demasiado borrosa como para apreciar algún otro detalle que pudiese servirle para averiguar dónde se encontraba con exactitud.

Y entonces, la chica comenzó a hablar.

—Soy… Soy Thalia Greevson… —La voz le salía rota por culpa del agotamiento, y estaba respirando entrecortadamente y con dificultad—.

Hemos… Hemos podido llegar hasta la linde del bosque de la Viuda…

— El bosque de la Viuda . Allí era donde la Resistencia creía que se escondía el campamento de la Orden de los Demien.

Aunque no es que esa suposición los hubiese ayudado demasiado en su empeño por encontrarlo.

El bosque de la Viuda era enorme; se extendía a lo largo de tanto terreno que incluso bordeaba el perímetro de la Academia Blackwood.

El rostro de la joven se contorsionó de repente por culpa de la electricidad estática, que interrumpió el sonido. Un silencio sepulcral se había apoderado de la sala de reuniones, mientras todos los presentes escuchaban a la joven con atención, completamente embelesados.

—… un grupo nos atacó. Conocían nuestras coordenadas.

No sé cómo, pero… no vamos a poder salir de esta.

Ya he perdido a la mitad del grupo. Tenéis que esquivar las flechas…

—El mensaje se entrecortó de nuevo, convirtiéndose en un batiburrillo de palabras ininteligibles—.

Si este mensaje os llega, no os molestéis en enviar una partida de búsqueda a por nosotros… No… No creo que merezca la pena…

El crujido estático volvió a interrumpir su mensaje, al tiempo que Thalia abandonaba la imagen, empujada por una fuerza invisible.

Se oyeron los sonidos característicos de una pelea en la distancia.

Un grito espeluznante.

Y luego… se hizo el silencio.

La imagen de Thalia se desvaneció, al tiempo que la neblina negruzca se disipaba lentamente.

Un silencio vacío, terrible e impenetrable se apoderó de la sala. Todos parecían igual de afectados por lo que acababan de oír, y un brillo aterrorizado se había apoderado de sus rostros.

Catherine juntó las manos con firmeza sobre la mesa y suspiró con fuerza.

—No hemos vuelto a saber nada de ellos desde entonces.

Russo tamborileó la mesa con los dedos.

—¿Cuándo vamos a enviar una partida de búsqueda?

La expresión de Catherine se endureció.

—No vamos a hacer tal cosa.

Brayden fue el siguiente en hablar. Golpeó la mesa con ambas manos y se levantó de un salto.

—¡Y una mierda que no! —gritó, con el ceño fruncido. Masika no se había dado cuenta hasta ese momento, pero parecía mucho más afectado que los demás. Su piel se había llenado de manchas rojizas, y tenía los ojos llorosos.

—Cálmate —susurró una chica que estaba sentada junto a él. Intentó consolarlo, dejando caer una mano sobre su brazo con suavidad, pero él se zafó de su contacto de un manotazo y se volvió hacia Catherine como un resorte.

—¿De veras esperas que nos quedemos de brazos cruzados sin hacer nada ? —le espetó—. ¿Qué dejemos que se los lleven…?

—La situación ha cambiado —lo interrumpió Catherine—.

Sabéis tan bien como yo que no podemos permitirnos mandar una partida en su busca.

¡Joder, pero si ni siquiera podemos malgastar más tiempo buscando el maldito campamento de los Demien!

Debemos prepararnos para la expedición… —Masika se acercó un poco más a ella, de repente alerta.

¿Para la expedición? ¿De qué estaba hablando?

—. Y para ello necesitaremos al menos cinco personas.

¿Quién se encargará de proteger la base si nos marchamos todos? Quedaríamos expuestos. Vulnerables.

A Masika la atormentaban un millón de preguntas.

¿De qué expedición estaba hablando? ¿Qué era lo que había cambiado?

¿Y qué podía ser más valioso que las vidas de sus compañeros de la Resistencia?

Antes de que nadie pudiese ofrecer alguna aclaración, la voz de Dina resonó en el interior de la estancia una vez más.

—¿Y qué sugieres? —preguntó, recostándose en su asiento.

Se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa sarcástica—.

¿Que los condenemos a lo que probablemente sea una eternidad de tortura con la esperanza de que esta expedición tenga éxito?

Una expedición que, he de añadir, se basa únicamente en la palabra de estas dos .

—Señaló a Birdie y a Russo, que se limitaron a poner los ojos en blanco ante aquella indirecta para nada sutil.

—Es mucho más complicado que eso y lo sabes —dijo Birdie en un susurro, antes de fulminar a Dina con la mirada—. Y no es ninguna suposición. Lo vimos con nuestros propios ojos. Y le trajimos a Catherine una copia.

—Cierto. Típico de la maldita estratega ponerse a discutir sobre semántica. —Dina se carcajeó y puso los ojos en blanco—. Eso por no mencionar que una copia se puede falsificar. ¿Cómo sabemos que no os lo habéis inventado todo para…?

— Ya basta .

La voz de Catherine sumió a la sala en un tenso silencio, acallando rápidamente a Dina. Por un momento, nadie dijo nada. Y entonces Catherine se levantó de su asiento y se alejó de la mesa.

—Tomémonos esta noche para meditarlo. —Carraspeó con fuerza—. Nos reuniremos de nuevo mañana por la mañana y discutiremos la posibilidad de organizar una partida de búsqueda.

Aquello pareció bastar para apaciguarlos a todos, o bueno, a casi todos .

Brayden se levantó de su asiento y se marchó hecho una furia, lanzándole una mirada ponzoñosa a Catherine antes de alejarse dando un portazo.

Los demás fueron saliendo después, poco a poco, hablando en susurros, al tiempo que se agolpaban en el pasillo.

Masika sabía que tendría que esperar a que todos se hubiesen marchado para poder salir de allí sin ser detectada, pero Catherine no parecía querer irse aún.

Incluso una vez que los últimos miembros abandonaron la estancia, sumiéndola así en el más profundo silencio, Catherine permaneció donde estaba, de pie tras su asiento, observándolo todo con una mirada perdida.

Masika avanzó con cautela hacia la puerta de la sala de reuniones, con la esperanza y rezando porque su hechizo de invisibilidad aguantase a pesar del nerviosismo que le bullía en las venas.

Dio otro paso más, con una mano extendida y los dedos temblorosos, cerrándolos alrededor del pomo de la puerta…

—No es de buena educación escuchar a escondidas, pequeña paloma.